Revuelta contra las estatuas “racistas”: los monumentos que derribó la Historia

A partir del asesinato de George Floyd, varias esculturas fueron derribadas o manchadas. A través del tiempo, no son las únicas.

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La estatua que erige homenaje a un racista cae por su propio peso. Lo último que dijo George Floyd, afroamericano, fue “mamá”, un grito primal, mientras se ahogaba bajo la rodilla del policía de Minneapolis Derek Chauvin, hombre blanco. La tragedia puntual es el botón de muestra de un problema general. Ahora hay protestas en las calles del mundo a pesar de la pandemia. Un movimiento global. El lema es Black Lives Matter (las vidas negras importan).

Mientras más de 500 políticos, activistas por los derechos civiles y celebridades del deporte y el espectáculo fueron el martes 10 al funeral en la iglesia The Fountain of Praise, en Houston, manifestantes en distintos puntos del planeta ponen la mira en monumentos que encumbran racistas. Floyd ahora yace en un cementerio, finalmente junto a su madre. Hace pocos días, en Estados Unidos, pero también en Inglaterra y Bélgica, dejaron de estar impolutas y gallardas las réplicas en honor a distintos hombres que, tras su heroísmo en primer plano, tienen una historia relacionada con la discriminación.

La estatua es un elemento constante a lo largo de la historia en muchas culturas. Antes que obra, es un símbolo. Evoca libertad o justicia. Por eso, a lo largo del tiempo, también hubo siempre un momento de ruptura. Como el Cristo «fusilado» durante la Guerra Civil Española, en 1936, en una protesta anarquista contestataria y performática que el franquismo simbolizó como «el asesinato de Dios».

El "Cristo fusilado" en España, durante la Guerra Civil

El «Cristo fusilado» en España, durante la Guerra Civil

La figura de Stalin fue destruida en Budapest en 1956 durante una manifestación anti-soviética. En las protestas en Ucrania de 2013 contra el presidente pro-ruso Viktor Yanukovic, manifestantes derribaron una efigie de Lenin. Incluso el año pasado, un grupo tiró un monumento a Hugo Chávez durante las revueltas en Bolivia para hacer caer a Evo Morales.

En la mayoría de los casos hubo reclamo de reparación. Para las estatuas. La comediante australiana Hannah Gadsby, en su discurso de apertura de la gala Women in Entertainment de 2018, habló del “fenómeno increíblemente irritante» de los que ella llama «hombres buenos hablando de hombres malos». Su referencia apuntaba a varios presentadores varones de Late Night Shows que «monologan su versión candente de la misoginia». Dice que lo hacen para trazar una línea que separa lo condenable de lo aceptable, una raya que, invariablemente, los beneficia. Y exculpa.

Líder caído. La estatua de Lenin, derribada en Ucrania en 2013. /Reuters

Líder caído. La estatua de Lenin, derribada en Ucrania en 2013. /Reuters

Esa línea la trazan siempre los que se autoproclaman buenos, reflexionó la creadora de los especiales de stand up Nannete Douglas. La marca debería hacerla el grupo oprimido, dijo. Hablaba del movimiento de mujeres, pero su reflexión es aplicable a toda relación asimétrica entre dos partes. Hay estatuas caídas a lo largo de la historia de todos los bandos y una raya que, según subjetividades, se traza para decidir cuáles están bien caídas, y cuáles no

Cuando el domingo 7 un grupo de manifestantes británicos derribó y tiró al río la estatua Edward Colston en Bristol, hubo reacciones encontradas. Fue un gran benefactor de la ciudad, reclamaron algunos. Ese no es el modo, se quejaron varios. Una inmensa mayoría respondió que el dinero aportado por el supuesto héroe había venido del comercio de esclavos. Hace tiempo hay pedidos para que se retire el monumento, erigido en bronce, que estaba en su pedestal desde 1895.

Edward Colston. La escultura derribada en Bristol a partir del asesinato de George Floyd. / Keir Gravil via REUTER

Edward Colston. La escultura derribada en Bristol a partir del asesinato de George Floyd. / Keir Gravil via REUTER

Para refutar a quienes trazaban su línea argumentando que no puede haber un pedestal vacío en medio de la ciudad, el artista Banksy, oriundo de Bristol, propuso desde su cuenta de Instagram una opción. Debajo de un boceto ilustrativo, escribió: «Lo sacamos del agua, lo ponemos de nuevo en la base, le atamos un cable al cuello y encargamos unas estatuas de bronce de tamaño natural de los manifestantes en el acto de derribarlo. Todos felices. Se conmemora un famoso día«.

Se trazaron otras líneas cuando apareció tachado el nombre de Winston Churchill en el monumento que hay en la Plaza del Parlamento de Londres y reemplazado por la acusación, cortita y al pie: “racista”. Que el primer ministro británico fue el principal adalid de la lucha contra el nazismo, repudiaron distintos sectores en descrédito de la denuncia. Pero además de su rol clave durante la Segunda Guerra Mundial, también es parte de su historia como gobernante el genocidio causado por la hambruna en la región de Bengala, en India, entre 1943 y 1944, en el que murieron un millón y medio de personas.

El historiador Andrew Roberts, autor de Churchill: La biografía, publicada el año pasado, a pesar de la nutrida documentación que expone en su libro, trazó su línea. En diversas entrevistas dijo que los detractores del prócer británico lo sacan “insensatamente” de contexto por sus “comentarios ocasionales contrarios a los indios». Una de esas frases es: «Detesto a los indios. Son un pueblo bestial adepto a una religión igualmente animalesca». De Mahatma Gandhi dijo que era un «maligno fanático subversivo». Igual sigue siendo el primer ministro más admirado en la historia de su país. Y en menos de una semana, la estatua está impecable otra vez, ya que funcionarios y voluntarios se ofrecieron a limpiarla.

Churchill era racista. El simple manifiesto en la estatua del líder inglés. / AP

Churchill era racista. El simple manifiesto en la estatua del líder inglés. / AP

El monumento a Leopoldo II en la ciudad de Amberes también fue grafiteado. El monarca que logró convertir a Bélgica en una potencia, lo hizo a costa de la colonización y explotación de la cuenca del Congo por capital privado. Durante ese genocidio, que sucedió entre 1885 y 1908, murieron unas diez millones de personas. De hambre. Por agotamiento. De enfermedades. Asesinadas a sangre fría. Con su línea muy clara, Johan Vermant, vocero de la ciudad, anunció que la estatua va a ser restaurada por el Museo de Escultura al Aire Libre de Middelheim.

En Estados Unidos, los monumentos cuestionados son los que hacen homenajes a la memoria confederada, el bando esclavista de la Guerra de Secesión (1861-1865). Por ejemplo en Virginia hay un memorial dedicado al presidente Jefferson Davis y una estatua de su general, Robert E. Lee, figura aun venerada por el supremacismo blanco. El gobernador, que venía anunciando que planeaba eliminarla, si bien aún no lo hizo, ante los hechos recientes aclaró que lo haría «lo antes posible». Ahí sigue.

Tapado. La estatua de Julio Roca en Bariloche, cubierta con un instrumento ceremonial indígena, en 2017, en Bariloche. /  Trilce Reyes

Tapado. La estatua de Julio Roca en Bariloche, cubierta con un instrumento ceremonial indígena, en 2017, en Bariloche. / Trilce Reyes

Acaban de retirar una estatua de seis metros del Capitán de los Rangers de Texas Jay Banks, que estaba en un aeropuerto de Dallas desde 1963. Los funcionarios locales tuvieron que trazar nuevas líneas, y si no lo habían hecho con el asesinato de Floyd o a partir de las protestas, las terminaron de dibujar ante la publicación del libro Cult of Glory: The Bold and Brutal History of the Texas Rangers (Culto a la Gloria: La Audaz y Brutal Historia de los Rangers de Texas), de Doug J. Swanson, que detalla la larga lista de incidentes raciales que involucran a esta fuerza.

En Boston hay una estatua de Cristobal Colón que ahora luce el lema «Black Lives Matter» y que este miércoles amaneció decapitada. Otra estatua de Colón fue derribada el martes de noche en Richmond, Virginia, y arrastrada hasta un lago.

La historia contada por las comunidades oprimidas no es la del descubrimiento de América. Lo que dicen es que con el viaje del genovés comenzó una matanza de indios que, a la vez, abrió las puertas para el posterior mercado de esclavos africanos. De este lado del planeta hace rato que el 12 de octubre no es más “el día de la raza”, y lo que se celebra en la Argentina desde 2006 es el Respeto a la Diversidad Cultural.

Desde 1935, en Diagonal Sur, en la Ciudad de Buenos Aires, hay un monumento a Julio A. Roca. En Bariloche, en el Centro Cívico que se construyó en 1940, está el monumento Expedicionarios del desierto. Hace tiempo estos homenajes a quien llevó adelante la Campaña del Desierto están en eterno conflicto. Sistemáticamente aparecen pintadas y distintas organizaciones sociales vienen presentando diversos proyectos para removerlos. Ambos siguen firmes.

Aunque esta vez todo comenzó en Estados Unidos como respuesta al asesinato de Floyd, el movimiento es global y va más allá. El lema es que las vidas negras importan, pero no es literal, habla de todo grupo racializado. Las paredes no mueren, se lavan. Y las estatuas, si caen, no se asfixian, es posible cambiarlas por las de otra gente que no aplaste su rodilla sobre el cuello de alguien hasta matarlo.

Fuente: Clarín