Volvió el cine: el reencuentro con la pantalla grande y el placer de ver una película de terror con sonido envolvente

Una periodista de Clarín fue a ver “Malasaña 32”, de Albert Pintó, al Showcase de Belgrano. Con barbijo y protocolo, recuperó un ritual que los cinéfilos tenían vedado desde hace casi un año.

sadasdadas

Subo por la escalera mecánica y siento una mezcla de incredulidad y entusiasmo. Soy una de las 130 personas que tienen entrada para este sábado en el único cine abierto en la Ciudad de Buenos Aires, después de casi un año con todas las salas cerradas. Estoy llegando al primer piso del complejo Showcase, en Belgrano.

Esa misma mezcla de sensaciones generó la noticia en general. Para quienes disfrutan de ir al cine, la reapertura de las salas porteñas este fin de semana llegó como un rumor con el que no había que ilusionarse: el deseo de volver era directamente proporcional a la desazón que llegaría si al final había que seguir esperando.

Ese rumor después sorprendió, cuando se volvió dato: el jueves se supo que Cines Showcase reabriría este sábado sus complejos Belgrano, Norte (IMAX incluido), Haedo y Quilmes. Por último llegó la alegría y la excitación, cuando la misma cadena lo anunció el viernes en su cuenta de Instagram.

“Cuando me enteré, pegué un grito”, dice Natalia (38), sonidista, que llegó a la función de esta tarde de sábado unos minutos antes que quien escribe. Es por ahora la única habitante de esta sala en la que se proyectará la película española de terror “Malasaña 32”, de Albert Pintó, rodada en Madrid.

Los espectadores de este sábado deseaban volver al cine para reencontrarse con el encanto único de ver una película en pantalla grande. Foto Enrique García Medina

Los espectadores de este sábado deseaban volver al cine para reencontrarse con el encanto único de ver una película en pantalla grande. Foto Enrique García Medina

Ver en pantalla grande una ciudad que no es la propia es lo más parecido a viajar para quien no lo hizo por la pandemia. Escuchar sonidos de una película a 10 metros del asiento y a 15 de esa pantalla es otro lujo que no se disfruta desde hace demasiado tiempo.

Pasados unos minutos, llega a la sala una pareja, pochoclo y gaseosa en mano: no dejará de comer ni de hablar durante toda la función. Porque el cine también tiene eso, la convivencia, a veces complicada, por un año extrañada.

Porque hasta esas molestias pueden echarse de menos, el folklore del “¡Shh!”, el “¡Apaguen el celular!”, el “¿No pueden hablar más bajo?”. Incluso la temperatura glacial que suele haber en las salas, una maldición para los friolentos, puede ahora disfrutarse.

La convivencia con otros espectadores es parte de la experiencia de ir al cine. Foto Enrique García Medina

La convivencia con otros espectadores es parte de la experiencia de ir al cine. Foto Enrique García Medina

Es que el aire acondicionado es hoy más clave que nunca: inyectar aire del exterior y extraer el interior es fundamental para evitar la propagación del coronavirus. Un sistema de ventilación que el complejo ya tenía, lo que le permitió abrir antes que otras cadenas. Ahora tiene ionizadores que purifican el aire. Los filtros de alta eficiencia colaboran en la tarea.

Ver una película de terror siempre asusta, pero hacerlo en el cine expande el miedo en cantidad y calidad. Porque es una pantalla más grande, un volumen más alto, un sonido envolvente. Pero además es estar a oscuras, sin distracciones tecnológicas, con la atención puesta en esa puerta que cruje, ese fantasma que aparece de repente, esa imagen que se abalanza y hace encogerse en el asiento.

En las butacas no hay marcas que prohíban sentarse pero, a mitad de la película, entra a la sala un empleado. Recorre el pasillo ida y vuelta. Controla que esté colocado el barbijo si no se está tomando ni comiendo, y que haya al menos una fila de asientos entre un espectador y otro. Excepto, claro está, que los espectadores hayan comprado la entrada en la misma operación y llegado al cine juntos.

Los empleados del cine controlan que todos usen barbijo. Foto Enrique García Medina

Los empleados del cine controlan que todos usen barbijo. Foto Enrique García Medina

Termina la película. Llega otra empleada del cine, con un spray en una mano y un plano de los asientos ocupados en la otra. Al haber sido sólo cuatro espectadores, va directo a las butacas que ocupamos y les rocía amonio cuaternario. Si tiene tiempo, esparcirá la misma solución con una máquina con rociador industrial, una manguera larga y dos ruedas. Lo mismo se hace, con tiempo o sin tiempo, tras las funciones con más asistentes.

La entrada puede comprarse en la boletería, pero es recomendable hacerlo online: así se evita usar medios de pago físicos y además se obtiene un descuento del 25%. El ticket general, entonces, pasa de $ 680 a $ 510 si se adquiere en todoshowcase.com.

Sólo pueden comprarse hasta seis entradas por vez: esa es la capacidad máxima de las burbujas en la sala. En otras palabras, no puede haber más de seis personas juntas, que hayan adquirido los tickets en la misma operación.

Se venden hasta seis entradas a la vez. Este sábado, en el Showcase de Belgrano hubo muchos grupos familiares. Foto Enrique García Medina

Se venden hasta seis entradas a la vez. Este sábado, en el Showcase de Belgrano hubo muchos grupos familiares. Foto Enrique García Medina

Si un grupo más grande quiere ir a la misma función, puede hacerlo, pero debe comprar las entradas en más de una operación. Y separarse por al menos dos asientos si sus boletos fueron adquiridos en compras distintas.

Por Internet también hay 2×1, a $ 340. Incluso entradas anticipadas para dos estrenos: “Tenet” y “Raya y el último dragón”, que pueden comprarse también en la boletería física. Online incluso es posible adquirir el clásico combo de pochoclo y gaseosa u otros alimentos del Candy Bar, para luego retirar en el lugar sin tener que tocar efectivo ni tarjetas.

Una vez en el complejo, el procedimiento es estándar: toma de la temperatura corporal y aplicación de alcohol en el ingreso. También hay dispensers con alcohol en todos los pisos del complejo. Y el piso marcado para hacer la fila para el ingreso a sala. La entrada tiene un código de barras y los empleados se cuidan muy bien de no tocarla cuando la escanean con el lector electrónico. El ticket puede imprimirse en el lugar o mostrarse directamente en el celular.

Las entradas se pueden imprimir o mostarse directamente desde el celular. Foto Enrique García Medina

Las entradas se pueden imprimir o mostarse directamente desde el celular. Foto Enrique García Medina

Este sábado había 28 funciones programadas en Showcase Belgrano, entre las 15.20 y la medianoche. Muchas menos que las que había habitualmente, ya que se aumentó el lapso de tiempo entre las películas para evitar aglomeraciones en la entrada y, además, facilitar la sanitización de las salas antes y después de cada proyección.

Showcase es la única cadena de cines que abre este fin de semana en la Ciudad. Cinemark Hoyts lo hace el miércoles, mientras que Multiplex abrirá el jueves. Cinépolis, en tanto, anunció que volverá pronto, aunque no indicó cuándo.

En los próximos días abrirán más cines en la Ciudad. Foto Enrique García Medina

En los próximos días abrirán más cines en la Ciudad. Foto Enrique García Medina

Tampoco dieron fechas precisas desde el tradicional Cine Lorca de la avenida Corrientes: depende de cuánto tiempo les lleve adaptar las instalaciones para cumplir con el protocolo sanitario. Pero esperan que la reapertura también sea este jueves y adelantaron que proyectarán los estrenos “Tenet” y “Raya y el último dragón”, y un clásico de Federico Fellini: “8½”.

Showcase Belgrano tiene capacidad para 2.000 espectadores. Por protocolo, sólo puede admitir a un 30%, es decir, 600. Esta tarde de sábado, son 130 quienes compraron entrada, aunque todavía quedan algunas funciones más. Poco para un día como este, mucho cuando hasta ayer no había nada. Un pequeño paso para el complejo de cines, un gran salto para la industria del cine en general.

Fuente: Clarín