Una aventura cautivante: Quién es el argentino que con su primera novela saltó del Pulitzer al cine

Hernán Díaz nació en Buenos Aires, creció en Suecia y vive en Nueva York. Fue finalista del premio Pulitzer con “A lo lejos”, una novela de aventuras con aires de western, que acaba de salir en castellano y será llevada a la pantalla grande.

dfgdg

Si la vida de una persona puede entenderse como una sucesión de travesías, ya sean geográficas o existenciales, hay que reconocer que el escritor argentino Hernán Díaz acumula un millaje extraordinario. Elijamos caprichosamente la que comienza el 4 de julio de 2016. Y vayamos al momento específico en que Díaz, que vive en Nueva York desde el año 2000, tiene una importante trayectoria académica y trabaja en la Universidad de Columbia, recibe un e-mail de la editorial independiente Coffe House Press. Lo abre (imaginamos que con singular ansiedad) y lee un mensaje del editor que condensa la noticia que espera todo autor inédito de ficción: que el manuscrito de su novela In the distance (A lo lejosgustó mucho y será publicado.

El libro narra la aventura de Håkan, un niño sueco que intenta atravesar de Oeste a Este el territorio norteamericano en los años salvajes de la Fiebre del Oro para reencontrarse con su hermano. Una aventura profundamente transformadora, como la que Díaz empezará a transitar en ese instante.

“Yo escribo desde chico –recuerda en diálogo con Viva–. Cuando era adolescente y vivía en Buenos Aires no había tantos talleres de escritura, o al menos no eran tan visibles como ahora. La decisión más natural fue cursar la carrera de Letras. Hice una licenciatura, una maestría, un doctorado. Siempre estuve en el mundo de la literatura. Leyendo, escribiendo, estudiando, investigando o dando clases. Hubo un momento en que la vida académica desplazó a la literatura de ficción. Pero de a poco la ficción fue reclamando de vuelta su lugar: escribí una primera novela que estuvo varias veces a punto de ser publicada y no tuvo suerte, escribí un montón de cuentos que nadie quiso publicar… Al fin, un poco cansado y derrotado por tantos años de puertas cerradas, decidí empezar un proyecto nuevo, A lo lejos. Cuando uno elige este camino lo hace sólo por amor al lenguaje y porque le gusta pasar tiempo con la escritura. Es un mundo difícil y de mucho rechazo. En los Estados Unidos es imposible publicar algo si uno no tiene un agente literario. Pero un agente literario no te toma si no tenés nada publicado, lo que se vuelve una paradoja circular…”

Hernán Díaz trabaja en la Universidad de Columbia, donde edita una prestigiosa revista académica.  Foto: Adriana Groisman.

Hernán Díaz trabaja en la Universidad de Columbia, donde edita una prestigiosa revista académica. Foto: Adriana Groisman.

Pudo romper esa lógica perversa gracias al e-mail que le llegó el Día de la Independencia de los Estados Unidos (el azar puede reservarnos guiños deliciosos) y que fue el resultado de una apuesta calculada y con alto riesgo de fracaso.

“La editorial Coffe House Press acepta manuscritos un solo día por año. Los autores deben mandarlos por correo electrónico. Cierran la recepción cuando llegan a los seiscientos. Yo estaba preparado y mandé. La editorial llegó al límite en doce horas. Tuve suerte. Aceptaron el manuscrito y lo publicaron con mucha rapidez, casi sin ningún tipo de intervención editorial”, cuenta Díaz, aún hoy con tono de incredulidad.

A lo lejos empezó a ganar un premio tras otro, se ubicó en las listas de las mejores novelas del año y fue finalista del premio Pulitzer 2018, lo que transformó a Díaz en el primer autor argentino en alcanzar este logro. “Y eso, la verdad, me cambió bastante la vida. Ahora puedo dedicarme a escribir ficción… y ya tengo agente”, bromea.

No me interesa el testimonio, no me interesa la denuncia, no me interesa cubrir los temas candentes de la actualidad.
Hernán Díaz, escritor

Esta travesía está lejos de terminar: los derechos cinematográficos del libro fueron comprados por la productora de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín, quienes ganaron un Oscar a la mejor película extranjera por Una mujer fantástica. Y Díaz, que declinó la propuesta de escribir el guión, ahora está abocado a una novela sobre el capitalismo financiero en los Estados Unidos.

Si la de Håkan es la historia de un nómade impenitente, la del propio Díaz no lo es menos. Nació en Buenos Aires en 1973. Vivió un tiempo corto con su familia en un departamento de la calle Malabia, en Palermo, antes de mudarse a una casa más grande en Colegiales. Pero enseguida vinieron el golpe militar del ‘76 y el exilio.

La versión en castellano de A lo lejos, la atrapante novela de Hernán Díaz, fue publicada por la editorial española Impedimenta y ya está disponible en la Argentina.

La versión en castellano de A lo lejos, la atrapante novela de Hernán Díaz, fue publicada por la editorial española Impedimenta y ya está disponible en la Argentina.

“Mis padres tuvieron que vender la propiedad en una semana. Y nos fuimos a Estocolmo en un buque mercante de bandera finlandesa. Éramos los únicos pasajeros a bordo. Tengo recuerdos imaginados que uno se arma con relatos orales, fotos y demás, pero creo que no tengo memoria directa de ese viaje. Vivimos en Suecia hasta el retorno de la democracia en la Argentina. Regresamos. Pero yo, por distintos motivos, creo que nunca me sentí del todo a gusto pese a tener amigos y familiares. Hice la carrera de Letras bastante rápido y ni bien pude, en el ‘97, me fui a Londres. Y de ahí, en el 2000, a Nueva York.”

-¿Cuánto de esa experiencia de ser extranjero en muchos sitios, incluso en el país en el que naciste, aparece en A lo lejos?

-Yo creo que la novela es en gran medida autobiográfica pero de un modo cifrado. Esta idea de sentirse extranjero en todas partes es algo que informa el libro. La triangulación entre Suecia, la Argentina (que aparece de diferentes modos en la novela, ya sea con las alusiones a la gauchesca o en la breve escala que el barco del héroe hace en Buenos Aires) y los Estados Unidos es muy central. De hecho, elegí el nombre del protagonista, Håkan, porque quería que fuera claramente extranjero, que en la página se viera así, raro, con la primera a con el círculo arriba, y que resultara difícil de pronunciar. Es lo que pasa con mi nombre, Hernán, en países angloparlantes: nadie sabe muy bien qué hacer con él. Esta fue como mi venganza. El apellido del protagonista, Söderström, en sueco significa corriente del sur. Otra de las pequeñas cosas en clave que hay en el libro. Esa corriente del sur recorre el texto como una napa subterránea.

-Imagino un gran trabajo de investigación para narrar los escenarios naturales y sociales por lo que transcurre la aventura de Håkan.

-Tengo formación académica y experiencia en trabajo de biblioteca. En ese sentido, sí, leí un montón de libros de la época, diarios de viaje, relatos de naturalistas, crónicas de emigrantes. Documentos primarios y directos del período. Pero por otro lado, hay un aspecto que tiende a ser olvidado: la literatura es un acto de la imaginación, mucho más que del trabajo de archivo, mucho más… Y hay un montón de cosas en la novela, la mayoría, que parecen muy vívidas pero son absolutamente imaginadas. Y es algo que reivindico de un modo casi fanático para la literatura: el derecho a imaginar mundos creíbles.

-Hoy, algunos entienden que la literatura debe cumplir un rol casi testimonial, como la canción de protesta de los años 70…

-¡Sí, qué horror! Lo que creo que hay, y se siente mucho en la literatura de los Estados Unidos, es el fetiche referencial. Una obsesión de que lo narrado esté documentado y pueda ser contrastado con el mundo real. Y creo que eso es una gran pérdida para la literatura. No me preocupa porque sé que estas cosas son cíclicas y que representan sólo un momento. Esto se ve en la literatura del yo, tan en boga, donde hay una atadura muy directa con la vida y los datos biográficos del autor o la autora. La relación de la literatura no pasa por un vínculo documental y empírico. Pasa por una relación mediada por el lenguaje, donde también intervienen la emoción y la belleza, aspectos que están totalmente ausentes en otras formas discursivas.

El goce frívolo de la violencia, muy central en la cultura norteamericana, es un rasgo que me interesaba observar y criticar.
Hernán Díaz, escritor

-¿Es anacrónica una novela de aventuras en el siglo XXI, sin los temas “necesarios y urgentes” que se están discutiendo todo el tiempo?

-Puede ser. No hay fórmulas ni leyes. Como lector y escritor, me interesa una relación mediada con la realidad. No me interesa el testimonio, no me interesa la denuncia, no me interesa cubrir los temas candentes de la actualidad. Creo que hay gente que lo hace y lo hace muy bien: no estoy diciendo que eso no tenga valor, incluso puede ser muy importante. Estoy simplemente hablando de mis gustos. Me interesa el género de aventuras porque juega a posponer la acción. Tiene un crescendo que llega hasta un punto clave, cuando la lectura y la escritura se precipitan. Y a riesgo de sonar pomposo, la literatura de aventuras tiene una dimensión filosófica e intelectual que para mí es innegable.

El argentino Hernán Díaz y la ciudad de Nueva York, donde vive, como fondo. Foto: Adriana Groisman

El argentino Hernán Díaz y la ciudad de Nueva York, donde vive, como fondo. Foto: Adriana Groisman

-¿Cómo es eso?

-Yo creo que una aventura es, en primer lugar, ubicarte en un lugar del cual no sabés cómo vas a salir. Esa incertidumbre radical, a dónde voy a ir, cuál es mi destino, son preguntas pesadas, importantes. Si vos podés presentar estas preguntas de un modo narrativamente atractivo, es fantástico. La novela de aventuras tiene una relación muy particular con la muerte: lo que está en juego es la propia vida. Un problema literario profundo y que marca la tradición filosófica de Occidente desde siempre. No creo que sea un género menor. O lo es, no lo sé. Lo que sé es que es un género importante, al menos para mí.

-Tratás de quitarle la épica a la violencia de la conquista del Oeste.

-La violencia siempre está presente en la novela de aventuras: tenés personajes atrapados en situaciones de las que no pueden salir y que son de riesgo mortal. Del modo en que concebí el libro, la violencia iba a tener un lugar predominante. Pero también hay una dimensión abiertamente política de la violencia. Mucha gente interpreta el libro como un western y es cierto que hay un montón de guiños hacia esa tradición, pero la trama se desarrolla principalmente en la década de 1850, antes de la Guerra de Secesión, antes de que fuera introducido el ganado extensivo en el Oeste: es decir, no había vacas ni vaqueros. La violencia que me interesa es la inherente a la constitución de cualquier territorio nacional, una violencia institucional, una violencia religiosa, una violencia económica contra la Naturaleza, una violencia racial en el exterminio de los habitantes originales de esas tierras…

-Lo que dialoga con la Conquista del Desierto argentino.

-En esos pasajes yo pensé muchísimo en Lucio V. Mansilla y Una excursión a los indios ranqueles. Pensé también en la gauchesca en general y en el modo en que son vistos los indios en esa tradición. Me interesa recuperar el modo en que esos ojos europeos encontraron a esas culturas. Una influencia muy grande para mí fueron Las crónicas de Indias y especialmente Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que anda a pie por lo que ahora son Florida y Texas, y narra sus interacciones con esa gente de la que no sabía nada. Hay una forma final de violencia, muy norteamericana, que es el goce frívolo de la violencia, muy central en esta cultura, rasgo que me interesaba observar y criticar.

-¿Cómo te llevás con los “sensivity readers” de las editoriales, que leen los manuscritos para que en un texto no haya nada que pueda ofender a un sector social o a una minoría?

-Ahhhh…

-Te puse en problemas.

-Creo que es un deber de la literatura poder imaginar la experiencia de ser otro. Ampliar el universo ético del lector mediante la imaginación de otras vidas posibles. Y creo que es un error permanecer confinado en la parcela de realidad que te tocó por tus circunstancias. Eso no significa que tengas licencia para ser un cretino. Una cosa es abordar la parte de la realidad que te parece relevante y hacerlo de un modo sensible, respetuoso, informado. Otra cosa es la irresponsabilidad moral o la distorsión de esas experiencias ajenas. El límite es muy claro.

-Es el debate por la apropiación cultural, según el cual no podrías escribir una ficción sobre afroamericanos si no sos afroamericano.

-Yo creo que nadie inteligente dice eso. Si fuera así, además, la literatura quedaría reducida a una selfie. Uno sólo podría tomar su propio autorretrato, una y otra vez. Creo que el argumento contra la apropiación cultural pasa por otro lado. Hay un montón de minorías que han sido silenciadas durante siglos. Lo que se cuestiona es que hoy en día sus voces sean apropiadas con fines de lucro estético personal. El que mejor resolvió este falso problema es Colson Whitehead, dos veces ganador del Pulitzer, escritor afroamericano que, cuando lo consultaron por este tema, dijo: “Podés escribir de lo que quieras, pero no la cagues”. 

Fuente: Clarín