El valor de la palabra: Ser humano

Por Sandra Auteri. Especial para Diariodecultura.com.ar.

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Este año fue necesario repasar varios capítulos de la materia Vida.

La aparición de la pandemia nos reveló resilientes. Pudimos alinearnos al mundo y reinventarnos con las limitaciones que nos planteaba, y se nos abrieron nuevas rutas para transitar lo que se nos presentaba. Para algunos, impensadas.

El virus del Covid desapareció al virus de la incomprensión, el de la intolerancia, el de la inconciencia.

Le dio paso a la escucha atenta y le dio un propósito a nuestra existencia.

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Este año muchos trabajamos nuestra capacidad de mirar al otro descubriendo y reconociendo nuestras propias sombras y fuimos benévolos con nosotros mismos. Haciendo ese viaje interior aprendimos a identificar las sombras ajenas y entender y empatizar con las propias y las de los otros. Algunos también, trabajaron la piedad.

Este año potenciamos los afectos y minimizamos los defectos. Renació y se reformó el sentido de lo incondicional y nos hicieron saber que no estábamos solos. Que siempre habrá alguien dispuesto a tender su mano y a dar sin reservas.

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Este año visualizamos a aquellos que hicieron culto al verdadero sentido de poner el cuerpo al servicio de un bien mayor. Este año, mostró a los verdaderos maestros de la vida. A aquellos dispuestos a arriesgar su propia integridad para acompañar y despedir a quienes debían irse.

En este año, algunos rezamos por los miles de anónimos que estuvieron junto a quienes tuvieron que ser asistidos, anónimos también para ellos. Esos que se instalaron dispuestos a rescatarlos de sus momentos de melancolía, de incertidumbre, de sobre exigencia. Este año, el alma del mundo se integró a cada cuerpo.

Este año, se puso de manifiesto, el sentido real de vivir el presente. La pandemia nos desafió a ser auténticos y a disfrutar de todo lo que significa el “aquí y ahora”, y elegir con quien. Este año reconocimos a los fundamentales en nuestras vidas, y llevamos nuestras voluntades a límites que no conocíamos.

Este año aprendimos el valor de la compañía, del abrazo y de lo que somos capaces por otros. Este año entendimos que no debemos estar solos y que estamos preparados para soltar lo que no nos hace más.

Este año, reconocimos a los incondicionales, a los que siempre van a estar. Reconocimos a los Imparables. Esos que asumen su rol fundamental y dan ejemplo de ello.

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Este año decidimos hacia quienes queríamos enfocar nuestros esfuerzos para crecer juntos en los valores más sublimes que puede forjar el ser humano, la solidaridad y la integridad.

El padre Mamerto Menapace, reflexionaba lo siguiente:

“Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos”.

Este año el mundo nos mostró la verdadera dimensión del tipo de persona en la que queremos convertirnos y a quienes consideraremos en nuestra vida de aquí en más. El mundo nos desafía a recibirnos de Humanos y a evolucionar en esos seres internos que visualizamos, con una fuerza imparable, esa que destila un corazón resuelto.

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Sandra Auteri – Locutora Nacional MN 10.523
Difundir valores a través de palabras cotidianas es un desafío que les propongo transitar.
La consigna es que en cada encuentro, teniendo como guía la palabra elegida, podamos celebrar y superar lo que creamos que son nuestras limitaciones.

www.sandraauteri.com.ar