¿Cómo digo lo que digo? Si aprendés a argumentar evitarás el enojo

Por Dionisia Fontán, especial para DiariodeCultura.com.ar.

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Se trata, en efecto, de una de las conductas imprescindibles del lenguaje verbal. Ponerla en práctica asegura interactuar sin asperezas. Mantener conversaciones amigables, que descarten cualquier síntoma de violencia.

Hay personas muy susceptibles. Se enojan con facilidad. Cualquier tema les sirve de disparador para sentirse molestas y, de paso, aprovechan para sacar a relucir viejos enconos. Pasan factura. No se les ocurre para nada la idea de argumentar sobre esos temas que, en su momento, les cayeron mal. Prefieren apelar al reproche, a la crítica demoledora, al punto de poner la relación en serio peligro o provocar la ruptura.

Aprender a argumentar, una de las conductas imprescindibles del lenguaje verbal, permite evitar el enojo y llevar calma a la persona que está a punto de perder los estribos, de levantar presión.

Trapos al sol de la vida cotidiana: “Me acusaste de orgullosa ”. “Te parece que me estoy volviendo amarga”. “Decís que me siento superior”. “Según vos, tengo tolerancia cero”. Comentarios de todo tipo que se fueron sumando en la memoria y, al cabo del tiempo, aumentaron su carga emocional, como si los hubieran espolvoreado con levadura.

A veces, somos incapaces de reaccionar en el momento de la crítica o de la opinión fuerte. De aclarar los tantos sin ánimo de desembocar en una pelea. Habría sido conveniente pedir explicaciones: “¿Por qué creés que me siento superior? Necesito que me lo demuestres con ejemplos, que menciones situaciones donde me comporté así”.

En efecto, hubiera sido apropiado formular preguntas puntuales. Se optó, en cambio, por acallar la rabia. Por postergarla. El silencio podía interpretarse como una pausa para reflexionar o para juntar bronca. El intercambio de ideas, de puntos de vista, los desacuerdos, sirven para aclarar conceptos equivocados, prejuicios, confusiones. Toda discusión constituye un atajo hacía mejores ideas y hacia mejores líneas de pensamiento.

Levantar la voz es otro modo de escapar de la argumentación. Equivalente al portazo, el grito se instala como un descontrolado invasor, que no conduce a nada ni soluciona nada. Sirve de desahogo y convierte la escena en un campo minado, sin aportar ningún efecto sobre la realidad ni modificarla.

Comunicar mejor es una habilidad que se adquiere con entrenamiento. No se logra de taquito y practicada con convicción, beneficia las relaciones, suaviza los vínculos. La experiencia lo demuestra. Aprender a argumentar, una de las conductas básicas del lenguaje verbal, resulta valiosísimo a la hora de interactuar en el medio laboral, social y personal. Es de gran ayuda, facilita el trato, afloja las tensiones.

Considerando semejantes virtudes, antes de que se te suelte la cadena, contá hasta diez, hasta veinte o pedí ayuda. Sin la menor vergüenza, al contrario, sentirás alivio cuando te atrevas a preguntar: “¿Decime, por qué pensás así de mí?” Necesito que me lo expliques para darme cuenta de mi actitud, para revisarla y si coincido con tu observación, seguramente haré lo posible para cambiar.”

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Dionisia Fontán, periodista y coach en comunicación
Talleres Online
Comparto recursos para hacer foco en conductas básicas: respeto, mensaje breve y claro,
escucha activa, palabra responsable, que facilitan la convivencia laboral, personal y social.
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