Las editoriales buscan bestsellers… en Instagram

Como bien han sabido hacer sus colegas internacionales, quienes rápidamente intuyeron que una gran cantidad de seguidores en Instagram puede derivar en más lectores, los editores argentinos toman la posta y salen a pescar nuevos talentos en la red social de la felicidad. En la última Feria del Libro, Youtubers como Hecatombe tuvieron una gran convocatoria

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«Como editora de libros infantiles y juveniles, entendí pronto, a partir del boom de los youtubers, que las redes eran una nueva plataforma de difusión y divulgación de toda clase de contenidos, para los todos los gustos y públicos», explica María José Ferrari, del Grupo Planeta. Claro que después de los youtubers e incluso de los tuiteros, ahora les toca el turno a los usuarios más inspirados de Instagram.

«Son creativos, generadores de propuestas y en algunos casos sus producciones son factibles de ser adaptadas al libro -agrega Ferrari-. Lo interesante consiste en ver si determinados contenidos digitales, ya sean del ámbito del entretenimiento, la salud u otros saberes profesionales, así como los que tienen que ver con experiencias personales, son aptos para ser llevados de una plataforma a otra, o si ellos mismos podrían llegar a desarrollar contenidos para un libro».

En Instagram, parte de la escritura se luce gracias a un género «menor» que acompaña fotos e ilustraciones. Por medio del arte del epígrafe, se puede revelar un nuevo éxito comercial. Siguiendo una tendencia mundial, el auge de las cuentas de Instagram que por ingenio e interés desembocan en librerías no decae. Ferrari menciona el caso de las instagramers que publican recetas saludables.

«En un principio, Rocío Engstfeld ( @eatclean) o Manuela Lorenzo (@comeconsciente) se habían volcado a estos contenidos por cuestiones personales y compartían sus experiencias de manera dinámica. Luego se sumaron profesionales de la salud como Florencia Raele, Daniela Lopilato, Estefanía Beltrami, Alejandro García y muchos otros, con el fin de promover hábitos saludables con el respaldo de información pertinente».

La respuesta de los lectores fue inmediata. «Cuanto más específico y científico es el contenido, con información de avanzada, mejor funciona el libro», sostiene la editora. Títulos como Nutrición holísitica y Medicina preventiva y epigenética de Raele, Comer es un placer saludable de Lopilato, y Maldita caloría de García, son best sellers. Dafna Nudelman (con más de 42.000 seguidores en su cuenta @lalocadeltaper) anunció que Planeta lanzará La basura no existe en la segunda mitad del año.

En la cima de los rankings

Publicadas por Sudamericana, del grupo Penguin Random House, las «no ficciones poéticas» de Magalí Tajes (@magalitajes), destinadas al público juvenil, encabezan de manera habitual las listas de libros más vendidos. Algo similar sucede con los libros para niños de la youtuber, gamer e instagramer Lyna Vallejos ( @lynita). Pero hay para todos los gustos en ese grupo editorial. La escritora española Elvira Sastre ( @elvirasastre, con 401.000 seguidores), que probó suerte con libros de poemas y novelas para adultos, publicó en Alfaguara un conjunto de poemas para chicos y jóvenes (Aquella orilla nuestra) con ilustraciones de Emba.

En sellos como VyR, Urano y Monoblock también se cruza el puente que une el mundo digital con el impreso.

El Ateneo lanzó a inicios de este mes el thriller Á(r)mame, primera novela impresa de una escritora que, desde su cuenta @elpatiodepochi, invita a leer ficción. Luz Larenn nació en 1986 en Buenos Aires y, por sugerencia de su profesora de Literatura en el secundario, escribe desde la adolescencia. «Mi pasaje de Instagram a la editorial no es más que una causalidad, más una cuota de buena suerte, factor que no debemos subestimar -dice-. Comencé a escribir Á(r)mame en 2016, sentada en un desalentador escritorio de oficina y a escondidas de mis jefes. Instagram ya se había convertido en una importante red social, pero yo abrí mi cuenta recién en marzo de 2018».

En aquel entonces, Larenn acababa de ser madre primeriza y aprovechó para canalizar sus vivencias a través de relatos matizados de humor. «Poco a poco gané confianza y me animé a escribir ficciones cortas que dejasen a simple vista mi estilo y tipo de narrativa -declara-. No fue fácil la transición; desde algún lugar tuve que acostumbrar a mis seguidores, que no estaban moldeados para leer ficciones en Instagram. Publiqué novelas interactivas, en tiempo real, con historias de amor, de inmigrantes, de misterio y romance. Aproveché para jugar».

Larenn era consciente de que podía captar el interés de editores porque, como ella dice, «qué mejor que tener lectores incluso antes de ser publicada». Así fue como una de sus seguidoras, que trabajaba como administrativa en El Ateneo, la recomendó a una editora. Autoras de no ficción como Marcela Alluz y la best seller María Florencia Freijo también publicaron en El Ateneo, que en octubre de este año probará suerte con un libro de consejos sexys de Florencia Salort.

Audiencias y lectores

«Esto ocurre no solo en Instagram, sino también y fuertemente en YouTube -dice Daniel Benchimol, director de Proyecto 451, sobre la búsqueda de nuevos autores en las redes-. Es una práctica corriente en grandes grupos editoriales y en sellos independientes. La fantasía que se encuentra por detrás de estos proyectos es que no solo se está contratando a un autor, sino y fundamentalmente, se está atrapando a una audiencia que muchas veces está compuesta por decenas de miles de seguidores».

Para Benchimol, aunque hubo casos de autores exitosos que provienen de Instagram, lo más habitual es encontrarse con fracasos. «No importa el volumen de seguidores o audiencia que tenga alguien; nunca podremos saber a ciencia cierta cuántas personas estarán dispuestas a comprar un producto o servicio. En el caso de los libros, es probable que a los seguidores les guste estar al tanto de lo que hace una persona porque es interesante o divertida, pero hay una distancia enorme entre eso y la voluntad específica de querer comprar un libro».

Según este investigador, es un error por parte de las editoriales evaluar a los instagramers solamente por el volumen de su audiencia y resulta más aconsejable establecer diálogos con aquellos que tienen una audiencia acotada pero con un perfil más cercano al mundo del libro.

Fuente: La Nación