Para escuchar con pañuelo Diez canciones tristes para sentirnos mejor (o peor…)

MIRÁ LOS VIDEOS. Eric Clapton, Amy Winehouse, Elton John, Juan Carlos Baglietto y Adele son algunos de los artistas que suman material a un repertorio universal a cuyo poder de atracción casi nadie puede escapar.

Todos, quien más quien menos, tenemos nuestro grupo de canciones tristes preferidas. ¿O acaso alguien podría asegurar que no las tiene? «Ponés canciones tristes para sentirte mejor», cantaba Gustavo Cerati en Adiós. Y seguramente habrá quien lo haga para ponerse aún peor, por qué no.

Aunque, ¿qué es lo que hace que una canción nos resulte triste? ¿La entonación de quien la interpreta; el vínculo que sabemos que el artista puede tener en primera persona con el tema; la historia que rodea la figura de quien la escribió y cantó; la coincidencia de haberla escuchado por primera vez en un momento de zozobra personal? 

Seguramente hay un poco de todo eso. Y lo cierto es que la oferta está ahí, al alcance del click, a la espera de que uno las active y desplieguen su efecto «curador», como si el hecho de que alguien ponga en palabras nuestro bajón nos ayudara a sobrellevarlo mejor.

Qué hay muchas más, por supuesto. El catálogo es infinito, y se amplía y renueva permanentemente. Aquí, una modesta selección de una decena de esas piezas que nos hacen lagrimear; o casi. Puede fallar, claro. Como todo. Pero cómo saberlo si no lo intentamos.

Everybody Hurts – R.E.M. (1992)

Casi que con la sentencia del título está todo dicho. Todos hieren; todo el mundo hiere. Todos herimos; ¿alguna duda? Entonces, la cuestión dicen los R.E.M. y tantos que grabaron el tema, es aguantar. El segundo antes, aguantá. La canción, contó muchas veces Bill Berry, ex baterista de la banda, estaba dirigida a adolescentes. Y no estaba mal encaminado.

En 1995, la canción fue parte de una campaña del servicio de escucha y soporte emocional The Sanmaritans, en respuesta a la baja aceptación de los servicios de crisis por parte de los adolescentes.


«Cuando tu día es largo/Y la noche/La noche es sólo tuya/Cuando estás seguro de que tuviste suficiente/de esta vida/Bien, aguantá/No te dejes ir/Porque todos lloran/Y todos lastiman alguna vez».

Tears in Heaven – Eric Clapton (1991)

La historia es bastante conocida. El año 1990 estuvo marcado por la tragedia, para el guitarrista y cantante británico; en agosto, su manager, dos asistentes de escenario y el enorme Stevie Ray Vaughan murieron al precipitarse el helicóptero que los llevaría desde Wisconsin hacia Chicago, apenas había despegado. Apenas siete meses más tarde, su hijo Conor, de 4 años, cayó desde el piso 53 de un departamento neoyorquino, propiedad de una amiga de la mamá del niño. 

Embarcado en la composición de la banda sonora del filme Rush, Clapton se «encontró» con la canción dentro suyo. No estaba completa ni mucho menos. «Eric tenía el primer verso, lo cual para mí es toda la canción», contó Will Jennings, su socio en la autoría. La interpretación de la canción en el MTV Unplugged de Eric, en 1992, cerró el círculo. Una suerte de sanación a través de la música


«¿Me tomarías de la mano si te viera en el cielo?/¿Me ayudarías, si te viera en el cielo?/Más allá de la puerta hay paz/Estoy seguro/Y sé que no habrá más lágrimas en el cielo»

Someone Like You – Adele (2011)

Despojada de ornamentos de esos que ocultan lo más relevante, desnuda la voz de la cantante británica y acompañada por un pianista de celebrada simpleza en su manera de abordar la canción escrita por Adele y su productor Dan Wilson.

La historia es una más entre muchísimas, sólo que contada y cantada de la manera en que lo hace la artista, que por entonces cargaba con 22 años sobre sus espaldas, la transforma en única. Aunque diga lo que ya fue dicho una y mil veces en esas situaciones en la que lo que fue dejó de ser, esa monótona cadencia del piano sobre la cual Adele asegura que encontrará a otro como él y le desea lo mejor, desarma las defensas de cualquiera.

«No importa, encontraré a alguien como vos/No te deseo otra cosa que lo mejor, a vos también/’No me olvides’, te rogué/Recuerdo que dijiste/’Algunas veces el amor dura/Pero a veces, lastima’».

True Love Waits – Radiohead (2001)​

​Por alguna razón, aunque la canción existe desde 1995, nunca había sido incluida por la banda en ninguno de sus álbums, hasta que se convirtió en un inmejorable cierre para A Moon Shaped Pool, publicado en 2016. 

Construido con imágenes que se suceden sobre una instrumentación mínima, no minimalista, True Love Waits es algo así como asistir al paso del tiempo de una vida en algo menos de cinco minutos. Con una única consigna, pedido o reclamo. «No te vayas». Es un ruego, a nadie en especial; o sí. Pero que duele, duele. A tal punto que tras analizar la obra de la banda, un científico llamado Charlie Thompson determinó que se trata de la pieza más triste y angustiante de toda su discografía.

«No estoy viviendo/Estoy matando el tiempo/Tus manos pequeñas/To risita loca de gato/Sólo, no te vayas/No te vayas».

​Windows – Angel Olsen (2014)

Hay una densidad en la manera de cantar de la chica nacida hace 33 años en Missouri que se hace como pegajosa. Probablemente esa haya sido una de las razones por las cuales fue convocada en 2017 a ponerle música -o su música fue más bien a ponerle melodía- a la serie de Netflix 13 Reasons Why. En todo caso, al menos la tira dejó algo bueno, que es haberle dado trascendencia a la canción.

El clima de la interpretación es asfixiante, pero no del todo. Oprime, pero deja abierta una puerta para tomar una bocanada de aire de tanto en tanto. Se puede percibir esa sensación a lo largo de los casi cinco minutos que dura. El resto lo hace la letra.

«¿Por qué no podés ver?/…/¿Estás ciego?/…/¿Ya estás muerto?/…/Estás bien/¿No vas a abrir la ventana alguna vez?/¿Qué es lo que está tan mal con la luz?/¿QUé es lo que está tan mal con la luz?/Viento en tu pelo, sol en tus ojos/¿Qué es lo que está tan mal con la luz?».

Era en abril – Juan Carlos Baglietto (1982)

La canción triste ​del repertorio Argentino contemporáneo por excelencia. La trova rosarina hacía pie con firmeza en la escena del rock argentino, con un pelilargo Baglietto al frente, secundado por Silvina Garré, un jovencísimo Fito Páez en teclados y provisión de grandes canciones y respaldado por un puñado de compositores de notable calidad poética.

Entre ellos, Jorge Fandermole, que al año siguiente publicaría el excelente disco Pájaros de fin de invierno, contribuyó al alto impacto del álbum con un tema que como ninguno antes hablaba de la pérdida de un hijo en el momento de nacer. ¿Autobiográfica? No. Y biográfica tampoco. «Una fantasía que no volvería a escribir», dijo su autor alguna vez. O varias. Pero la canción dejó huella, y seguramente habrá acompañado más de un dolor.

«Era en abril el ritmo tibio/De mi chiquito que danzaba/Dentro del vientre un prado en flor/Era su lecho y el ombligo y el ombligo/Y el ombligo el sol/…/Estamos pensando, sería mejor/El marcharnos tres, el marcharnos tres/Que quedarnos dos».

​Back to Black – Amy Winehouse (2006)

Si uno no supiera que la canción fue escrita por Mark Ronson apenas al día siguiente de haber conocido a la cantante británica, apostaría todo a ganador de que la letra salió de puño y letra de una chica que por entonces purgaba el dolor de la ruptura con Blake Fielder-Civil, quien la dejó por una ex novia. Pero no.

Así y todo, la misma Amy admitió ante la CNN que «Back to Black se trata de estar en una relación en la que cuando termines, vuelves a lo que sabes, excepto que no estaba trabajando, así que no pude ir y volver al trabajo. Y donde el hombre obviamente regresó con su ex novia, realmente yo no tenía nada más a lo que volver, así que creo que volví al negro por unos meses, ya sabés… Haciendo tonterías, como lo haces cuando tienes 22 y eres joven y enamorado”. Claro que las tonterías de la cantante no eran ningunas tonterías..

«Sólo nos despedimos con palabras/Morí un centenar de veces/Vuelves a ella/Y yo vuelvo a…/Sólo nos despedimos con palabras/Morí un centenar de veces/Tú vuelves con ella/Y yo vuelvo a negro».

​Se le apagó la luz – Alejandro Sanz (1991)

Relato explícito de un accidente motociclístico, el tema bien podría ser parte de una campaña de alguna ONG que luche por meterle en la cabeza a los conductores que sería buenísimo para todos que manejen con mayor responsabilidad y prudencia.

«Es la historia real de un compañero mío. El típico fin de semana que acabas las clases, te vas a casa y el lunes no aparece él, y cuando por fin hablas con otro amigo de clase te enteras de que ha tenido un accidente de moto con su novia y que ha muerto en el accidente. El amigo estaba muy afectado y me contó todo lo que había sentido, se descargó un poco en mí. Me lo describió tan bien que casi me hizo estar en su lugar. Escribí esta canción contando lo que yo pensaría de ser él, lo que pudo pasarle por la cabeza mientras venía la ambulancia», contó el cantautor español alguna vez. 

El resultado es una escena de infinito dolor, que suena así. «Y la luz se le apagó/Y su voz se le apagó/Se le apago la luz tembló/Le cerraron las cortinas/Y escucho pasar la vida/Y el suave latido en corazón/La indirecta comprendida/Una torpe despedida de/La niña de su vida».

Hallelujah – Jeff Buckley ​(1994)

La historia del cantante californiano, que hoy tendría apenas 54 años, es en sí misma una fuente de enorme tristeza. Su muerte, ahogado en el río Wolf, en Tennessee, en 1997, cuando recién tenía 30 años, todavía es un misterio. Pero así haya sido accidental o si se tratara de un suicidio, lo cierto es que el mundo quedó privado de un artista de singular talento.

Y en ese talento, la Hallelujah escrita por Leonard Cohen adquirió un carácter dramático aún mayor que el que carga la versión original. «Buckley trató la canción […] como una diminuta cápsula de la humanidad, usando su voz para acariciar entre la gloria y la tristeza, la belleza y el dolor», resumió la revista Time, tras la edición de Grace, el único disco de estudio grabado por Buckley. Y Time no mentía.

«Pero nena, he estado aquí antes/de ver esta habitación y he caminado por este piso/ sabes, solía vivir solo antes de conocerte/Y he visto tu bandera en el arco de mármol/y el amor no es una marcha de victoria/es un frío y es un Aleluya roto».

The Last Song – Elton John​ (1992)

En medio de la pandemia de coronavirus, hablar de Sida seguramente podría sonar hasta algo «antiguo» para las generaciones más nuevas. «La peste rosa», fue llamada, como si el color lo dijera todo. No lo dijo, ni mucho menos. Y sí, es verdad que hay cosas que suenan a «viejo», a un mundo distinto al que vivimos día tras día. Sin embargo, la amenaza sigue ahí. Sólo que en el ranking de las noticias fue superado por otros males más «urgentes».

En cambio, en 1992 la muerte de Freddie Mercury era una herida reciente, y en ese dolor residual, Elton John y Bernie Taupin contaron en forma de canción el momento en el que un padre acepta la condición homosexual de su hijo, que está muriendo por causa de una enfermedad relacionada con el Sida.

«Las cosas que nunca dijimos se juntan/La verdad oculta ya no me persigue esta noche/Tocamos las cosas que nunca se hablaron/Esa clase de entendimiento me hace libre/…/No puedo creer que me ames/Nunca pensé que vendrías/Supongo que juzgué mal/El amor entre un padre y su hijo». Say No More.

Fuente: Clarín