Historia de superación: de Córdoba al Himalaya en bicicleta de manos

poliomielitis, pero la suya es una historia de superación. Juan José Campanella produjo “El límite infinito”, que se estrena esta semana.

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No todo el mundo conoce la historia de vida de Jean Maggi. O no todo el mundo la conocía hasta este miércoles, cuando El límite infinito se estrene por Netflix.

El documental producido por Juan José Campanella se centra en este cordobés, hoy de 56 años, que fue superándose día tras día.

Jean (“¿Por qué te llamás Jean?” “Me llamo Juan Ignacio Maggi, pero a mi hermano, que tiene un año y medio más que yo, no le salía, y me quedó. Y a los 18 años, además, quedaba bien con las chicas el nombre en francés. Mi hijo también se llama Juan Ignacio. No sabés el lío que es en los aeropuertos con los pasaportes, cuando viajamos juntos. Entonces, para diferenciarme me dejé el Jean») tenía un año cuando, por la poliomielitis, perdió la movilidad de sus piernas. Se manejó con muletas hasta los 6 años, cuando adoptó los bastones canadienses.

Pasó de ser un egocéntrico a un tipo que siente más felicidad cuando le entrega una bicicleta de manos a un chico que, como él, no puede movilizarse. NETFLIX

Pasó de ser un egocéntrico a un tipo que siente más felicidad cuando le entrega una bicicleta de manos a un chico que, como él, no puede movilizarse. NETFLIX

Y, él ya lo contará, fue superando etapas, miedos y metas, y pasó de ser un egocéntrico a un tipo que siente más felicidad cuando le entrega una bicicleta de manos a un chico que, como él, no puede movilizarse.

Jean llegó con una de esas bicicletas de manos, al punto más alto del Himalaya al que se pueda acceder en bicicleta. Le tomó once días. Antes, había cruzado la Cordillera de los Andes, corrido las maratones de Nueva York y Roma. Y había jugado al básquet, el tenis y practicado equitación.

Jean Maggi, en el Himalaya. La epopeya le cambió la vida. NETFLIX

Jean Maggi, en el Himalaya. La epopeya le cambió la vida. NETFLIX

Jean vive “en Córdoba Capital” con su mujer María Victoria y tres de sus cinco hijos. Cuando le preguntamos cuándo se filmó el documental, arranca con que “fue en abril… No, pará. Fue para la inauguración de la fábrica de las bicicletas. En septiembre de 2019”.

Con la fundación que lleva su nombre da trabajo a jóvenes con capacidades diferentes para fabricar esas bicis con las que “cada vez que le doy una bicicleta a un chico, siento una felicidad… A mí no me lo contó nadie, sé lo que siente. Me resulta más placentero que cualquier medalla o logro en lo personal”.

-¿Y cómo llegaste hasta Campanella?

Juan José Campanella, con su productora 100 bares, participó del proyecto que esta semana llega a Netflix.
EFE

Juan José Campanella, con su productora 100 bares, participó del proyecto que esta semana llega a Netflix. EFE

-Le mandé un Whatsapp… Hacía poco que había publicado mi libro La aventura de romper límites, y charlando le dije al autor, Carlos Marcó, que me gustaría que un director grosso, como Campanella, conociese mi historia. El me dijo que tenía su celular. Al otro día le escribo un Whatsapp, y me voy a entrenar. A las dos horas veo la respuesta de Campanella. “No puede ser él, debe ser un asistente”, me dije. Pero era él, quedó entusiasmado, y después cuando vio el material del Himalaya, las maratones… Y empezamos a mantener una relación de trabajo y así llegamos al documental. Fue el 16 de marzo -recuerda-.

-Campanella también produjo un dibujo animado sobre un chico con necesidades especiales, Ian, una historia que nos movilizará. ¿Lo viste?

-Sí. Y ahora estamos trabajando con 100 bares -la productora de Campanella- con un dibujito, super buena onda. Quiero transmitir lo relacionado con la discapacidad. Siempre, o antes, era desde un enojo, esta nueva etapa es más productiva.

-¿Por qué decís eso?

-Siempre se ha mostrado la discapacidad desde el “pobrecito”, desde cuando se hacían videos para que no se estacionara en las rampas. Y yo tengo otro concepto: desde la discapacidad hay que mostrar otra cara, que es el caso del documental.

El cordobés, con la bandera argentina, en su ascenso al Himalaya. NETFLIX

El cordobés, con la bandera argentina, en su ascenso al Himalaya. NETFLIX

-¿Va a ser un corto o un largo animado?

-Un corto, estamos trabajando, y tengo ganas de, justamente, integrar en eso a los chicos de la fábrica. Generar un personaje tipo superhéroe, para moverse entre la discapacidad y la sociedad.

-¿Qué creés que puede aportar este documental a la gente que tiene capacidades diferentes?

-Indefectiblemente va a ser un impulso. Las personas encuentran un mundo que, por ahí, es desconocido. Creo que la sociedad tenía como ciertos mandatos donde se asumía que una persona con discapacidad era un pobrecito, cuando la discapacidad no define a las personas. La persona con una discapacidad es igual que cualquier otra, que puede ser bueno o malo, inteligente, deportista o no, artista o no. Creo que no te puede definir la discapacidad. ¿En qué puede ayudar este documental? A la gente con necesidades especiales a despertar, a animarse a hacer cosas, atreverse a soñar.

Saludos y felicitaciones. El documental no sólo muestra su llegada al Himalaya, sino que recorre su vida. NETFLIX

Saludos y felicitaciones. El documental no sólo muestra su llegada al Himalaya, sino que recorre su vida. NETFLIX

-Con tu fundación, ¿de qué manera ayudás a la gente que tiene alguna discapacidad motriz? Sé que entregaste 250 bicicletas, pero no sé si el dato quedó viejo.

-Es viejo, ya son 350. Hay cien por entregar, pero ahora nos agarró el tema de la pandemia. Acá en Córdoba está todo más abierto, y a partir de la semana que viene vamos a empezar a entregar 10 por semana.

-¿Y qué más hacés con la fundación?

-Trabajamos en cambiar el concepto de discapacidad, y los resultados económicos por distintas charlas o eventos que hacemos, van destinados a la compra de bicicletas de mano. Y acompañamos a otros jóvenes con discapacidad para que trabajen en la fábrica. Estas cien las fabricaron ellos, son ocho jóvenes… Te cuento. A mí, con todo lo que trajo mi escalada al Himalaya, me empezaron a llamar de empresas para que contara mi historia. Y como no me consideraba un orador para que me pagaran, les decía “pero comprame una bicicleta”. Y llegó un momento en el que teníamos el donante, pero no las bicicletas, porque el fabricante que las hacía las realizaba casi te diría de manera artesanal. Y se me ocurrió conseguir fondos para montar la fábrica. Y creamos el proyecto Superadaptados. Esperemos que en un momento se puedan independizar y así trabajar con otros elementos que necesiten los discapacitados.

-¿Cómo surgió el libro “La aventura de romper límites”?

-Bueno, supongo que conocés Cadena 3 (Radio cordobesa), el jefe de noticias es Carlos Marcó. Yo me levanto a las 4 de la mañana, y él es el único que está levantado porque es el jefe de noticias. Quedamos muy amigos, y él terminó escribiendo el libro.

-Te levantás a las 4 de la mañana. ¿De qué vivís?

-Yo tenía campos, pero hace un año que no los tengo. Vivo de rentas y de los negocios que manejan mis hijos. En el 2000 me infarté manejando la empresa informática que tenía, y reinventé mi vida, vendí mi parte a mis hermanos, que eran mis socios. Cuando murió mi mamá, mi viejo tenía una empresa constructora, y quiso darle todo a sus cuatro hijos. Así que básicamente vivo de rentas..

-En el documental asumís que eras muy egocéntrico. Y explicás cuál fue el click, el momento en el que cambiaste la percepción de tu vida.

-Es que en mi vida hay tres etapas. Tuve la primera, la del pobrecito, no aceptar mi condición, por más que tenía amigos, hijos y familia, me faltaba aceptarme a mí mismo. Y eso me llevó al infarto, que hizo descubrir mi cuerpo, deportista, a los 40 años. Y cuando empecé a lograr metas me sentía muy importante. Representé a la Argentina en los Juegos Paralímpicos de esquí y nieve, corrí la maratón de Nueva York, y mi cabeza me decía que todo dependía de mí. Y fue en el Himalaya cuando me di cuenta de que, por más que estaba preparado, entrenado -una mínima parte preparado-, ahí había mucho trabajo de mi familia, de mi círculo familiar. Mis entrenadores, mis hijos, mi mujer, había logrado eso porque había un grupo importante de personas que habían formado como una cadena solidaria que quería acompañarme en mi sueño. Y también me psicoanalicé públicamente. Lo del Himalaya me dio mucha visibilidad, aparecí mucho en los medios, y en cada entrevista iba descubriendo algo que me hacía reflexionar sobre mí mismo. Cuando empecé a entrenar en bicicleta empecé a encontrar mi parte humana.Mirá también

-“Lo difícil se hace, lo imposible se intenta”. Me quedo repiqueteando cuando vi el documental.

-Sí, la digo yo, es el slogan que usé para ir al Himalaya. Mi mujer me decía “no digas que vas a subir al Himalaya, si no lo lográs…”. Y ahí me dije: el discurso va a ser que voy a intentarlo, que voy a hacer todo lo posible.

-¿Y ahora, con la pandemia, qué podés hacer? ¿Vas a seguir corriendo maratones?

-Estaba anotado para la de los 50 años en Nueva York… Estoy anotado -se apresura en corregirse-. En enero del año pasado, por un convenio con una aerolínea fuimos a la Maratón de Miami con cuatro chicos, que nunca habían salido de Córdoba. Su primer viaje en avión. Y me digo “voy a largar con ellos”, y terminé la maratón con ellos y me agarró el bichito de nuevo de correr. Me voy a anotar para ir a pasear, hacer el recorrido, disfrutar la ciudad. Ahora la maratón de Berlín se suspendió, y si voy no es para lograr o mejorar mi mejor marca.Mirá también

-¿Qué te falta hacer?

-Un montón de cosas, sería muy aburrida mi vida si no me faltara conseguir cosas. Cuando me decían que podía pararme sobre el hecho de haber llegado a la ruta más alta del planeta, les decía “Ojalá que no, se hubiera acabado mi vida si no tuviera otros sueños”.

-¿Y ahora cuál es tu sueño?

-Ahora quiero ser el más visto en Netflix. Siento una gran cadena solidaria, y creo que mucha gente lo va a ver.

Fuente: Clarín