Falleció la pianista Elvira Ceballos, quien logró la conciliación entre lo clásico y lo popular

De estricta formación clásica pero con la sensibilidad para abrazar —a partir de la técnica— las tradiciones territoriales de la música popular argentina, la pianista cordobesa, que murió a los 70 años, fue una artista que expresó esa capacidad de conciliación entre la dimensión universal de la música y las marcas locales y regionales, en un equilibrio que en ella aparecía siempre sazonado.

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Ceballos murió en la capital cordobesa como consecuencia de una neumonía que la afectaba desde hace un tiempo, según lo informado a la prensa por familiares de la artista que indicaron que los restos de la concertista eran velados en una sala de la calle 27 de abril y mañana a las 10, se realizarán las exequias en el Cementerio Parque del Recuerdo. 

   Lejos de cultivar las ligerezas que a veces aparecen en el ambiente artístico, especialmente cuando la condición natural supera con naturalidad las primeras barreras del aprendizaje, Ceballos acumuló años de estudio y edificó su carrera sobre la base del trabajo y no sobre una inclinación innata, que evidentemente tenía. 

   Nació el 16 de marzo de 1949 en la localidad de La Falda. «Mis padres tenían una pista de baile llamada ‘El ranchito criollo’, donde se escuchaba tango, paso doble y folclore», recordó alguna vez. 

  «A los cinco años ya sabía escribir música, porque yo copio desde muy pequeña, me copiaba la música. No hice otra cosa en mi vida que estudiar y aprender. Esos eran mis juegos predilectos: estar con los libros y la música». A los 10 años registró sus primeras zambas en Sadaic. 

   En el año 1954 sus padres dejaron La Falda y se mudaron a Barrio Alberdi, un territorio que por entonces se caracterizaba por su ambiente de peñas. 

   Elvira completó la escuela secundaria como estudiante libre, porque de esa forma tenía más tiempo para dedicarse al estudio de la música, especialmente, de la guitarra. Para eso tomó como ejemplo a la famosa guitarrista María Luisa Anido, una música que nació en 1907 en Buenos Aires y murió en 1996 en España. «Si ella no fue al colegio, tampoco voy a ir yo», razonaba por lo bajo.

   El barrio Alberdi se cruzó con la figura de José Ignacio «Chango» Rodríguez. «El definió un estilo en el canto folclórico de Alberdi. Solíamos conversar, y él que sabía de mi formación clásica, me decía ‘mire mi hija guárdelo pa´usted y su almohada hay música que usted va a estudiar, pero no va a pegar, es bueno para la gente joven que usted empiece a crear otras cosas'», recordó Elvira.

   Ceballos se recibió de maestra a los 15 años en el Conservatorio Provincial de Música Félix T. Garzón (allí conoció a su maestro Carlos Valdez), donde estudió entre 1963 y 1972. 

   «Si toco Beethoven, Liszt, Debussy y no toco una zamba de mi país, no cierra. ¡Cómo no voy a saber la música de mi patria! Toco los autores universales de la música para piano, coral ¡y no toco un tango! Quiero tocar como pianista clásica, a Mozart, y como pianista de tango, a Julio De Caro, y que no cambie el estilo. Por ser música clásica no tengo que cambiar la música de mi país. Muchos pianistas que tocan muy bien trasladan el tango, no estoy criticando, y le dan otro lustre, transformándolo en fantasías clásicas, que son excelentes. Pero esa no es mi propuesta. Toco Mozart en el estilo de Mozart, y Filiberto como Filiberto», enfatizó. 

   En Ecuador desarrolló un proyecto denominado musicografía braille, formando coros, y enseñando música a niños y jóvenes con esta discapacidad visual. «Hay que alfabetizarse, se puede tocar de oído, cómo no, es muy lindo y es menos esfuerzo, es más improvisativo y es buenísimo, pero hay que llevarlo al papel», repetía

   En el 2001 conoció al compositor y cantante Raly Barrionuevo y desde entonces trabó con él una alianza musical y fraternal. 

   En la casa de Elvira, Barrionuevo grabó el disco Radio AM y luego dedicó un álbum al Chango Rodríguez afirmando aquella atmósfera musical de barrio Alberdi. 

   En cierta cepa mediática trascendió más por su discapacidad que por su música. Pero allí están los registros sonoros, para quien quiera entender la dimensión de su figura.