Las 6 enseñanzas de Messi para la vida que todos podemos aplicar

El psicólogo Alejandro Schujman analiza desde otro lado la victoria del ídolo. Y pide que no nos perdone tan rápido.

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Vi el partido de Argentina con José Luis, un amigo de toda la vida, y su hijo Xoa, de 24 años.

Santi, uno de mis hijos, en casa de su madre con sus amigos de la infancia. Ignacio, el otro, en la casa de su abuela (le había prometido cenar ahí y no quiso cambiar planes). Mis hijos vieron campeón a Argentina por primera vez en su vida. Xoa también.

Me mandan al grupo de familia un video de la mano de alguno de mis hijos tocando bocina, festejando. Me emocioné, lloré.

Este fue un año duro, para mí, para todos.

Lloré con el abrazo de Leo con Scaloni, lloré más con el de Neymar (aplaudo de pie su nobleza y talento) con Messi.

Messi recibe el afecto de los argentinos al llegar al país. Foto REUTERS/Matias Baglietto.

Messi recibe el afecto de los argentinos al llegar al país. Foto REUTERS/Matias Baglietto.

Perdón Leo

Perdón Leo. Perdón en nombre de todas y todos los argentinos.

Hace unos años, cuando dejaste la selección escribí «Messi no renunció, lo echamos entre todos». En este país exitista, triturador de ídolos, el sábado Messi se recibió de eterno.

El tipo que gana millones de euros está llorando en la mitad de la cancha mostrándole a sus hijos «mirá, mirá esto» y besa la medalla de oro.

Es tuya Lio, y la copa también.

Messi, celebrado por sus compañeros. Foto CARL DE SOUZA / AFP.

Messi, celebrado por sus compañeros. Foto CARL DE SOUZA / AFP.

Padre orgulloso compartiendo su día, su momento (y tuvo tantos antes) pero le faltaba este. Y nosotros hicimos que se demore.

Messi festejando con una sonrisa más grande que el Maracaná. Y lloré con sus lágrimas.

Todo el mundo de pie, Buenos Aires, Barcelona y Qatar (porque Messi es un grande, pero teníamos que esperar a que levantara la copa para darnos cuenta). Mira si seremos imbéciles (y lo digo con tristeza) que lo hicimos renunciar.

Pero no, volvió, se la bancó, insistió y lloró. De bronca hace 4 años, de felicidad anoche.

Se sacó la mufa, dicen en el barrio. Te sacaste la mufa Lio, y besaba la medalla una vez más.

Ahí hay un hombre que se fue a dormir mordiendo la almohada por no poder darle a su país la gloria que le dio el sábado en el Maracaná y nada menos que con Brasil.

Y nosotros en lugar de decirle que se quede tranquilo, que solo se trata de insistir, que ya va a llegar, lo criticamos porque no cantaba el himno, porque no jugaba como en el Barsa.

No entendemos nada, o casi nada.

Messi le muestra la medalla a sus hijos por videollamada. Foto EFE/Sebastiao Moreira

Messi le muestra la medalla a sus hijos por videollamada. Foto EFE/Sebastiao Moreira

Aprender, no olvidar

No creo que Messi lea esta nota (ojala que sí) pero si la lee, quisiera que no nos perdone del todo. Porque si nos perdona, a lo mejor olvidamos.

Y yo que soy un optimista empedernido, no quiero olvidar, así aprendemos.

En este mundo de la inmediatez, en este mundo donde un técnico de futbol pierde dos partidos y se va. Donde el hincha putea salvajemente hoy al jugador que ayer le dio la victoria. Un mundo sin memoria, un mundo de éxito caníbal que no perdona.

Messi se bancó no uno, no dos, muchos años mordiendo la almohada y preguntándose ¿porque? Y se quedó, se la bancó e insistió.

Y explotamos todos, por él, porque se la merece, se la debíamos. Él a nosotros nada, nosotros a él, mucho, muchísimo.

El gran arquero Emiliano «Dibu» Martínez, que es un pibe, no podía creer -imagino- abrazar a esta gloria, lloraba y lo señalaba como diciendo: «Miren quien esta acá, aplaudan de pie señores». Gracias Dibu, gracias Scaloni, gracias a todo el equipo, gracias de corazón.

El pibe Montiel con el tobillo estallado pero ¿qué se iba a ir de la cancha? ¡lo tenían que sacar entre 10! El fideo Di María que también tuvo revancha, corriendo y marcando el gol de la final. La garra, el corazón en la cancha con 2000 argentinos de espectadores privilegiados. Qué lujo, qué ganas de estar ahí.

Pero no te olvides ni nos perdones del todo, Leo. No lo hagas. ¿Nosotros no aprendemos fácil, sabés? Celebremos en un país en el que tan poco tenemos para festejar. Pero no olvidemos, ni nos perdones del todo. Porque si lo hacés, seguro que olvidamos.

Ayer le dije a mi hijo Santi «¿Viste el Obelisco? Lleno de gente, nos olvidamos de la pandemia». «¿Y qué querés? -me respondió-. Salió campeón Messi.»

Y tengo razón y tiene razón el.

Salió campeón Leo. Festejemos, cuidémonos que la pandemia sigue​, pero celebremos.

Pero tiene razón Santi, hay razones que el corazón no entiende.

Leo campeón, lleno de gloria en todo el mundo y con el peso de una historia en su país y ya está. Ahora a desahogarse y a aprender.

Dormí tranquilo Leo, misión cumplida. Perdón de vuelta.

Cuando yo me enojo a veces (y quién soy yo para enojarme) por las miserias del futbol-empresa, ayer me reconciliaron con lo más lindo de este deporte que amo.

Como cuando abracé a mis hijos en cancha de San Lorenzo en el 2014 al ganar la Libertadores, o a mi viejo cuando fuimos campeones del mundo en el 86. Y ahora mis hijos gritando por primera vez Argentina campeón.

Qué lindo, pero no olvidemos.

Las imágenes de Neymar y Messi distendidos tras el partido recorrieron el mundo. Foto REUTERS/Ricardo Moraes

Las imágenes de Neymar y Messi distendidos tras el partido recorrieron el mundo. Foto REUTERS/Ricardo Moraes

¿Qué nos enseña Messi?

✔Que no podemos (o sí, pero no debemos) bajar los brazos. Thiago, Ciro, Mateo, miren a papá. No se rindió, pero no desde el discurso. Desde poner cuore y cuero. El más grande la peleó y peleó. Hoy levanta la copa y besa la medalla y les muestra orgulloso. Así se enseña Lio, no con discursos, con hechos y coherencia. «No te rindas nunca», eso tenemos que aprender.

✔Que tenemos que quitar el «nunca alcanza». «Te sacaste un ¿8? ¿En qué te equivocaste?» Padres y pueblos tiranos que destrozan ilusiones y posibilidad de aprender y crecer.

✔ Que el error es parte del camino. En la vida se tropieza y uno se vuelve a levantar. Y después se disfruta tanto, pero tanto más. La foto del festejo es el resultado de mucho esperar, sufrir y sobretodo trabajar para dar vuelta la historia. Porque de nada sirve la espera de brazos cruzados. Somos protagonistas, no espectadores de nuestra historia.

✔Que tenemos que subir el umbral de frustración, que hay que chasquear hasta que suene. Permitamos el error, démosle lugar, porque desde ahí crecemos.

✔Que tenemos que revisar, pero de verdad, nuestra manera de ver la vida. Messi se vistió de humildad. Él, que de verdad podría ser el más soberbio de los soberbios, se comió la bronca, la tristeza, la impotencia y se sacó la mufa, dio clase de el buen vivir. 

Donde te abracen así, es ahí. Qué linda foto la de Messi y Neymar post-partido. En el mundo del sálvese quien pueda, de quien tiene el ombligo más grande, aplausos de pie a los jugadores. ¿Y si aprendemos? ¿Y si achicamos la grieta que tanto nos lastima? ¿Si sumamos para un mundo de ojos brillantes donde hay cosas que nos hacen bien sin joder a nadie? ¿Si intentamos?

Son aquellas pequeñas cosas Leo, gracias.

El mundo festeja (mientras escribo esta nota mi amigo José me pasa un video de Bangladesh en donde celebran el triunfo de Argentina). Ayer Diego le pasó la cinta y la pelota a Leo y le dijo: «Tomá, seguí vos ahora».

Gracias muchachos, gracias Leo, pero no nos perdones del todo, porque si no no aprendemos más.

*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.​

Fuente: Clarín