Estos siete comportamientos pueden arruinar tu relación

Son actitudes que van minando la relación hasta volverla insoportable. Consejos para evitarlas.

sdadad

Decía Oscar Wilde que amarse a uno mismo es el secreto del romance para toda la vida. Pero cuando se trata de mantener el amor en pareja​ la receta no resulta tan simple. Aceptar al compañero tal cual es puede ser un comienzo, pero tampoco garantiza un final de película.

“A veces la pareja adolece de pequeños problemas que vamos desatendiendo pensando que se arreglarán solos o que no son lo suficientemente importantes. Y esas pequeñeces van minando la relación hasta convertirla en algo insoportable”, comparte Patricia Ramírez, psicóloga y coautora del libro Diez Maneras de Cargarte tu Relación en Pareja (Grijalbo, 2020).

Por lo tanto, la primera regla para que una relación dure parece sencilla: reparar cuanto antes aquello que molesta o incomoda. Pero no siempre es fácil detectar exactamente el origen del malestar o acertar en la forma de comunicarlo.

Las desavenencias surgen en todas las relaciones, aunque por sus diferencias en valores, aficiones o proyectos de vida, algunas las sufren más que otras. Sin embargo, y pese a que la mayoría de los problemas en pareja son recurrentes, nadie dio hasta ahora con la fórmula que ayude a terminar con ellos. De lo que sí tenemos certeza es de los comportamientos que, de ponerlos en práctica, acaban por arruinarla. Revelamos algunos de estos hallazgos y las soluciones para mantenerla a flote.

Creer en las artes adivinatorias del otro

Es un clásico. Uno de los miembros de la pareja se enoja porque el otro no supo leerle el pensamiento. Las expectativas que tenemos respecto a la otra persona son el detonante de este tipo de problemas. Se suelen sacar conclusiones precipitadas y crearse malentendidos cuando esperamos que la otra parte adivine lo que pasa por nuestras cabezas.

“Una primera manera de cargarse la relación es no comprender y no ponerse en la piel y en los zapatos de la pareja. Es pensar que todo lo que hace, dice o siente está equivocado porque no coincide con nuestra manera de procesar”, comentan Ramírez y Silvia Congost, la otra autora en el libro.

La solución ante estos problemas es sencilla: expresar aquello que necesitamos.

Mirarse el ombligo

Ante cualquier desavenencia amorosa, solemos centrar la atención en nuestro propio universo. Por supuesto, en un primer momento es clave hacerse una radiografía emocional, pero ¿qué es lo que siente la otra mitad?

“El principal problema es que hablamos para hacer entender al otro nuestra postura, para convencerlo de nuestros argumentos y dejamos de atender lo qué necesita la otra parte”, indica Ramírez.

La solución es ser más empático, tratar de ponerse en el lugar del otro. “La empatía surge cuando escuchamos con atención, cuando tenemos un interés sincero por qué le ocurre al otro. Sin cortarle, sin tratar de convencerlo de qué pensamos nosotros”, comenta.

No ser claros en lo que nos gusta

Durante el enamoramiento pasamos por alto aspectos de la otra persona que en otras situaciones rechazaríamos. Hacer la vista gorda ante ciertos comportamientos o relativizar algunas actitudes son pautas habituales en los cerebros enamorados.

“No es de extrañar, funcionando así, que un buen día nos demos cuenta de que tal vez nos hemos equivocado en la elección. Que en realidad no nos gusta cómo es esa persona. De ahí en adelante empieza un camino de curvas del que puede ser realmente difícil salir ileso. Podemos quedar atrapados en el tortuoso viaje del ‘ya lo voy a cambiar’ o ‘ya cambiará’ o ‘terminaré aceptándolo’. Se trata de tres fórmulas que, a decir verdad, raras veces funcionan”, comparten las autoras en el libro.

Ante esta situación, Ramírez y Congost proponen un ejercicio: “Escribí todo lo que valorás, no filtres ni pongas ningún límite. Si tenés pareja, analizá con cuáles de estas características encaja él o ella para ver si hiciste una buena elección o si te equivocaste”.

No hay razón que justifique violar la intimidad del otro.

No hay razón que justifique violar la intimidad del otro.

La dejadez como forma de vida

Reza el refrán popular que la confianza da asco. Algo que se cumple muchas veces en la pareja. Con el tiempo, pueden llegar a perderse las formas, no encontrar tiempo de calidad para la relación, olvidar aspectos de higiene frente al ser querido y, por supuesto, desatender los detalles. Todo esto provoca una merma bidireccional que va transformando la relación en algo incómodo.

¿Solución? Las autoras recomiendan hacer una lista con todo aquello que practicabas o hacías al principio y le gustaba a tu pareja. “Una enumeración de detalles, de cómo te cuidabas, de cómo tratabas a tu pareja… E intentá repetirlo”. Utilizar palabras cariñosas con el otro, cuidarse uno mismo y del hogar, o interesarse por la otra persona son hábitos con los que se pueden subsanar este problema.

Olvidarse de los límites

Al igual que vivimos socialmente según ciertas limitaciones, en la pareja también es necesario poner reglas. “Para construir relaciones sanas y satisfactorias, debemos tener muy claro dónde están nuestros límites. Es decir, qué es aquello que no estamos dispuestos a negociar bajo ningún concepto”, explican.

Según exponen las especialistas, la clave está en cómo reaccionamos la primera vez que aparecen conductas o se dan situaciones dañinas. Si normalizamos estas actitudes, la otra parte seguirá haciéndolo. “Decidimos dejarlo pasar y cuando el hecho se repite dos o tres veces más, para poder soportarlo, lo que hace nuestro cerebro es quitarle peso. Buscar argumentos para justificarlo y que así no lo veamos tan grave”, comentan. Pero cada vez que se dan estas circunstancias, el sufrimiento se instala en la persona que no ha marcado los límites.

En estos casos las relaciones suelen volverse tóxicas y la mejor opción es terminarlas. “Si necesitás que la otra persona cambie, ¿por qué elegiste a una persona así? ¿No tendría más sentido que hubieras elegido a alguien precisamente porque te gusta como es y sos capaz de aceptarla?”, reflexionan.

Eludir la comunicación

Para que una relación funcione es fundamental la comunicación. Pero no se trata de hablar por hablar, sino de abordar los conflictos de la forma correcta. “El entendimiento permite dar solución a otros problemas. Si no podés hablar de eso, si no empatizás con la postura de la otra parte, si no argumentás la tuya, si no os expresás con claridad y en lugar de hacerlo te cerrás, no se podrán resolver otros conflictos. Y los conflictos que se dejan sin resolver, muchas veces se enquistan, pero rara vez se solucionan solos”, argumentan.

Las buenas maneras pasan por respetar los tiempos y los silencios. Asimismo se deben evitar las etiquetas : «Es importante eliminar comentarios del tipo ‘con vos es imposible hablar, mira cómo te ponés». Y en ese momento es mejor dejar de hablar. Habrás conseguido que la comunicación sea un ir y venir de reproches”, comparten.

La comunicación debe ser amable, cariñosa y educada y tratar siempre de bieninterpretar las acciones del otro. “La mayoría de sus olvidos, despistes, no son adrede, ni mucho menos con el ánimo de fastidiar”.

Con el tiempo, las parejas se relajan y pierden las formas que mantenían al principio.

Con el tiempo, las parejas se relajan y pierden las formas que mantenían al principio.

Intentar controlar al otro

Por mucho que intentes justificarlo, no hay ninguna buena razón para mirar el WhatsApp, el correo o intentar saber dónde está en cada momento la pareja. Hay quienes llevan a cabo este tipo de intrusión en la intimidad del otro por celos patológicos, en estos casos hablar con un profesional es la mejor salida para reconducir la conducta. “Existe otro grupo de personas que de algún modo incurren en estos comportamientos por haber convivido en el pasado con parejas que las han hecho sufrir con sus engaños, mentiras, infidelidades y manipulaciones”.

Cuando se da esta circunstancia, recuperar la autoestima y la confianza en el otro es la única vía para que el vínculo se mantenga. “La desconfianza, los celos y el control son ingredientes que siempre estropean la relación. Si alguna vez no la rompen, la intoxican de tal manera que es muy difícil reparar los daños”, explican las psicólogas.

Fuente: Clarín, La Vanguardia.