Entre la condición gay y la sorpresa, sale a la luz un inédito de Marcel Proust

Se desconocía hasta su existencia y será publicado en octubre, en Francia, con el título de El corresponsal misterioso; la homosexualidad, el tema principal

lok

Los lectores de Marcel Proust saben muy bien que su frase (y la frase es la unidad de toda su poética) provoca el efecto de un calidoscopio verbal: ningún color, ninguna figura, ningún sentido termina por estabilizarse, o bien cualquier estabilidad es una (solo una) de las posibles. Así fue la escritura de los siete volúmenes de En busca del tiempo perdido, un gigantesco patchwork temporal y material (pensemos en los famosos paperoles) y así también es la publicación de sus libros, insondable como la frase (y como la «frasecita»). En plena rentrée (la temporada alta de la industria editorial francesa), habrá una irrupción proustiana. Se anuncia para el 9 de octubre la publicación de Le Mystérieux Correspondant et autres nouvelles inédites [El corresponsal misterioso] en una edición al cuidado de Luc Fraisse. Según informó el diario Le Monde, el libro recupera nueve relatos, de los cuales uno solo («Souvenir d’une capitaine») había salido antes a la luz y estaba incluido en Textes retrouvés, de 1971.

Los papeles estaban en poder de Bernard de Fallois («el proustiano capital», como se lo definió alguna vez), a quien se le deben también la publicación de Jean Santeuil y Contre Sainte-Beuve. Lo curioso del caso es que cuando murió Fallois, a principios del año pasado, no había ninguna noticia sobre la existencia de estos relatos, pero el testamento reveló una donación a la Biblioteca Nacional de Francia. Nadie sabe muy bien por qué Bernard de Fallois no dio o conocer antes estos escritos. «Es un misterio. Toda esta historia es un poco desconcertante», dijo Jean-Yves Tadié, biógrafo de Proust.

Más claras resultan, en cambio, las causas por las que el propio Proust decidió desdeñar esos escritos y dejarlos fuera de Los placeres y los días, publicado en 1896. Según Fraisse, «una hipótesis es que esos textos abordan en su mayor parte la homosexualidad, igual que algunos de Los placeres... algunos, justamente: si no, se habría convertido en el asunto principal de la colección de relatos». El tema en cuestión era entonces para Proust (que tenía apenas 25 años) por lo menos incómodo.

¿Y cuál era el motivo de esta incomodidad? Otro de sus biógrafos, George D. Painter, lo explica con bastante claridad: «Durante el verano de 1894, período en que Proust alcanzó las más altas cumbres del Faubourg Saint-Germain, prosiguió al mismo tiempo su descenso hacia Sodoma». Ese mismo año se encontró en París con Oscar Wilde. No se llevaron nada bien, pero la exaltación de la homosexualidad que oyó de su boca podría haberlo impresionado, y algo de él podría haber pervivido en la construcción del barón de Charlus.

Mucho más decisiva fue la relación sentimental con el compositor Reynaldo Hahn; decisiva en dos niveles: en primer lugar, el musical, porque gracias a Hahn conoció la Sonata en re menor para violín y piano de Camille Saint-Säens (otro connotado gay de quien Hahn era discípulo y cuya música Proust deploraba), una de las posibles (e indefinidas) referencias de la imaginaria sonata de la Vinteuil. Por otro lado, de las relaciones ocasionales Proust había pasado a una permanente y esto debió de haberlo enfrentado con la evidencia de su condición. Esto lo perturbaba. «Cierto que a veces la vida de algunos invertidos parece cambiar, que su vicio (como se dice) no aparece ya en sus costumbres; pero nada se pierde…», anota el narrado cuando descubre a Charlus y Jupien en Sodoma y Gomorra, el cuarto volumen de la Recherche.

Más acá en el tiempo, el escritor francés Charles Dantzig definió En busca del tiempo perdido como «una bomba gay». Es evidente que un juicio así incurre en una simplificación extrema (la Recherche es todas las cosas y ninguna de ellas por separado), pero esto no implica que, como señala Dantzig, Proust no pensara que «el amor homosexual era un catástrofe… una maldición».

Habría que recordar que, después de la publicación de Los placeres y los días, Jean Lorrain escribió una reseña en la que, aparte de impugnar el libro, desnudaba la relación de Proust con Lucien Daudet. Para limpiar su honor, Proust retó entonces a duelo a Lorrain, aunque finalmente ninguno de los dos salió herido. Del mismo modo, «La confession d’une jeune fille», uno de los textos de Los placeres… está cargado de un remordimiento que podría ser un correlato de su relación con Hahn.

No sabemos exactamente qué habrá en Le Mystérieux Correspondant et autres nouvelles inédites (y mucho menos en los ejercicios escolares, igualmente inéditos, que se anuncian para 2020), pero puede imaginarse que esa especie de diario nunca escrito hará girar otra vez el calidoscopio de la Recherche. No es que quien leyó esos siete volúmenes ya no pueda leer ni una línea de las que escribió antes Proust sino como preparación de su catedral del dolor y la memoria: En busca del tiempo perdido no cambió el mundo -ningún libro lo hace, ningún cuadro, ninguna sonata-, pero el mundo no vuelve a contemplarse jamás igual que antes.

Novedad

Le Mystérieux Correspondant

Autor: Marcel Proust

Editorial: Fallois

Páginas: 184

Fuente: Pablo Gianera, La Nación