¿Cómo digo lo que digo?: Momento sensible para cuidar lo que decimos

Por Dionisia Fontán, especial para DiariodeCultura.com.ar.

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¿Por qué se trata de un momento sensible? Porque la cuarentena larga duración puso en evidencia otro miedo tan peligroso como el virus. El miedo de perder el trabajo o de haberlo perdido. De conformarse con el sueldo recortado. En fin… dramática prueba que reclama serenar los ánimos, evitar la violencia verbal o psicológica. Acompañarnos. Cuidarnos.

Ya pasó el otoño, así que a esta altura de la convivencia forzada es probable que hayamos atravesado todos los estados de ánimo. La vida nos somete a una prueba (todavía ignoramos por cuánto tiempo más) y cada pareja, cada grupo familiar, ha arribado a estos casi cien días como pudo, como le salió, mejor, regular, mal. A puro ensayo y error.

A quienes soportan dificultades por habitar bajo el mismo techo, ya sea por tolerancia cero, rigidez, egoísmo, incapacidad para adaptarse a una experiencia impensada o porque eran pensionistas en su propia casa, creo oportuno sugerirles que establezcan una tregua. Para negociar acuerdos sencillos, básicos comportamientos y –eso sí- cumplirlos a rajatabla.

Uno de los acuerdos debería impedir que el provocador o la camorrera se salgan con la suya. En muchos casos, tanto tiempo juntos fue corriendo los límites del respeto. Por ejemplo, cuando las palabrotas se disparan de manera indiscriminada a los padres, entre marido y mujer o pegan directo en la abuela, invitada para no dejarla sola.

A los gritones, conviene pedirles que bajen los decibeles. ¿No les interesa,no escuchan? Cuando tomen conciencia de que los demás ignoran sus bravuconadas, es posible que opten por bajar el tono. Imagino que más de uno/a debe pensar. “¿Se conoce que no le tenés que ver la cara las veinticuatro horas”. Es cierto. Debe ser insoportable bancar a los maleducados, como el que arroja su malhumor a los demás. La experiencia indica que si no encuentra interlocutor/a que se enganche con su pésimo talante, deja de molestar y sigue enojado consigo mismo. Se necesitan dos para pelear, eso dicen, hacer silencio o dejar sola a la persona irritada, puede resultar efectivo. Nada peor que seguir el juego. Si buscan despacharse a gusto o quedarse con la última palabra, allá ellos.

Sostengo que ahora es un momento sensible para cuidar lo que decimos, porque la interminable cuarentena incorporó otro miedo. Muy grande. Me refiero a la desesperación. De perder el trabajo, de comerse los ahorros, de haber bajado la persiana del comercio y no saber cómo continuar. Ante semejante realidad, las fisuras de la convivencia suenan frívolas, superficiales.

En efecto, siempre es importante pensar antes de hablar pero lo que decimos hoy impacta más que nunca. Nos necesitamos. La contención es imprescindible. Ya no queda espacio para referirse al hartazgo, palabra que adquirió relevancia. Ahora importa apelar a la creatividad y a la entereza para defender los garbanzos. No es tiempo de que la familia se divida, de pasarse viejas facturas, de agredirse. Tampoco es tiempo para fantasear con el “yo me mando a mudar”, porque quedarte en casa es un mandato social y si, además, tu economía está en rojo, como en tantísimos hogares, sólo te salva poner en marcha la inteligencia para que, de prepo, te instale en el presente.

A casi cien días de encierro, totalmente desorientados, es fundamental cuidar lo que decimos y cómo lo decimos. Recordemos siempre que somos personas y merecemos tratarnos con sumo respeto. Es complicado, lo sé. Una prueba dramática. No queda otra, entonces, que aceptarnos pese a las diferencias, las broncas y los disgustos. Es más, deberíamos proponernos practicar esta actitud como una conducta masiva. La sociedad somos nosotros y queda claro que no es nuestra responsabilidad el caos económico. De nosotros, en cambio, depende resistir todo lo posible para evitar la quiebra moral.

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Dionisia Fontán, periodista y coach en comunicación

Talleres Online

Comparto recursos para hacer foco en conductas básicas: respeto, mensaje breve y claro, escucha activa, palabra responsable, que facilitan la convivencia laboral, personal y social.

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