Entre las tradiciones y el cambio: un mapa sobre la literatura del judaísmo argentino

Un recorrido de 130 años. En el Día del Perdón o Yom Kipur, una charla con Ricardo Feierstein, autor del libro “Memoria e identidad. Las avenidas del barrio judío en la ciudad literaria”: de Alberto Gerchunoff a Ana María Shua.

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«¿Cómo reunir en un mismo esquema esa multitud de escritores y textos que, en los últimos 130 años –la antigüedad de la inmigración judía en este continente– recorren un abanico de cinco o seis generaciones y un repertorio de personajes y situaciones que van desde el religioso ortodoxo hasta el mestizo cultural y religioso, todo bajo un mismo común denominador?”, se pregunta Ricardo Feierstein, escritor, arquitecto y ensayista, en un pasaje de su nuevo libro Memoria e identidad, las avenidas del barrio judío en la ciudad literaria

“He imaginado para este trabajo un camino que me parece productivo: cartografiar la producción literaria de varios escritores judíos latinoamericanos no como un corpus cerrado, sino como organismo vivo y diversamente conectado con su entorno. De manera gráfica, se trata de bosquejar el barrio judío de la ciudad literaria”, dice el autor, que dividió la parte central de su libro en capítulos categorizados como “avenidas” que representan memorias de distintas clases, como la nostálgica, lingüística, existencial o mestizada.

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“Es un recurso casi pedagógico, por un lado, y una aspiración a la ‘totalidad’ que trajo la modernidad”, cuenta Feierstein a Clarín. “Agrupar autores por las zonas que transitan –a veces lo hacen por avenidas distintas, a lo largo de su carrera– es una forma de recuperar el sentido de una experiencia literaria, como puentes ficcionales que conectan personas e identidades”.

Autor, entre otros títulos de ficción o ensayos de diversas temáticas, de Historia de los judíos argentinos, Vida cotidiana de los judíos argentinos: del gueto al country Contraexilio y mestizaje: ser judío en la Argentinasostiene además que la identidad siempre es una definición “en movimiento”, ya que nadie es igual a sí mismo durante toda la vida. Y menos aún entre los integrantes de las sucesivas generaciones.

En cuanto a la memoria, a la que también alude en el título, dice en el libro que si hubiera que mencionar un solo rasgo de la cosmovisión que los inmigrantes judíos trajeron consigo desde su historia milenaria y contribuyeron a implantar en la Argentina, ese sería el respeto riguroso y el cultivo de la memoria”, en un contexto en el que habitualmente las urgencias de la coyuntura llevan a olvidar con inmediatez las huellas documentales de los antecesores, “o destruir testimonios a veces traumáticos del ayer que, muchas veces, ayudan a entender el presente”.

“He imaginado para este trabajo un camino que me parece productivo: cartografiar la producción literaria de varios escritores judíos latinoamericanos", se propuso Ricardo Feierstein. Foto Télam

“He imaginado para este trabajo un camino que me parece productivo: cartografiar la producción literaria de varios escritores judíos latinoamericanos», se propuso Ricardo Feierstein. Foto Télam

Galería de autores latinoamericanos

Feierstein propone un repaso por algunos de los principales referentes de la literatura judía latinoamericana escrita en español, entre ellos el pionero Alberto Gerchunoff, autor de Los gauchos judíos (1910), fundador, según sostiene, de un arquetipo idealizado del inmigrante judío en armoniosa integración con los habitantes de la pampa argentina”.

Entre los escritores de origen judío de todas las épocas que el autor analiza en su libro figuran, además, Bernardo Verbitsky, Daniel Guebel, Susana Gertopan, Mauricio Rosencof, Marcelo Birmajer, Damián Tabarovsky, Martín Kohan y José Pablo Feinmann, entre otros.

Pero también menciona, por ejemplo, a Dina Dolinsky, nacida en 1932 en Moises Ville, la colonia judía más antigua de Argentina. Luego de recibirse de médica y mantener una intensa actividad política, Dolinsky adhirió a la Revolución Cubana y decidió emigrar a la isla.

Ricardo Feierstein: "En el libro, se trata de bosquejar el barrio judío de la ciudad literaria". Foto: Télam

Ricardo Feierstein: «En el libro, se trata de bosquejar el barrio judío de la ciudad literaria». Foto: Télam

Con el paso del tiempo, una de sus nietas encontró una caja con antiguas fotos familiares y ella decidió narrar las historias de su pasado en el libro Las doce casas (2000), un nombre tomado de la primera formación habitacional que precedió a la colonia agrícola en la que nació.

Además del breve recorrido por autores judíos de otros países latinoamericanos, en el libro también se menciona a otros escritores judíos argentinos contemporáneos, entre ellos Ana María Shua.

Entre muchos otros libros, Shua es autora de los títulos Cuentos judíos con fantasmas y demoniosRisas y emociones de la cocina judíaEl pueblo de los tontosEl libro de los recuerdosSabiduría popular judía, de la novela Los amores de Laurita, cuya protagonista es judía, y de cuentos que integraron antologías vinculadas a la temática, como La tía Judith o Historia de familia.

Ana María Shua es autora de los títulos "Cuentos judíos con fantasmas y demonios" y "Risas y emociones de la cocina judía", entre otros.

Ana María Shua es autora de los títulos «Cuentos judíos con fantasmas y demonios» y «Risas y emociones de la cocina judía», entre otros.

“Para muchos de estos libros tuve que estudiar, porque no sabía nada de nada”, cuenta Shua, quien fue criada en una casa “totalmente laica”, con padres a los que describe como “ateos y punto”. Siempre recibió educación del Estado, no en escuelas de la comunidad, aunque, descubre ahora analizando en perspectiva que su entorno era “muy judío”.

Casi todos los amigos de sus padres lo eran, lo mismo que los espacios recreativos que frecuentaba eran Hebraica y Hacoaj, clubes tradicionalmente judíos. “Yo siempre fui judía de una manera natural y despreocupada, si escuchaba comentarios antisemitas me parecían un problema para quien los decía”, cuenta la autora.

Y recuerda una anécdota que le resultó una revelación: “Un chico que me gustaba, para jugar un partido de fútbol me pidió que le guardara su medallita de la virgen. Me la puse, me olvidé de devolvérsela y cuando volví a casa se armó un escándalo. Solo en ese momento, cuando ya tenía 12 años, tomé conciencia de lo que significaba ser judío para mis padres y fue un tremendo shock”.

Otro autor mencionado por Feierstein entre los narradores judíos contemporáneos es Diego Paszkowski, autor de Tesis para un homicidio, llevada al cine en 2013. En ese mismo año fue publicada su novela Rosen, una saga familiar sobre la vida de Max Rosen, un joven estafador de la década del 50 que comenzó sus andanzas en Argentina, luego fue a España y finalmente a Israel. El personaje está inspirado en el tío del escritor, quien trabajó durante una década en su libro más personal.

Diego Paszkowski, autor de "Tesis para un homicidio", que llegó al cine en 2013. Foto Fernando de la Orden

Diego Paszkowski, autor de «Tesis para un homicidio», que llegó al cine en 2013. Foto Fernando de la Orden

“Cada novela tiene su propio ritmo, su propio proceso, su propia respiración”, dice Paszkowski. “Si para escribir mi novela Tesis sobre un homicidio tardé un año y medio, con Rosen las cosas fueron distintas: se trató de un lento goteo de las historias que en mi infancia se contaban sobre mi tío Saúl, hermano de mi padre, rebautizado Leo en la vida real, y al fin rebautizado Max para mi novela”, cuenta el autor, quien escribió la novela no en cuatro ni doce meses sino a lo largo de once años.

Y agrega que haber volcado en un libro su historia familiar lo salva de dar explicaciones sobre ciertos aspectos de su vida. “¿Por qué no como cerdo? Fíjense lo que Max reflexiona sobre eso en la novela. ¿Por qué no puedo usar ropa prestada? Lean la novela. Y así”, dice.

Sus padres, cuenta Paszkowski, conservaban del judaísmo “apenas tres cuestiones”: haber optado por circuncidar a su hijo, algunas costumbres vinculadas a la gastronomía, sefaradí por parte de madre y ashkenazi por el lado paterno, y asistir una vez por año al templo Bet El para Iom Kipur –el Día del Perdón a escuchar al rabino Marshall Mayer.

“Mi judaísmo en la infancia era apenas eso”, agrega, “es decir casi nada, sin colegios o clubes de la cole. Era muy poco, pero ya de adolescente procuré compensar esa falta con lecturas”.

En cuanto al proceso que desembocó en el tono que usó en su novela Rosen, considera: “Creo que se lo debo a mi escritor de cabecera, Isaac Bashevis Singer. Al escribir esa novela solía decirle a Daniela, mi mujer, que estaba poseído por el fantasma de Bashevis, algo que a él, desde luego, le hubiera encantado”, dice en referencia al escritor polaco de origen judío que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1978 y escribía en idish, el idioma que hablaban los integrantes de las comunidades judías del centro y el este europeo y luego sus descendientes, que emigraron hacia distintos lugares del mundo.

Feierstein dice que “los primeros judíos que se dedicaron a escribir en la Argentina lo hicieron prácticamente todos en idish. A medida que avanzaba el conocimiento del castellano y la vida relacionada con otro entorno, algunos –pocos– pudieron adoptar la lengua del país, pero la mayoría siguió tratando de preservar ese idioma lleno de amor y significados, casi desaparecido después de la Shoá”. Pero que luego “no sólo desaparecieron los literatos, sino también sus lectores”.

En su libro Memoria e identidad…, el ensayista sostiene que “para hijos y nietos de inmigrantes judíos llegados a América Latina, los sonidos del idish europeo agregados a las voces locales forman parte de su infancia o de una memoria que pudo anclar, en ese punto, sus deseos de no despegarse del pasado. Más allá de aprender, con mayor o menor dificultad, el idioma de la nueva patria, ni los inmigrantes (ni, muchas veces, sus sucesores) pudieron renunciar totalmente a los contenidos intraducibles de su antigua lengua. Palabras, frases, refranes y apodos se constituyeron en fragmentos naturales de su lenguaje cotidiano (y partes esenciales de su cartografía del alma). El idish fue para muchos de ellos un lugar para ubicar tradiciones, recuerdos, ideologías; su territorio imaginario, su casa portátil”.

Los autores judeoargentinos ya no escriben en idish pero sí, según se cuenta en este libro, mantienen vivas muchas de las costumbres y tradiciones culturales heredadas a través de las avenidas del barrio judío en la ciudad literaria.

Fuente: Clarín