La argentina María Gainza, ganó el Premio Sor Juana: “Nada me aburre más que la solemnidad”

Por su novela “La luz negra”. La autora es crítica de arte y una escritora reconocida en el país. La distinción es otorgada en México.

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La narradora y protagonista de La luz negra es -como María Gainza, la autora del libro- una crítica de arte. En el pasado, el personaje trabajó para Enriqueta Macedo, una tasadora acostumbrada a moverse entre falsificadores de cuadros, que presentaba como originales obras falsas y de quien hereda ciertos códigos éticos y estéticos cuando se decide a encarar su propia búsqueda. En ese universo en el que los límites entre lo real y lo ficticio se desdibujan, Gainza despliega una trama casi detectivesca, con un estilo narrativo que se desmarca de la rigurosidad de los géneros. Porque, aunque, en rigor, estemos hablando de una novela, la obra combina elementos del ensayo, la autobiografía y la crónica, cualidades que Gainza atribuye, antes que a una pretensión estilística, a su paso por el periodismo y a que prefiere mantenerse al margen de los circuitos de la literatura. Por ese libro acaba de alzarse con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2019, que alcanza a la literatura escrita por mujeres y que entrega la Universidad Autónoma de México. 

La noticia se conoció en la mañana del lunes, y la ceremonia de entrega está prevista para el miércoles 4 de diciembre próximo, en la Feria del Libro de Guadalajara. Se trata de la 27a edición del premio.

«Me gustaría que me saliera una ficción clásica, pero mi estilo es un híbrido, calculo que porque soy periodista y mi formación transcurrió en el mundo del arte, no me muevo por los circuitos oficiales de la literatura», cuenta ella en diálogo con Clarín.

-Termina alcanzando una fórmula original.

-Tengo la impunidad del que no está pendiente de lo que debería ser y se maneja más por lo que le resulta natural, en mi caso tengo un estilo que apunta a comunicar, a transmitir. Los periodistas estamos entrenados para la claridad, y me identifico más con esa forma. Nada me aburre más que la solemnidad, yo intento entretener hasta a mi analista, cuando voy a terapia. En síntesis, yo busco una voz, sé que voy bien cuando siento que la encuentro.

El tiempo le ha llevado a pensar a la protagonista de esta historia de ficción que “si una falsificación es lo suficientemente buena para engañar a los expertos entonces es lo suficientemente buena para darnos placer”, y que los historiadores, con sus datos precisos, “ejercen sobre el lector una coerción siniestra”. Así, Gainza (Buenos Aires, 1975) –que ya se había perfilado como una interesante narradora, con su primera novela, El nervio óptico, de 2014- pone en jaque y cuestiona categorías estáticas como la verdad y la mentira, la realidad y la ficción, la autenticidad y el artificio.

El tercer personaje femenino fuerte de esta historia es la Negra, una falsificadora excéntrica y musa de la vanguardia porteña en la década de 1960, capaz de igualar el talento de la pintora Mariette Lydis -una artista austríaca que emigró a Buenos Aires a mediados del siglo pasado y que moldeó un particular estilo para hacer retratos femeninos, en pleno redescubrimiento en la Argentina-, cuyo paradero se desconoce y de quien se ha perdido cualquier rastro.

“Es una novela que se nos impone como una gran metáfora de la identidad barroca que caracteriza a América Latina”, destacó el jurado, integrado este año por Giovanna Rivero, de Bolivia; Ana García Bergua y Rogelio Guedea, de México, que decidió otorgarle el reconocimiento a Gaiza de forma unánime por “la riqueza y la diversidad de nuestras literaturas”. 

En la ficción, la autora “plantea una pregunta muy actual: la posibilidad de realmente conocer la verdad en un mundo en el que todo nos parece ya superficial y falso», dijo el jurado.

La autora “plantea una pregunta muy actual: la posibilidad de realmente conocer la verdad en un mundo en el que todo nos parece ya superficial y falso”, dictaminó un jurado. Con personajes bien construidos, el argumento aborda el tema de las falsificaciones artísticas y que además pondera la presencia de las mujeres en el mundo del arte”.

Gainza, por su parte, admite: “Siento una enorme responsabilidad formar parte del grupo de autoras argentinas, que, como Sylvia Iparraguirre, Ana Gloria Moya, Tununa Mercado, Inés Fernández Moreno o Claudia Piñeiro, han obtenido este Premio, porque estas escritoras son enormes para mí”.

-¿Planifica o toma decisiones más bien intuitivas?

-Intuitivas, porque creo que es así como fluyen las historias en mi cabeza. No me sale planificar. Quizás, la mía sea una suma de limitaciones que redundan, finalmente, en una fórmula atractiva para el lector.

Las de su libro son mujeres fuertes, que se abren camino en un ambiente -el del arte- históricamente dominado por los hombres. Algo parecido a lo que ocurre en la realidad. «Agradezco haber nacido en este momento para poder ver esta revolución que (las mujeres) han llevado adelante en los últimos años, me parece que queda un camino largo por hacer, pero la verdad es que hemos avanzado”, señala la autora, quien reconoce que el trabajo de ellas se acepta más ahora que hace 20 años.

Básico

María Gainza trabajó en la corresponsalía de The New York Times en Buenos Aires y fue editora de la colección de arte argentino de la Editorial Adriana Hidalgo. Durante diez años fue colaboradora del suplemento Radar del diario Página/12, y de la revista Artforum. Dictó cursos para artistas en el Centro de Investigaciones Artísticas (CIA) y talleres de crítica del arte en la Universidad Di Tella. En 2011 publicó su libro Textos elegidos por medio de la Editorial Capital Intelectual, un conjunto de ensayos sobre Argentina y, en 2014, El nervio óptico, su primer libro de ficción editado por Mansalva, reeditado por Anagrama y traducido a más de diez idiomas.

Fuente: Clarín