Crucigrama: Leer un libro

Parte 2 (tiempo después) - Por Norberto Tallón, especial para DiariodeCultura.com.ar.

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Para ya saben quiénes.

Allá por 2016, en la columna número 30, hace ya más de cien encuentros, manifestaba que leer es siempre una placentera actividad. Aunque a veces se encare, por distintas razones, con el apuro de llegar al final lo más pronto posible.

Pero si lo que se pretende es alimentarse del disfrute de una lectura, que también por diferentes motivos se ha elegido, es preciso entregarse a ella, en lo que se disponga para hacerlo en cada momento, con la decisión de recorrer sus palabras con la mayor tranquilidad, analizando qué se dice y, tal vez, qué se quiere decir, “paladear” cada frase hasta obtener el mayor “gusto”, sea cual fuera, pues no siempre será dulzor ni tampoco amargura, “exprimir” todo el sabor que el escritor ha intentando volcar desde el comienzo al fin.

El hacerlo predispone a la búsqueda de obtener la satisfacción de haber transitado un texto que lo merecía, aunque es obvio que no todas las ocasiones brindan esa posibilidad pero, asimismo, obliga a todo aquello referido en el párrafo anterior.

Está claro que no es lo mismo leer un cuento, una serie de relatos, o un texto de mayor o menor cantidad de páginas. Ya que, básicamente, parten de estructuras literarias diferentes, preferencias y la dedicación a la brevedad de uno o la tarea de encarar con paciencia el punto definitivo de trabajos de mayor extensión, aunque muchos de ellos hagan pronunciar esa frase mágica de “me enganché y no lo pude largar”. Juro haber leído las más de tres mil páginas de la trilogía de Stieg Larsson, “Millenium”, en menos de cuatro días.

Hoy por hoy, más que hace tres años atrás, la lectura digital ha obtenido un campo inmenso y “en progreso”, pero en mi opiniòn personal, seguramente discutible, incomparable con pasar las hojas de papel un libro, percibir un aroma (también hallable en las librerías), distinto desde un viejo ejemplar al recién adquirido, pero siempre indiscutiblemente disparador del goce y el placer de ese “viaje” encarado una y mil veces, descubrir historias, reales o de ficción, aprender una poesía de memoria, pensar en cuál es el siguiente para un rito eterno.

Hoy, tal vez, transcurren sin que lo registremos, excelentes obras. A veces, la casualidad produce un rescate; en otras, la pérdida es definitiva. Sucede que el marketing es una cosa y “saber” de literatura u otros géneros es otra diferente.

Por eso en este tiempo que marketineras y marketineros, en general, “manejan” la difusión de las editoriales y creen que todo es su “expertise”, que no es saber de esto, al menos, sino todo lo contrario. Tantos nombres de grandes difusores se tienen en mente y casi ninguno es actual. Ojalá los “expertos” pudieran entender… eso tan básico como entender lo que no es, en absoluto, un dogma, solo expresión de la realidad percibida y “probada” por los mismos hechos.

Quién quiera el sayo por sentirlo propio… se lo ponga. No redimirá de nada.

Norberto Tallón

@betotallon