Martel rechazó a Polanski, acusado de violación: ¿se puede separar a un artista de su obra?

La cineasta argentina y Presidenta del Jurado del Festival de Venecia, reaviva la polémica al negarse a aplaudir al cuestionado director. Otros casos históricos.

plo

¿Es posible separar a la obra de su artífice, el arte del artista, incluso si su obra es fascinante? O, en otras palabras: ¿el artista tiene una responsabilidad moral o su obra debe juzgarse al margen de sus acciones? Las opiniones están, estarán y siempre estuvieron divididas, pero en la era del #Metoo qué hacer con el arte, en muchos casos maravilloso de los hombres que han ejercido acciones monstruosas es una pregunta vigente.

En las últimas horas, la cineasta argentina Lucrecia Martel, que oficia como Presidenta del Jurado del Festival de Venecia, sumó un nuevo -y probablemente merecido- desplante a la larga lista de episodios que sufrieron numerosos artistas, a causa de sus comportamientos privados: Martel expresó su solidaridad con las víctimas de acoso sexual y en ese marco aclaró que no está dispuesta a a asistir a la proyección de Roman Polanski, que este viernes estrena nuevo film en la mostra, ni a pararse a aplaudirlo. El director -impedido de entrar a los Estados Unidos por ese caso- fue condenado por violar a una menor, Samantha Gailey, en 1977, cuando ella tenía 13 años y era una aspirante a modelo. 

Martel. En Salta, durante una marcha a favor de la legalización del aborto / Archivo Clarín

Martel. En Salta, durante una marcha a favor de la legalización del aborto / Archivo Clarín

Los delitos de Polanski para muchos ya prescritos, se minimizan como un pecado de juventud: incluso en una proyección anterior de su película El escritor, Polanski recibió bendiciones de sus amigos y dio lugar a la broma: no quedó mal la película, y eso “que se terminó en la cárcel”, se dijo. ¿Pero puede prescribir, por fuera del marco legal, el hecho de haber abusado de una menor? Para algunos, es un tema de la Justicia, no del arte. Para muchos otros, como Martel, ambas cosas son indisociables. En 2018 el director había sido expulsado de la Academia de Cine de Hollywood, al igual que el comediante Bill Cosby, que dejó de dar gracia cuando se conocieron sus casos de acoso.

Polanski. El director polaco-francés logró el reconocimiento mundial con películas como "Chinatown" (1974) y "Rosemary's Baby" (1968) pero en su esfera privada parece  impotente ante las sombras de su pasado / DPA

Polanski. El director polaco-francés logró el reconocimiento mundial con películas como «Chinatown» (1974) y «Rosemary’s Baby» (1968) pero en su esfera privada parece impotente ante las sombras de su pasado / DPA

El director está en el festival para presentar este viernes J’accusse: el oficial y el espía, película en la que dará su visión sobre el caso Dreyfus (un oficial francés de origen judío, al que acusaron de entregar documentos secretos a los alemanes).

¿Qué ocurrió puntualmente con Martel? Un periodista le consultó a la directora, en el marco de una conferencia de prensa: “¿Va a poder juzgar el filme de Roman Polanski en el concurso sin que sus comportamientos afecten a su valoración?” Martel respondió: “yo no separo al hombre de la obra. La presencia de Polanski (en el programa del festival) me resultó muy incómoda. Hice una pequeña investigación, con Internet, y consultando a escritoras que han tratado estos temas. Y vi que la víctima dio este caso por cerrado, no negando los hechos sino considerando que el señor Polanski había cumplido con lo que la familia y ella habían pedido. No puedo ponerme por encima de las cuestiones judiciales. Pero sí puedo solidarizarme con la víctima. No voy a asistir a la proyección de gala del señor Polanski porque yo represento a muchas mujeres que en Argentina luchan por cuestiones como esta, y no querría levantarme para aplaudirle. Pero me parece acertado que su película esté en el festival, que haya diálogo y se debatan estos asuntos”, dijo.

El director de la Mostra, Alberto Barbera, consideró en cambio, que“la historia del arte está llena de personas que han cometido crímenes, pero no por esa razón dejamos de considerar sus obras».

Otra vez: ¿se puede separar a la obra de la persona? ¿Y disfrutarla? Una cosa implica a la otra? La polémica sobre el tema es extensa y tiene antecedentes numerosos a lo largo de la historia del arte, el cine y la literatura.

 Wilde y Sontag

Oscar Wilde, por ejemplo, sostenía no existen tales cosas como los libros morales o inmorales: los libros están bien escritos o están mal escritos, decía, y eso es todo lo que debe interesar a los lectores y a los críticos. Quienes defienden esta postura argumentan que, más allá de la manera en que un sujeto determinado responda en la intimidad, sólo puede ser juzgado por lo que produce.

Para otros, no es tan sencillo, hay un dilema implícito: la estética y el arte conllevan un componente moral: desde este punto de vista no se puede separar la moral del goce estético que produce una obra. Arte y artista son parte de una misma secuencia.

En este sentido, una argumentación inobjetable fue la que desarrolló la pensadora estadounidense Susan Sontag en relación a la directora alemana Leni Riefenstahl, en su ensayo Fascinante fascismo, en el que cuestiona a la cineasta su indiscutible eficacia para poner en escena en pantalla una visión celebratoria del nazismo en películas como El triunfo de la voluntad, el cuasidocumental sobre la concentración nazi de 1934 en Nuremberg, para el que –con fondos de los propios jerarcas nazis- concreta una operación propagandística. Fascinante fascismo: una forma indirecta de decir «Si lo volvés fascinante, sos responsable». El artista, indisociable de la obra y ésta como una pieza siempre política.

Leni  Riefenstahl con Adolf Hitler.

Leni Riefenstahl con Adolf Hitler.

Paradójicamente, otra película de Riefensthal, titulada Olimpiaconstituyó la principal participación alemana en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 1939, donde ganó la Medalla de Oro. El mismo festival en el que Martel se diferencia de Polanski.

En la historia del arte

La lista de las ovejas negras de la historia del arte resulta, para cualquiera que se vuelva exhaustivo, interminable: Caravaggio, considerado un pintor adelantado a su época, también fue acusado de pedófilo y se sabe que en 1606 mató a un hombre. Arthur Rimbaud, pasó de escribir versos maestros en su adolescencia a acabar traficando con armas y esclavos.

Rimbaud. La vida del poeta estuvo plagada de traiciones y escándalos.

Rimbaud. La vida del poeta estuvo plagada de traiciones y escándalos.

Louis-Ferdinand Céline –entre numerosos artistas y escritores sobre los que pesan acusaciones de antisemitismo- firmó una obra maestra de la literatura universal, Viaje al fin de la noche, y también un panfleto violento–Bagatelas para una masacre– en el que se mostraba filonazi. El año pasado ese panfleto iba a reeditarse pero la Casa de Gobierno francesa llamó al editor, Antoine Gallimard, y lo convenció de no hacerlo.

Michael Jackson. Acusado de pedofilia. / AP

Michael Jackson. Acusado de pedofilia. / AP

Sigue la lista: Charle Chaplin fue acusado por una de sus ex esposas, Lita Grey, a quien doblaba en edad, de haberla amenazado con un arma y presionarla para abortar. John Lennon asumía en una entrevista con Playboy: “peleé con hombres y golpeé mujeres”. Pablo Neruda violó a una mujer de la India obligada a realizar labores de servicio y lo contó en su obra Confieso que he vivido. También abandonó y negó su apoyo a una hija hidrocefálica y a su madre.

Mientras que Pablo Picasso -el gran artista del siglo XX- no se salva tampoco: de acuerdo a una biografía de Arianna Huffington, quemaba con cigarrillos a una de sus amantes, Marie-Thérèse Walter, que tenía 17 años y se volvió amante del pintor,cuando él tenía 45. A otra –Dora Maar- la golpeaba hasta dejarla inconsciente, mientras que una tercera tuvo que escapar de él con sus dos hijos. ¿Qué hacer con los grandes artistas que cometieron actos monstruosos?

La enumeración ofrece casos variopintos: más acá en el tiempo, el filósofo marxista francés Louis Althusser se autoacusó en 1980 de haber estrangulado a su esposa. Woody Allen cargó con el peso y las consecuencias visibles de haber sido acusado de abuso sexual por su hija adoptiva, Dylan Farrow.

Y el talentoso Michael Jackson fue acusado de pedofilia. Dos hombres, James Safechuck (41) y Wade Robson (36) denunciaron que, cuando eran menores, fueron abusados sexualmente por el músico. Y, en una entrevista en la televisión estadounidense, explicaron por qué se mantuvieron en silencio durante tanto tiempo. “Él (en referencia al “Rey del Pop”) me decía que era amor. Me decía que me amaba y que Dios nos quería juntos. Para mí, Michael era Dios”, contó Robson. ¿Se puede no pensar en esto cuando suena Thriller?

En la Argentina, el empresario Daniel Grinbank desistió de traer al país en 2018 al músico británico Morrisey por las polémicas declaraciones previas que éste había hecho a un medio alemán, en defensa de acusados por abuso sexual, entre ellos el actor Kevin Spacey.  «No nos interesa producir artistas con estos valores«, dijo Grinbank en ese momento. Más cerca o más lejos de los acusados, cada uno elige qué posición adoptar. 

Morrisey. Defendió a los abusadores, Grinbank le suspendió un recital en Buenos Aires.

Morrisey. Defendió a los abusadores, Grinbank le suspendió un recital en Buenos Aires.

“Son conversaciones pendientes de nuestro tiempo”, concluye Martel. El tema sigue provocando el debate, que en esta época se vuelve urgente. 

Fuente: Clarín