«Mi cuento favorito de Borges»: una exquisita selección hecha por grandes escritores

Infobae Cultura les pidió a prestigiosos autores argentinos que elijan un relato de Borges y cuenten en pocas líneas el por qué de su elección. Sarlo, Piñeiro, Mairal, Guebel, Heker, Fernández Díaz, Guillermo Martínez, Shua, Sacheri, Iparraguirre, Becerra, De Santis y muchos más revelan en esta nota sus gustos y le abren a los lectores la puerta de un conjunto de ficciones extraordinarias

Sin título

A veces los lectores necesitamos que nos digan por dónde empezar, qué leer de la obra de un autor que sabemos que es importante pero cuya lectura tememos o imaginamos inalcanzable. Jorge Luis Borges fue un escritor extraordinario que practicó con destreza excepcional el ensayo, iluminó con sus versos la poesía e imaginó innumerables cuentos imborrables.

A 120 años de su nacimiento, como una forma de la celebración ideal, Infobae convocó a grandes escritores y escritoras para que nos digan cuál es su cuento favorito y para que en unas pocas líneas nos expliquen esa elección. No nos propusimos la originalidad y es por eso que hubo libertad incluso para repetir el gusto: nunca nadie lee lo mismo, nunca nadie tampoco podrá escribir lo mismo sobre un escrito de otro.

A continuación, la lista de cuentos, los nombres de los grandes autores y sus palabras, a la hora de escribir sobre el más grande de todos.

«El sur» 

Claudia Piñeiro:

Es uno de mis cuentos favoritos de Borges. Tal vez no sea el mejor, aunque el mismo autor consideraba que podría serlo, según lo dejó plasmado en alguno de los prólogos de Ficciones.

¿Por qué me gusta?

Porque Dahlmann es lo que fue, pero frente a su muerte es también lo que siempre quiso ser.

Porque hay dos tiempos y dos espacios simultáneos.

Porque ficción y realidad son una misma cosa.

Porque el destino y la muerte pelean hasta el último minuto un duelo de cuchillos.

Pero sobre todo, porque yo puedo ser Dahlmann en ese viaje onírico. Conozco la estación de Constitución como la palma de mi mano, estuve allí infinitas veces, no en la estación que es hoy, sino en aquella, la que recibe a Dahlmann. Estuve en esos viejos vagones del tren Roca; busqué un asiento libre como lo buscó él. Y sé, como todos los que nacimos en la zona, que el almacén al que llegó Dahlmann es el Santa Rita de la esquina de Irigoyen y Frías. Desde allí salió él, pero podría haber salido yo, empuñando con firmeza el cuchillo, que acaso no sabremos manejar, con destino la llanura.

*Su último libro es Quién no (Alfaguara)
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Pedro Mairal:

Creo que «El sur» es mi cuento preferido de Borges. Tiene una calma que me gusta, una calma sintáctica, a partir de que el personaje sale del hospital, como si todo eso fuera un sueño, algo que de alguna manera está sugerido. Esa segunda parte podría ser el sueño de un moribundo. Va a la estación, no está apurado, por el camino se mete en un bar, se toma un café y acaricia un gato, se toma el tren. Podría ser un sueño pero a la vez tiene una textura tan real de vida vivida, de goce del simple hecho de estar y de moverse por el espacio, que logra una gran intensidad. Es como la euforia del sobreviviente que parece ver todo por primera vez, o por última vez. Siempre me fascina ese viaje, la transición de la ciudad hacia el campo, la llanura, casi un territorio más literario que real: «A los lados del tren, la ciudad se desgarraba en suburbios…».

*Su último libro es Maniobras de evasión (Emecé)
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Claudia Piñeiro, Guillermo Martínez. Liliana Heker y Francisco Bitar
Claudia Piñeiro, Guillermo Martínez. Liliana Heker y Francisco Bitar

Esther Cross:

Escrito con una claridad y concisión extraordinarias, borgeanas mejor dicho, suena y se siente tan «hondamente argentino» como el mismo Dahlmann. Habla de las extrañas simetrías de la vida y las distracciones y accidentes que la modifican. Dos veces pasa algo inesperado en esta historia, pero al final se comprende que solamente en las repeticiones pueden surgir las diferencias. Todo pasa en un mundo reconocible y al mismo tiempo irreal. El espacio y el tiempo se transfiguran: viajar en tren es viajar en el tiempo, por ejemplo, pero el presente resignifica el pasado. Es un cuento sobre la ciudad y el campo, o sobre el fantasma, más bien, de uno en otro. También es un cuento sobre el dolor físico. Borges relee el juego de fuerzas entre el destino de una persona y su voluntad sin solemnidad, con una inteligencia narrativa única. En otro plano, El sur es la superación absoluta del relato autobiográfico: basado al parecer en ciertos hechos acotados de la vida del escritor, salta magistralmente desde el pasado al presente abierto de la ficción.

*Su último libro es Tres hermanos (Tusquets)

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Daniel Guebel, Eduardo Sacheri, Beatriz Sarlo y Dolores Reyes
Daniel Guebel, Eduardo Sacheri, Beatriz Sarlo y Dolores Reyes

«Los teólogos»

Beatriz Sarlo:

No es una historia de dobles, sino una advertencia moral. Los teólogos Aureliano y Juan de Panonia refutaban con encono sus interpretaciones y lecturas. Uno de ellos se atrevió a sugerir que el otro era un hereje. Cuando Juan de Panonia fue llevado a la muerte en la hoguera, Aureliano creyó reconocer en su enemigo a otro hombre, pero no pudo precisar a quién. Aureliano también murió por el fuego, en una selva que un rayo había incendiado. En el Paraíso, Dios los confunde a ambos. Para la «insondable divinidad», poco interesada «en diferencias religiosas», escribe Borges, los dos teólogos eran uno solo.

*Su último libro es Escritos sobre literatura argentina (Siglo XXI)

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Una nota homenaje a los grandes cuentos de Borges
Una nota homenaje a los grandes cuentos de Borges

«El Aleph»

Guillermo Martínez:

Por el humor soterrado, la gracia de los personajes y la originalidad de concebir un objeto fantástico que sirve de instrumento óptico para ver algo indeseado en la realidad (las cartas obscenas, increíbles, precisas, de Beatriz Viterbo dirigidas al rival del protagonista);

«El jardín de senderos que se bifurcan», por el ensamble perfecto de una trama ingeniosa de espionaje y una reflexión filosófica profunda el tiempo y los múltiples universos;

«El acercamiento a Almotásim», por la idea maravillosa de las huellas «como espejismos» que una persona deja en otras y la aplicación ficcional de la idea de límite matemático: «el tecnicismo matemático es aplicable: la cargada novela de Bahadur es una progresión ascendente, cuyo término final es el presentido «hombre que se llama Almotásim».

«El sur», por la carga trágica y resignada del final.

*Su última novela es Los crímenes de Alicia (Destino), ganadora del Premio Nadal
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Juan José Becerra:

El cuento de Borges que más me gusta es «El aleph». En parte por el cuento en sí mismo y en parte (la mayor parte) porque allí se filtra la voz de un Borges mersa al borde del desastre. Los epígrafes de Hamlet y Leviathan sirven para amortiguar el ingreso a una historia que podría haber escrito Manuel Puig después de leer a Stephen Hawking. La sucesión y la simultaneidad del Universo comprimidos en el sótano de Daneri es el núcleo del cuento. Pero me siguen fascinando sus filamentos de pornografía reprimida, de rencor, de cursilería melodramática (cuya cumbre es la escena en la que Borges le habla al retrato de Beatriz Viterbo) y de ese humor grueso que Adolfo Bioy Casares y Leonor Acevedo trataron de moler a palos. Y por detrás de todo, el amor por Estela Canto resplandeciendo del lado de la vida. La dedicatoria a Canto, en tipografía pequeña al final del cuento, es la prueba del dolor que la historia contiene. Es cierto que hay dedicatorias similares a otras personas en relatos del mismo libro, claro: para disimular.

*Su última novela es ¡Felicidades! (Seix Barral)

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Fernanda García Lao, Juan José Becerra, Esther Cross y Jorge Fernández Díaz
Fernanda García Lao, Juan José Becerra, Esther Cross y Jorge Fernández Díaz

«El fin»

Agustina Bazterrica:

Mi cuento favorito de Borges es «El fin». En pocas páginas Borges logra una cantidad de estratos de lectura que hacen que uno lo lea y relea y siga encontrando líneas de análisis. Además me parece hermoso que Borges mate a Fierro, simbólicamente está homenajeando a Hernández pero, al mismo tiempo, lo está asesinando. Nos está mostrando cómo trasciende a su precursor. Además tiene una de las frases más bellas jamás escritas: «Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música…»

*Su última novela es Cadáver Exquisito (Alfaguara)

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«La rosa de Paracelso»

Pablo De Santis:

Entre los últimos textos en prosa de Borges hay tres extraordinarios cuentos fantásticos: «La memoria de Shakespeare», «La rosa de Paracelso» y «Tigres azules». En estas páginas Borges rescata las formas más antiguas de la maravilla: en los dos primeros cuentos, el hechizo; en «Tigres azules», el objeto mágico.

Si tuviera que elegir uno de los tres, me quedo con «La rosa de Paracelso» por la tensión emocional que el cuento establece entre sus protagonistas. Cansado de su soledad, el alquimista Paracelso pide a Dios un discípulo; pronto llega a su casa un desconocido, que pone unas monedas de oro sobre la mesa. El visitante espera un milagro –la resurrección de una rosa- que confirme el poder de su maestro. Paracelso no acepta, y el otro cree descubrir que es un embustero, una máscara. Se arrepiente de haber descubierto la verdad, deja que la compasión lo conquiste y se lleva sus monedas, para que no queden sobre la mesa como una limosna y una humillación. Quizás el cuento no trata de Paracelso y de una rosa, sino de alguien que llega al atardecer y de unas monedas de oro. El cuento es también una afirmación de la plenitud del mundo. Así Paracelso dice a su frustrado discípulo: «¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?».

La palabra dicha tiene una importancia singular en «La memoria de Shakespeare» y en «La rosa de Paracelso»: es un susurro lo que hace resurgir a la rosa, es la mera aceptación lo que permite recibir los desordenados y triviales recuerdos del poeta inglés. Los dos están escritos con esa luminosa sencillez del que cuenta a otro una historia antes de dormir. Cuando la escritura alcanza su perfección, aprende a simular que no es escritura, sino voz: un susurro capaz de hacer resurgir de sus cenizas a la rosa.

*Su última novela es La hija del criptógrafo (Planeta)

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Ana María Súa, Andrés Duprat. Agustina Bazterrica, Carlos Chernov
Ana María Súa, Andrés Duprat. Agustina Bazterrica, Carlos Chernov

«Funes el memorioso»

Luis Chitarroni:

Mi cuento favorito es «Funes el memorioso», no solo de Borges, creo, sino de la literatura universal. Haciéndose pasar por manso, lleva consigo las revoluciones, malevolencias y alevosías del siglo veinte. No es sobre la memoria sino sobre la percepción. Borges se encarga en él de contrabandear todas las ideas válidas de una vanguardia que ya había dejado muy atrás, y de hacerlo en un contexto que recuerda el cuento de Chesterton, «De cómo encontré al superhombre». El de Chesterton, por el tono, queda reducido a una broma pesada sobre Nietzsche; el de Borges deja un personaje inolvidable —Ireneo Juan Francisco—, un recorte histórico inolvidable entre dos siglos y una charla nocturna que es toda una revelación cognitiva.

*Su último libro es Breve historia de la literatura latinoamericana (A partir de Borges) publicado por Malba literatura

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«El encuentro» 

Jorge Fernández Díaz:

Ya ciego, acaso influido por Bioy Casares, que lo convencía de abandonar los viejos barroquismos, y deleitado por la relectura de los últimos relatos de Kipling, Borges dicta once cuentos lacónicos y directos, que encierran una complejidad extraordinaria. El informe de Brodie no tiene el prestigio sublime de Ficciones ni de El Aleph, pero contiene algunas de las historias más memorables de su autor y algunas de las piezas cortas más deslumbrantes del idioma: «La intrusa» y «El evangelio según Marcos» son dos muestras de ello. En «El duelo» revela además un carácter poco estudiado de su prosa. Dice que Henry James no hubiera desdeñado esa historia, aunque «le hubiera consagrado más de cien páginas de ironía y ternura, exornadas de diálogos complejos y escrupulosamente ambiguos. No es improbable -agrega- su adición de algún rasgo melodramático». Luego dice que, a cambio de esa operación narrativa, él se limitará «a un resumen del caso, ya que su lenta evolución y su ámbito mundano son ajenos a mis hábitos literarios». En lugar de escribir novelas cortas o largas, Borges prefiere redactar sus increíbles sinopsis. La escritura contenida y rápida, que a la vez tiene un notable calado profundo (casi metafísico), resulta siempre prodigiosa; con ella es capaz de hacernos vivir la experiencia de una novela o de una película en apenas tres páginas.

Para celebrar ese libro, elegiré «El encuentro», un cuento que parece autobiográfico pero que termina siendo policial y a la vez fantástico: Borges es un niño y llega a la quinta de Los Laureles con su primo Lafinur; descubre dentro de una vitrina dos puñales, y luego presencia cómo dos amigos que juegan cartas, tal vez animados por el alcohol, comienzan a hostigarse sin ningún motivo valedero. Les acercan los cuchillos de la vitrina y comienzan un extraño duelo que acaba con una muerte. Muchos años después, Borges desentrañará la asombrosa verdad que encierra aquella lejana e imborrable contienda.

El texto es tan sencillo y a la vez tan complejo y mágico que siempre lo elijo como puerta de ingreso para lectores jóvenes que no se le atreven a Borges. Esa puerta nunca falla. Quien entra por ella, deambula luego por las maravillas de sus Obras Completas, que son en realidad una vasta, compacta e infinita biblioteca, donde quedarse a vivir para siempre.

*Su última novela es La herida (Planeta)

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«Emma Zunz»

Martín Kohan:

Por muchos factores. La figuración de la mujer en ese relato, por lo pronto; también su sutil registro de la sexualidad.

*Su último libro es 1917 (Godot)

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«Los dos reyes y los dos laberintos»

Eduardo Sacheri:

De todos los Borges al que más admiro es al que cuenta historias y, sobre todo, al que narra historias concisas, despojadas de todo lo que no sea su mínima esencia. Son escuetas pero el lector puede, si quiere, atiborrarlas de detalles nacidos de su propia imaginación sin malograr el conjunto.
«Los dos reyes y los dos laberintos» tiene, apenas, treinta líneas. Y en esas treinta líneas caben el desafío, la divinidad, la paciencia, la guerra y la venganza. Caben esas adjetivaciones que el lector agradece por imprevistas y por atinadas. Y cabe la obsesión, tan de Borges, por la reciprocidad de los gestos y las acciones humanas, esa reciprocidad que nos convierte en espejos inquietantes que distorsionan, fatalmente, aquello que reciben y reflejan.

*Su último libro es El fútbol, de la mano (Alfaguara)

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«El inmortal»

Fernanda García Lao:

Más que un cuento fue un antídoto para mí tras la muerte prematura de mi padre. Yo tenía 16 y el mundo acababa de perder sentido. Mi madre, preocupada por mi estado de anarquía emocional, en lugar de abrazarme -le costaba el contacto- me conminó a leer El Aleph. Como si la escritura de Borges pudiera restituir mi creencia perdida en el significado de la existencia. Para librarme de ella tomé el libro. Tienes que leer el cuento que le da título, la escuché decir mientras me encerraba en el dormitorio. Al abrirlo, «El inmortal». La evocación de ese instante aún me inquieta. Lloré como una perra mortal que recupera el afán cuando sale la luna. «La muerte (o su ilusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas, cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron…»

Curiosamente, aquel ejemplar se perdió y el que ahora tengo quedó marcado por la lluvia, en alguna tormenta antigua. Lo traje del departamento de mi madre, ahora que la muerte la ha vuelto Nadie, como a Ulises. Igual a Borges o mi padre.

*Su último libro es El tormento más puro (Emecé)

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«El duelo»

Andrés Duprat:

Una de las constantes que me interesan en la literatura de Borges es la idea del duelo, de rivalidad, de enfrentamiento. Lo ha abordado en muchos de sus cuentos de formas diversas, desde la discordia entre dos estudiosos del siglo XV en «Los teólogos», pasando por el enfrentamiento de dos gauchos vecinos en «El otro duelo», o la disputa de dos académicos en «El soborno». En estos casos siempre hay una confrontación más o menos visible y, a la vez, una puja secreta, espiritual, entre rivales que son, en verdad, pares.

Pero hay un cuento que me subyugó por la ausencia total de épica o acciones, por el carácter íntimo, implícito, de la confrontación, de una extrema delicadeza. Se trata de «El duelo», publicado en 1970 en El informe de Brodie. En Buenos Aires, dos señoras burguesas, ambas pintoras, llevan adelante un duelo silencioso y oculto. Una de ellas elige la figuración y la otra, la abstracción. Son amigas, con vidas muy diferentes, y rivalizan de un modo que nunca se transforma en conflicto explícito. Se trata de un vínculo que juegan en sus vocaciones artísticas, no exentas de afán de reconocimiento (y aquí aparece un Borges irónico que, en pocas pinceladas, desarma el sistema de las artes ─tan parecido al de la consagración literaria─, de un modo que ha inspirado alguno de mis guiones. «Las revoluciones estéticas proponen a la gente la tentación de lo irresponsable y lo fácil», se lee en el cuento). El pudor domina la tensión entre ambas. El duelo, nunca declarado, les da un motivo para vivir. Amigas reales, son enemigas mentales. El tímido resentimiento envidioso que ejercen una contra otra les resulta vital y las impulsa a crear. Están fatalmente unidas. La muerte de una será, naturalmente, el fin de la otra.

*Autor de El artista-El hombre de al lado- El ciudadano ilustre (Paidós)

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Pablo De Santis, Pedro Mairal, Mempo Giardinelli, Sylvia Iparraguirre.
Pablo De Santis, Pedro Mairal, Mempo Giardinelli, Sylvia Iparraguirre.

«La intrusa»

Dolores Reyes:

Dicen que la de «La intrusa» es una historia de velorio conurbano. En las vecinas tierras de Morón, durante el servicio fúnebre de un hermano mayor, el menor relata otra relación de hermanos que sucede en la otra punta conurbana de Buenos Aires, el sur. Turdera es el espacio en el que habitan los Nilsen, dos orilleros colorados y pendencieros que tienen junto a sus catres, sus caballos, el apero y la daga de hoja corta, a una mujer achinada y de cuerpo moreno como si fuese ella una pertenencia más.

Juliana Burgos ha sido llevada a la casa por Cristian. Jamás se escucha su voz. Su vida y también su muerte y la suerte que correrá su cuerpo nos llegará por las narraciones que hacen hombres.

Los Nilsen defienden su soledad y son inseparables: todos saben que en el barrio meterse con uno es enfrentarse con los dos. La mujer es cuerpo perturbador que hace perjuicios sólo por estar habitando el caserón con esos compadritos colorados pero de costumbres bien criollas. Cristian la adorna con baratijas y la exhibe en las fiestas de conventillos donde ella sonríe a todos. Cuando se enciende el deseo de Eduardo, los hermanos se convidan con su cuerpo. -Ahí la tenés a la Juliana, si la querés, usala.

Hubo una primera noche de pasaje de catre y después, simplemente la compartieron hasta que ni siquiera eso alcanzó. Como el cuerpo de Juliana sigue perturbándolos deciden venderla a un prostíbulo de Morón como oportunidad de retomar su vida de hombres entre hombres. Todo les falla. Vuelven a visitarla, se trampean, pagan tiempo con ella, pero nada satisface las necesidades masculinas de posesión.

Ensayan otra solución: Para volver a tenerla a mano, la compran por unas monedas y la devuelven al caserón de Turdera. Pero no hay solución posible porque Juliana y su cuerpo han traído la manzana de la discordia. Como si se tratase de aplacar el enojo de dioses antiguos que no permiten que partan las naves para Troya, el asesinato sacrificial de una mujer es la única solución posible.

El feminicidio es condición de posibilidad del retorno a la cofradía de los hombres, los devuelve a una situación de bienestar previa a la llegada de esa mujer, de cualquier mujer. Y de paso, que el cuerpo femenino permanezca insepulto, al acecho de los animales salvajes: «A trabajar hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con sus pilchas. Ya no hará más perjuicios. Se abrazaron casi llorando. Ahora los ataba otro vínculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla».

*Autora de Cometierra (Sigilo)

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«La forma de la espada»

Mempo Giardinelli:

Mi cuento preferido de Borges no es uno solo; son todos, porque el entramado textual borgeano es casi siempre perfecto, inesperado e inquietante. Pero si tengo que escoger uno solo, elijo «La forma de la espada», porque en él confluyen todas esas virtudes.

*Su último libro es Tanta noche (Calambur Editorial)

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«El zahir»

Liliana Heker:

Puedo mencionar unos cuantos motivos por los cuales, entre todos los cuentos de Borges que me deslumbran, «El zahir» siempre me ha cautivado de una manera singular: el retrato antológico de Teodolina Villar; la enumeración desorbitada de todo lo que, a lo largo de la historia, ha sido zahir; la naturalidad con que lo cotidiano se mezcla con saberes lejanos; el hecho de que Borges mismo sea protagonista de la fatalidad. Sin embargo, entre todo lo que me fascina –fundamental para la trama, claro– es el zahir mismo, su naturaleza difusa, lo que me atrapa de un modo especial. Por lo sencillo de su don. Por lo inevitable que parece caer en su abismo.

*Su último libro es Cuentos Reunidos (Alfaguara)

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«El milagro secreto»

Ana María Shua:

Amo «El milagro secreto»: un autor completa su obra frente al pelotón de fusilamiento en un tiempo mágico, inmóvil, suspendida en el aire la bala que viene a matarlo. En ese cuento que me fascina, Borges declara que ni siquiera es necesario escribir, que la literatura es una pura operación mental. Jugando a la contradicción (tan borgeana), el cuento parece destinado probar que se puede crear una gran obra prescindiendo de los lectores. Y prueba también todo lo contrario: porque el autor de su cuento tiene al lector absoluto, el mismísimo Dios.

*Su último libro es La guerra (Emecé)

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Luis Chitarroni, Gabriela Cabezón Cámara y Martín Kohan
Luis Chitarroni, Gabriela Cabezón Cámara y Martín Kohan

La busca de Averroes

Sylvia Iparraguirre:

Elegiría «La busca de Averroes». La anécdota parece simple: un filósofo, el sabio Averroes, intenta traducir la Poética, de Aristóteles, pero hay dos términos que en vano ha buscado y no consigue comprender: tragedia y comedia. Averroes es musulmán y el Islam prohíbe el teatro, jamás podría comprenderlas. Sabemos esto después de una larga noche en los jardines, donde los amigos de Averroes y él mismo departen sobre rosas y prodigios. Terminado el cuento, el lector cae en el asombro: Borges nos está hablando de la relatividad de lo que creemos conocer, de la incomprensión que genera esa relatividad y de cómo la cultura o la religión levanta barreras frente a lo que no descifra. Puesto en el mejor ejemplo: la traducción. Pero todo esto sería lo de menos si no viniera contado en la prosa de Borges.

*Su último libro es La vida invisible (Ampersand)

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Daniel Guebel:

Si me lo pidieran, en un salto al vacío de la memoria armaría una antología con Kipling («El ojo de Alá», «Amanecer malogrado», «El cuento más hermoso del mundo»), Kafka («La muralla china»), Henry James («La bestia en la jungla», «La figura en el tapiz», «La muerte del león», «Lo real», «El altar de los muertos»), algún cuento de Un kilo de oro de Walsh, «Escritor fracasado», de Roberto Arlt, «Crear una pequeña flor es trabajo de siglos», de Abelardo Castillo, «La causa justa» de Lamborghini, «La forma» de Di Paola, los tres últimos cuentos de Ley de juego de Miguel Briante y el primero del último libro de cuentos de Sergio Bizzio (La conquista). Ahora bien, a la hora de elegir al antologable de los antologables, el problema es mayor, porque de Borges me gustan hasta los cuentos que no me gustan (me fastidia un poco la repetición del doble, el yo que se desvanece, la seca remisión a la arquitectura del policial y el «efecto sorpresa» del nombre de Albert en «El jardín de senderos que se bifurcan.» He pasado por períodos de fanatismo Alephiano, no tengo dudas de que la marca más duradera en mi recuerdo es «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», imité sin saberlo «El Evangelio según Marcos», pero supongo que todo mi orientalismo trucho viene de una lectura prolongada y devota de «Los traductores» de Las mil y una noches y de «La busca de Averroes», que en esta temporada es mi favorito: allí Borges ajusta cuentas con la metáfora modernista, cruza traducciones con tradiciones, debate sobre las ventajas comparativas de la representación y la narración (que es favorecida por el dictamen de los sabios) y, sobre todo, teje la tenuidad de lo humano bajo la figura de la busca de lo que no sabe quien quiere saber, lo que dibuja el retrato perfecto de un escritor que nunca conocerá el sentido real de las palabras que traza, en el temor y el amor de la obra que crece y se disipa vez tras vez.

*Su último libro es Enana blanca (Obloshka)

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Borges en la biblioteca (Foto de Sara Facio)
Borges en la biblioteca (Foto de Sara Facio)

«Historia del guerrero y la cautiva»

Gabriela Cabezón Cámara:

Es difícil elegir un cuento de Borges. Puedo hacer un recorrido de los que me fascinaron como escritora, los que me resultaron inspiradores: «El idioma analítico de John Wilkins», por esa taxonomía enloquecida y lírica que incluye la clase de animales «que de lejos parecen moscas». «Emma Zunz», por la forma en que un personaje vulnerado y vulnerable trama y lleva a cabo una venganza. Y, por último, el que más leí mientras escribía Las aventuras de la China Iron: «Historia del guerrero y la cautiva». Es un juego de dobles de los que tanto le gustaban a Borges. En este caso, un «bárbaro» que se pasa a la «civilización» sencillamente porque se deslumbra y siente que no puede atacar tanta belleza, la que encuentra en el Imperio Romano. Y una «civilizada» que se pasa a la «barbarie» en el siglo XIX, en Argentina: una inglesa que vive con los indios se cruza con la abuela de Borges que le ofrece rescatarla, suponiendo que es cautiva, y mandar a rescatar a sus hijos. La inglesa se niega, ama su vida bárbara. Y lo demuestra de forma tal que a la abuela de Borges no le quedan dudas. El cuento termina con este párrafo magnífico: «Mil trescientos años y el mar median entre el destino de la cautiva y el destino de Droctulft. Los dos, ahora, son igualmente irrecuperables. La figura del bárbaro que abraza la causa de Ravena, la figura de la mujer europea que opta por el desierto, pueden parecer antagónicos- Sin embargo, a los dos los arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales.» Los pasajes, el arrebato, las historias que pueden ser, las del guerrero y la cautiva pero también todas ellas, una sola.

*Su último libro es Las aventuras de la China Iron (Penguin Random House)

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«El hombre en el umbral»

Francisco Bitar:

«El hombre en el umbral» es un cuento desclasificado, en el sentido de que, tal como lo explica Borges en la posdata, entró por la ventana o, en todo caso, por una de las infinitas ventanas que pueblan El aleph. Sin embargo, tiene todos los condimentos de mi Borges favorito. Es el típico relato enmarcado en que un personaje le profiere a otro la historia fantástica, ambos instalados junto al fuego o en el gabinete de sombras: el clima ya nos introduce en la materia con que está hecho el cuento, que es también la materia de algunos sueños. Pero, ¿de qué manera cuenta el cuento Christopher Dewey, aquel a quien el narrador le presta la voz? ¿A qué artilugio le debe su eficacia? No será una cuestión de registro donde radique la clave, aquel tono más o menos discurseado con que por lo general hablan los personajes de Borges. El truco, creo, está en el tempo que, como en los grandes maestros, permanece siempre igual a sí mismo y que, en «El hombre en el umbral», aun en su prodigiosa velocidad, no pasa nada por alto. En esa velocidad que lo barre con todo y que ya contiene a Bolaño, está el gran tributo de Borges a la oralidad.

*Su último libro es Teoría y práctica (Tusquets)

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«Tlön Uqbar, Orbis Tertius»

Carlos Chernov:

Es el cuento de Borges que más he disfrutado y que releo cada tanto, comienza así:

«Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar».

Luego, Bioy Casares, personaje del relato, pronuncia esta frase memorable: «…Uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres…»
Espejo, enciclopedia y cópula son objetos heterogéneos; sin embargo, tienen un común denominador: su aptitud para la copia.

Los espejos poseen la capacidad misteriosa de reproducir la imagen de las cosas que se colocan frente a ellos, las enciclopedias cobijan porciones de la realidad traducidas en palabras (el mundo como un libro) y la cópula replica códigos genéticos y fabrica humanos nuevos.

El idealismo platónico sostiene que en el mundo sensible todo es copia de arquetipos del mundo de las ideas. Las copias se parecen más o menos a los arquetipos, pero siempre su modelo está en otro lado.

El idealismo que profesaba Berkeley, «ser es ser percibido», se puede ilustrar con uno de sus ejemplos más famosos: «Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿emite algún sonido?». Aunque Borges comenta que Hume «…notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción…», en Tlön sigue su propuesta filosófica. Imagina un mundo en el cual el idealismo de Berkeley es visto como sentido común y el materialismo considerado una herejía, ya que presupone la existencia de una cosa mientras no es percibida.

Borges inventa maravillosos ejemplos que ilustran las consecuencias de siglos de idealismo: «No es infrecuente, en las regiones más antiguas de Tlön, la duplicación de objetos perdidos. Dos personas buscan un lápiz; la primera lo encuentra y no dice nada; la segunda encuentra un segundo lápiz no menos real, pero más ajustado a su expectativa.» A causa de la abolición de la lógica causa/efecto de la materialidad, los objetos pueden deambular entre tiempos distintos: Hallan vestigios arqueológicos que no existían cuando se inició la búsqueda. Así como este mismo cuento que fue publicado en 1940 con una posdata de 1947. «…Las cosas se duplican en Tlön; propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro…»

A medida que el proyecto Tlön crece va invadiendo y reemplazando nuestro mundo. «…la realidad también está ordenada, pero conforme a leyes divinas -traduzco: a leyes inhumanas- que no acabamos nunca de percibir. Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres…» La propuesta de un universo pasible de ser descifrado es muy seductora. Una computadora o un automóvil pueden ser muy complejos, pero han sido diseñados por humanos, en cambio, nuestros cuerpos son mucho más enigmáticos.
Con fatalismo, Borges observa que en pocas generaciones la Tierra se convertirá en Tlön. El relato, que hasta ahora era un juego intelectual, adquiere dimensiones dramáticas y se convierte en un cuento de terror. Como si una especie alienígena nos hubiera invadido y fuera reemplazando nuestro mundo por el de ellos.

El final es melancólico. «…Entonces desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español. El mundo será Tlön…» Pero el narrador elige no luchar contra esta invasión. Decide refugiarse en la soledad y conservar los idiomas que ama.

Como en una especie de ofrenda póstuma, se refugia entre dos de sus prosistas más admirados: Quevedo y Thomas Browne, para traducir un homenaje fúnebre: el Urn Burial, el enterramiento de las urnas.

*Su último libro es Amo (interZona)

Fuente: Infobae