Entre flores y bestias: el sorprendente “museo” para armar en Recoleta

El barrio ofrece un paseo de esculturas al aire libre, con obras famosas y otras “secretas” que tienen todo para serlo.

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Hubo pulperías, malevos, barrial y sangre. Y hoy hay celebridades porteñas: el arte del Cementerio (1822) o del Centro Cultural (1980), la basílica Nuestra Señora del Pilar (1732), Plaza Francia (diseñada por el gran paisajista Carlos Thayspara el Centenario) y la avenida Alvear, espejo de “la París latinoamericana” del 1900. Y museos clave. El Nacional de Bellas Artes. Un poco más allá, el Malba.

Sin embargo, Recoleta ofrece más. Por ejemplo, para redescubrir, un paseo de esculturas a cielo abierto, con obras famosas y otras que tienen mucho para serlo.

De hecho, aunque menos popular que «El Pensador», de Auguste Rodin -padre de la escultura moderna-, ubicado en la Plaza del Congreso, o que la fuente de «Las Nereidas» de Lola Mora, en Costanera Sur, acá se encuentra uno de los monumentos más importantes de Capital: el dedicado a Carlos María de Alvear, que fue creado por el artista francés Émile Antoine Bourdelle (1861-1929).

"El Pensador". La obra célebre de Rodin, en Plaza Congreso, Buenos Aires. / Archivo Clarín

«El Pensador». La obra célebre de Rodin, en Plaza Congreso, Buenos Aires. / Archivo Clarín

Inaugurado en 1926, está en la Plaza Julio de Caro, en Libertador y Alvear. Tiene como centro la figura ecuestre de Carlos María de Alvear, militar en la Guerra de la Independencia y segundo Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata durante 1815, y padre de Torcuato, el primer intendente de la Ciudad de Buenos Aires, entre 1880 y 1887. Y fue encargado por autoridades argentinas a Bourdelle a comienzos de la década de 1910  y entregado recién en 1923, tras ser exhibido en Francia.

A Carlos María de Alvear. Joya del francés Bourdelle, discípulo de Rodin y referente de los expresionistas. / Luciano Thieberger.

A Carlos María de Alvear. Joya del francés Bourdelle, discípulo de Rodin y referente de los expresionistas. / Luciano Thieberger.

El propio Bourdelle, ayudante de Rodin, referente de la escultura monumental y de creadores vanguardistas -entre ellos, el suizo Alberto Giacometti– y maestro de maestros argentinos -como Alfredo Bigatti y Pablo Curatella Manes– consideró al homenaje a Carlos María de Alvear como una de sus mayores creaciones.

"Alla Fonte". De mármol de Carrara, fue parte de una fuente en los años 20. / Luciano Thieberger.

«Alla Fonte». De mármol de Carrara, fue parte de una fuente en los años 20. / Luciano Thieberger.

Es un trabajo inmenso. Y no únicamente porque la figura de Alvear a caballo mide 5 metros de alto. Sólo la representación de ese animal, sólido y ágil a la vez, lleva a evocar a los pintados por Piero della Francesca casi en el Renacimiento: son geométricos sin frialdad. La solemnidad deja asomar gracia.

"Orador". Hecho por un francés, llegó en 1928. Pero pocos lo conocen./ Luciano Thieberger.

«Orador». Hecho por un francés, llegó en 1928. Pero pocos lo conocen./ Luciano Thieberger.

Es que Bourdelle combinó, como pocos, las influencias naturalistas de los clásicos griegos -con sus proporciones matemáticas para «calcar» y armonizar- y la fuerza de la emoción individual que exaltó el expresionismo, a comienzos del siglo pasado. Ayudó a llevar las rupturas de la modernidad de Rodin un pasito más allá.

"Torso masculino desnudo". Del colombiano Fernando Botero, es de las esculturas más famosas de la Ciudad. / Luciano Thieberger.

«Torso masculino desnudo». Del colombiano Fernando Botero, es de las esculturas más famosas de la Ciudad. / Luciano Thieberger.

Y esto no es todo respecto de esa escultura. Además, el Monumento Ecuestre a Carlos María de Alvear fue presentado sobre un plataforma con escalinatas de 20 metros cuadrados y se apoya un pedestal de 13 metros de alto revestido en granito rojo, realizado por el arquitecto argentino Alejandro Bustillo -quien legó la casa de Victoria Ocampo en Barrio Parque, pionera racionalista en la Ciudad; el Monumento a la Bandera de Rosario; la rambla, el Casino y el Hotel Provincial de Mar del Plata, y la catedral de Bariloche, entre otras obras clave-. Ese pedestal evoca un sable clavado en el piso. Y lo rodean figuras que representan a la libertad, la victoria, la fuerza y la elocuencia.  

Sin embargo, críticos señalan que otra escultura de Bourdelle, «Heracles arquero» , un bronce de 1938, ubicado desde 1944 en la Plaza Dante (entre Libertador, Pueyrredón y Alvear), es tanto o más importante. ¿Por qué? Opinan que el forzudo que lucha contra los terribles pájaros mitológicos de Estínfalo expone mejor el rol de bisagra de la obra de ese artista entre las influencias clásicas y las de escultores de las vanguardias de las primeras décadas de 1900.

Abatido, El centauro creado por Antoine Bourdelle en 1914. /Luciano Thieberger.

Abatido, El centauro creado por Antoine Bourdelle en 1914. /Luciano Thieberger.

En ese trabajo, Heracles -Hércules para los romanos- simboliza la fortaleza y el coraje con músculos marcados y exigidos pero el cuerpo no es ciento por ciento realista. Las proporciones no son ideales. La idea es transmitir una fuerza y un esfuerzo descomunal antes que una representación objetiva. 


La «ruta Bourdelle» -quien tiene su museo en París–  se completa en Recoleta con «Centauro moribundo», de 1914, ubicado a un lado del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA, en Libertador al 1400). Sobre una pequeña base de piedra, reposa la figura que evoca a este personaje mitológico, tras ser envenenado por, justamente, Hércules. Antes que cualquier análisis, se planta la cabeza del gigante caída sobre un hombroUna curva da la sensación de que es de plomo. Abatimiento.


El paseo por Recoleta sigue más abajo, en esta nota GPS, con 9 obras en total. La elección es arbitraria. No incluye, esta vez, a la  «Floralis Genérica» -flor de más de 20 metros de altura construida en acero inoxidable por el arquitecto argentino Eduardo Catalano y donada en 2002, ubicada en la Plaza de las Naciones Unidas- ni a «Torso masculino desnudo» -del colombiano Fernando Botero, en Libertador y Callao-.


Este artículo se centra en algunas de las piezas más antiguas de la zona, salvo por el atlante que desde 2014 sostiene otro monumento, un «monumento natural»: el añoso gomero de Recoleta. Es que son esas obras tradicionales las que naturalizamos y dejamos de mirar. Pero permiten darse cuenta de que volver a un clásico es encontrar siempre más. 

Las 9 elegidas:

1) «Alla Fonte». Esta figura de mármol, premiada en la Exposición de Florencia de 1923, fue donada por un particular a la Ciudad de Buenos Aires y emplazada en la Plaza Lavalle en 1944. En 1982 llegó a Junín y Vicente López, al Paseo de Recoleta, uno de los primeros porteños, impulsado por Torcuato de Alvear en la década de 1880. La chica no estaba sola: era parte de una fuente, con tres surtidores, que fue retirada para edificar en la misma manzana de donde está, en Junín y Vicente López. 

De cerca. La pieza, parte de una antigua fuente, es de 1923. / Luciano Thieberger

De cerca. La pieza, parte de una antigua fuente, es de 1923. / Luciano Thieberger

2) Monumento natural. Es una celebridad de la Capital, de una especie oriunda de la India. Para algunos investigadores, lo plantaron los padres recoletos -de ellos viene el nombre del barrio- y para otros, el fray Francisco de Altolaguirre se lo regaló en el siglo XVIII a su hermano Martín José de Altolaguirre, quien tenía una quinta en la zona y solía «experimentar» con cultivos. Hay otras hipótesis que apuntan a las casonas alejadas del Centro, en aquel siglo, cuando este coqueto barrio era orillero, campo y campo, ni siquiera arrabal.

Gomero. Un "histórico" de Recoleta, frente al café La Biela. / Maxi Failla

Gomero. Un «histórico» de Recoleta, frente al café La Biela. / Maxi Failla

Lo cierto es que, técnicamente, se trata de un árbol notable -que sobresale por el porte y por la edad-. Se encuentra frente al café La Biela, otro imán. Más información, acá.

3) «Atlas». Sostiene al gomero de Recoleta desde el 12 de octubre de 2014. Fue realizado con partes de autos viejos (en un 85%) por Joaquín Arbiza, quien expuso sus obras con materiales reciclados en Inglaterra, Brasil y Uruguay. Esta figura mide 1,91 metro y pesa 250 kilos. Las otras ramas gigantes -y peligrosas– del gran árbol están sostenidas por columnas de cemento. En la Plazoleta Juan XXIII.

Atlas. Hecho de partes de autos antiguos recicladas, sostiene el añoso gomero de Recoleta./ Luciano Thieberger.

Atlas. Hecho de partes de autos antiguos recicladas, sostiene el añoso gomero de Recoleta./ Luciano Thieberger.

4) Torcuato. En la Plaza Intendente Alvear -mal llamada Francia, porque es sede de la feria de artesanos que nació en, justamente la vecina Plaza Francia, en los años 60 y luego se mudó a esta- se encuentra el monumento a Torcuato de Alvear, primer intendente de la Ciudad de Buenos Aires, entre 1880 y 1887.

A Torcuato de Alvear. El primer intendente de la Ciudad, en 1880./ Luciano Thieberger.

A Torcuato de Alvear. El primer intendente de la Ciudad, en 1880./ Luciano Thieberger.

Es una columna de estilo dórico, hecha en mármol de Carrara, con una figura alada, que representa «la gloria» en el tope. Debajo, muestra un busto para Torcuato, coronado. Y en tres de las caras de la base, bajorrelieves que hablan de «La Apertura de la Avenida de Mayo», «La Pavimentación de la Ciudad» y «El Arreglo de la Recoleta», obras realizadas durante los años de su gestión (además de la demolición de la Recova en Plaza de Mayo).

Busto. En medio de la columna, de la Plaza bautizada, justamente,Torcuato de Alvear. / Luciano Thieberger.

Busto. En medio de la columna, de la Plaza bautizada, justamente,Torcuato de Alvear. / Luciano Thieberger.

Si uno la mira así, haciendo zoom y con data, la pieza resulta seria pero no aburrida. Y, como muchas en Capital, fue víctima de vandalismo. Igual, con ese mix de estilos y sus 120 años, atrae.

5) «El Hombre que habla». O «L’homme parlant» o «El orador» es una obra en bronce del escultor francés León Ernest Drivier, ubicada también en la Plaza Intendente Alvear.​ La creó en 1928. Con sus rasgos de neoclasicismo, ayuda a evocar a la Buenos Aires, «la París latinoamericana».

Parlante. De 1928, realizada por eñ francés León Drivier. /Luciano Thieberger.

Parlante. De 1928, realizada por eñ francés León Drivier. /Luciano Thieberger.

6) Carlos. Rodeada por un parque que le da majestuosidad, este trabajo dedicado a Carlos María de Alvear es un clásico de Recoleta: la emplazaron el 16 de octubre de 1926. Sobre una base de granito rosado, la figura ecuestre de Alvear -quien actuó en las luchas de la Independencia y de la guerra con Brasil- fue realizada en Francia por Émile Antoine Bourdelle. En la Plaza Julio de Caro, Libertador y Alvear.

Ecuestre. Sólo este figura mide 5 metros de altura. /Luciano Thieberger.

Ecuestre. Sólo este figura mide 5 metros de altura. /Luciano Thieberger.

7) «Heracles arquero». Este pieza de bronce, de Émile Antoine Bourdelle, marca como pocas -según los expertos- una bisagra en la escultura moderna, dado que sobresalen características del expresionismo. La inauguraron en 1938 en Plaza Lavalle y en 1944 fue emplazada en la Plaza Dante. El original, de 1909, está en Francia. Heracles lucha, como en el mito griego, con las aves de Estínfalo, carnívoras, venenosas, con garras de bronce.

"Heracles Arquero". De Bourdelle. El original, de 1909, está en Francia. / Luciano Thieberger.

«Heracles Arquero». De Bourdelle. El original, de 1909, está en Francia. / Luciano Thieberger.

8) «Centauro herido». Otra obra del francés Bourdelle, de 1914, que representa a ese personaje mitológico vencido. La ex Municipalidad porteña compró la obra y la emplazó en 1916 en la Plaza Seeber. Luego la mudaron a casi Libertador y Pueyrredón, al lado del MNBA. Pos sus líneas simples y contundentes y sus texturas subrayadas, es de las más «modernas» entre las clásicas. 

Moderna. Está al lado del Museo Nacional de Bellas Artes, que en 1998 le dedicó una muestra al autor, Bourdelle./ Luciano Thieberger.

Moderna. Está al lado del Museo Nacional de Bellas Artes, que en 1998 le dedicó una muestra al autor, Bourdelle./ Luciano Thieberger.

9) «Francia a la Argentina». Otra de las maravillas de Recoleta y de toda la Ciudad de Buenos Aires fue realizada por el francés Edmond Peynot (1850-1932), con mármol de Carrara y travertino, y granito en la base, e inaugurada en 1910 como regalo de ese país al nuestro por el Centenario de la Revolución de Mayo.

De Francia a la Argentina. Emblema de Plaza Francia. 20 metros de altura, y de belleza. / Luciano Thieberger.

De Francia a la Argentina. Emblema de Plaza Francia. 20 metros de altura, y de belleza. / Luciano Thieberger.

Entre el verde de Plaza Francia, la escultura de 20 metros de altura se define por sus rasgos armónicos y sobriedad neoclásica. La coronan dos figuras femeninas que representan a Argentina y Francia, guiadas por otra masculina y alada que lleva la luz del progreso –también leída como ángel, símbolo de gloria–.

Zoom. Las figuras del tope de este monumento, inaugurado en 1910, representan a Francia y Argentina. /Luciano Thieberger.

Zoom. Las figuras del tope de este monumento, inaugurado en 1910, representan a Francia y Argentina. /Luciano Thieberger.

Las del centro representan a la ciencia, la industria, la agricultura y las artes. Y cuatro bajorrelieves de bronce muestran hechos clave de la historia de ambos países, como el cruce de la Cordillera de los Andes y la Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, durante la Revolución Francesa. Los faroles exhiben en las columnas al escudo nacional argentino y gallos, antiguo símbolo francés. En Plaza Francia, Libertador al 1400.