Natalia Oreiro protagoniza “La noche mágica”, primera película argentina que se estrena en cines en tiempos de pandemia

MIRÁ LOS VIDEOS. La actriz se encuentra instalada en Montevideo desde el 15 de enero, a dónde viajó para participar como actriz en la serie policial Iosi, el espía arrepentido, de Amazon Prime Video, y conducir la segunda temporada del reality musical Got Talent Uruguay, para el Canal 10.

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Es por eso que Natalia Oreiro no puede acompañar en forma presencial el lanzamiento de la ópera prima de Gastón Portal La noche mágica, que protagoniza junto a Diego Peretti y que tendrá su estreno en la Argentina el próximo jueves; convirtiéndose así en el primer film nacional en llegar a los cines en tiempo de pandemia. Pero, a tono con su profesionalismo de siempre, no duda en mantener una larga conversación con LA NACION vía zoom (a las 10 de la noche, tras una doble jornada de grabaciones), para hablar de la película y, de paso, explayarse sobre varios temas personales como la educación de su hijo Merlín Atahualpa, su relación de 20 años con Ricardo Mollo, y el emotivo regalo-homenaje que le brindó a su madre, Mabel Iglesias, el día de su cumpleaños.

“Lo que más me interesó del guionfue que me pareció diferente. Si bien podríamos definir a La noche mágica como una comedia negra, con toques de thriller, es difícil de catalogarla. Tiene una trama excéntrica y varios momentos divertidos, pero esconde algo que se podría definir como la descomposición misma de la sociedad. Con esto me refiero al vínculo que tiene un matrimonio (al que le damos vida Esteban Bigliardi y yo), más basado en las apariencias sociales que en sus verdaderos sentimientos. A ese hogar de mentiras ingresa una Noche Buena un ladrón (Diego Peretti), que la hija de esta pareja confunde ingenuamente con Papá Noel, y si bien en teoría debería ser el antagonista y significar el peligro, culmina siendo el justiciero de la jornada, sobre todo para la niña porque él no encarna al verdadero peligro, el verdadero peligro está dentro de la casa”, anticipa Oreiro, con algo de suspenso pero sin spoilear.

Hoy grabás un programa de televisión, filmás una serie y participás en la preproducción de varios proyectos. ¿Cómo lográs repartir tu tiempo y cumplir con todo? ¡Porque además sos madre y esposa!

Hoy grabás un programa de televisión, filmás una serie y participás en la preproducción de varios proyectos. ¿Cómo lográs repartir tu tiempo y cumplir con todo? ¡Porque además sos madre y esposa!

–Te diría que principalmente soy madre y todo lo demás viene detrás… [risas].

Además estando en Uruguay supongo que ejercerás full time el rol de hija, ya que allí viven tus padres.

–Sí, mi mamá cumplió 70 años y yo justo estaba acá. Así que pude compartir ese gran momento con ella, mientras que mi hermana no pudo porque las fronteras estaban cerradas. Fue un momento muy especial porque de alguna manera logré cumplirle un sueño: ella siempre amó cantar pero nunca se animó a hacerlo en público, y yo en secreto logré producirle un disco con sus temas.

¿Cómo fue eso?

–La historia es así: yo siempre escuché cantar a mi mamá en el baño, siempre a través de una puerta, nunca la vi cantar enfrente de nadie, ni siquiera de mi papá. La verdadera cantante de la familia es mi mamá, además es una gran pintora, pero todo lo ha hecho de forma autodidacta y puertas adentro. Nunca se animó a mostrar su arte, siempre fue una mujer, tal vez por cómo fue criada, con ciertos miedos en relación con sus capacidades. Bueno… yo fui todo lo contrario (risas).

Seguramente Mabel te educó para que en ese sentido fueras diferente a ella y de paso cumplieras sus sueños…

–Sí, ella me dio toda la libertad para que yo hiciera mi camino. El asunto es que el año pasado, por primera vez, mi mamá me manda un tema cantado a cappella a través de un mensaje de audio de WhatsApp. Era “Amapola” y aunque estaba cantado sin pista nunca se fue de ritmo y a mí me alucinó. Se lo mostré a Ricardo y él tampoco lo podía creer porque es muy difícil cantar a cappella y no irte de tempo ni desafinar. Yo no lo puedo hacer y la mayoría de los cantantes profesionales tampoco. Entonces llamé a unos productores amigos que le agregaron música. A partir de ahí, le insistí que me siguiera mandando temas, ella se copó y empezó a escribir lo que le pasaba y terminó componiendo cuatro canciones. Luego, me envió 9 canciones famosas más, una de Isabel Pantoja, otra de Paloma San Basilio y hasta una en gallego porque ella es hija de unos gallegos que vinieron a Sudamérica escapando de la guerra. Con todo eso le produje un disco, con arte de tapa y todo lo que se te ocurra. Le hice 20 copias, se las puse en una caja de regalo y el día de su cumpleaños se la entregué.

¿Y cuál fue su reacción?

–Y… no se lo esperaba. Así que fue algo muy pero muy emocionante. Entre lágrimas, me decía: mi primer disco, mi primer disco. Ahora está estudiando canto con una amiga. De alguna manera, ella ahora siente que nunca es tarde para cumplir un sueño y que tiene un talento; que hasta hoy no lo podía compartir por miedo o pudor, pero lo tiene y es hermoso. El hecho de que ahora todo el mundo le diga qué bello que canta le completó un espacio vacío. A mí me da mucho orgullo haber contribuido a que eso pasara. Imaginate que hasta le dicen que la quieren escuchar en la radio. Yo le digo que le voy a subir el disco a Spotify. Mientras tanto, subí algunos pedacitos a mi Instagram.

La noche mágica es una ópera prima, ¿te gusta trabajar tanto con directores consagrados como con noveles?

–Y también tanto en el mainstream como en el cine independiente. Esta es una ópera prima particular porque Gastón tiene una trayectoria enorme, pero es una ópera prima al fin. Yo he hecho varias de este tipo: Miss Tacuarembó Infancia clandestina, entre otras. Siempre me dio la sensación que un director de ópera prima está tanto tiempo intentando llevar a cabo su película que trabaja y trabaja su guion hasta que es prácticamente de hierro y eso ya es un reaseguro importante. Después si le va a bien con esa ópera prima, le aparecen oportunidades en forma más rápida y ya sus guiones denotan la falta de un trabajo minucioso en cuanto a la búsqueda y al estilo, por eso me gustan las óperas primas.

Si bien La noche mágica es una comedia, hacia el final se cuela un tema indudablemente dramático: el del abuso infantil. ¿Qué te pasó cuando leíste el guion y te encontraste con eso?

–Bueno… no quiero hablar mucho de eso para no develar el final de la película, pero entiendo que el tema te haya llamado la atención. Es por esto, por ejemplo, que yo no considero a La noche mágica una comedia de humor sino una comedia dramática, y mi personaje –si bien tiene un par de atisbos graciosos- es más bien dramático. En el principio es un personaje frívolo, pero luego la oscura realidad familiar lo transforma en ciento ochenta grados.

¿Cómo manejás el tema con tu propio hijo? ¿Hablás del tema con él? Al respecto, ¿sos una madre vigilante o relajada?

–Yo me reconozco como una madre miedosa y estoy atenta todo el tiempo. Cuando estoy trabajando y no estoy junto a mi hijo, tengo un radar prendido por el cual sé dónde está, con quiénes está y cuáles son sus movimientos. Para mí ser madre es tener el corazón fuera del cuerpo. No lo entendí hasta que lo fui. Siempre fui una persona bastante despreocupada en relación con los lugares en los que entraba y a los vínculos que podía llegar a establecer. Siempre creí que sabía cómo cuidarme, pero cuando fui madre quedé atrapada en una zona de mucho miedo, miedo de que le pase algo en cualquier sentido: de que se caiga, de que alguien lo lastime, de que sufra un desengaño. Y sin dudas el del abuso infantil es el peor de los miedos para una madre o un padre en relación con sus hijos. Por eso lo más importante es hablar y generar un vínculo de confianza para que ellos se puedan abrir y contar todo lo que les pasa.

"Siempre creí que sabía cómo cuidarme, pero cuando fui madre quedé atrapada en una zona de mucho miedo, miedo de que le pase algo en cualquier sentido", dice Natalia Oreiro sobre su maternidad
«Siempre creí que sabía cómo cuidarme, pero cuando fui madre quedé atrapada en una zona de mucho miedo, miedo de que le pase algo en cualquier sentido», dice Natalia Oreiro sobre su maternidadRAFAEL LEJTREGER

¿Temés inculcarle tus propios miedos?

–No. Yo trato de enseñarle a estar atento, a prestar atención y que él conozca su cuerpo, conozca los límites y puedo expresarlos. Trato de no transferirle el miedo lógico que como padres podemos tener, pero le explico que su cuerpo es de él, que hay ciertas situaciones que son personales y privadas y que él siempre tiene que contarle a un adulto lo que está pasando. Mi hijo es una persona muy charlatana, siempre ha puesto en palabras sus sentimientos, eso me da cierta tranquilidad. De todos modos es muy chico y para mí, en cuanto madre, siempre lo va a ser, así tenga treinta años (risas).

De adulta sufriste un abuso por parte de un colega extranjero, cuando en 2012 fuiste a Colombia a rodar la serie Lynch. ¿Cómo lo resolviste?

–Yo nunca dije en dónde había sido, pero es verdad que tuve un problema con un compañero. En su momento expuse lo que me pasaba, expuse a la persona y hablé del asunto donde lo tenía que hablar y ese abuso de poder o acoso no sucedió más. O sea que sí, yo también he sufrido acoso como tantas compañeras lo han sufrido, pero yo estaba en una posición de privilegio, no tuve miedo de exponer lo que me estaba pasando, ni de perder mi trabajo ni tampoco tuve vergüenza. A las mujeres se les pide que hablen en el momento y se olvidan de que en muchos casos están muertas de miedo y luego, si lo logran hacer un tiempo después, no se les cree.

Hace 10 años que sos embajadora de Unicef por Uruguay y la Argentina, ¿qué es lo que más te preocupa de la infancia en el Río de la Plata?

–La pobreza. En la Argentina tenemos casi ocho millones y medio de niños y niñas pobres. Hace 30 años se firmó la Convención sobre los Derechos del Niño, y en vez de bajar esa cantidad va en aumento. Faltan las oportunidades. Si bien una persona que nace en un lugar con pocas oportunidades puede igualmente salir adelante, sería ingenuo creer que el lugar donde nacés no te marca las oportunidades que vas a tener a lo largo de tu vida: el lugar donde vas a estudiar, la alimentación que vas a tener, el acceso a la conectividad. También me preocupa la desigualdad y la injusticia porque no vivimos en países pobres. La Argentina tiene recursos naturales para brindarle salud, alimentación y educación a todos sus habitantes; y sin embargo las desigualdades entre los argentinos son cada vez más grandes. Esto es lo que más me entristece, que los niños deban salir a trabajar en vez de ir a jugar, que pierdan sus derechos, que pierdan su infancia.

La noche mágica, entre otros temas, incluye el de la diversidad. Muestra a un hombre gay que tiene relaciones con una mujer y a una niña que detesta las muñecas y las polleras.

–Yo no lo vivo como algo extraño. Quizás, visto desde el lugar de espectador, pueda parecer raro, pero a mí me parece muy bien que se hable de esas cosas en el cine. Ese es uno de los puntos interesantes de la película. Sí, mi personaje tiene una relación con su mejor amigo (que interpreta Pablo Rago), que es gay, y lo toma como parte de su vínculo; de hecho tiene un mayor vínculo con él que con su marido. Lo mismo le pasa a su hija, que lo quiere más a él, que es su padrino, que a su padre. La película rompe estructuras. Muestra el lado A y el lado B de las cosas, muestra cómo una familia de clase alta, que cuenta con todos los recursos y aparenta ser perfecta, es en realidad una familia carente desde todo punto de vista.

Se ha hablado mucho de tu literal abrazo a la bandera del LGTB en Rusia, un país que no es, precisamente, gay friendly. ¿Te sentís una representante del colectivo a nivel mundial?

–Para mí cuando hay una necesidad y una causa y yo me siento empática con ellas, lo que intento es amplificarlas. Lo hago con la cuestión ambiental y con los temas de la infancia pasando por la falta de equidad que vivimos las mujeres y las minorías. Lo de Rusia no fue la primera vez que lo hacía, pero esa vez se masificó porque sucedió durante el Mundial, pero en realidad en mis shows siempre hay una bandera gay, y de hecho el arte del tema que grabé para el Mundial, que se llama “Unidos por amor”, incluye todos los colores del arco iris. Yo ya había incluido la temática en mi film Miss Tacuarembó, donde el mejor amigo de mi personaje era un chico gay, que no era aceptado por su entorno ni por su madre. También tengo canciones que si bien no fueron compuestas con ese objetivo, con los años han sido tomadas por la comunidad gay, como “Que digan lo que quieran”; no porque me lo haya propuesto sino porque se apropiaron de ellas y eso me parece mucho más interesante que decir: “sí, me siento una representante del colectivo LGTB”. Yo no me siento nada, yo simplemente estoy siempre del lado de los buenos.

En el film también se habla de la crisis de un matrimonio. ¿Qué balance hacés del tuyo con Ricardo Mollo, que ya lleva casi 20 años? ¿Debieron sortear algunas crisis?

–Yo vivo en crisis permanente, pero conmigo misma porque estoy en continuo cambio. Lo que encontré en Ricardo fue un compañero de ruta, que me quiere como soy, con todos mis defectos y mis cambios permanentes. Siento una enorme entrega de su parte, en acompañarme en mi proceso como artista, mujer y madre, siendo yo bastante más chica que él. Nosotros tenemos una diferencia de edad de 20 años, que en nuestro vínculo ha funcionado muy bien, porque él (a mi criterio) ya se encontró y yo estoy en búsqueda permanente de mi esencia. El sabe que a mí me encanta trabajar y que siempre voy para adelante, recorriendo mi camino profesional. Lo entiende, lo acepta y me acompaña.

¿Esto fue siempre así?

–Sí. Ata tenía sólo dos meses y nos fuimos a vivir a Colombia porque yo tenía que rodar Lynch, después nos fuimos de gira a Rusia y también él vino conmigo. O se ha quedado solo con Ata en Buenos Aires porque yo tenía que venir a trabajar a Uruguay. Ahora, después de tocar varios fines de semana en el teatro Ópera con Divididos, él y Ata están acá, en el cuarto de al lado, haciendo cuarentena. Tras varias semanas de estar separados, vinieron para acompañarme. Esto que debería ser algo natural, en nuestra sociedad no siempre se da. Por eso lo rescato, tener un compañero que comparta en un cincuenta por ciento la paternidad y la maternidad es fantástico. No es que debería agradecérselo, porque de la misma forma yo lo he acompañado a él con Ata; pero reconozco que él siempre puso por delante nuestro vínculo y mi crecimiento personal. Además es una persona que yo admiro mucho porque tiene un gran corazón.

"Lo que encontré en Ricardo fue un compañero de ruta, que me quiere como soy, con todos mis defectos y mis cambios permanentes", señala Natalia sobre su marido
«Lo que encontré en Ricardo fue un compañero de ruta, que me quiere como soy, con todos mis defectos y mis cambios permanentes», señala Natalia sobre su maridoRAFAEL LEJTREGER

¿Qué es lo que te enamoró de él?

–Yo me enamoré de su corazón, de su sonrisa, de su mirada, de su paz. A mí él me genera mucha paz interior. Hay algo de él que emana una luz muy especial. Nosotros primero fuimos muy amigos, después nos dimos la oportunidad como pareja y desde entonces no nos separamos más.

Luego de una intensa carrera en la pantalla chica, te dedicaste casi exclusivamente al cine, llegando a rodar 20 películas (entre largos y cortometrajes). ¿Volverás algún día a la televisión abierta?

–A mí me encanta la televisión abierta y siempre estoy en charlas para volver a hacer algo. Lo que pasa es que ha cambiado tanto lo que tiene que ver con las ficciones… Lo último que hice en televisión fue Caníbales de Juan José Campanella, en 2015, que tenía una temática muy dura. Quizás, si vuelvo a la tele, lo haga con una comedia, algo con lo que pueda hacer reír a la gente y de paso también reírme yo. En la comedia muestro más mi esencia; el drama es algo en lo que tengo que bucear mucho, lo tengo dentro mío porque todos tenemos esa porción oscura, que es parte del ying y del yang, pero a mí me gusta más la parte luminosa. Y creo la tele es un buen medio como para desarrollarla.

De todos modos, el año pasado estuviste en los televisores de todos los hogares argentinos, y del mundo, gracias al documental Nasha Natasha, que emitió Netflix.

–Sí, me sorprendió todo lo que pasó con el documental. Hacía tiempo que venía trabajando en este proyecto con Martín Sastre, el director. Estábamos en charlas con Netflix, sí, pero de golpe nos dijeron: es ahora, ya. Yo calculaba que el estreno iba a ser regional, pero fue emitido en todos lados y debutó en el puesto número 33 a nivel mundial, algo impensado para un documental independiente. Estoy segura que en muchos lugares no sabían quién era yo. La intención del documental fue un poco desnudar mi alma, pero principalmente devolver algo del amor que Rusia tuvo para conmigo durante estos 20 años. Y derribar los prejuicios que yo sentía que existían cada vez que contaba qué pasaba allí. Me decían: “¿pero no son muy fríos en Rusia? Yo siempre contestaba: para nada, son cálidos, divertidos, sentimentales, y muy parecidos a nosotros. El documental sirvió para mostrar eso en imágenes y que todo el mundo me creyera, pero nunca pensé que podía impactar masivamente en una plataforma repleta de blockbusters.

Por último, ¿en qué instancia se encuentra el proyecto de la miniserie para Disney+ Santa Evita? ¿Serás Eva finalmente? ¿Eva Perón es el papel de tu vida?

–La semana que viene regreso a Buenos Aires porque comenzamos con la preproducción de la miniserie sobre la novela de Tomás Eloy Martínez, que va a dirigir Rodrigo García (hijo de Gabriel García Márquez). Así que sí, se hace. Te lo confirmo. Nunca lo busqué, nunca imaginé que podía hacer a Eva. En algún momento, hace muchos años, me ofrecieron interpretarla y yo no sentí que estaba preparada para hacerlo. Pero esta vez, cuando me llamaron para el casting de la miniserie, hubo algo en mí como que… “bueno”, me dije, es la segunda vez que pasa este tren, la primera lo dejé pasar y si ahora hago lo mismo ya será tarde, por una cuestión de edad. Fijate que hoy tengo más años que los que tenía Eva cuando falleció, pero como era un casting y soy muy fana de las series y películas que hizo Rodrigo, me dije: “quiero ver lo que están buscando y si yo tengo eso que pretenden”. Evidentemente lo debo tener porque me eligieron.

¿Te da miedo el desafío?

–Sí, pánico, porque le tengo mucho respeto a la historia argentina, a la imagen de ella y porque la han interpretado grandes actrices que lo han hecho maravillosamente bien. Y si bien me dicen que no piense en la miniserie para un público argentino porque es para todo el mundo, a mí sólo me importa el público argentino. Yo quiero ser Eva para la Argentina. Me da lo mismo lo que piensen en España, en Italia, en Rusia, a mí sólo me importa que el público argentino me vea como Eva. Eso es lo que me pasa a mí, esa es la vara que yo tengo y por eso estoy como estoy desde que dije que sí: sin dormir.

¿Qué es lo que más te interesa de Eva Perón, en lo personal y como figura histórica y política?

–Como soy una apasionada de la historia argentina he leído mucho sobre ella y he visto todas sus películas y documentales. Eva me parece una mujer fascinante, alguien que ha hecho en muy pocos años una gran transformación y ha quedado en la historia mundial como ningún otro personaje político en el mundo. Y además, hay muchos aspectos personales de ella que me parecen muy interesantes para actuar. Independiente de la novela y de la mirada del director, que finalmente va a decidir cómo iluminar o no al personaje, yo voy a interpretar a Eva con todo mi corazón.

Fuente: La Nación