La última obra de Marta Minujín: con 22.600 tiritas de tela, contó “su” pandemia

La obra se expondrá desde el 25 en el Museo de Bellas Artes. Por primera vez, trabaja en blanco y negro. “Quizás empiezo a prepararme para irme”, reflexiona.

asdasdasd

Y así se llama esta obra, que expondrá al público a partir del 25 de este mes en el Museo Nacional de Bellas Artes: Pandemia (un trabajo de 2 x 2,60 metros) es, precisamente, el resultado de una suerte de catarsis emocional que, dice, le salvó la vida, una vez más, a través del Arte, arte, arte!, como le gusta decir, y es casi una declaración de principios. Esos puntitos nos representan a todos, como minúsculas partes de un colectivo.

«El arte es terapéutico, y el encierro es terrible, pero la posibilidad de crear fue mi salvación, como siempre», admite Minujín en conversación telefónica, desde su estudio, el mismo al que durante los dos primeros meses de la cuarentena no pudo llegar, a causa del aislamiento obligatorio. Algo que, literalmente, la desesperaba.

Marta Minujín. Con su obra en proceso. Foto Instagram Marta Minujín

Marta Minujín. Con su obra en proceso. Foto Instagram Marta Minujín

«Las grandes obras las crean los genios locos, las ejecutan los luchadores natos y las disfrutan los felices cuerdos», se le escucha decir en un video que acompaña la presentación virtual de la obra que el público podrán ver próximamente en vivo y que algunos ya vieron a través de las redes. Porque lo que ocurrió esta vez, a diferencia de otras, es que el registro progresivo de esta creación fue exhibido en tiempo real a través de su  cuenta de Instagram, que ya suma 178 mil seguidores, «el 70% de los cuales son mujeres», explica ella.

«Acá estuvimos todos en la misma: todos encerrados, todos cansados de todo, de recibir órdenes, de acostumbrarnos a la falta de libertad, todos juntos pero a la vez todos solos, muy solos. Estos fueron meses de muchísima reflexión para mí, pero un artista vive así: en permanente reflexión«, explica cuando se pone seria. Y admite que sintió temor, ante «las noticias permanentes de la muerte, las mismas muertes, la total oscuridad.»

Igual, la seriedad no le dura mucho: «¡Ahora he regresado del planeta Marta! -dice-. Y quiero que todos disfruten de esta obra de manera gratuita, para que  esta pandemia termine siendo genial. En un mundo tremebundo, hay que vivir así, como si cada momento fuera el último. Yo vivo así, y sigo, sigo«, cuenta, a sus 77 años.

 «Crear o morir», había posteado, también, en su cuenta de Instagram.

«Pandemia es una suerte de hechizo visual», define, por su parte, Andrés Duprat, director del Bellas Artes, que estuvo este lunes en contacto con la artista y su obra y subraya que, «según cuenta Marta, es la primera vez que abandona el color y trabaja con los blancos, negros y grises. En conjunto, la obra sorprende -anticipa a este diario-: las tiritas, sobre las que la proyección de esa misma trama produce un efecto sutil movimiento cinético, terminan produciendo una impresión magnética. El resultado es buenísimo -concluye-. Y decidimosexponerla en el hall del museo porque es una obra que también admite una visión del reverso, donde Marta hizo anotaciones muy detalladas de las piecitas que fue añadiendo, esa es casi otra obra en sí misma. Pandemia está concebida desde el comienzo como una obra en proceso, de modo que también mostraremos esa evolución a través de una filmación en stop motion«.

El 25 de este mes, junto con la exhibición al público de esta obra, Bellas Artes también inaugura la muestra El canon accidental. Mujeres artistas en Argentina (1890-1950), con curaduría de la investigadora Georgina Gluzman, que reunirá más de 80 obras realizadas por 44 artistas, y la obra gráfica de León Ferrari, artista ya fallecido y al que la institución pensaba dedicarle este año una retrospectiva histórica, a raíz del centenario de su nacimiento.  Esa exhibición debió postergarse, justamente, a partir d ela crisis sanitaria.        

«Pandemia es una suerte de hechizo visual», define Andrés Duprat, director del Bellas Artes, quien subraya que, «es la primera vez que Minujín abandona el color.»

«Si no trabajo, me muero», arremete Minujín, que confirma, una vez más, que el arte la salva. «Este cuadro se hizo solo, ahí canalicé mi locura obsesiva. Y siempre me propongo cumplir con hazañas, cosas que parecen imposibles. Y este cuadro es también un imposible, porque no se termina nunca».

-¿Qué representan, puntualmente, esas 22.600 tiritas pintadas, pegadas una al lado de la otra?

-Somos todos nosotros encerrados. Es un cuadro cuya composición supuso para mí una suerte de meditación sostenida, pero que a la vez representa a esas millones de personas encerradas en que nos convertimos este último año. Un cuadro inesperado para mí, una obra irrepetible. 

-Decís que no podés sino mantenerte activa: «Crear o morir».

-​¿Qué preferimos, ser obligados a cumplir órdenes, encontrar la salida en la posibilidad de crear o elegir como salida la muerte? Son las opciones posibles, me parece. Yo elijo crear: me metí en este trabajo artesanal y mental, como nadie me llamaba para trabajar me metí para adentro. Son 50 metros de tela cortados en pedacitos un trabajo de locos, y no sé qué haré cuando tenga que salir de este taller, que me permitió un estado de quietud que necesité en este tiempo, en que también se complicó mi situación en mi casa, porque mi marido está enfermo. Necesité entrar en este estado mental.

-Y decidiste esta vez no utilizar colores, casi un sinónimo de tu estilo, sino siete tonos de grises, blanco, negro. ¿Por qué​?

-No sé por qué.​ Lo mío es el color, el flúo, que te da energía y alegría. Pero la pandemia es la anti-alegría: negro, negro, negro. La guerra del virus, las malas noticias, la economía. Además, tuve miedo a salir: lo hacía sin ningún permiso y atravesaba las treinta cuadras que separan mi casa del estudio con pánico a que me parara la policía.

-¿Pandemia es, entonces, una forma de conjurar el miedo? ​

-Una obra única, irrepetible y diferente; sí, mi manera de sobrevivir. 

-Fuiste mostrando en tu cuenta de Instagram el proceso de creación de ​la obra. ¿Dirías que las redes sociales cumplen en la actualidad un nuevo papel para los artistas plásticos?  

-Para mí Instagram fue muy importante, la gente expresando su apoyo. Mi cuenta creció muchísimo este año, y hay seguidores de todo el país, de muy distintos países. No me imagino creando exclusivamente para Instagram, pero sí voy a seguir usándolo para difundir lo que presento. Mi diálogo con mis seguidores, continúa.

-¿Vas a exponer en salas y espacios abiertos, mientras dure la pandemia? ¿Qué tenés pensado para los próximos meses?

-Hay una proeza maravillosa que voy a hacer para Inglaterra pero no puedo adelantar nada. Lo que sí haré son muestras en el CCK -donde haré de nuevo el nido del hornero gigante- y el 7 de abril en la Fundación Santander, donde voy a exhibir La catedral del pensamiento vacío, «una cara cortada del David de Miguel Ángel de 18 metros de ancho hecha en cemento, con agujeros para meterse y música, que además se lava sola. Junto al Bellas Artes, con Pandemia, compondrán algo así como la «Ruta Minujín».

-¿De qué te salva el arte? ¿Y de qué forma?

-Me salva de todo: nunca tuve nada, nunca fui al médico, me protege. Siempre creí en el concepto socrático de que no aprendés lo que no sabías de antemano, y a mí el arte también me formó, porque no terminé ni el secundario. Pero yo tenía adentro todo esto, y el arte me permite sacarlo…

-En pandemia sacó tu costado más oscuro, más obsesivo.    

-Quizás empiezo a prepararme para irme. El arte me enseñó ahora también a sentirme parte de un todo. Pero, ya te digo, eso estaba dentro mío, solo que yo no lo sabía. 

Fuente: La Nación