Enrique Avogadro: “Nos preocupa cómo será el acceso a la cultura postpandemia, Argentina va a quedar muy golpeada”

En diálogo con Infobae Cultura, el ministro de la cartera porteña de cultura repasó el año 2020, los desafíos y escenarios de la pandemia, la polémica sobre la privatización del espacio público y el mecenazgo, entre otros temas

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Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la ciudad de Buenos Aires en la sede del Gobierno porteño (Gastón Taylor)

“Estamos en medio de una inundación, todavía no sabemos cómo va a ser la realidad cuando baje el agua”. En la moderna sede del Gobierno porteño en Parque Patricios, Enrique Avogadro, ministro de Cultura, recibe a Infobae para repasar un momento sin precedentes, el de la pandemia, un terreno desconocido en el que, asegura, fue aprendiendo sobre la marcha y del que todavía se desconoce cuál será su impacto.

La luz ingresa por norte y sur de las grandes paredes de vidrio en La Casa de la Ciudad, el nombre elegido por los vecinos para este gran espacio proyectado por el arquitecto británico Norman Foster, que parece integrar la vegetación del parque de enfrente a su interior. Desde allí, junto con su equipo, analizaron las medidas que no solo se tomaron en 2020, sino también las que entienden que pueden reactivar el sector durante este período de reaperturas; medidas que, comentó, necesitan del trabajo en conjunto entre el Estado y los espacios independientes y privados.

Avogadro ya lleva tres años al frente de la cartera, que para este 2021 cuenta con un presupuesto de $8.826.000.000, un 10 por ciento más que en el anterior, pero que a su vez es inferior si se tiene en cuenta que la inflación proyectada supera, con números optimistas, el 30 por ciento anual. Además, sostiene que “la quita intempestiva de la coparticipación”, que “es equivalente a seis ministerios”, como la inversión en Salud, limitó aún más los fondos para Cultura.

Por otro lado, adelantó cómo será el formato del BAFICI, que comienza el 17 de marzo, por qué cree que el trap puede ser la punta de lanza para reactivar las economías creativas, y también reflexionó sobre sus aspiraciones personales, entre otros temas.PlayEntrevista a Enrique Avogadro – La pandemia y las proyecciones para 2021

—Con tres años al frente de la cartera le tocó enfrentar un año atípico, pleno de incertidumbre, ¿cómo fue reacomodarse a este escenario de 2020?

—La palabra clave es la incertidumbre. Es muy difícil pensar ni siquiera el largo plazo, el mediano plazo, cuando uno ve que en otras grandes capitales del mundo lo que termina pasando es que de alguna manera no sabemos algo que adelanta o atrasa la realidad de nuestra ciudad. El año pasado estuvimos intentando adaptarnos a lo que iba sucediendocon la premisa principal, que fue acompañar al sector cultural muy golpeado, con un alto grado de informalidad, con todos los espacios culturales cerrados en una ciudad que tiene más de 500 espacios independientes, entre salas de teatro, de música y centros culturales, galerías. Por un lado, garantizar el acceso a la cultura con la dificultad de no tener los programas, los espacios, y ahí el trabajo que hicimos, lanzando primero CulturaEnCasa, que después se transformó en la plataforma VivamosCultura, que nos permitió de alguna manera mantener la cultura pública abierta y en contacto, y no solo público, porque tenemos una cantidad muy grande de contenidos de la cultura independiente.

Luego, con apoyos económicos al sector para transitar este momento de dificultad. Y el tercer desafío tuvo que ver con la puesta en marcha del sector. A medida que la situación de la pandemia lo fue permitiendo, y a través del diálogo con cada uno de los sectores en mesas virtuales, buscando la apertura de las actividades, con las restricciones que impone la pandemia.

No paramos en ningún momento de pensar cómo poder volver, estudiando qué sucedía en otros lugares. Cosas que ahora parecen lejanas, como el streaming, permitieron que el sector de teatro y la música volvieran primero a escena, filmándose para que lo vea en público, y luego volvió el público a las salas. Fue un año muy largo, y fue clave el diálogo, y la innovación asociada a los cambios que se iban dando sobre la marcha. Un año de muchísimo aprendizaje.

A la vez, todo nuestro equipo, como el del Gobierno, no solo mantuvo el Ministerio de Cultura en marcha, sino que estuvo dedicado primariamente a los esfuerzos vinculados a la pandemia. La Ciudad dispuso una cantidad de hoteles para las personas que no podían hacer el aislamiento en su casas. En un momento, cinco de esos hoteles eran administrados por el Ministerio de Cultura en forma directa, lo mismo con el trabajo en vacunatorios. Ahora mismo tenemos cinco o seis espacios culturales que no están funcionando porque están dedicados a las vacunas del COVID.

—¿Usted se vacunó?

—No.

—¿Se la ofrecieron como parte del Gabinete?

—Por supuesto que no. En la ciudad tenemos un criterio muy estricto, que tiene que ver con el cumplimiento de cada una de las categorías. Si uno no cumple con esas categorías, absolutamente nadie se puede vacunar, y es muy importante, por supuesto, porque hay gente muy ansiosa esperando la vacuna, por lo cual sería muy injusto que lo hiciéramos antes que ellos.

—Nombraba la palabra “informalidad”. En una entrevista que realizamos con el Ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer, él nos comentaba que justamente se encontró con una gran informalidad en el mundo de la cultura, que iba desde actores hasta técnicos, ¿cuáles fueron las medidas de su ministerio con respecto a ese tema?

—Primero quiero destacar el rol de Tristán y el trabajo del Ministerio de Cultura de Nación en toda esta pandemia y las herramientas que se lanzaron, porque son fundamentales para poder contener.

Nosotros ya teníamos una serie de herramientas que englobamos bajo el paraguas de Impulso Cultural. La Ciudad es el distrito subnacional que más acompaña en términos económicos a los sectores, porque tenemos subsidios para el teatro, la danza, las milongas y el resto de las disciplinas. Lo que hicimos fue aumentar fuertemente estos subsidios. El año pasado, un 40 por ciento, y este año ya está incorporado en nuestro presupuesto, en un escenario de fuerte restricción económica como el que estamos atravesando, lamentablemente por la quita intempestiva de la coparticipación, que para poder mensurar la quita de dinero es equivalente a seis ministerios de Cultura, uno arriba del otro.

Más allá de eso, la prioridad tenía que ser acompañar al sector. Por eso este año Impulso Cultura en total equivale a unos 180 millones de pesos, que se suman a los 900 de la última convocatoria de Mecenazgo. Todas son herramientas de apoyo directo, donde no hay requisitos. En Mecenazgo cualquier persona física puede participar presentando un proyecto que va a ser evaluado, no por nosotros, sino por un comité.

La convocatoria del año pasado tuvo justamente como eje acompañar al sector cultural en este contexto de pandemia, por eso se sumaron dos categorías. Por un lado, la de la digitalización, que claramente es uno de los aprendizajes de la época, y por otro lado, el apoyo a los espacios culturales, para que pudieran hacer las adecuaciones pertinentes. Pero no es solo el apoyo económico. Me parece que, sobre todo ahora que en la ciudad contamos con aforos (50%), nuestro trabajo viró hace ya muchos meses a acompañar a los espacios que quieren abrir o desarrollar actividades. E incluyó también repensar nuestros propios espacios, que no estábamos utilizando antes de la pandemia y que buscamos que fueran plataformas para desarrollar sus actividades.

Como ejemplo está todo el programa que estamos haciendo en el Abasto, el distrito que más cultura independiente tiene. Donde trabajamos con bares culturales, teatros, salas, cortamos las calles, pueden sacar sus mesas y generar una oferta, y nosotros tenemos escenarios que también ponemos a disposición del sector. Son formas nuevas que vamos encontrando para que el sector pueda, con limitaciones, porque nadie está generando ingresos, por lo menos moverse.

—Son, justamente, los espacios de la cultura independiente los más golpeados. Por ejemplo, si tomamos a tres organizaciones aglutinantes del ecosistema cultural como MECA (Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos), ARTEI (Asociación Argentina Del Teatro Independiente) y Escena (Espacios Escénicos Autónomos), ya superan la veintena de lugares que debieron cerrar sus puertas, y no serán los últimos. ¿Cómo están afrontando esta situación?

—Por un lado, tenemos las herramientas para que estos sectores puedan recibir apoyo económico. Hay espacios que no pueden abrir la puerta y les estamos ofreciendo que desarrollen sus actividades en otros lugares, como en el Parque de la Estación, que los fines de semana tiene festivales vinculados con la cultura independiente y organizados con el propio sector. Incluso hay espacios nuevos, la pandemia tiene también esas novedades, nuevos formatos, nuevos usos, espacios reconfigurados que se ofrecen. No solamente nosotros, el propio sector independiente está aprovechando nuevos lugares para abrir una oferta alternativa al aire libre, como el caso de clubes de barrio que están funcionando como espacios culturales. La verdad que el impacto de la pandemia recién lo vamos a poder verificar cuando termine, y desde ya que cada espacio que tiene que cerrar sus puertas nos duele muchísimo. También soy consciente de que ni las herramientas nuestras ni las de Nación van a lograr sostener a todos los espacios. Había espacios que recibían el ATP o dentro del IFE, que estuvieron vigentes y tuvieron impacto, que esperamos que continúen, pero por la escala solo las puede ofrecer un Gobierno nacional, como ha pasado en otros países. Cuando uno ve el acompañamiento en otros países, invariablemente es nacional por la escala de los apoyos que hay que brindar.

—Decía recién que la quita de la coparticipación era equivalente a seis ministerios de Cultura. Este año el presupuesto es un 10 por ciento más que en 2020, pero con la inflación proyectada tampoco parece el mejor escenario para implementar medidas en una época excepcional. Desde esa perspectiva, tiene menos presupuesto que el año pasado, ¿cuáles serán las claves para administrarlo?

—Hay dos elementos que condicionan el presupuesto. Por un lado, la quita de la coparticipación y, por otro, la prioridad de la salud. Se ha hecho una inversión muy grande en materia de salud, y si le aumentás a la salud, tenés que restringir el resto de las áreas. En nuestro caso tiene que ver con acompañar al sector, eso implica dejar de hacer algunas cosas o hacer menos de esas otras cosas. De cualquier manera, las actividades principales están garantizadas. Tomamos la decisión de mantener eventos que a priori no necesariamente hay que hacerlos. Acaba de terminar el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), un festival importantísimo para toda la escena artística, sobre todo teatral de la Ciudad, tuvimos casi 100 obras participando, 1.500 artistas, en un formato presencial y virtual. Hubo récord en la participación internacional, por supuesto virtual, pero eso quiere decir que hubo una cantidad muy grande de gente que se pudo conectar con programadores de festivales, con compradores de contenidos, pensando que la postpandemia les permitirá viajar. Dentro de poco comienza el BAFICI, que son grandes tanques con un valor simbólico que no parecía importante mantenerlos.

La clave del sector cultural es la resiliencia, sin ninguna duda. El sector termina abriéndose paso. Incluso si uno ve crisis anteriores muy profundas, como la de 2001, Argentina tuvo al calor de las asambleas populares una cantidad de nuevos actores que emergieron desde la resistencia y después se consolidaron como proyectos culturales. Por eso es muy difícil ver la foto actual y proyectar eso como una película, porque realmente la incertidumbre es la clave, ni sabemos cómo los creadores y creadoras van a interpretar esta época que nos toca atravesar.

—Una de las críticas durante la gestión de la pandemia tuvo que ver con la privatización de espacios públicos, como sucedió en Parque Sarmiento, un lugar históricamente relacionado con eventos gratuitos y que tuvo una serie de espectáculos donde se cobraban entradas.

—Este año lo primero que pensamos, cuando tuvimos la oportunidad de volver a la presencialidad, fue más que programar nosotros, acompañar a un sector que estaba abriendo sus puertas. Y cuando digo acompañar al sector me refiero a la oportunidad de darle a espacios culturales un espacio con aforo, con técnica y con la posibilidad de quedarse con el bordereaux, el costo de la entrada. Que no es algo distinto a lo que sucede en otros lugares. Nos parecía fundamental para reactivar el sector. Tanto es así que los jardines de museos y otros espacios se pensaron como una lógica mixta. El Parque Centenario todo el verano tuvo programación gratuita, pero al mismo tiempo con un funcionamiento mucho mayor porque tuvimos actividades prácticamente todos los días.

La discusión sobre la gratuidad o no de los espacios culturales es poco sofisticada. Porque lo que tenés es una diversidad de opciones. En el teatro San Martín o en el Colón, uno va y paga la entrada. En este caso fue una estrategia que se desarrolló adrede para acompañar a un sector. Detrás de cada artista que estaba en escena hay una enorme cantidad de gente trabajando, técnicos, etcétera. Hubo espacios culturales con las puertas cerradas que tuvieron la posibilidad de programar ahí, por lo tanto mover a sus equipos que, de otra manera, no hubieran podido. Se hizo firmando los convenios correspondientes y respetando los protocolos.

Si nosotros hubiéramos programado solamente nuestra oferta gratuita hay un montón de espacios culturales que no hubieran tenido esa oportunidad. Más allá de si se da o no en el Parque Centenario, me parece importante que existan estas alternativas de trabajo entre el sector público y el independiente, sobre todo en un contexto de crisis como el que atravesamos.

—¿Dentro de esa lógica entre lo público y lo privado también se encuentra la aprobación de proyectos de Mecenazgo? Más allá de la gran mayoría de proyectos personales que se aprueban, también se subsidia a asociaciones de amigos de museos, públicos y privados, como a fundaciones que de por sí ya poseen convenios con empresas.

—Para mí lo principal es entender que la cultura no es rentable, ni tiene que serlo. Herramientas como Mecenazgo permiten, sin que baje la inversión pública, que haya también una inversión privada que esté a disposición de quienes hacen cultura. Al no ser rentable en Argentina y en ningún lugar del mundo, y por la escala del mercado argentino, acá menos todavía. Porque incluso grandes fundaciones, cuando vas a ver el día a día, llegan con lo justo. Y estamos hablando de espacios que son visibles, relevantes, que le dan trabajo a mucha gente, que generan una actividad enorme. Quiero destacar la gran diversidad, el año pasado apoyamos alrededor de 1.300 proyectos por un total aproximado de 900 millones de pesos, es una inversión muy grande que hace la Ciudad en conjunto con las empresas. Pero la hace la Ciudad porque Mecenazgo funciona de tal manera que una empresa que paga un porcentaje de ingresos brutos tiene la posibilidad de derivarlo a proyectos culturales. Para los proyectos grandes tiene además que aportar un 20% en términos reales. Dentro de esos 1.300 proyectos están prácticamente todas las instituciones de la cultura de la ciudad, y creo que tiene que ver con que es muy difícil llevar adelante cualquier proyecto cultural en la Argentina. Desde los museos privados que existen, teatros, galerías, películas, festivales independientes, la protección del patrimonio. Para nosotros es saludable que sea muy diverso. Tengo la tranquilidad, además, de no elegir yo los proyectos, porque la ley es muy clara. Hay un organismo mixto público, también integrado por la Legislatura y por los distintos espacios políticos, que es el que hace la selección de los proyectos. Con total transparencia, todos se publican en internet, con sus montos, con su descripción. El objetivo es poner de moda la inversión privada en cultura, en Argentina las empresas invierten menos que lo que invierten en otros países de la región.

—La pandemia ha generado marchas y contramarchas sobre la apertura de los espacios culturales. En muchos países de Europa, por ejemplo, abrieron y volvieron a cerrar con el incremento de las nuevas olas. ¿Considera que aquí podría volver a cerrarse todo?

– Ojalá no tenga que pasar y esperamos que no pase. Insisto en la idea de la incertidumbre como marca de la época. El Gobierno de la Ciudad ha trabajado muy responsablemente en el manejo de la pandemia en conjunto y siguiendo las indicaciones del nacional, que finalmente tiene la autoridad para liderar con relación al tema. En la incertidumbre en la que estamos, estoy seguro de que nuestros colegas en otras partes del mundo esperaban no tener que dar marcha atrás, y de golpe se encontraron con las indicaciones para hacerlo. Por lo cual yo no me atrevo a vaticinar nada.

Antes de llegar a ser ministro, Avogadro fue subsecretario de Economía Creativa del Gobierno de la Ciudad, y es un especialista en lo que el BID denominó Economía Naranja, uno de los espacios perjudicados al estar las fronteras cerradas.

—La economía creativa también quedó relegada en la pandemia y era una apuesta fuerte, ¿cómo cree que se reconfigurará cuando vuelva la normalidad?

—La mirada que nosotros tenemos de la cultura es que es un motor de desarrollo. Es mucho más que entretenimiento o espectáculo, que son formatos válidos, pero la cultura es una herramienta para que las personas puedan desarrollarse individual y colectivamente, y en ese sentido nos preocupa mucho cómo va a quedar el acceso a la cultura postpandemia. Estamos en medio de una inundación, todavía no sabemos cómo va a ser la realidad cuando baje el agua, y me parece central ese debate. Es un debate que tenemos que tener en todos los niveles: cómo la cultura puede contribuir en ese desarrollo y ser una herramienta en este proceso de reconstrucción social que tenemos por delante. Argentina va a quedar muy golpeada, con niveles de pobreza y desigualdad muy altos. Estamos convencidos de que la cultura es una herramienta para responder a esos desafíos.

La economía creativa son todos los sectores que tienen al talento como insumo principal. Y la verdad que talento es algo que sobra en toda la Argentina, desde los proyectos más sofisticados, como el desarrollo de videojuegos, a los proyectos que por ahí tienen un menor grado de sofisticación tecnológica, pero altísimo valor cultural y simbólico, como el caso de la artesanía. Creo que tenemos una oportunidad muy fuerte por delante. De hecho, leí una entrevista a la responsable de Spotify que contaba un fenómeno que veníamos viendo, como el trap. No es de mi generación, que soy más del rock, pero la verdad es que hay algunos artistas que me parecen alucinantes, como CazzuTruenoWoss Ysi A. Y los fui conociendo a fuerza de ir charlando con ellos, escuchando su música. Y lo menciono porque es el género que más potencial internacional tiene, creció enormemente aun en pandemia y aun con la imposibilidad de dar conciertos, su música viaja. Porque además es gente que entiende la época como ninguna otra en términos de manejo de las redes sociales y, por lo tanto, creo que ahí hay una historia, chiquita si querés, de esas oportunidades que tenemos en términos de talentos. También estuve visitando muchos sets de rodajes de series que se están filmando en Argentina, pero que seguramente van a dar la vuelta al mundo. Con lo cual son contenidos que marcan un rumbo en términos de esa oportunidad. En nuestro caso, Bs. As. tiene alrededor del 10% de la economía vinculada a las industrias culturales y creativas. Sin ninguna duda, el año pasado fue un golpe, pero a la vez acelera un proceso de digitalización, donde no necesariamente viaja un producto físico, sino que viaja un formato, un contenido, y cada uno proyecta nuestra marca ciudad, nuestra marca país. Y no es una oportunidad solamente de la ciudad, hoy tenés un polo audiovisual en Córdoba muy desarrollado, en Mendoza también se está desarrollando. El regreso del turismo cultural tiene un potencial gigantesco vinculado a la gastronomía. Soy muy optimista y creo que las nuevas generaciones van a seguir generando proyectos con proyección internacional que se van a insertar en las plataformas como lo están haciendo en este momento.

—Cuando usted llegó al frente de la cartera se destacó que era una persona formada en la gestión cultural por sobre la idea de un cuadro político. Hace unas semanas realizó un viaje a Córdoba, donde se reunió con funcionarios municipales y provinciales y un empresario de espectáculos, por ejemplo, por lo que es lógico concluir que esos encuentros se produzcan en el marco de la política. ¿Cuáles son sus aspiraciones dentro de su partido como en el mundo de la cultura?, ¿le gustaría ser ministro de Cultura de la Nación, por ejemplo?

—Primero, es el primer viaje que hice cuando se permitió viajar, y tiene que ver estrictamente con la gestión. Tenemos una relación constante con muchísimas provincias, y en ese sentido la cultura es un puente. Buenos Aires es una ciudad donde además viven muchísimos argentinos del resto del país, parte de mi trabajo es que tengamos la mayor diversidad posible y también ayudar a nuestro ecosistema a que tenga una proyección hacia el resto del país. Fue un viaje en ese sentido positivo, y nuestra única prioridad es la gestión, más en este contexto de pandemia. Así como me cuesta pensar cómo va a ser el ecosistema cultural de acá a fin de año, mucho más me cuesta pensar qué va a pasar en tres años. No ocupa en absoluto mi cabeza.

Fuente: Infobae