Un mural en Palermo pide «No a la guerra» entre Rusia y Ucrania

El muralista argentino Maximiliano Bagnasco -reconocido por su obra de Maradona en el santuario del club Argentinos Juniors- estrenó en el barrio porteño de Palermo un mural con la leyenda «No a la guerra». Fusiona imágenes de la guerra de Vietnam y del actual conflicto bélico.

Incluye escenas hiperrealistas de civiles heridos en el actual conflicto bélico entre Ucrania y Rusia, una iniciativa a favor de la paz de la que se hicieron eco, en pocos días, medios de Francia, Suiza, España, Italia y Alemania.

Bagnasco está acostumbrado a que sus obras den la vuelta al mundo. El día que murió Diego Armando posteó en sus redes algunas de sus creaciones realistas de Pelusa, a modo de despedida y la publicación se viralizó enseguida a sitios impensados del planeta. Hoy su trabajo vuelve a ser noticia internacional.

De Vietnam a Ucrania: "No a la guerra", el mural por la paz que se luce en  pleno Palermo

La esquina de Gorriti y Darwin alberga desde el fin de semana pasado el más reciente trabajo de este muralista: una pared de cinco metros por dos que muestra a una mujer ucraniana, con heridas en el cuerpo, una de las primeras imágenes que circuló en los medios cuando estalló el actual conflicto bélico. Al lado, en blanco y negro, el artista incluyó otra imagen icónica de una guerra: la niña de napalm, en Vietnam, famosa fotografía tomada por Nick Ut en 1972 (galardonada con el premio Pulitzer).

«La noticia del mural corrió por todo el mundo. Y no son cosas que yo busco porque jamás hubiese pensado que iba a tener repercusión mundial. Cuando hago algo así es porque lo siento. Yo no podría estar tranquilo sentado en casa viendo las cosas que pasan, mi manera de hacer algo es salir y pintar. El street art es una manera de protestar y esto es en contra de la guerra», dijo a Télam Bagnasco.

El mural más nuevo del barrio de Palermo condensa de algún modo 50 años de historia, de la guerra de Vietnam en 1972 a la guerra entre Rusia y Ucrania en pleno 2022, con lamentables coincidencias: dos personas heridas, dos civiles -una mujer ahora y una niña entonces- víctimas involuntarias y sin sentido de una lucha armada entre dos naciones.

«Lo primero que pensé fue ‘el mural tiene que ser en contra de la guerra’. No me voy a poner del lado de ningún país. Por eso elegí estas dos imágenes: una foto de esta guerra, de uno de los primeros días, que mostraba personas heridas, civiles, que no tenían nada que ver con el conflicto, y también decidí sumar otra imagen muy icónica de Vietnam, de la chica corriendo desnuda por las quemaduras que sufrió por el bombardeo con napalm. Es un mensaje en contra de toda guerra, de cualquier guerra», enfatiza el muralista.

El artista tomó dos fotografías, una del pasado y una del presente, para fusionarlas en un único mural. La imagen es de una mujer ucraniana, Olena Kurilo, cubierta con gasas por las heridas, que se salvó de la muerte en el primer día de los bombardeos del ejército ruso en la ciudad de Kharkiv. La otra, histórica, es la de Phan Thi Kim Phuc, la niña vietnamita de nueve años que corre desnuda, en llanto.

El trabajo le llevó a Bagnasco dos días y medio, pintando a cielo abierto, bajo el sol de Palermo, en pleno fin de semana largo de carnaval, mientras montones de curiosos y turistas pasaban y se quedaban mirando el proceso: «Muchos frenaban, me felicitaban por estar comunicando eso», describe sobre la obra realizada con aerosol y pintura de pared, un mix que «permite conseguir mayor realismo. Quiero que las imágenes se vean lo más reales posibles». Cuenta que alguien pasó y le dijo «este es el verdadero muralismo, el de protesta».

Ilustrador y también caricaturista, Bagnasco estuvo en octubre del año pasado -hace tan sólo cinco meses- pintando en Rusia, adonde fue invitado a intervenir las calles de un pequeño pueblo llamado Solnechnodol’sk. Allí pintó un retrato del escritor ruso León Tolstói, autor de «Guerra y paz» y «Ana Karénina». El mural del novelista ruso ocupa ahora una pared de un edificio de quince metros de altura.

La ciudad de Solnechnodol’sk -a 1.300 kilómetros de Moscú- estaba recibiendo a 40 artistas de todo el mundo -incluido Bagnasco- para transformar ese lugar: «Decidí pintar a Tolstoi y fue acertado porque las noticias locales destacaban mi mural; un artista que venía de Argentina y llegaba directamente a ellos. Entre todos los artistas pudimos transformar ese lugar», evoca.

«Tolstoi es un autor antibelicista», aclara. «Cuando lo pinté en Rusia todos me lo agradecían», recuerda. «Tengo mucha cercanía con la gente de ese pueblo y cuando comenzó esta guerra lo primero que hice fue preguntar allá cómo estaban y todos me decían que no querían guerra. ‘Queremos paz’, me respondían». A los pocos días, recibió en redes sociales un mensaje de una chica ucraniana. «Me dijo ‘ustedes, los que hacen street art, tendrían que comunicar algo de esta guerra’. Le contesté que sí y enseguida lo decidí: ‘voy a hacer un mural en contra de la guerra’», relata.

Con increíble actualidad y un guiño a la coyuntura que hoy en día tiene en vilo al planeta, el más flamante mural de Bagnasco se ubica en la pared de un galpón ubicado en Gorriti, esquina Darwin, a pocos metros de las vías del Ferrocarril San Martín y de la Avenida Juan B. Justo.

«Fue un mural con poca producción porque lo decidí y enseguida comencé a hacerlo. No lo diseñé, tenía las imágenes en mi cabeza así que iba improvisando y cambiando cosas en el momento», detalla sobre el proceso de trabajo del mural bautizado No a la guerra. «La primera tipografía con la que escribí esa frase no me gustó. Pensé ‘tiene que estar más trasheada’», rememora. «Y luego empecé a darle realismo, con el color, esa, creo yo, es mi especialidad».

«Siempre trato de comunicar algo importante con mis murales. Cuando hacía caricaturas también eran en forma de sátira o criticando muchas cosas. Siempre uso mi arte para eso», asegura.

«La guerra es algo que ya no tiene que pasar. Es algo del pasado. No se puede creer que esté pasando algo así hoy en día», reflexiona Bagnasco y concluye: «Mi idea es seguir viajando, ir a lugares que muchas veces también están olvidados, perdidos, y transformarlos con mi arte».