Los 5 problemas más comunes en las parejas (y de fácil resolución)

Una variedad de desacuerdos y hábitos tóxicos que debemos replantearnos si queremos crear armonía en nuestros vínculos.

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El vínculo de pareja se define como una serie de códigos de interacción, de acuerdos y desacuerdos, que no sólo está sostenido por el amor, sino por una serie de líneas de conexión (algunas conscientes, otras inconscientes) que con el tiempo dan lugar a un estilo o modelo de unión.

Estar en pareja no es una suma de individualidades, sino una tríada: yo, tú y nosotros. En esta descripción de cómo se arma la relación de pareja, las oscilaciones entre “lo que yo deseo”, “lo que tú deseas” y “lo que deseamos los dos”, son un movimiento constante. Y está bien que así sea. Los problemas surgen cuando el movimiento se estanca en una de las partes. Ejemplo: “yo quiero que las cosas se hagan a mi manera” (estancado en el yo), “vos querés tener razón siempre” (estancado en el tú), “si vos no vas, yo no voy” (estancado en la relación).

En esta ecuación surgen una serie de problemas que en sí mismos tienen escaso valor crítico, pero hay aprender que cortarlos rápido para que no se vuelvan persistentes. Cinco de estos problemas comunes son los siguientes.

Los 5 problemas más comunes en las parejas

1. Convertir una insignificancia en un problema

Es uno de los puntos más frecuentes en el relato de las parejas: se olvidan, luego de discutir horas, de la chispa que encendió la discusión. Es obvio que por lo bajo subyacen muchos temas no hablados que esperan “el momento” para aparecer. En este caso habría que diferenciar el problema actual y darle solución inmediata, y dejar los motivos subyacentes para un momento más apropiado. La pareja no debe olvidar que existen temas que deberían abordar porque comprometen cada acción de la vida cotidiana.

La pareja no debe olvidar que existen temas que deberían abordar porque comprometen cada acción de la vida cotidiana. Foto ilustración: Shutterstock.

La pareja no debe olvidar que existen temas que deberían abordar porque comprometen cada acción de la vida cotidiana. Foto ilustración: Shutterstock.

2. Suponer que el otro sabe o debe adivinar una acción

Los supuestos tiñen la vida de relación. Pretendemos que el otro sabe lo que debe hacer. Es una especie de “sentido común” muchas veces signado por las normativas rígidas de género e impuesto por la costumbre. Se ve mucho en el sexo: “es hombre y debe saber qué hacer”, “si es fogosa en el sexo debe tener experiencia”. Los supuestos dan por sentado conductas que merecen ser habladas. En la vida cotidiana se suceden sin darnos cuenta: “ya debería saber que esa comida no me gusta”, “le expliqué cómo se hace el trámite y no me hace caso”, “esperaba que se acordara del aniversario, pero siempre se olvida”, etcétera. Dejar de suponer y hablar es la mejor solución.

Imponer al otro una manera de hacer no solo es querer demostrar sapiencia, es también una forma de control sobre la conducta ajena. Foto: ilustración Getty Images.

Imponer al otro una manera de hacer no solo es querer demostrar sapiencia, es también una forma de control sobre la conducta ajena. Foto: ilustración Getty Images.

3. Desacuerdos en cómo se hacen las cosas

Imponer al otro una manera de hacer no solo es querer demostrar sapiencia, es también una forma de control sobre la conducta ajena. En la multiplicidad de acciones cotidianas uno demuestra e impone su saber y el otro debe doblegarse y hacerlo tan cual se lo marcan. Esta desigualdad impide que el otro demuestre lo que sabe, y esto genera que se sienta al margen, como si lo propio no sirviera. En realidad, nadie tiene “el saber absoluto”, en todo caso, ambos pueden aportar lo que saben para que la acción a encarar tenga un resultado más eficaz; pero, por sobre todas las cosas, que el miembro de la pareja excluido tenga una participación más activa.

Imponer al otro una manera de hacer no solo es querer demostrar sapiencia, es también una forma de control sobre la conducta ajena. Foto ilustración: Shutterstock.

Imponer al otro una manera de hacer no solo es querer demostrar sapiencia, es también una forma de control sobre la conducta ajena. Foto ilustración: Shutterstock.

4. Dar vuelta el discurso y no reconocer el error

“Pero si yo te lo dije” o  “quisiera grabarte siempre que decís algo”. Frases típicas y repetidas que dan bronca a quien escuchó hace un rato otra cosa. Estos cambios en lo dicho reflejan el no poder dar el brazo a torcer por orgullo, o porque la persona se convence de que lo que dijo es lo correcto y defiende su postura. Es frecuente también que ambos miembros de la pareja acuerden algo, y luego, si resultado es negativo, el otro tenga la culpa. En estos casos, enfatizar el acuerdo entre las partes o las decisiones propias, ayuda a asumir tanto los logros como los costos que surgen al afrontar un problema.

Los 5 problemas más comunes en las parejas (y de fácil resolución). Foto ilustración: Shutterstock.

Los 5 problemas más comunes en las parejas (y de fácil resolución). Foto ilustración: Shutterstock.

5. Compartir por obligación

En este punto es el “nosotros” el que sufre por sostener a la fuerza acciones comunes. Si bien muchas veces la pareja hace cosas que no quisiera, pero existen obligaciones externas que los obligan a estar (un ejemplo son los eventos familiares); en otros casos, es uno el que se siente tironeado por el otro, como si no existiera la alternativa de que ambos tienen el derecho a decidir por sí mismos. Todo se debe hacer en pareja. Los vínculos cohesivos “pegoteados” no admiten la individualidad ni la autonomía, todo, excepto el trabajo (cuando se realiza en espacios separados) se acepta y se tolera como ajeno al vínculo; aun así el “te paso a buscar” deja de ser una propuesta romántica para convertirse en una acción más del “pegoteo”. Si bien las parejas que recién comienzan lo hacen por puro romanticismo y ganas de no perderse ni un ratito para estar con el otro, hay que tener en cuenta que su permanencia daña la relación.

Fuente: Walter Ghedin, psiquiatra y sexólogo, Clarín