El sexo tras un año de pandemia: lo que hace la gente y lo que recomiendan los especialistas

Un poco en broma, un poco en serio, la premisa que circulaba en abril de 2020 era todavía bastante cercana a la ciencia ficción: el fin del mundo, tan temido como imaginado, había llegado.

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El 17 de abril de 2020, mientras Argentina cumplía su 28° día de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) y las subjetividades seguían en la puja por comprender los alcances del nuevo escenario, el Ministerio de Salud de la Nación instaló públicamente una inquietud que preocupaba a varies, “¿Cómo tener sexo seguro en épocas de covid?”. Aquella pregunta sigue vigente y un año después, a las puertas de la segunda ola, surgió otra: ¿Cómo se adaptó la gente a la “nueva normalidad” cuando lo que se planteaba como transitorio se prolongó en el tiempo?

En una conferencia de prensa matutina, acompañado por la entonces viceministra de Salud Carla Vizzotti, el infectólogo José Barletta fue claro y conciso aquel día en sus recomendaciones: sexo virtual por videollamada, sexting, masturbación e higiene de los elementos utilizados en cada práctica (“manos, teclados, teléfonos y juguetes sexuales, incluso aunque no hayan sido compartidos con otras personas”, enumeró el especialista). Fueron desaconsejadas, en cambio, las relaciones sexuales “cara a cara”, tanto con no convivientes como con convivientes que presentaran algún síntoma de covid-19.

Según aclaró Barletta en ese momento, dichas recomendaciones debían ser interpretadas como “medidas transitorias”, destinadas a disminuir las posibilidades de contagio y así frenar el avance del virus. Con el correr de los meses y el aumento de los casos, sin embargo, el tema no volvió a aparecer con tal protagonismo en los discursos oficiales.

¿Cómo respondió la sociedad ante esos primeros lineamientos? ¿Reducir la actividad sexual a la masturbación y a la virtualidad resulta una opción viable para todes? ¿Qué consejos podrían darse hoy, a un año del comienzo de la pandemia, con nuevas variantes más contagiosas y una segunda ola desembarcando en el país? Las infectólogas Gabriela Piovano y Florencia Cahn y la sexóloga transfeminista Carolina Meloni hablaron con Página/12 y ofrecieron su reflexión al respecto.

Ensayo y error

Un poco en broma, un poco en serio, la premisa que circulaba en abril de 2020 era todavía bastante cercana a la ciencia ficción: el fin del mundo, tan temido como imaginado, había llegado. “Estábamos todes muy perdides y así como no sabíamos qué pasaba con el virus en las escuelas, en los trabajos, en los restaurantes, tampoco sabíamos qué es lo que sucedía a nivel sexual. Había mucho miedo”, recordó Meloni sobre las primeras semanas de la pandemia. En ese contexto, destacó la especialista, “los consejos que dio el Ministerio de Salud fueron imprescindibles”.

El cumplimiento de estas recomendaciones, “como pasó con el resto de las restricciones en otros ámbitos”, fue estricto durante los primeros meses pero luego se fue flexibilizando, señaló Meloni. “Muches fueron haciendo lo que se conoce como ensayo y error. Me asomo, experimento con eso, me retraigo y observo a ver si tiene alguna consecuencia. Si no la tiene, continúo”, explicó. El problema, advirtió la sexóloga, “es que tal como algunes fueron a tomar algo a un barcito primero con el barbijo, después aflojaron el barbijo y más adelante fueron a una clandestina, mucha gente terminó teniendo sexo sin ningún tipo de cuidado o cuidándose apenas con preservativo”.

Unos días antes de la entrevista con este diario, Meloni abrió una caja de respuestas en su cuenta de Instagram y les preguntó a sus casi 17 mil seguidores cómo se “cuidaban sexualmente en tiempos de pandemia”. Las estrategias, para su sorpresa, fueron muy variadas. “Así como hay gente que percibió a partir de este método de ensayo-error que no estaba en riesgo y se vinculó cuidándose a duras penas de las ITS, también hay personas que todavía no se quieren encontrar con nadie por miedo a contagiarse (y contagiar)”, aseguró. Otra técnica que “surgió bastante”, continuó la especialista, fue la “organización de burbujas”: dos o más personas que establecieron exclusividad y que acordaron, en el caso de querer mantener otro vínculo sexual por fuera de la burbuja, dejar pasar 15 días entre encuentro y encuentro.

Más allá de las elecciones personales, Meloni atribuye esta diversidad a la “falta de acompañamiento educativo progresivo que hubo en materia sexual, no solo en nuestro país sino a nivel mundial”, a la ausencia de “una guía que aconsejara ‘vayamos de a poquito. Podemos incorporar tal práctica. Cuidado con esta, pero adelante con tal otra’”, ejemplificó. La sexualidad, subrayó la experta, “es tan común como juntarse con amigues, visitar a la familia o ir a laburar. Puede que no te enfermes de covid pero la salud mental está en juego en estas actividades de contacto con un otre”. En ese sentido, insistió Meloni, “es importante que cuidemos la salud de manera integral”.

Recomendaciones desde la infectología

En términos epidemiológicos, coincidieron en diálogo con Página/12 las infectólogas Florencia Cahn y Gabriela Piovano, “hay muchas cosas que no cambiaron de un año a otro”. Por eso, y teniendo en cuenta el aumento de casos de coronavirus de las últimas semanas y la llegada de las nuevas variantes al país, las alternativas más recomendadas para evitar contagios siguen siendo las mismas: masturbación y sexo virtual (en el caso de no convivientes).

Sin embargo, admitió Cahn, presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología y miembro del equipo de especialistas que asesora a Alberto Fernández, se trata de medidas que son “inviables de sostener” en el largo plazo. “Hay temas que tienen que ver con necesidades fisiológicas que van más allá de cualquier recomendación sanitaria que una pueda brindar. En ese sentido, sabemos que el cumplimiento puede ser entre mínimo y nulo”, reconoció la especialista.

“Como el riesgo sanitario existe, así como existe en muchas otras actividades, hay que encontrar la forma para minimizarlo”, planteó. “Me parecería absurdo recomendar usar barbijo en una situación así y casi medio naíf pretender que la gente lo use, pero sí se puede pensar en reducción de daños. Por ejemplo, evitar reunirse si se sabe que la otra persona fue contacto estrecho de alguien con covid o tuvo algún síntoma en las últimas horas”, remarcó.

La utilización de barbijo, no obstante, apareció en varias de las respuestas que recolectó Meloni en su cuenta de Instagram. “Mucha gente, más de la que yo esperaba, me contestó que tiene sexo con barbijo. No lo podía creer. No solo usan tapabocas sino que ponen mucha atención a la higiene. Baño antes, baño después, alcohol y desinfección. También intentan tener algún tipo de ventilación, aunque yo creo que es más por seguridad subjetiva, ya que por la proximidad que implica el sexo hay bastante exposición”, dijo la sexóloga.

Para Gabriela Piovano, infectóloga del Hospital Muñiz, tanto la utilización de barbijo “como el uso de preservativo y guantes” son herramientas que ayudan a disminuir el riesgo de contagio de covid-19, aunque “lo más recomendable sería que se siga en el plano de la virtualidad”. La importancia de las barreras físicas, precisó la experta, se debe a que si bien no está probado que el virus pueda ser transmitido por semen y fluídos vaginales, sí hay estudios preliminares sobre contagios por saliva y materia fecal, elementos “con los que tenés contacto al coger”.

También existe la alternativa, para quienes quieran mayor seguridad, de “hisoparse antes” del encuentro, agregó Piovano. En cualquier caso, resaltó, lo más importante es que exista acuerdo en esas medidas preventivas. “Ahora no solo se debe llegar al consenso para tener sexo y para usar preservativo, sino que también debe haber consenso sobre los cuidados que se quieran tomar”, indicó.

“Se trata de un ejercicio de inteligencia para encontrar la forma de concretar aquello que queremos adaptándolo a lo que nos deja la pandemia. Tiene que ser pensado con mucha imaginación y con mucha alegría, entender que no es definitivo sino que es algo que hay que incorporar temporalmente para hacer lo que queremos hacer pero de la mejor forma posible”, insistió.

Burbujas

Otra de las posibilidades que mencionó Piovano para minimizar el riesgo de contagio entre no convivientes –o al menos reducir el impacto de ese potencial contagio–, es aislarse 15 días después del encuentro sexual, “sobre todo de las personas a tu alrededor que son de riesgo”.

“Esto me pareció re interesante y no lo había pensado, la gente me lo dijo”, opinó al respecto la sexóloga Meloni. “Me parece que lo de la burbuja es ideal. No solo para tener sexo, sino en general. ¿Cuántas veces te encontrás con gente para otras cosas, para laburar, para salir? Está bueno organizarse, entonces, y decir ‘bueno, si me voy a encontrar con mi amiga María por 15 días no veo a mi mamá. O si me veo con Jorge hoy, veo dentro de 15 días a María y en otros 15 a mi vieja”, apuntó.

Las ventajas de esta práctica, destacó Meloni, es que “son medidas de cuidado para vos” pero también “te permiten controlar la cadena de contagios, saber si me contagié a quiénes tengo que avisar”. De esta manera, concluyó la especialista, “se llega a una solución intermedia. Me permito el vínculo sexual, me permito la socialización, me permito el contacto afectivo, pero al mismo tiempo, limitando esos encuentros en días y en cantidad de personas, me cuido y cuido a los demás”.

Fuente: Página12