¿Cómo digo lo que Digo?: Buena educación: la mayor fortaleza para comunicarnos mejor

Por Dionisia Fontán, especial para DiariodeCultura.com.ar.

tity y marga

En efecto, la buena educación es la mayor fortaleza para comunicarnos mejor. Los tiempos cambiaron y muchos hábitos que se vinculaban con una persona educada, dejaron de practicarse.

Seis décadas atrás era impensable el voseo con personas mayores, profesores, funcionarios… También entre los jóvenes, que no se tuteaban de una. Ahora, en cambio, es un modo de tratarse absolutamente horizontal. Nos fuimos dando cuenta de que utilizar el vos o el usted, se trataba de una costumbre y no de una falta de respeto.

Compartiré tips básicos para reconocer a una persona educada. Pueden parecer demasiados, cada una/o sabrá con cuáles quedarse.

Además, dos ejemplos de vida que merecen ser imitados y multiplicados.

Producto de los cambios de época, la experiencia demuestra que el voseo es un hábito que se impuso. Mucho más formal y pacata, en otros tiempos la sociedad prefirió asociarlo a la falta de respeto. Vale la pena recordar otro popular ejemplo: Estaba prohibido conversar durante la comida. “En la mesa no se habla”, era el consabido latiguillo, especialmente para los menores.

Vista desde hoy, parece más bien una conducta autoritaria: impedía disfrutar del momento en el cual la familia estaba reunida. Con todo que modales y lenguaje se modificaron, evolucionaron, hay tips básicos que permiten reconocer a una persona educada.

Es discreta, sencilla, saluda siempre, recuerda decir gracias o por favor, según sea el caso. Pide permiso, no es invasiva, responde los mensajes que recibe, sabe cuándo llega el momento de retirarse. Tampoco protagoniza escenas incómodas ni resulta inoportuna.

Utiliza buen vocabulario, piensa antes de hablar. Apuesta al diálogo porque no le teme al intercambio de ideas. Está persuadida de que discutir no equivale a pelear y prefiere aclarar sus dudas para evitar malentendidos.

Con estas cualidades se arma el identikit de la gente educada. Un ser que no necesariamente es alguien instruido, con estudios superiores y colección de títulos. Conocemos a ilustres ciudadanos que apenas si pudieron pisar las aulas, acuciados por el hambre y la extrema pobreza.

Merecen gozar de diplomas de honor que enfaticen su voluntad de superación, su defensa de la dignidad. Son verdaderos hacedores y continúan trabajando por el bienestar de los demás. Impulsados, seguramente, por haber experimentado en carne propia las vicisitudes que conlleva un origen precario.

Margarita Barrientos decidió dedicar tiempo completo a cocinar con la ayuda de voluntarias, para ofrecer cuatro comidas diarias en su popular comedor de Los Piletones, Villa Soldati. El humilde espacio poco a poco se fue ampliando hasta convertirse en un cálido refugio donde, además de alimentar a cientos de hambreados, funcionan consultorios médicos, hay una biblioteca y un jardín de infantes. Espacio que si fuera por Margarita seguiría creciendo, para contener a más familias que sólo almuerzan o cenan “mate cocido y galletas”, según sus palabras.

Siempre es un placer verla y escucharla en los medios. Margarita tiene gestos mesurados, es muy educada e inspira respeto. No le queda otra que mostrarse para pedir ayuda, para concientizar al público. “Ojalá el comedor no existiera y la gente pudiera comer lo que más le gusta en su propia casa”. Comentó, en varias oportunidades. La verdad, ella representa un auténtico ejemplo de sentido común, inteligencia y sabiduría.

Héctor Toty Flores, dirigente social, exdiputado, es el fundador de La Juanita, en Laferrere, cooperativa que existe desde principios de siglo, con el país quebrado. Fantástico emprendimiento, prosperó sobre la base de la cultura del trabajo y del aprendizaje y hoy enorgullece a quienes decidieron abandonar los piquetes, poner manos a la obra y salir a flote sin victimizarse.

Todas las opiniones coinciden en que Toty es un señor. Líder de bajo perfil, decente, apaciguador. Como diputado se dedicó a estudiar los vericuetos de las leyes y, tras cumplir sus mandatos, siguió siendo el mismo hombre honesto que recorría el barrio mirando a los ojos y saludando.

El Toty Flores habla con suavidad y dulzura. Su tono de voz ni siquiera cambia cuando es evidente la impotencia que le provoca el retroceso socio-económico de su comunidad y de todas las demás que conoce de memoria. Sin embargo, nunca arengó en favor de la violencia.

Negociadores, dialoguistas, Margarita y Toty comunican firmeza, serenidad, delicadeza, credibilidad. Aunque lo más valioso de ambos es haber desarrollado la sensatez, esa encomiable virtud que identifica a las personas educadas.

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Dionisia Fontán, periodista y coach en comunicación

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Propongo encuentros individuales, aptos para todo público, a quienes desean mejorar su capacidad de comunicarse de un modo eficaz y no violento.

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