Ernesto Neto: en las redes del artista que admiraba al Hombre Araña

Muestra en el Malba . El artista brasileño aprendió a tejer crochet de su madre y su abuela. Hace obras que funcionan cuando el público las “activa”.

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“¿Para usted qué suena mejor?” pregunta Ernesto Neto, uno de los artistas brasileños más destacados alrededor del mundo, con obras y muestras en los museos y bienales más importantes. A pocas horas de inaugurar Soplo, su primera exposición antológica en Buenos Aires, sus preocupaciones son concretas: que las obras hagan sinergia con el espacio de las salas del Malba; que las tramas de crochet (uno de sus materiales más característicos) que cubren el techo estén a la altura adecuada; que la red de hilo que contiene flores de tipa y jacarandá, y recibe al público en la explanada del museo, guarde en su nombre la sonoridad correcta, en la que el sentido comulgue con el sonido y la poesía reverbere.

Nacido en Río de Janeiro a mediados de los 60, Neto se crió en plena ebullición carioca del arte brasileño, que dio paso a lo contemporáneo. Escultores como Lygia Clark –figura siempre presente en su universo creativo – y artistas que desbordan el espacio y ponen al cuerpo en primer plano, como Hélio Oiticica, son prácticamente parte de su ADN. También lo son las artes aplicadas como el tejido, que aprendió de la rama femenina de su propia familia. Fueron su abuela y su madre las que le enseñaron a tejer al crochet, técnica que hoy da forma y sentido a sus obras. “El trabajo colectivo –explica- es el mismo cuando tejemos que cuando montamos las piezas en el espacio, o cuando los espectadores que vienen a la muestra participan de ellas. Está todo dentro de una misma voluntad de conexión”.

Para Neto, el arte debe ser ante todo una vía que nos conduzca a lugares más serenos y amorosos

Proveniente de la Pinacoteca de San Pablo y curada por Jochen Volz y Valeria Piccoli (respectivamente, director y curadora jefe de esa institución) la muestra que este viernes abre al público en el Malba fue adaptada al espacio particular de este museo porteño. Está concebida como una exposición antológica; y busca hacer foco en los momentos más importantes de su carrera sin sujetarlos a tediosas cronologías, de las que la filosofía de Neto es detractora.

En Kuántico: a odissei continua navedante las manos que emergen de la pared imitan la postura en que el Hombre Araña (superhéroe tejedor y admirado en la infancia por Ernesto) tiende sus redes. De ellas parece surgir una trama concéntrica tejida al crochet, que simboliza para el artista el tiempo que fluye de modo orgánico.

En contrapartida, una fría vara de hierro expresa la temporalidad rígida y lineal que nos tiene cautivos. La obra es de 1994 y consiste en una de las primeras incursiones de Neto con hilo tejido. Es el pasaje definitivo de este escultor hacia texturas más blandas. De la misma época son las piezas de su serie Naves, en las que Neto experimenta con el polipropileno (nada más ni nada menos que el nylon de las “medibachas”). En estas estructuras, el artista invita al espectador a entrar y abrirse paso en un espacio que bien podría estar evocando el interior de una víscera o un capullo. En medio de todo, siempre, la gravedad. Como extrañas boas constrictor que adquieren la forma de aquello que engullen, las medias y bolsas de hilo que Neto, en sus diversas obras, suspende del techo -y a las que carga con semillas, plomo, piedras, latas, flores (o hasta nuestros propios cuerpos)-, están siempre en tensión. Como estalactitas a punto de caer, parecen por un momento haberle ganado la contienda a la inexorable ley de gravedad, pero bajo una constante amenaza de derrota. “El equilibrio –dice- es delicado”.

Sugestivo. Ernesto Neto y sus obras en Malba. /  Emmanuel Fernández

Sugestivo. Ernesto Neto y sus obras en Malba. / Emmanuel Fernández

Con el deseo de propiciar, dentro del museo, un espacio que permita restablecer ese equilibrio perdido, en las salas del Malba se suceden distintas obras que los espectadores deberán activar, o en las que tendrán que, literalmente, poner el cuerpoOxalá es una estructura de tejido blando que consiste en una serie de cuerdas que conectan distintas coronas o tocados pensados para que el espectador se ponga en la cabeza. Entre sus hilos, cada tocado lleva algunos cuarzos que le dan peso. Toda la obra es una invitación al juego y a evocar la posibilidad de una comunicación telepática que acontecería a través de las redes y las piedras.

Bajo una idea de conexión similar, en Tres cantos y una danza, en cambio, el tejido consiste en tres vestidos que los espectadores deben colocarse en el torso. Hay, también, una versión de menor tamaño pensada para los más chicos. Que estas obras deban ser activadas en grupo obedece a una de las mayores preocupaciones del artista: propiciar la conexión entre las personas, poner el foco en lo que nos une más que en lo que nos separa, trabajar en equipo.

O sagrado é Amor es una especie de pequeño recinto cuya luz está teñida por un árbol hecho de hilo rojo, y que nos invita a sentarnos en su centro y simplemente contemplar. No muy lejos, Circleprototemple es un espacio hecho de madera y tela, también rojo y circular. Su forma y color obedecen a los del corazón. En el centro de su espacio interno (otra invitación a la quietud) hay un tambor que nos conecta con el ritmo y el propio latido.

Las obras de Neto estimulan tanto la quietud, como la atención de los sentidos. Si los múltiples tambores y cascabeles que encontramos en el interior de sus tejidos apela al oído, el olfato se despierta en otras mediante el uso de especias de penetrantes aromas. El tacto también tiene un lugar preponderante. En El silencio es una forma de oración, el artista invita a colocar las palmas de las manos sobre unas planchas de cobre y, una vez más, tan solo permanecer. “Sería igual que entráramos en contacto con el suelo, el techo u otra persona. La idea es sentir la energía, que en este caso el muro, nos devuelve. El cobre además es un material asociado en distintas culturas ancestrales a la sanación”, explica.

Es que para Neto el arte debe ser ante todo una vía que nos conduzca a lugares más serenos y amorosos. En este nuevo (antiguo) modo de sentir la creación artística fue determinante su contacto con pueblos originarios de zonas amazónicas, que lo introdujeron en prácticas o pequeños gestos rituales que hoy comparte en territorios tan poco sacros como los museos.Mirá también

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Un par de años atrás, sin ir más lejos montó, en plena Bienal de Venecia una tienda tejida donde tuvo lugar una ceremonia con cantos de los Huní Kuin, los aborígenes cuyas enseñanzas dieron a su obra la vuelta de tuerca que necesitaba, para convertirse en lo que hoy es. Un trabajo en el que, con el correr de los años, la escultura dio paso al espacio, y el cuerpo comenzó a ser visto como un lugar sagrado, dueño de una sacralidad que está lejos, muy lejos, de cualquier idea de doctrina y ciega devoción.

En definitiva Soplo no quiere ser más (ni menos) que eso. Un respiro, una bocanada de aire fresco, en el medio de una vorágine que, de a poco, nos va quitando el aire.

Ficha

Soplo

Cuándo: Del 29 de noviembre al 16 de febrero.

Dónde: Malba, Av. Figueroa Alcorta 3415

Horarios: Jueves a lunes: de 12:00 a 20:00; Miércoles, de 12:00 a 21:00; Martes: cerrado. Feriados: Abierto de 12:00 a 20:00, excepto los días martes.

Entrada: General, $240; estudiantes docentes y jubliados (acreditados), $120. Menores de 5 y discapacitados, gratis.

Fuente: Clarín