“María Kodama merecía ser contada”: Mario Mactas saca un libro sobre la mujer que conquistó a Borges

La viuda habla con el periodista de su infancia, de amigos y enemigos y del libro de Bioy Casares, que considera una traición.

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María Kodama ya tiene quien la escriba, a diferencia de aquel coronel que esperaba su pensión contra toda esperanza y había nacido de la mano de Gabriel García Márquez.

La escritora y presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges es la protagonista de un libro que llegará este mes a las librerías, en el que Mario Mactas, dueño de un estilo reconocible, cruza distintos géneros narrativos para delinear los contornos y la cotidianeidad de una mujer que, en muchos sentidos, es una incógnita para el gran público.

En María Kodama. Esclava de la libertad (Ediciones De la Flor) Mactas se aproxima a su protagonista con la habilidad de un zorro, dicho esto sin pretensión de originalidad, pues durante años condujo junto a Rolando Hanglin un exitoso programa de radio titulado “El gato (Hanglin) y el zorro (Mactas)”.

Juntos. Kodama y Mactas en 2016, en la Feria del LIbro.

Juntos. Kodama y Mactas en 2016, en la Feria del LIbro.

Escribe el autor: “El misterio está en líneas, silencios, cambios que nos llevan a revelar un hecho que no se tiene en cuenta: María Kodama, imagen y fama en cualquier parte, no es solo la viuda de Borges. Para nada. Y nada que se parezca menos a un esquema maestro-discípula. En el recorrido no encontrarán un misterio guardado ni una revelación oscura: se trata de una persona que el mundo conoce y ha vivido una historia de amor singular: ninguna idealización, sí con alegría, sí también con diferencias. La unión de una adolescente con el poeta y narrador ya casi ciego no formó un ser bifronte y siempre complementario. Fueron dos”.

No obstante la afirmación de que el lector no se encontrará con secretos sin revelar ni misterios por explorar, a lo largo de las páginas Mactas volverá sobre sus pasos para colegir que algo en Kodama encierra un misterio que él no consigue horadar. Algo así como una cámara secreta en su vida que no abre a nadie y preserva para sí.

Con sutileza y amparado por una antigua amistad, Mactas logra colarse por algunos intersticios que Kodama abre y cierra a voluntad.

Y aunque varios de los acontecimientos y anécdotas que se cuentan son más o menos conocidos, surgen aspectos, detalles, anécdotas breves, pinceladas que dibujan nuevos contornos de la personalidad de María, calumniada y maltratada durante largo tiempo a raíz de su excepcional vínculo con Borges, pero también privilegiada por asumir el legado de expandir la obra del argentino más universal por todo el planeta.

Todo esto es sobrevolado con gracia, pero sin entrar en profundidades que pueden reavivar viejas contiendas judiciales.

María, de madrugada

“Yo quería hacer un libro no totalmente literario, donde se cruzara cierta forma de periodismo, también algo literario con una segunda corriente de subjetividad. Todo el material surge también del antes y el después de los encuentros que hemos tenido con María a lo largo de los años. Esa es la mejor forma de amistad, la que queda y no tiene necesidad de ser cuidada ni frecuentada”, dice Mactas en diálogo con Clarín.

Así se construye una larga conversación, donde el autor aporta sus reflexiones como si pensara en voz alta, y Kodama abre y cierra la ventana de su vida permitiendo que el lector, por ejemplo, sepa que duerme solo cinco horas, que cena todas las noches con amigos (“son vitales”, dirá en el libro), que adora vivir en los aviones y bailar (algo que esta cronista comprobó en un viaje compartido en Ginebra), que nunca se va a dormir sin un baño de inmersión y una ducha breve, que come poco y le gustan las empanadas, que se siente “japonesa” en cultura, valores y disciplina, y que ama la libertad por sobre todo.

Consultada sobre qué le sorprendió del libro de Mactas, a las dos de madrugada cuando una sabe que va a encontrarla en su casa, María Kodama dice a Clarín -entre risas- “que me encuentre misteriosa me sorprende porque, claro, yo no me veo así”. No ha leído aún el libro de Mactas en su totalidad, pero aprecia “ser parte de sus reflexiones”.

Y de eso se trata el volumen que la muestra de afuera hacia adentro. Mactas describe el vestuario de María, los detalles de sus accesorios, el valor que ella les atribuye, su disciplina y su personalidad que, aunque más firme que cuando se hizo cargo del monumental legado de Borges, deja ver por momentos algunas dudas:

—¿Cómo te ves? Tu retrato personal.

—Mis amigos me llaman E. T.

—María extraterrestre. ¿Qué más?

—Silencio. Así está bien.

—¿El misterio? Pero tu personalidad, tus normas y preferencias, todo lo que hace una persona y su retrato no vienen porque sí.

—Una persona no es del lugar en que nace, sino del modo en que es formada. Fui formada como japonesa. Soy, entonces, japonesa.

Charlas más o menos recientes y frecuentes, en almuerzos y por teléfono, le permitieron a Mactas explorar un recorrido bastante original de la personalidad de Kodama.

Maria Kodama, con el retrato de Jorge Luis Borges. Un vínculo que atravesó la vida de la mujer.

Maria Kodama, con el retrato de Jorge Luis Borges. Un vínculo que atravesó la vida de la mujer.

“Este es un libro sobre María, no de María Kodama con Borges, pero él aparece siempre de manera inexorable”, dice el autor, que quiso bucear en una Kodama recóndita y en algún sentido lo consigue cuando avanza sobre algunas anécdotas de su infancia:

—No fui niña.

—¿Cómo? ¿Qué querés decir?

—Mi padre me crió a la manera japonesa. Siempre me habló como a una adulta.

—Una educación, qué decirte, para llorar, se me ocurre.

—Fue bueno que fuera así. Me hizo libre. Ser libre es hacerse responsable de lo que uno quiere hacer, asumir sus consecuencias y no perturbar a los otros.

Y esa misma libertad es la que conquistó a Borges. Ella tenía 16 años y el autor de Pierre Menard, autor del Quijote, 60; los separaban 45 años. Pero el azar había tendido su red mucho antes, según recuerda Kodama en el libro.

De viaje. María Kodama y Jorge Luis Borges, en las pirámides de Egipto.

De viaje. María Kodama y Jorge Luis Borges, en las pirámides de Egipto.

A los ocho años de edad leyó Las ruinas circulares y aunque no entendió nada, quedó atrapada por la prosa, aunque en realidad ya a los cinco años su profesora de inglés, lengua en que su padre quiso que se formara, le leía en voz alta poemas de Borges: «En una de esas lecturas, nunca me decía el título de la obra o el autor, me leyó uno de los dos poemas ingleses de Borges […]. Borges, enamorado, le dice a una mujer que le ofrece su soledad, su desdicha, el hambre de su corazón. Para una criatura de cinco años, el hambre es el estómago. Le pregunté qué era el hambre del corazón. Me contestó: ‘Bueno, sos muy chica. Algún día entenderás, el hambre del corazón es el amor’. Durante un tiempo esperaba sentirlo, por suerte el destino quiso que nunca lo sintiera, porque amé al crecer y fui amada».

María Kodama merecía ser contada como ella misma. No solo como la viuda de Borges. Hay hechos singulares en su vida, como el modo en que sus padres se separaron, cuando separarse era una rareza en la época en que ella era chica. Yo descubrí a una persona sensible y tímida, con dudas, que revisa mucho y necesita asegurarse de ciertas cosas. Tiene una soledad hermética, reservada. Claro, no olvidemos que es una persona que, en cierto modo, está en el centro de una división de opiniones”, subraya Mactas.

Precisamente por ser tan firme y leal al legado que administra y ha contribuido a consolidar, María Kodama tuvo que gastar años de su vida en los tribunales, respondiendo juicios que ganó uno por uno. No se olvida, pero procura no volver sobre el pasado. Queda claro eso en el libro de Mactas.

—¿Cómo nació el grupo que te persiguió por Borges, digámoslo, durante tanto tiempo y con tanta rabia? ¿Se suponía que exigían la posesión de Borges?

—Exactamente, exactamente. Dos cosas básicas: los celos y la idea de posesión. Son dos cosas juntas que pierden a la humanidad. Es Caín. Una cosa totalmente loca, porque nadie es de nadie. Ya la idea de que alguien puede ser de alguien es una locura. No puedo entenderlo. Fui criada con otros principios.

—Los problemas y el acoso por denuncias y persecución han terminado, supongo.

(María Kodama no dice nada. Por mi cuenta, que hay reconocimiento, un amor que es también deber y se agradece: pongamos que Borges ya es inmortal, pero pongamos también que esa inmortalidad tiene que ver con el amor y la custodia. La inflexibilidad frente a las falsificaciones que paran, que vuelven a surgir, que seguirán. Borges, sin María, vería su inmortalidad —asegurada— deformada, más chica y más difusa. Estoy convencido).

Madrid, 1980. En Abril, cuando Borges fue a recibir el Premio Cervantes acompañado por Maria Kodama. Foto: AP

Madrid, 1980. En Abril, cuando Borges fue a recibir el Premio Cervantes acompañado por Maria Kodama. Foto: AP

Para Mactas, “María ha tenido razón durante 30 años frente a esa enorme tormenta de envidias, calumnias, juicios que ganó y ahora se siente libre”. Queda claro en su libro que no juega a ser objetivo ni a contar dos caras de la historia. Cree en la versión que Kodama brinda porque los pleitos ganados en los tribunales reafirman su historia.

Dice el escritor que el título de su libro surge de las palabras del propio Borges, luego de proponerle matrimonio a María Kodama. Mucho antes del final de sus días. Incluso Mactas corrobora que efectivamente fue el médico personal que lo atendió en Ginebra quien la convenció de aceptar.

—Si quiere cortar mi libertad lo dejo, Borges. “Usted es esclava de la libertad”, me dijo.

Sí, Borges era quien quería que nos casáramos. Lo proponía: “Imagínese, María: María Kodama de Borges”.“Es que yo no soy de nadie, Borges”.

Estas son las anécdotas que, con saltos en el tiempo, configuran a la persona que, solo por mantener a Borges vivo hace 35 años, es ya un personaje y podría inspirar una protagonista de novela.

En esa extensa conversación-libro entre Kodama y Mactas queda claro que para ella el libro que Adolfo Bioy Casares escribió a partir de las charlas de sobremesa que tenía con Borges, en las que -como en todo intercambio relajado e íntimo- surgían bromas y burlas, es una traición:

Bioy, después de la comida, cuando Borges se marchaba, escribía sobre lo que habían hablado. Entre amigos, a veces, si estamos enojados hablando de otro amigo decimos cosas que están bien en ese momento, pero Bioy después de que Borges partía escribía lo que según él Borges comentaba de escritores o de amigos. No hay ninguna grabación que pueda dar fe de eso. El libro fue publicado por pedido de Bioy después de su muerte, es decir que no puede hacerse cargo de lo expuesto. Cosas que él al parecer guardó, conversaciones guardadas y anotadas por Bioy Casares después, a solas. Borges iba dos o tres veces por semana a comer a la casa de Bioy y Silvina Ocampo. Se habló con ironía, desdén, sentido del humor corrosivo hasta lo inimaginable. No hay registro grabado de todo eso, pudo haberlo inventado él.

Amigos. Adolfo Bioy Casares escribió un libro con las charlas de sobremesa.

Amigos. Adolfo Bioy Casares escribió un libro con las charlas de sobremesa.

Mactas está convencido de que el anverso de la libertad de Kodama es la responsabilidad: “Ella no es una borgista ni un fenómeno de erudición sobre Borges. Su trabajo fue y sigue siendo que Borges no cayera en el olvido y lo consiguió”.

Así, de afuera hacia adentro, surge el tallado de una persona que, según dice Mactas, “fue el amor que Borges eligió y que hoy nadie puede objetar. Ella no quería ser bifronte, sino que ambos fueran dos. María Kodama quiso vivir a su manera y con sus maneras”.

Como un secreto revelado en el libro, Kodama dice ahora: «Bailar y escribir son para mí las formas de huir de la a veces triste realidad».

Fuente: Clarín