Crucigrama: “En el quinientos seis y en el dos mil también”

Perdón… en 2026, al menos, sin fecha de vencimiento – Por Norberto Tallón, especial para DiariodeCultura.

Aunque nunca nos fuimos, solo una pausa, ésta es la vuelta.

Enrique Santos Discépolo, conocido también como Discepolín, nació en la Ciudad de Buenos Aires, bajo el signo de Aries, el 27 de marzo de 1901, y en el mismo barrio de Balvanera por causa de un ataque cardíaco murió, a los 50 años de edad, el 23 de diciembre de 1951.

Autor, compositor, músico, dramaturgo, actor y cineasta. Compuso parte importante de los llamados “tangos fundamentales o de oro”. Según su biógrafo Norberto Galasso su vida “fue un permanente desgarrarse en una sociedad injusta […] solo comprensible en el marco de la sufrida Argentina del siglo XX”.

Una de sus grandes obras fue, es, “Cambalache”, tango (Letra y música) compuesto en 1934 estrenado a fin de ese año en el porteño Teatro Maipo, y a su pedido, lo cantó por primera vez, la vedette y actriz, Sofía “La Negra” Bozán.

Cuando vamos transitando hacia el otoño y al retomar la Columna debería, tendría muchas ganas, expresar algunas puntuales, otras larguísimas,  sí muchísimas ideas y pensamientos…

Pero Discépolo lo dejó plasmado hace más de noventa años y más allá del lenguaje entre lunfardo y arrabalero, las menciones puntuales de personajes entonces famosos,  nada resulta difícil actualizarlos, hasta ayer, hoy mismo o mañana, porque hay stock importante “destacados” estafadores, sobornados, sacerdotes, obras teatrales, deportistas, personajes de historieta, gobernantes, guerreros. Excepción de la cita al Libertador de América, el general don José de San Martín, que permanecerá incólume por los tiempos.

En algunas grabaciones (la de “Polaco” Roberto Goyeneche, por ejemplo) se menciona “Thatcher Ra (sic)”. La Inteligencia Artificial, que supone todo lo sabe, atribuye el agregado y/o reemplazo por otro del texto original al uruguayo Julio Sosa, allá por 1962, pero la IA no puede responder, y se hunde en un berenjenal de absurdas o incomprobables conjeturas, ya que reconoce no puede vincular a Margaret Thatcher, en ese tiempo una perfecta desconocida para el mundo, excepción posible de Gran Bretaña.

Por  ello sumando al recuerdo de Discepolín y las aclaraciones hechas hay un estruendoso choque que adhiere a una total validez del subtítulo de esta nota a partir de mi sentido “Perdón” y la hipótesis acerca de su durabilidad temporal y social, que carece un vencimiento “cierto”.

Razones, creo, poderosas para que sea la letra original, hoy, sea la protagonista central…

“Que el mundo fue y será una porquería

ya lo sé…

¡En el quinientos seis

y en el dos mil también!

Siempre ha habido chorros,

Maquiavelos y estafaos,

contentos y amargados,

valores y dublé…

Pero que el siglo veinte es un despliegue

de maldá insolente,

ya no hay quien lo niegue.

Vivimos revolcaos en un merengue,

y en el mismo lodo

todos manoseaos.

¡Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor!

¡Ignorante, sabio o chorro,

generoso o estafador!

¡Todo es igual!

¡Nada es mejor!

¡Lo mismo un burro

que un gran profesor!

no hay aplazaos,

ni escalafón.

Los inmorales nos han igualao.

Si uno vive en la impostura

y otro roba en su ambición.

¡Da lo mismo que sea cura,

colchonero, rey de bastos,

caradura o polizón!

¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!

¡Cualquiera es un señor!

¡Cualquiera es un ladrón!

Mezclaó con Stavisky va Don Bosco y “La Mignon”,

Don Chicho y Napoleón,

Carnera y San Martín,

Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches,

se ha mezclao la vida

y herida por un sable sin remaches,

ves llorar la Biblia

contra un calefón.

¡Siglo veinte, cambalache

problemático y febril!

El que no llora no mama

y el que no roba es un gil

¡Dale nomás!

¡Dale que va!

¡Que allá en el horno

nos vamo’ a encontrar!

¡No pienses más,

sentate a un lao,

que a nadie importa

si naciste honrao!

Es lo mismo el que trabaja

noche y día como un buey,

que el que vive de los otros,

que el que mata, que el que cura

o está fuera de la ley.”

No hace falta más… Piero (de Benedictis), en una de sus canciones, sintetiza “solo hay que saber mirar”.

Sabemos…

A un clic de distancia, 1983. Finlandia: Concierto de la UNESCO. La “Tana” Susana Rinaldi y su versión de este eterno “Cambalache” discepoliano. Publicación del sitio Cartango en YouTube.

Cerraba el 2025 (Edición 356) con esta frase y, valga “coincidencia” aquí se repite: “Cuídense mucho, muchísimo más, como no lo han hecho nunca antes. Una vidriera tan irrespetuosa que, ni el genio de Discepolín, hubiera imaginado…” 

Norberto Tallón