Por amor a Maradona: el artista que se propuso pintar diez murales del Diez en distintos barrios

Se llama Víctor Marley y lo hace como un homenaje a Diego y “para que los chicos sepan quién fue”. Por eso regala sus obras. Cuenta que cada vez que pinta al ídolo se genera una fiesta.

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Víctor Marley con Beto Llanes, el encargado de mezclar los colores con los que pinta murales de Maradona. De fondo, la imagen del Diez en un muro de Aldo Bonzi.

Víctor Marley (39) está sobre una escalera de pintor. Apaga el soplete y comienza a bajar, a metros de una esquina del Bajo Flores. “Ya me emocionaba pintarlo estando vivo; imaginate ahora…”, dice, sobre la vereda. Se refiere al mural del día: un nuevo Diego Maradona. Uno más. Es una pintura que reproduce una foto que muestra al ídolo besándose la camiseta azul, apenas terminado el Argentina-Inglaterra de 1986. “A veces me pesa pintarlo. Más que nada cuando aparece, cuando empiezo a retocar su cara y lo veo. Me deja callado”.

A mediados de octubre pasado, mientras pintaba un mural en honor a una chica fallecida de Villa Soldati, a Marley se le ocurrió una idea: hacer diez murales de Maradona, en diez barrios en los que se había sentido cómodo y querido pintando a lo largo de sus diez años como artista. Cuando le preguntan el por qué de la iniciativa, responde de una manera muy simple: “Porque lo quiero. Porque pintar a tu ídolo es lo más lindo que hay”. Y ahora, se explaya: “Y para que los chicos sepan quién fue. Para tenerlo en nuestros barrios”.

Se trata de diez trabajos gratis. Un regalo para la gente y los amigos que hizo el artista en los barrios que eligió. Marley lo pintó siempre a Maradona. Sólo en Marley_graffitis, su Instagram, se pueden ver 13 murales viejos.

El primero de este ciclo fue en Barrio Urquiza, Villa Celina, partido de La Matanza, el barrio de crianza de Marley y su equipo, y donde viven hoy. El último había sido un regalo para Diego: un mural en una esquina de avenida San Martín, a metros del puente, a la altura de La Paternal. Lo hizo el día del cumpleaños número 60 de Maradona, retratándolo con la camiseta de Argentinos Juniors. También hizo otro en el Bajo Flores. Y al día siguiente, ¡pff! El homenajeado murió. Pintarlo no volvería a ser igual. Desde lo sentimental y desde la cantidad.

El mural de Maradona que Marley hizo en el Bajo Flores. Lo terminó el 24 de noviembre. Al día siguiente, murió su ídolo. Foto Constanza Niscovolos

El mural de Maradona que Marley hizo en el Bajo Flores. Lo terminó el 24 de noviembre. Al día siguiente, murió su ídolo. Foto Constanza Niscovolos

Marley vuelve a la escalera. Y abajo, Beto Llanes, “el Químico”, por ser el encargado de la mezcla de los colores, muestra los mensajes privados que llegan a las redes sociales del equipo: uno pide un Maradona de 3×2 para una casa de Florencio Varela. Un hincha de Chicago pregunta precio de otro mural del 10. Otro fanático quiere uno. Dice vivir a 15 cuadras del cementerio de Bella Vista en el que descansa Maradona. El dueño de una parrilla de Valentín Alsina cuenta que lo quiere tener en una esquina, a al lado de un mural de Gardel. El presidente de un club de Soldati lo quiere en una de las paredes de la cuadra.

“Debemos tener más de cincuenta pedidos de murales de Diego. Todos los días nos llega al menos un encargo de presupuesto. No nos da el tiempo para cumplir con todos”, cuenta Beto. Es que a esos encargos hay que sumarles los murales del ciclo, que son gratuitos. Todos los días pintan uno distinto. También tienen pedidos de banderas de equipos de fútbol con alusión al Diez. Ni siquiera tuvieron tiempo para responderles.

Marley y su amigo Beto "El Químico". Reciben varios pedidos para pintar a Maradona por día. Foto Constanza Niscovolos

Marley y su amigo Beto «El Químico». Reciben varios pedidos para pintar a Maradona por día. Foto Constanza Niscovolos

“A veces te pagan hasta con billetes de 20 y 50 pesos. Ahí ves el esfuerzo que está haciendo la gente por Diego. Algunos me dicen que genero una fiesta cada vez que lo pinto. Pero la realidad es que a la fiesta la genera Diego. Porque si yo pinto otra cosa, no pasa nada a mi alrededor”, dice Marley.

Esa fiesta a la que se refiere es armada por los fanáticos que ven a Marley pintando a Diego y se acercan a abrazarlo y le agradecen lo que hace. O los que llegan y aportan para la gaseosa, a modo de gratitud. O los que organizan un asado o ponen música mientras son testigos del minuto a minuto de la obra. Por redes sociales, muchos preguntan las direcciones de los murales. Van, se sacan fotos y etiquetan al artista.

El primer mural de la serie de diez que pintó Marley fue en el Barrio Urquiza, en Villa Celina, La Matanza. Foto Constanza Niscovolos

El primer mural de la serie de diez que pintó Marley fue en el Barrio Urquiza, en Villa Celina, La Matanza. Foto Constanza Niscovolos

“Una de las cosas más locas fue en La Paternal: un colectivero frenó sobre la avenida, se bajó del colectivo y se sacó una foto. No le importó el tráfico ni las bocinas de los que lo puteaban. Y en Valentín Alsina un loco vino a puro llanto a agradecernos de que va a ver a Diego cada vez que salga de su casa. Lo hacemos gratis pero vamos haciendo amigos en todos lados. Y nos invitan a un asado, nos regalan la camiseta del equipo del que son hinchas. Eso es impagable”, recuerda Marley.

Entre el segundo y el tercer mural del ciclo “Diez del diez”, recibió una convocatoria que sería inolvidable: Argentinos Juniors le encargó el 10 que hoy está sobre la tribuna de Juan Agustín García y un retrato en el círculo central pintado con su aerógrafo de siempre, aunque con pintura para césped. A dos cuadras del estadio había pintado otro, en el marco del cumpleaños 59 de Diego.

El mural de Maradona en Villa Lugano. Marley hace sus obras como un homenaje, pero también es un regalo para los barrios donde más cómodo se sintió como artista. Foto Constanza Niscovolos

El mural de Maradona en Villa Lugano. Marley hace sus obras como un homenaje, pero también es un regalo para los barrios donde más cómodo se sintió como artista. Foto Constanza Niscovolos

El próximo mural, el séptimo, será en uno de los patios de un pabellón de la Unidad Penitenciaria N° 43 de González Catán. Se lo encargó un conocido de su infancia. Le ofrecieron dinero, pero la respuesta fue que sería un regalo. Los siguientes serán en Barracas, Villa Crespo, Bajo Núñez.

La idea es hacer el décimo e invitar a los amigos de los otros barrios en los que dejó los otros nueve murales. Aunque ahora baraja la posibilidad de hacer un bonus track para otros amigos que le piden que los sume al ciclo de murales gratis.

Maradona también emerge en un muro de Villa Luro. Foto Constanza Niscovolos

Maradona también emerge en un muro de Villa Luro. Foto Constanza Niscovolos

Marley empezó a pintar a sus 14 años. Su hermano era letrista y le regaló un pincel. Le enseñó y luego le recomendó: “Te comprás una lata de pintura de un litro y salís a caminar por el barrio. Frenás en los kioscos, remiserías o el local que quieras y le preguntás si quiere pintar”. Así arrancó.

Más adelante hizo sus primeros murales en su barrio y en habitaciones de amigos o vecinos, siempre mientras se ganaba la vida de otra cosa: como carnicero o como operario. A los 29 años, en 2011, se la jugó: vendió su celular, sumó el dinero a sus ahorros, compró un aerógrafo y renunció a la carnicería.

Luego de pintar algunos murales esporádicos en el Bajo Flores, la estabilidad apareció por San Lorenzo, el equipo del que es hincha. Lo convocaron para pintar una bandera de la hinchada y apenas se estrenó, se corrió la bola: el que la había pintado, y con aerógrafo, se llamaba Marley. Y pintaba lo que le encargaban. Le pidieron banderas de barrios, frases y hasta retratos de hinchas fallecidos, a modo de homenaje.

Al tiempo, otro artista lo sumó a su equipo. Pintaron banderas de todo tipo: de sindicatos, de militantes y de hinchas: de alambre, de palo, telones. Lo hicieron para clubes de Buenos Aires, del interior y hasta del extranjero. Para 2016 se volvió a independizar. Armó su grupo de trabajo. Hoy, es muy probable que en todos los estadios de la Argentina haya al menos una bandera suya. Hasta en partidos de los mundiales de Brasil y Rusia se vieron sus trabajos.

“En los últimos tiempos me encargaron varias banderas de Diego. Hinchas de equipos que iban a recibir a Gimnasia y querían homenajearlo con un trapo”, dice Marley, ya con un nuevo mural terminado, en Balbastro y Perito Moreno. Ahora casi no pinta más banderas. Sólo hace murales. Trasmite en vivo el final de su trabajo. Y en los comentarios, recibe más pedidos para seguir haciendo Diegos. Aunque el sueño de un amante de Maradona como él aún no llegó: pintarlo en Nápoles y en el predio de la AFA. “Pero ya se va a dar. Acordate…”, jura.

Fuente: Clarín