La historia de Johnny B. Goode, la canción más emblemática del rock and roll

MIRÁ LOS VIDEOS. La escribió Chuck Berry. Y la versionaron Los Beatles, Los Stones, Jimi Hendrix, Andrés Calamaro, Palito Ortega y muchos más.

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Cuando Muddy Waters cantaba sobre una contagiosa base de shuffle “El blues ha tenido un hijo y lo llaman rock’n’roll”, sin duda estaría pensando que el género ya tenía nombre y apellido: Johnny B. Goode. Compuesto en 1955 por el legendario Chuck Berry (1926-2017), se convirtió desde su lanzamiento, en marzo de 1958, en emblema de esa música que representó como ninguna otra a la juventud de aquellos años.

Considerado dentro del rock’n’roll como mejor tema de guitarra y una de las composiciones que definieron al género, cuando Berry llegó al Salón de la Fama del Rock, en 1986, entró del brazo de Johnny B Goode.

Nadie en este mundo puede desconocer la energía del vibrante “Go, Johnny Go, Go” de su estribillo. Su éxito queda en evidencia no sólo por sus niveles de ventas sino también por su imperecedera actualidad. Tiene infinidad de versiones, la hicieron Los Beatles, en el Playhouse Theatre, de Londres, el 7 de enero de 1964 para el programa Saturday Day, de la BBC y los Rolling Stones, en 1962. También la tocaron Prince Dr. FeelgoodSex Pistols y Jimi HendrixBeach BoysB.B.KingColdplayAC/DCPeter ToshJohnny WinterJohn LennonThe Carpenters Celine Dion, entre cientos de artistas que no pudieron resistir la tentación de subirse a ese himno que ni el tiempo ni el uso le quitaron frescura.

También fue usado en películas, en cortinas de programas televisivos y como uno de los sketches más ingeniosos y recordados de la película Volver al futuro, cuando Marty McFly (Michael J. Fox) lo toca en esa mítica fiesta de fin de curso en 1955 y el oportuno Marvin Berry presente en esa epifanía llamó por teléfono a su primo Chuck para decirle: “Encontré el sonido que estabas buscando”.

Chuck Berry, en un concierto en St. Louis, festejando sus 60 años. Foto: AP/James A. Finley

Chuck Berry, en un concierto en St. Louis, festejando sus 60 años. Foto: AP/James A. Finley

El tema, o más bien la frase del título, nació como una broma a su pianista Johnny Johnson (1924-2005), músico de una creativa riqueza musical y un dominio del ritmo superlativo y que para Keith Richards fue el inspirador del estilo guitarrístico de Berry. “Chuck tomó los licks de Johnnie en el piano y los llevó a la guitarra”.

Concretamente, Johnson tenía serios problemas por su incipiente alcoholismo y Berry todo el tiempo le decía medio en broma, medio en serio, “Juancito sé bueno” (Johnny be good), en busca de que deje de tomar para poder seguir tocando. Y esa frase se terminó convirtiendo en título y estribillo de una de las grandes composiciones del rock’n’roll.

Good se convirtió en Goode, calle donde vivía Berry en su niñez en Saint Louis, Misouri, y sobre la letra señaló: “Johnny B. Goode soy yo mismo. Aunque lo escribí para Johnny, terminé hablando de alguna manera de lo que me decía mi madre acerca de mi futuro”. La lírica trata sobre un joven campesino que triunfa en el mundo de la música por su habilidad para tocar la guitarra «a la que hace sonar como una campana». Hay elementos ajenos a Berry, ya que no era analfabeto ni tampoco de Louisiana, además quitó de la letra “chico de color” por “chico del campo”, en busca de que pueda ser pasada en cualquier radio. Berry ya en sus comienzos entendía el negocio de la música. Sobre este punto señaló durante una charla televisiva en los años ’70: “Los teatros estaban segregados, pero a la audiencia blanca le gustaba la música negra; y a la audiencia negra, le gustaba la música blanca. Con mi música logré complacer a ambas”.

Con Keith Richards. El stone admiraba a Chuck Berry y le produjo un concierto que terminpó siendo también un documental: "Hail, Hail rock and roll.

Con Keith Richards. El stone admiraba a Chuck Berry y le produjo un concierto que terminpó siendo también un documental: «Hail, Hail rock and roll.

Si bien el pianista de su trío era Johnny Johnson, cuando grabaron Johnny B. Goode para el sello Chess Records, de Chicago, el 6 de enero de 1958, el pianista fue Lafayette Leake, el contrabajista, el gran Willie Dixon (ambos sesionistas de esa discográfica) y el baterista habría sido Fred Doumo o Jasper Thomas, no hay certeza de quién estaba en los tambores.

La canción salió como un simple, el 31 de marzo de ese año y alcanzó a los pocos días el segundo lugar en las listas de R&B y el octavo en la de Billboard. Un año después sería parte del álbum Chuck Berry In On Top (1959). El tema es un 4×4, de doce compases con estribillo, en si bemol (enorme cantidad de composiciones de rock están en esa nota) y la vuelta no tiene definición, lo cual hace que la interpretación suene más enérgica. La famosa introducción es un riff que el propio Berry admitió que había tomado de la introducción de Ain’t That Just Like a Woman (1946), de la orquesta de Louis Jordan, que tocaba el guitarrista Carl Hogan. Todo lo demás, ritmo, swing, solos y sus call and response (los motivos de guitarra que se tocan y tienen respuesta) con el pianista y con él mismo son de su factoría. A partir de su Johnny B Goode, Berry tomó a Johnny como protagonista de otras composiciones como Bye, Bye JohnnyJohnny B. Blues y Go, Go, Go. También compuso otros clásicos del rock como Roll over BeethovenRock and Roll MusicMaybellene Sweet Little Sixteen.

Charles Edward Anderson Berry nació en Saint Louis el 18 de octubre de 1926. De padre carpintero y madre maestra, tuvo una infancia y adolescencia siempre cerca de la iglesia. Hasta que se unió a Johnson, Berry hacia canciones de Muddy Waters y de Nat Cole hasta que el 31 de diciembre de 1952 reemplazó al saxofonista del Sir John Trio, del pianista Johnson, en el Cosmopolitan Club, en Saint Louis y comenzó su verdadera carrera; al poco tiempo, el trío con Berry en guitarra, Johnson en piano y Ebby Harding en batería cambió el nombre por Chuck Berry Trio y fueron de a poco dándole forma a lo que sería el rock’n’roll.

Era un artista detallista y uno de los aspectos que más cuidaba era la pronunciación. Contó que se perfeccionó en pronunciar correctamente escuchando los discos de Nat King Cole: “Pretendía que me entendieran lo que cantaba” señaló. En un acto de modestia infrecuente, Berry dijo también en una entrevista para una revista especializada de guitarra que hizo lo que ya estaban haciendo Louis Jordan, Count Basie, Joe Turner. “Toqué lo que se estaba tocando, pero sonó diferente”. Lo que señala el artista es muy razonable, pero habría que tener en cuenta que los músicos mencionados tocaban con articulaciones o modos cercanos al blues y al jazz, que Berry pasó por alto creando un estilo reconocible y poco común. Berry definió cómo se toca el rock’n’roll. En el Salón de la Fama del Rock figuran estás líneas: “Si bien no se puede decir que alguien haya inventado el rock’n’roll, Chuck Berry se acercó más que cualquier otra artista al reunir en su música todas las piezas esenciales del género”.

En 2000, el pianista Johnnie Johnson le entabló una demanda en la que afirmaba haber escrito junto con Berry más de 50 canciones, entre ellas, Johnny B. Goode y en las que sólo aparece el guitarrista como compositor. El juez estudió el escrito y lo terminó desestimando «había pasado demasiado tiempo desde que fueron compuesta”, dijo. Berry murió a los 90 años, el 18 de marzo de 2017, en Misouri.

Chuck Berry en la Argentina

Su segundo concierto en la Argentina, más precisamente en el Luna Park. Chuck Berry tenía ya 86 años y sufría Alzheimer. Foto: Diego Waldmann/Archivo Clarín

Su segundo concierto en la Argentina, más precisamente en el Luna Park. Chuck Berry tenía ya 86 años y sufría Alzheimer. Foto: Diego Waldmann/Archivo Clarín

Chuck Berry visitó dos veces la Argentina. En su primer encuentro con el público local, en septiembre de 1993, en el Estadio de Obras y con Memphis, la blusera como telonero, hizo un show impecable con sus grandes hits y hasta con su famoso «paso de ganso». Aunque en rigor, llegó al país como de visita, ya ni siquiera trajo su guitarra, por lo que fue algo extraño verlo sobre el escenario sin su histórica Gibson 335 y en cambio,con una Fender Telecaster color manteca, prestada por Miguel Botafogo.

En su segunda visita, en abril de 2013, en el Luna Park, con 86 años y aquejado de un evidente Alzheimer, Berry hizo un concierto lamentable, unas pocas canciones, sin nada de todo aquel fuego vibrante que tenía su música. Ya enfermo se olvidaba las letras y las partes instrumentales; un espectáculo muy triste y que sólo podía entenderse por el afán de seguir haciendo dinero a costa de este legendario artista.

Versiones en castellano

La tentación pudo más y Johnny B. Goode se llevó al castellano con suerte diversa y con versiones que en la mayoría de los casos no respetaron el argumento original convirtiéndola en un rock que habla del amor. Por ejemplo, en la versión de los Teen Tops (1961), la historia ocurre en Guadalajara, México, y tiene como núcleo el encuentro de dos jóvenes que se enamoran. Lo mismo ocurre con la de Los Louds Jets (grupo también mexicano) que trascurre en un lugar no determinado, pero que apunta a otra historia de amor aunque respetan el estribillo en inglés. Con la versión de Andrés Calamaro (2009) encontramos una adaptación a la versión de los Teen Tops, aunque con el estribillo en inglés. La de Palito Ortega (2017) en cambio si bien tiene aspectos autorreferenciales respeta la esencia de que el protagonista toca la guitarra y se llama Ven Johnny ven. Hay una versión del grupo argentino Los Leones (2013), donde traducen la letra original y otra, del quinteto español Los Suaves, donde también toman la letra original aunque el tono es de un punk-rock.

La Gibson de Johnny B. Goode

Desde casi sus comienzos Berry tocó con guitarras Gibson. Su primera época, que abarca parte de los cincuenta y los sesenta, fue con una Gibson ES350TN, cosecha 1957, que hoy está exhibida en el restaurante Blueberry Hill, en Saint Louis con una leyenda que dice: «La guitarra con la que Chuck Berry grabó Johnny B. Goode. Desde fines de los sesenta en adelante eligió como compañera una Gibson ES335.

Fuente: Clarín