¿Cómo digo lo que digo?: La estima por el piso

Por Dionisia Fontán, especial para DiariodeCultura.com.ar.

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Falta de confianza, miedo al cambio, eternas dudas, son algunas de las conductas que empobrecen la autoestima. Por tratarse de conductas adquiridas, es posible mejorarlas con decisión y actitud positiva.

¡Ay, no puedo!

¡Es muy difícil!

¡No me atrevo!

¡Ya es tarde para mí!

La palabra, poderosa, es capaz de elevar el ánimo o de derribarlo. A fuerza de repetir y repetir conceptos negativos, adquieren identidad, se asumen como verdaderos. Al extremo de anular la menor iniciativa.

Es así como pasamos a ser nuestros propios enemigos. De tanto poner límites, nuestra bajoneada confianza se achica, se achica, y apenas si llega a la altura de un zócalo. Frente a esta conducta es fácil deducir que quienes tienen comportamiento de estatua, por lo inamovible, andan nomás con la estima por el piso.

Lamentablemente abundan las personas que se niegan a introducir cambios. “Soy así”, suelen jactarse. Negando la realidad de que vamos siendo, de que somos seres en construcción. Crecemos, modificamos costumbres, ideas, conductas… El mundo se mueve a tanta velocidad, que si permanecemos quietos nos atropella.

“La autoestima es lo que permite reconocer y defender los propios deseos. Por eso es tan valioso capacitarse, para enfrentar el mundo cambiante”. Reflexiona Lía Lerner, psicoanalista y gran pedagoga argentina, en su libro Del automaltrato a la autoestima. “Cuanto mayor sea la autoestima -prosigue Lerner- estaremos mejor dispuestos a mantener relaciones gratificantes. En cambio, la autoestima baja apela al menor esfuerzo, a la seguridad de lo conocido, a la falta de exigencia”.

Durante la crianza de los hijos conviene prestar atención al modo y al vocabulario que se emplean para dirigirse a ellos. La familia es la primera escuela, la base. Por lo tanto, las palabras despectivas, burlonas, humillantes, corren el riesgo de permanecer grabadas en la memoria y convertirse en un lastre para toda ya la vida.

“La autoestima fluctúa: puede ser más o menos alta, más o menos estable y necesita ser alimentada, en grados diversos, desde el exterior. Aunque las bases se constituyen en la infancia, la autoestima no es inalterable en otras etapas de la vida. Sigue fluctuando. Las personas con baja autoestima parecen mansas, pero son muy quisquillosas. No soportan la crítica que les hace peligrar lo que tienen; en eso se parecen a los soberbios”, argumenta Luis Hornstein, reconocido psiquiatra y psicoanalista argentino, autor del libro Autoestima e identidad.

Resumiendo, sería positivo sentirse merecedores. Antes, claro, habría que desechar la comodidad. Y abandonar la pelea contra las barreras invisibles que impiden avanzar. Ningún logro se conquista desde la pereza y nadie nace con estas limitaciones: son conductas adquiridas que con voluntad de cambio para aceptar el desafío, mejoran muchisímo.

Al punto de que la estima se despega del piso y vuela alto.

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Dionisia Fontán, periodista y coach en comunicación

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Comparto recursos eficaces para hacer foco en conductas básicas: respeto, mensaje breve y claro, escucha activa, palabra responsable, que facilitan la convivencia laboral, personal y social.

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