Murió en Jerez de la Frontera el guitarrista Manolo Sanlúcar, un gran referente de la música flamenca

Grabó casi 20 discos en cuatro décadas de carrera; fue una figura clave, junto a nombres como Paco de Lucía, de la renovación guitarrística andaluza de finales del siglo XX

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Falleció el gran guitarrista flamenco Manolo Sanlúcar. Hijo de un panadero, torero, cantaor y guitarrista, fue este último oficio el que heredó de su padre, hasta llevarlo a la expresión más alta dentro del mundo del flamenco. Publicó casi veinte discos en cuatro décadas de carrera y se convirtió en un gran referente de la renovación de la guitarra andaluza de finales del siglo XIX. Tenía 78 años.

En Sevillanas, una de las películas que Carlos Saura le dedica al flamenco, se puede ver una secuencia en la que Manolo y Paco de Lucía interpretan la “Sevillana a dos guitarras” de manera magistral, como sólo ellos podían hacerlo. La escena muestra sólo dos sillas enfrentadas. Los músicos entran al set y Manolo pregunta cómo se ubicarán. Paco señala una de las sillas y dice: “Déjame ésta, porque éste -se toma la cara- es mi mejor perfil”. Ese gesto de cederle el paso a De Lucía quizá tenga un correlato con la carrera de cada uno, aunque de ningún modo esto signifique que el arte de Manolo fuera menor.

Desde pequeño (e incluso de grande, porque así lo manifestó en su autobiografía) tuvo a su padre Isidro en una especie de pedestal. Su padre fue a buscar al mejor profesor que estaba al alcance de sus manos, Javier Molina, para aprender y luego transmitir esos conocimientos a sus hijos. Por eso Manolo siempre estuvo agradecido. En un documental reciente, una de sus hermanas revela una confesión de su padre: “Él me dijo que Manolo nunca había sido niño y mi padre se sentía un poco responsable por eso”.

Manolo Sanlúcar, un renovador del flamenco
Manolo Sanlúcar, un renovador del flamencoCRISTINA QUICLER – AFP

Manolo había nacido como Manuel Muñoz Alcón el 21 de noviembre de 1943, en Sanlúcar de Barrameda. De su lugar de origen viene el apellido artístico, que lo acompañaría hasta su muerte como un sello artístico de calidad. Entre sus trabajos más destacados aparecen obras para guitarra y composiciones estrenadas con orquesta sinfónica. Luego de los tres volúmenes discográficos conocidos como Mundo y formas de la Guitarra Flamenca, con los que partió del tradicionalismo en busca de nuevos horizontes para el instrumento sin caer en la órbita de las fusiones, se dedicó a trabajar el flamenco en sociedad con formaciones musicales grandes. Hay, en su catálogo, piezas como Medea, que escribió especialmente para el Ballet Nacional (luego una adaptación de concierto), Locura de briso y trino, dedicada a García Lorca, y piezas sinfónicas que plasmó en álbumes como Fantasía para guitarra y orquesta (1977) o su Homenaje a Miguel Hernández. En sociedad con colegas como Rocío Jurado y Juan Peña Lebrijano estrenó Evangelio gitano, la primera ópera andaluza, que lleva, justamente, su firma. En el mundo del cine trabajó a las órdenes de Saura en Sevillanas (1992), Iberia (2005) y Flamenco, flamenco (2009). Si bien es más venerado en su país que fuera de él, ha realizado giras, con actuaciones destacadas como la del Carnegie Hall de Nueva York, apenas comenzada la década del noventa. También hizo estrenos sinfónicos como su pieza Aljibe, en Japón.

Además figuran obras como Trebujena (1984), Soleá (1989) y La gallarda, con libreto de Rafael Alberti, que fue estrenada en la Expo’92 de Sevilla, con la participación de Montserrat Caballé. También escribió Tauromagia (1988) que representa su modo de llevar una de sus pasiones a las cuerdas de su guitarra. Sin embargo, dentro del contexto histórico que le tocó y de la renovación de la que fue parte, Sanlúcar ejerció una especie de purismo personal, que estuvo centrado en el flamenco. En un reciente documental, llamado El legado, que está dedicado a su vida, se escucha su voz y en sus propias palabras: “Me di cuenta pronto de las necesidades que tenía el flamenco. En ese contexto establezco yo no solo mi condición musical sino mi condición humana. Vivo para eso. Todo es secundario alrededor de eso. A mi me tocó esto. Traté de hacerlo con la mayor dignidad posible. Siempre procurando, atento, de que cuanto te mires al espejo no tengas que agachar la cabeza. Mi madre no quería que fuera artista. Hubiera sido la más feliz del mundo si yo hubiera sido un cajero de un banco. Pero, aunque mi padre dedicaba su tiempo a la guitarra, a mi me parece que esa constancia que yo he tenido siempre, ese sentido de la responsabilidad, la he heredado de mi madre. Y la guitarra no es, en absoluto, generosa. Es exigente -decía Manolo-. Pero justa. Si tu la estudias profundamente y le dedicas el suficiente tiempo y la atención no te lo da todo. Te da lo que te corresponde. Y si la abandonas no te da na’”.

El escritor José María Velazquez Gaztelu lo ha definido como “una persona ejemplarmente trabajadora, que ha hecho su trabajo desde el silencio, el recogimiento y el esfuerzo”.

Fuente: La Nacion.