Una intervención urbana del artista Martín Bonadeo en las pantallas led de la Av. 9 de Julio

“Ensayos para vivir en paz”, tiene el fin de llevar arte por fuera de los lugares convencionales y más aún en contexto de restricciones por la pandemia.

El proyecto, presentado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad, y el Ministerio de Espacio Público de la Ciudad apoyado por el Museo Nacional Bellas Artes, propone interferir la emisión de contenidos de las pantallas de la emblemática avenida, la medianoche de los 21, 22, 23, 24 y 25 de junio.

Ensayos para vivir en Paz  – Una obra de Martín Bonadeo

La secuencia comienza mostrando en varias de las pantallas de la emblemática avenida 9 de Julio la imagen de una vela consumiéndose. Con el paso de las noches, se ve en las mismas pantallas, como este cirio gigante se va quemando reduciendo su altura hasta llegar a su mínima expresión. Será entonces, cuando se verá ingresar en el cuadro una mano que encenderá una nueva vela de tamaño completo colocándola sobre los restos de la anterior. El nuevo cirio se consumirá lentamente durante las siguientes noches.

Se trata de “Ensayos para vivir en paz”, una obra del artista argentino Martín Bonadeo que ya se hizo en varias ciudades del mundo, incluso ya se realizó en 2013 en la Plaza Vaticano -junto al Teatro Colón-, y que forma parte de una iniciativa del Ministerio de Cultura de la Ciudad junto con el Ministerio de Espacio Público con el apoyo del Museo Nacional Bellas Artes con el objetivo de llevar arte por fuera de los lugares convencionales. Y más aún en contexto de restricciones por la pandemia haciendo de Buenos Aires un museo a cielo abierto al alcance de todos.

La obra comenzó las 0 horas del 21 de junio hasta el 25 (5 minutos cada medianoche) en pantallas de la Av. 9 de Julio. También es transmitido en las pantallas de las bocas de subte: ambas entradas de la estación Carlos Pellegrini, Galería Obelisco Norte y Galería Obelisco Sur.

El 21 de junio el solsticio de invierno es el más corto del año. Y el  24 de junio a  última hora y la primera del 25 de junio, todas las pantallas de LED tendrán el mismo contenido: la vela en su mínima expresión y una mano que entra para poner un nuevo cirio en su lugar. En esta fecha, los pueblos originarios celebran el Wawa Inti Raymi, una fiesta similar a la Navidad, para pedir al sol que vuelva a calentar la tierra.

El curador Sebastián Vidal Mackinson escribió para la obra:

“Una intervención artística diagramada para el espacio público busca, necesariamente, alumbrar un problema acerca de lo común. Las consecuencias afectivas, sociales y económicas de esta pandemia inciden sobre lo política de una comunidad. Estamos ante un hecho inaudito en la historia. Por su parte, ese instante de absorción completa con una imagen, en este caso la de una vela consumiéndose, puede tener una duración tanto de un segundo como de una eternidad. Avizorar el alcance de la intervención en este contexto es indisoluble con su propósito.

Este instante de absorción plena suspende nuestro horizonte de expectativas, detiene el tiempo y nos lleva a otro espacio. Ese instante de unión habilita el tiempo para evaluar un presente  y formular un deseo –aunque parezca contradictorio-, aunque fuera desde la mediación tecnológica a la que nos hemos sobreadaptado, particularmente, desde el año pasado.

Una imagen de una vela prendida que se consume y se reemplazará en un día específico. Una cosmogonía que enhebra modalidades de la captación de la vida con otros diagramas. Una pandemia que afecta los vínculos sociales y afectivos con los que construir una sociedad. Pensar nuevas maneras de armar comunidad, de habitar el espacio público, de situar las miradas”.

Sobre la obra, en palabras de Javier Villa:

En  diciembre del año 2004, el artista argentino Martín Bonadeo desarrolló por primera vez una intervención urbana llamada Hope (esperanza), sobre las paredes del Yerba Buena Center for the Arts en la Ciudad de San Francisco, EE.UU. PAZ propone retomar el proyecto Hope y multiplicarlo en simultáneo en todas las pantallas de LED ubicadas en la Avenida 9 de Julio de la Ciudad de Buenos Aires.

La vela –en su era posteléctrica– produce la sensación del instante detenido: un tiempo intermedio dentro de un espacio atemporal. Es decir, es esperanza y deseo cuando se sopla en un cumpleaños, pero sólo porque esa acción transcurre en un instante justo: entre medio de una edad y otra. El momento de apagarla es un momento sin tiempo. Lo mismo ocurre cuando se prende una vela en la noche entre el año viejo y el nuevo, o cuando un creyente entra a una capilla repleta de velas y prende la suya; el sobrecogimiento místico indica queese espacio y esa acción no es terrenal ni celestial, sino un puente.

Bonadeo, en este caso, trabaja la idea de arte como ofrenda efímera. Prende una vela por los que pasan diariamente por esa calle particular del mundo, un regalo precario y pequeño que provoca una experiencia actual, una historia. La vela se convierte en un objeto altamente anómalo, definiendo esa anomalía como una irrupción en el curso de las cosas, revelando lo injusto o lo penoso de las condiciones imperantes en el entorno en que la experiencia sucede.

En el mejor de los casos, esa escala –aún mayor que la publicitaria– y la proyección como un proceso continuo en el tiempo, trasforman a la vela en un objeto anómalo que pone en jaque el sometimiento diario a las formas y colores acostumbrados, rutinizados por la esclavitud de los horarios laborales, la rotatividad cíclica de las modas publicitarias y el flujo de las mercancías. La vela se vuelve un objeto humanizador al deconstruir los paisajes urbanos preprogramados, ese decorado a veces devorador y a veces alienante. La vela se convierte, así, en un gran relato.

Bonadeo ya no regala un momento introspectivo y relajante, sino que produce un diálogo dentro del binomio objeto-sujeto confundiendo sus límites: la cualidad de objeto en un objeto y de sujeto en un sujeto. Se produce así una experiencia visual invertida: el objeto, o la situación, mira al espectador que ya no sólo es un sujeto productor, fenomenológicamente activo, sino que también es producido por la obra. El espectador se convierte en un sujeto-objeto, en un espacio ambiguo donde todo se construye. El acto de percibir deviene algo más que la simple percepción, es construir el objeto en ese momento dado y, simultáneamente, construirnos a nosotros mismos.

Podríamos imaginar que un espectador, al ver la vela consumiéndose, se mira a sí mismoconsumiéndose en el tiempo, siempre igual, sin cambiar nunca. La obra funciona, en esta instancia, como catalizador. Entonces, cuando Bonadeo cambia esa vela consumida por una nueva en el paso del 31 de diciembre al 1 de enero, ¿es esperanza? ¿Es el símbolo deque algo nuevo comienza, es renovación, renacimiento? ¿O es el ciclo de esa intensa prisión que vuelve a repetirse, una y otra vez? Martín Bonadeo realiza “intervenciones específicas para el tiempo y el espacio”; y, por qué no también, para el sujeto.

Acerca de Martín Bonadeo

Es doctor (Magna Cum Laude) en comunicación olfativa y realizó un post-doc en vínculos arte-ciencia-tecnología en la University of California at Los Angeles.En el año 2000 comenzó su formación como artista plástico en los talleres de Fabiana Barreda y Mónica Giron y desde entonces desarrolló más de cincuenta muestras, instalaciones, intervenciones urbanas y proyectos para diversos espacios culturales en más de veinte ciudades alrededor del mundo.Su trabajo como artista ha sido premiado nacional e internacionalmente y se encuentra referenciado en numerosas reseñas periodísticas y en libros.

Publicó 4 libros. El último se llama Pacha Kutiq Wanka (2018) y está enfocado en el cruce entre saberes originarios, esotéricos y artísticos.Es profesor en diversos cursos de grado y posgrado en arte, creatividad e innovación en Universidades de Argentina ––UCA, Austral–– y fue visiting scholar en la University of Richmond, EE.UU.Ha creado múltiples centros universitarios de investigación en cuestiones transdisciplinarias y lúdicas (TECAT, Cifra y LudLab) y formó parte del equipo que lanzó una nueva carrera de diseño en la Universidad Austral en Argentina.

Empresas que cedieron sus espacios publicitarios:

Publicitar, Brand Plus Srl, Atacama, L. Barujel, Ideas Argentina S.A., Perspecvia, Coca-Cola Argentina, Grupo al Sur, Dobila Publicidad S.A., Publicidad Sarmiento S.A., Latin Outdoor, Grupo Cem y Sbase, que además transmitirá desde sus pantallas.