¿Cómo digo lo que digo?: Entre la caña y el roble

Por Dionisia Fontán, especial para DiariodeCultura.com.ar.

flexibilidad

Flexibilidad versus rigidez. Tener cintura. Adaptarse a las situaciones con actitud creativa sin resistirse a los cambios.

“En este país, si no te doblás te quiebran”, sentenció la mujer de mediana edad, junto al mostrador de una confitería. Mientras apoyaba delicadamente dos tortas apenas cubiertas con papel transparente, siguió dirigiéndose a mí: “Soy maestra particular, como no hay clases tampoco tengo alumnos. Me las rebusco haciendo tortas y otras dulzuras que me encargan”, concluyó. Justo había llegado una empleada del lugar.

Con sabiduría y simpleza, sin proponérselo, esta ciudadana de a pie brindó una lección de lo imprescindible que resulta actuar con flexibilidad, adaptarse a las circunstancias. A su manera, lo expresó de un modo impecable: “Si no te doblás te quiebran”.

Una auténtica síntesis del valor que tiene aceptar las circunstancias como se van presentando. Sin lamentos, sin enojos, sin victimizarse. Apelando a los recursos que somos capaces de generar para salir adelante. Siendo creativos. Por el contrario, si se hubiera tratado de una persona rígida, renuente a los cambios, apegada a costumbres conocidas, es probable que se hubiera sentido incapaz de innovar.

Ya es un hecho, casi, que no existen los trabajos para toda la vida. Cada vez aumentarán más las actividades con fecha de vencimiento. En un mundo tan fluctuante como el que toca habitar, debemos tener cintura, elasticidad suficiente para aceptar los cambios, porque llegan sin pedir permiso, se instalan de prepo. Para dentro de diez años, o menos, se anticipan trabajos que hoy desconocemos. Y otros dejarán de funcionar.

¿Quién hubiera imaginado en los primeros meses de 2020, que nuestra comunicación familiar y laboral sería pantalla mediante? Esta situación sí que fue de prepo: nadie la eligió. Sin embargo, pese a la amargura de seguir comunicándonos pantallas mediante, cuánta gente que se resistía a utilizar internet ya lo adopta con naturalidad y alivio por contar con tan fabuloso medio.

La clave está en asumir la flexibilidad de la caña que se dobla y no se rompe. Quienes prefieren mantener la proverbial fortaleza del roble, tienen problemas para introducir cambios o acostumbrarse a ellos. La rigidez les impide adoptar esa ductilidad que exige este tiempo apurado. Además, las ideas rígidas atrasan: ya es inútil buscar garantías para seguir aferrados  a conductas o modelos de vida que brinden seguridad total.

Como bien dice la canción: Cambia, todo cambia.

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Dionisia Fontán, periodista y coach en comunicación

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