Redes sociales, vecinos memoriosos y papel de calcar: la cúpula de la Confitería del Molino empieza a verse como hace 100 años

Pese a la cuarentena, la restauración avanzó y hasta se trabaja en las tradicionales aspas. Cómo es la investigación para devolverle la vida al ícono abandonado.

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La cúpula en aguja de la Confitería del Molino fue siempre su marca registrada: media cuadra de altura, 1.200 metros cuadrados de vitrales, más de un siglo siendo testigo del tramo de historia nacional que transcurre en Rivadavia y Callao. Pero también, durante décadas, fue un muestrario de la falta de mantenimiento que sufrió el edificio. Hoy recupera de a poco el esplendor, un renacimiento que se frenó en cuarentena, por el coronavirus, y ahora volvió a poner primera.

En las últimas semanas, se recuperó parte de ese ritmo febril de comienzos de año, en tiempos en que ni se sabía qué era Covid. Ahora esa labor es más pausada, con restauradores de empresas tercerizadas. Los de Progorod S.A. trabajan en la cúpula. Los de HIT Construcciones, en la fachada. Ambas obras están aprobadas por el Gobierno de la Ciudad.

Distanciados y de guantes y tapabocas, se replican las figuras y los ornatos de bronce que estaban en la planta baja, y siguen recuperándose esas piezas vítreas tan delicadas de la cúpula llamadas teselas. También arrancó la restauración del sistema de aspas del molino y de la estructura de uno de los balcones del quinto piso, sobre Callao.

El edificio tiene además su propio equipo de restauradores, como parte de la monumental obra coordinada por la Comisión Bicameral Administradora del Edificio del Molino, que se creó tras la transferencia del inmueble al Congreso de la Nación.

La cúpula de la Confitería del Molino cubierta, en plena restauración.

La cúpula de la Confitería del Molino cubierta, en plena restauración.

Esos trabajadores propios aún no retomaron tareas, pero sí recibieron capacitaciones virtuales sobre el nuevo protocolo específico del edificio, que fue aprobado por el Gobierno porteño. Muchos siguieron trabajando desde sus casas, elaborando fichas y planos, catalogando material arqueológico encontrado en el inmueble y preparando la documentación para futuras licitaciones.

De la desidia a la meticulosidad

Manchas, fisuras, musgo, costras negras, una superficie irregular que muestra cómo la polución no sólo ensucia: desgasta. Más aún en una esquina tan transitada como la del Congreso de la Nación. Hierros estructurales expuestos, muro con roturas, pérdida de teselas de a decenas. La cúpula en aguja no se salvó de la desidia general que sufrió el edificio desde que cerró sus puertas en 1997. Preservar el diseño original del revestimiento en ese escenario fue un desafío.

Además de recuperar las superficies dañadas, los restauradores debieron reponer las piezas faltantes, tarea que empezaron antes de la pandemia. Y para eso tuvieron que documentarse: bucear en documentos escritos, planos, fotos e investigaciones propias. Incluso valerse de aportes de vecinos convocados en las cuentas de redes del Molino, que en Instagram supera los 20.000 seguidores. Así pudieron respetar los colores y la disposición de las teselas en la estructura geométrica, y computar lo perdido para poder restituirlo.

Los trabajos de restauración en la cúpula de la Confitería del Molino. Foto: Juano Tesone

Los trabajos de restauración en la cúpula de la Confitería del Molino. Foto: Juano Tesone

El clásico papel de calcar y el lápiz negro que usábamos en la escuela jugaron un rol clave para reponer las piezas faltantes. Es que, además de revisar diseños en planos viejos, los restauradores calcaron in situ los módulos en mejor estado de conservación, usando el tradicional papel translúcido. Eso permitió medir cada una de las piezas y hacer un relevamiento más exacto.

Lo que siguió recuerda a los libros de dibujos para colorear por número. Se volcó la información en nuevos planos a escala real, con códigos de forma y color. Y así se hicieron plantillas, para empezar a reponer las piezas faltantes diseñando, coloreando y horneando las teselas vítreas de acuerdo a esa información.

Como se ve, un trabajo que requirió dosis extra de paciencia. Las mismas que demandaron las costras negras que recubrían parte de la cúpula y que en muchos casos superaban los dos milímetros de espesor. Es que, para evitar rayar el material o aflojar piezas, esa suciedad debió retirarse con herramientas poco invasivas, como estacas de madera, espátulas de metal de bordes curvos y hasta bisturíes.

Los trabajos de restauración de la Confitería del Molino se hicieron más lentos por la cuarentena. Foto: Juano Tesone

Los trabajos de restauración de la Confitería del Molino se hicieron más lentos por la cuarentena. Foto: Juano Tesone

Las teselas que tuvieron la gran suerte de quedar íntegras recibieron doble limpieza: una con pinceleta seca y otra con agua jabonosa de pH neutro con un pincel. El enjuague, con esponja y agua. Una labor meticulosa, que se inició antes de la pandemia y se espera que pronto dé sus frutos definitivos.

Visitar la Casa Batlló, desde la Confitería

El Edificio del Molino prepara una charla y una visita virtuales junto al equipo de Casa Batlló, Patrimonio Mundial de la Unesco y una de las obras más emblemáticas de Antoni Gaudí en Barcelona. Será este jueves a las 12, en el marco del ciclo de actividades virtuales “El Molino desde casa”, y podrá verse por Facebook Live en las cuentas de ambos monumentos, @casabatllo y @DelMolinoOk.

El encuentro tendrá dos expositores: Amilcar Vargas, responsable de Patrimonio Mundial de Casa Batlló, y Guillermo García, asesor patrimonial del Edificio del Molino. Ambos hablarán sobre la restauración de los últimos años en estos monumentos, y acerca de las técnicas de construcción adoptadas a ambos lados del océano a principios del siglo XX.

Fuente: Clarín