¿Qué pasará con los grandes museos si devuelven el arte saqueado?

El British Museum decidió una experta para estudiar el origen de aquellos objetos que tiene y que son polémicos. No es el único que los tiene.

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El Museo Británico, herencia en buena parte del colonialismo, ha decidido por fin enfrentarse a su historia. Para realizar el ejercicio de revisionismo, ha contratado a una curadora responsable de analizar su colección y estudiar los orígenes de todos aquellos objetos polémicos, reclamados por otros países o vinculados a prácticas como la esclavitud.

La tarea de Isabel MacDonald es titánica, porque en sus 267 años de existencia el British ha acumulado más de ocho millones de piezas, la inmensa mayoría de las cuales ni siquiera están a la vista del público en las salas (ahora cerradas por la pandemia) del museo, sino que acumulan polvo en galerías subterráneas que parecen un laberinto.

Su nombramiento ha coincidido con la Covid, por lo que MacDonald solo ha podido de momento observar desde su casa el creciente clima de corrección política –también en el arte–, y la fuerza creciente del movimiento para depurar elementos culturales controvertidos, comolas estatuas de personajes de la época colonial o vinculados al esclavismo (como el fundador del British, Hans Sloane), y del que no se salvan ni exploradores como el capitán James Cook. Para el Museo Británico se trata de un problema gravísimo.

Desde África. Los bronces de Benín,en disputa en el British Museum. Foto Lauren Fleishman para el The New York Times

Desde África. Los bronces de Benín,en disputa en el British Museum. Foto Lauren Fleishman para el The New York Times

Entre las joyas que le reclaman figuran la piedra Rosetta, los Mármoles del Partenón, que Grecia pide desde el siglo XIX, y objetos de arte adquiridos durante las intervenciones militares en África (Ghana, Benín, Nigeria, Etiopía, Maqdala, el reino Asante…).

También existen dudas sobre la legitimidad de que la institución sea la dueña de tesoros imperiales chinos capturados en Pekín en 1860, de una gran escultura Moai de la Isla de Pascua, y de otros arrebatados a las poblaciones indígenas de Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda durante la época de la expansión colonial.

“El principal objetivo es analizar la historia y ponerla en contexto –dice MacDonald–. El British es en realidad una colección de colecciones, ya que pocos objetos los ha comprado directamente, la mayoría son donaciones”. La semana pasada, el museo fue criticado como “algo mucho peor que los nazis” durante un debate en la Universidad de Cambridge sobre el legado de Churchill, en cuyo transcurso se calificó al ex primer ministro de “supremacista blanco”.

No es lo mismo el robo o el tráfico de arte que el saqueo colonial o las compras dudosas

¿Qué pasará con los grandes museos europeos si comienzan a devolver el arte saqueado en el pasado? Los reclamos no dejan de crecer en los últimos años y cada país se enfrenta de una manera diferente al espinoso asunto. Porque no es lo mismo el robo o el tráfico de arte que el saqueo colonial o las compras dudosas realizadas a lo largo de los siglos.

El senado francés abrió a finales de año la caja de Pandora con la restitución de 27 piezas a Benín y Senegal. Es parte del compromiso de Macron de restituir, de forma “temporal o permanente”, el patrimonio africano que permanece en el país.

Pero lo cierto es que solo en el museo del Quai Branly-Jacques Chirac alberga 70.000 objetos del África Subsahariana. De momento, ya han levantado la mano Etiopía, que reclama la restitución de 3.081 objetos y el Chad, que ha presentado una lista de 10.000.

Reliquia. Los mármoles de Elgin, en el Museo Británico. /EFE

Reliquia. Los mármoles de Elgin, en el Museo Británico. /EFE

Holanda es otro de los países en dar un primer paso hacia la devolución del arte procedente de sus antiguas colonias. Anuncia una relación de 450.000 piezas que aún no ha dado a conocer, pero entre las que según desvelaba recientemente la Fundación Boekman figuran un diamante de 70 quilates que perteneció al sultán de Banjarmasin, una calabaza de plata de Curazao y el banjo de siglo XVIII obra de un africano esclavizado en Surinam.

Alemania, oídos sordos

En Alemania, la cuestión del arte africano expoliado, robado o traído con feas maniobras permanece en sordina. Las autoridades acostumbran a escudarse en que se hará todo lo posible para colaborar con los países de origen de modo que las piezas se expongan desde una perspectiva no europea. En diciembre se inauguró en Berlín el Humboldt Forum, un gran centro cultural en el antiguo palacio real –reconstruido para este fin–, que albergará fondos del Museo Etnológico y del Museo de Arte Asiático, hasta ahora ubicados en instalaciones cerradas alejadas del centro. Son más de 20.000 obras de arte y otras piezas de África, Sudamérica, Asia y Oceanía, bastantes de ellas procedentes de antiguas colonias alemanas.

Nefertiti, lejos de casa. Aquí,la reina Margarita de Dinamarca (i) admira el busto de Nefertiti durante su visita al Nuevo Museo de Berlín (Alemania), en 2014. Foto EFE

Nefertiti, lejos de casa. Aquí,la reina Margarita de Dinamarca (i) admira el busto de Nefertiti durante su visita al Nuevo Museo de Berlín (Alemania), en 2014. Foto EFE

Un caso polémico es el de los llamados bronces de Benín, expoliados a finales del siglo XIX por los colonizadores británicos en una expedición que destruyó y saqueó ese antiguo reino. Acabaron en otros países, entre ellos Alemania. Nigeria ha solicitado su retorno, pero sin éxito. Para aplacar el malestar, la ministra de Cultura, Monika Grütters, prometió que el Humboldt Forum será “un modelo y una referencia” en la reflexión sobre el colonialismo.

Otro caso famoso es el del precioso busto de Nefertiti que se halla en el Neues Museum de Berlín. La efigie fue traída a Berlín en 1913 por el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt. Documentos e investigaciones sugieren que Borchardt empleó subterfugios para despistar al funcionario encargado de repartir las piezas. Egipto reclama su devolución hace años, sin éxito, pues la Fundación Patrimonio Cultural Prusiano (SPK), propietaria del busto, insiste en que la documentación avala la propiedad.

Fuente: Clarín, La Vanguardia