Cómo hacer turismo en cuarentena. Receta fácil y práctica

Por Verónica Vasallo, especial para DiariodeCultura.com.ar.

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Este confinamiento que nos impone la pandemia del Covid-19 poco a poco se va abriendo, pero para que quienes vivimos en el ahora tan nombrado AMBA todavía nos queda un rato de espera.

Desde chica que amo viajar, cerca o lejos, hacer escapadas de fin de semana a visitar familia o amigos, pasear por la Argentina o un poco más allá de sus fronteras, y admito que la abstinencia se está complicando.

Ahora bien, buscando una cura a esta situación, se me dio por abrir los libros del primer año de la licenciatura en turismo para leer cómo define al turista la Organización Mundial de Turismo, y dice así: “una persona que viaja a un destino principal distinto al de su entorno habitual, por una duración inferior a un año, con cualquier finalidad que no sea la de ser empleado por una entidad residente en el país o lugar visitado”. Ok, por ahora entonces según la OMT, no se puede ser turista.

Pero dentro de su glosario también aparece la figura del visitante del día (o excursionista) y la del visitante interno que es el que viaja dentro de su propio país de residencia y sus actividades forman parte del turismo interno. Para esto #faltamenos!!

Entonces, ¿por qué no empezamos a pensar una excursión por nuestra propia ciudad como una manera de hacer turismo y así aplacar un poco las ansias? Seguramente hay cosas que no sabemos y curiosidades que jamás nos contaron.

Empecemos por lo más cercano: ¿Por qué se llama así la calle en la que vivís? ¿Y la de la esquina? ¿Y la avenida principal? Muchas chances de un 9 de Julio, Rivadavia o San Martín como respuesta, pero bueno, sigamos recorriendo.

A ver, cuánto sabés de tu barrio: a qué le debe el nombre, cuándo se fundó, cuántos habitantes tiene, el nombre del parque o de la plaza más cercana ¿lo sabés?, si tiene esculturas: quién las hizo, qué representan, de qué especie son los árboles. Quizás algún personaje ilustre o famoso haya nacido o vivido por allí también y disfrutó de ese mismo espacio verde y nunca lo supiste.

¿Hay una iglesia o capilla cercana? Allí podemos preguntar a quién está consagrada, de qué estilo es, qué imágenes alberga, cuándo la construyeron.

Quizás averiguar sobre los edificios emblemáticos como el palacio municipal o de algún organismo del estado, alguna casona antigua, una escuela, un cine o teatro, un museo, un club, una fábrica: desde cuándo están en el barrio, qué actividades realizan, qué servicios ofrecen, qué superficie ocupan, qué capacidad tienen, etc.

Y si hay niños en este paseo, investigar y contarles datos que los ayuden a imaginarse cuán diferente supo ser ese lugar que ellos tan bien conocen ahora, por ejemplo, en qué año llegó la iluminación pública o el asfalto.

Algún comercio de referencia por su permanencia en el barrio también sirve como dato, o ese negocio en el que compraba el abuelo o la mamá, el típico recuerdo “cuando iba a la escuela, porque en mi niñez íbamos caminando, acá estaba el almacén de …”

Se trata, simplemente, de dejar que la curiosidad nos invada y que surjan las inquietudes a borbotones y así conocer más de nuestro destino de hoy: nuestro lugar. Sin alejarnos, sin invertir dinero en pasajes ni estadías y siendo nuestros propios guías.

Es una manera de hacer turismo que siempre estuvo al alcance, pero solemos dejar de lado. Cuando planeamos un destino más lejano, pasamos horas averiguando en internet sobre él y luego lo visitamos tan detalladamente como podemos. Entonces, ¿por qué no hacerlo con el barrio que habitamos?. Así, cuando lo caminemos aunque sea para hacer las compras, nos vamos a sentir más locales, porque ya nos apropiamos de su historia y sus secretos, y además, como dice esa frase que le atribuyen a Leonardo Da Vinci, “No se puede amar lo que no se conoce ni defender lo que no se ama”

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Verónica Vasallo es Locutora, Periodista y Agente de Viajes.

Instagram: @Verovasallo