Tras un 2020 en picada, la industria editorial pide que no cierren las librerías

Las tiradas promedio se redujeron a 1.000 ejemplares, menos de uno por boca de expendio. Las novedades bajaron un 30 por ciento.

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«El 2020 fue muy malo, la producción se redujo en un 30 por ciento y, en cuanto a la venta en librerías también hablamos de una baja de entre el 25 y un 30, con mejor balance para las librerías de barrio», dice Martín Gremmelspacher, presidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL), que por estas horas difunde su informe anual.

«Esperemos que las librerías no se vean alcanzadas por nuevos cierres, porque es realmente un sector muy golpeado que viene sorteando dificultades importantes desde hace ya unos seis años. Los editores están apostando a un crecimiento y hay una tendencia desde octubre o noviembre que revela una muy lenta mejoría», grafica.

En el 2020, con el inicio de la pandemia, las librerías cerraron durante varios meses y se suspendió la Feria del Libro: era de prever que el registro de las cifras anuales de la industria editorial argentina no fueran alentadoras.

Por qué cuesta lo que cuesta un libro

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Infografía: Hugo Vasiliev  |  Clarín

Según los datos oficiales de la CAL la producción editorial de 2020 vuelve a mostrar un dramático retroceso respecto a 2019: una baja de un tercio de la producción. Pero vayamos a los números. La industria del libro atravesó el año que pasó la caída de cantidad total de novedades en un 30 por ciento respecto del año anterior, y acumulando así un descenso de 60 puntos porcentuales respecto a 2016.

Las tiradas -cantidad de ejemplares impresos por edición- también se redujeron: el promedio de ejemplares de una primera edición decreció un 35 por ciento y se sitúa actualmente en unos mil ejemplares, cuando en 2016 era de 2.700. Es decir, se produce menos de un ejemplar por cada librería del país, si se tiene en cuenta que en el territorio nacional hay 1.100 puntos de venta activos.

Suben los digitales

En estos tiempos de crisis aumentó, eso sí, el comercio de libros electrónicos y la lectura en línea sumó a la aceleración del proceso de digitalización, incorporando el formato digital a los catálogos de las empresas: el 35 por ciento de los libros publicados en 2020 tuvo también su versión digital, mientras que el 5 fueron “nativos digitales”, ediciones concebidas exclusivamente en formato digital.    

Se trata, en este caso de un fenómeno global, en el que la Argentina queda inscripta: son tiempos en que la convivencia con la virtualidad imprime un nuevo paradigma a la cultura.

La demanda de libros digitales, así como la venta online de títulos podría favorecer la concentración del negocio en nuevas plataformas de ecommerce o derivar, en cambio, en una democratización de la cultura y el arte. Lo cierto, es que en los hechos, se trata de un proceso imparable, y que modificará el mercado en los próximos años.

Martín Gremmelspacher, presidente de la Cámara Argentina del Libro. / Archivo Clarín

Martín Gremmelspacher, presidente de la Cámara Argentina del Libro. / Archivo Clarín

Recordemos también que en 2020, el año del cierre temporario de las librerías, además, los libreros se vieron en la necesidad de reinventarse: fue entonces cuando se implementó el sistema de delivery de libros, que demostró una relativa eficacia para sortear el peor momento del aislamiento obligatorio y probó que las pequeñas y medianas editoriales, así como las librerías, con las que se aliaron en medio de la tormenta, tenían «cintura» para implementar alternativas creativas, ante la incertidumbre y el parate.

Por eso, Gremmelspacher habla de que las librerías de barrio salen mejor paradas, en estos meses.

El sector editorial ocupa, entre empleados directos e indirectos, a unas 10 mil personas, detalla. En el país hay actualmente entre 300 y 400 editoriales activas.

El informe de la CAL también brinda los resultados de una encuesta realizada entre sus socios, en su mayoría editoriales PyMES: el 83 por ciento percibió durante el 2020 descensos marcados, tanto en la cantidad de unidades vendidas como en la facturación. Mientras que un 20 por ciento de los entrevistados declaró que esta caída en su facturación fue incluso de más de 50 puntos respecto de 2019. 

Ante la pregunta de si habían tomado alguna medida frente a la pandemia, ocho de cada diez declararon que debieron modificar su plan editorial, y que reforzaron canales de venta digital y por redes sociales: la mitad de los entrevistados manifestó que realizó tiradas más pequeñas y que creó catálogos en línea.     

Las empresas también mencionaron que accedieron a distintos beneficios del Estado: el 65 or ciento pudo acceder al ATP y un 30 a créditos a tasas bonificadas.

Si bien, las expectativas generales para los próximos meses no son alentadoras Gremmelspacher considera que podría sostenerse la lenta y paulatina recuperación, «y a eso apuestan tanto los editores como el Gobierno, que por ejemplo, seguramente volverá a comprar libros a las bibliotecas a través del programa Conabip -dice-. Pero claro que nadie sabe hoy lo que puede ocurrir, es una incógnita, y menos aún si las librerías tienen que volver a cerrar sus puertas, algo que esperamos que no ocurra, porque la cultura atraviesa un momento crítico».

En números

* El sector registra una caída del 30% en la producción y una caída semejante de las ventas, de alrededor de entre un 26 a 30%.

* El 83% e las empresas editoriales encuestadas por la CAL percibieron una variación negativa en sus unidades vendidas, que según un 50% de los entrevistados se sitúa en alrededor de un 26%.

* El 65% de las empresas del sector editorial accedió al beneficio de la ATP de salario complementario, en 2020.

* El 76% de las empresas implementaron o reforzaron sus canales de venta digital.

* El 35 de los libros editados en papel tuvo su versión digital, mientras que el 5% de los títulos son «nativos digitales», nacieron directamente en formato electrónico.

Fuente: Clarín