¿Cómo digo lo que digo? Fundamentalistas de la verdad

Alardean de su franqueza, desparraman su verdad absoluta sin ningún reparo. Campeones de la desmesura, están convencidos de que así ejercen la libertad de expresarse - Por Dionisia Fontán, especial para DiariodeCultura.com.ar.

Closeup portrait of furious middle-aged business man looking at camera and screaming. Isolated view on white background.

En la televisión suelen decir que nadie resiste un archivo. Este comentario va dirigido a quienes son incapaces de sostener sus ideas y afirmaciones contundentes por mucho tiempo. A los que no cumplen sus promesas o se ufanan en proclamar verdades poco comprobables.

La verdad en términos absolutos no existe. Cada uno/a tiene la suya, por tanto resulta imposible monopolizarla. A pesar de que nunca falta escuchar sentencias así de rotundas: “Yo soy frontal. Digo siempre lo que pienso, cueste lo que cueste”.

Los protagonistas de estos arrebatos, alardean de su franqueza que viven con satisfacción, orgullosos de anteponer su rasgo de sinceridad a cualquier costo. Totalmente ajenos al daño que son responsables de provocar. Y, lo peor, confunden libre expresión con mala educación.

Por empezar, si tenemos interés de dialogar, de ser escuchados, no resulta para nada oportuno, ni eficaz, andar repartiendo clases magistrales de franqueza, con ese tono de superioridad que incomoda e irrita.

Sólo los fanáticos están convencidos de poseer la verdad absoluta. Como fundamentalistas de “su verdad” se conducen con prepotencia. Es inútil que entren en razones, su bloqueo mental les impide poner en marcha la empatía. Colocarse –aunque sea por un rato- en el lugar del otro/a requeriría comprometerse con un cambio. Transformar sus pensamientos rígidos en más flexibles. Y la voluntad de cambio es un trabajo, no se contrae por contagio.

Los sincericidas escupen grandes dosis de franqueza que nadie les pidió, que no cualquiera está preparado para recibir, que hieren como un puñal. Palabras que jamás merecen el menor análisis, disparadas como misiles.

Entusiastas irracionales del club de la verdad radical, se jactan como si se tratara, nomás, de un modelo de virtud. Los absolutistas desconocen los matices, son rígidos e intransigentes. En la vida diaria advertimos que la persona sincera no necesita alardear de su cualidad. Actúa con prudencia, no se va de boca, no es tajante ni prepotea, conductas típicas de la comunicación violenta.

Es decir, utilizan elementales recursos de convivencia civilizada, que les permiten expresar libremente decisiones, sentimientos, puntos de vista, lo que sea, sin perder esa sensibilidad imprescindible, propia del respeto.

Ir al choque, en cambio, conlleva una serie de sufrimientos para quien soporta la desmesura de alguien incapaz de dominar sus impulsos, persuadido como está de las “bondades” de su estilo mezcla de franqueza y agresividad. Jamás lo asalta la duda. Entonces, se obstina en repetir el mismo error todo el tiempo.

Posdata: ¡Socorro, los fundamentalistas vienen marchando! No sólo quienes defienden la verdad verdadera. Abundan muchísimos otros que se apropian de los temas más diversos.

 

Dionisia Fontán, periodista y coach en comunicación.

Mail: [email protected]/ Facebook: dionisiafontancomunicacion

 

Propongo encuentros grupales e individuales, aptos para todo público, a quienes desean mejorar su capacidad de comunicarse de un modo efectivo y no violento.

Comparto recursos para hacer foco en conductas básicas: respeto mensaje breve y claro, escucha activa, palabra responsable, que facilitan la convivencia laboral, personal y social.