Visita a los Menonitas de La Pampa

Manos de trabajo y de bondad - Por Edgardo Berón, especial para DiariodeCultura.com.ar

Jacobo Braun con Edgardo Berón
Matrimonio menonita Jacobo y Margarita con Lucía Gareis y Felicitas Berón Gareis, flia de Edgardo Berón

El 5 de enero de 2022 llegué con mi familia a la localidad pampeana de Guatraché, a 180 km. de Santa Rosa. El fin era conocer la Colonia Menonita “Nueva Esperanza”. Ni bien nos alojamos, comenzamos a recorrer Guatraché, una ciudad pequeña, muy ordenada y limpia. A poco de andar nos cruzamos con una joven pareja de menonitas. Es común que ellos vayan al pueblo a realizar compras, por consultas médicas o trámites. Le hablé a quien resultó ser Jacobo, un rubio, delgado, alto, con aspecto alemán y el clásico carpintero de tela de jean. Le dije que queríamos visitar al día siguiente la colonia y que deseaba que me dijera dónde podía comer en el lugar. Con toda amabilidad me explicó que había un comedor, pero que por ser al otro día de Reyes, en la colonia era feriado. Eso nos obligó a postergar un día más nuestra estadía en este pueblito de inmigrantes, con una importante ascendencia alemana y poder visitar sus alrededores.

Como Jacobo sabía que mi intención era escribir una crónica, acordó una reunión con su suegro, Jacobo Braun, que fue uno de los pioneros de la colonia.

Los 35 kilómetros de tierra que hay que transitar están en buen estado, pero la sequía y el viento hacían que el polvo me impidiera ver por momentos.

Las casas de la colonia son muy parecidas, de afuera tienen más bien aspecto de galpones, pero por dentro son muy confortables. Todas tienen el pasto cortado, muy prolijo y su huerta de donde cosechan los vegetales necesarios para la mesa.

Las fincas están ordenadas por grupos que llevan un número y se los denomina campos, pero no tienen una dirección, por lo que el visitante debe dirigirse al número de campo que corresponde y allí ir preguntando a medida que avanza. Nuestro punto de encuentro era el taller metalúrgico Metalmen, donde trabaja Jacobo y alquila su vivienda, junto a la fábrica que produce silos de seis a ciento veinte toneladas, además de pequeños elevadores de granos conocidos como “chimangos” y acoplados para camionetas. Estos pueden ser para llevar fardos e insumos para campo o también con diseños para transportar caballos o pequeñas cantidades de ganado.

En la fábrica no encontramos a nadie, así que algo desconcertados subimos a nuestro vehículo y tomamos por la calle, a lo lejos venía un carro con ruedas de auto y techo, tirado por un caballo. En el viajaban dos muchachos, así que le hice señas para detenerlos y el que llevaba las riendas no era otro que Jacobo. Muy risueño por la situación y dispuesto a guiarnos, volvimos a la fábrica. Las herramientas de corte, soldadoras y demás implementos de trabajo son de buena calidad y de última tecnología. Las máquinas se proveen de electricidad mediante un grupo electrógeno, ya que en la colonia está restringido el uso de corriente eléctrica y de dispositivos electrónicos, como computadoras, celulares, tabletas y electrodomésticos, salvo heladeras y freezers.

Conocimos al dueño de Metalmen, patrón de Jacobo, que además de su fábrica se dedica a vender materiales de herrería y metalurgia, para proveer a otros talleres de la colonia y también a clientes de Guatraché. Sin dudas es el más acaudalado de los menonitas. Pero está en la fábrica como uno más y nos atendió con total amabilidad y permitió que Jacobo nos enseñe su fábrica y barraca de materiales, que incluye un moderno puente grúa capaz de mover varias toneladas.

Luego fuimos recibidos por Jacobo Braun, que sería mi informante –en términos antropológicos–. Al llegar, su esposa y todas las niñas se fueron para adentro y salió él. Alto, delgado, un hombre muy apuesto, educado y amable. Se prestó a la charla sin problemas, desde el inicio y fue muy hospitalario. Nos sentamos bajo la sombra de unos árboles entre el canto de calandrias, de a poco salían unas niñas que parecían muñequitas, con sus vestiditos coloridos, impecables y sus rizos de oro con distintos arreglos y trencitas que las hacían aún más bellas.

Braun llegó a los campos donde hoy se erige la colonia el 5 de septiembre de 1986, acompañado de otros jóvenes. Venían de Zacatecas, México; de esta forma, los menonitas le daban continuidad a un largo peregrinar centenario, que Braun me cuenta, apoyado en la consulta de un libro que sostiene entre sus manos. Por el año 1500 estaban en Holanda, en 1774 había 13.500 menonitas en Alemania. En 1788 se trasladaron a Rusia y en 1870 se los persigue, por ese motivo se radican en Canadá en 1874 y de allí en 1922 arribaron a México, donde llegaron a tener 29.500 hectáreas, que quedaron reducidas a 16.000 luego de la reforma agraria llevada adelante en ese país.

La llegada a La Pampa no les fue nada fácil, vinieron directo un grupo de familias y se alojaron en lo que había, más que nada galpones. De a poco fueron subdividiendo y alambrando las fincas. La propiedad no es colectiva, se compra en una sola operación una gran extensión de campo, pero cada cual es propietario de las hectáreas que puede comprar. La mayoría cuenta con pequeños campos de 3 o 5 hectáreas, unos pocos tienen campos grandes que le permiten plantar soja y los granos que mejor cotizan en el mercado.

Firmes creencias

La religión lo rige todo, son cristianos protestantes, su líder allá por 1537 fue Menno Simons, de allí proviene su denominación: menonitas. En la colonia Nueva Esperanza hay ocho ministros que son elegidos por medio del voto. De ellos dos serán los jefes de la colonia. Braun nos explica que se los elige tanto a los ministros como a los jefes por sus características y cualidades y que los que son designados no pueden negarse a esa distinción. También hay dos jefes en cada sector de la colonia.

Todos los domingos concurren al templo, además oran y dan las gracias antes de comer y el trabajo y la responsabilidad es también una forma de honrar a Dios.

Su rechazo por la tecnología nos explica Jacobo Braun, es una manera de evitar las distracciones y también las tentaciones que hay por ejemplo en Internet. Prefieren una vida dedicada al trabajo, al contacto con la naturaleza a la labranza y el apego familiar.

Respecto a la medicina no niegan cualquier tratamiento y tecnología al servicio del cuidado de la salud. Sin embargo, no se han vacunado contra el Covid, pero fueron pocos los que se contagiaron y hasta el momento solo una persona falleció por esta causa. Por lo general, al contraer el coronavirus algunos se automedicaron con dexametasona y antibióticos.

Escuela propia

Las niñas y niños no concurren a las escuelas de Guatraché, reciben educación desde los 5 a los 12 años en escuela propia. Allí aprenden lo básico, en particular las operaciones matemáticas y el idioma, que en el caso de los niños aprenden el alemán alto, el idioma oficial de Alemania. Las chicas manejan solo el idioma que es común en la colonia, el bajo alemán, un dialecto que surge de una mezcla idiomática proveniente de Holanda.

En algún momento se les cuestionó el trabajo infantil, como así también que no participaran de la educación formal. Pero ellos han logrado mantener sus costumbres, que en un punto no difiere mucho de como se han criado los hijos de las familias de campo en nuestro país, ayudando a sus padres en las tareas rurales, conduciendo tractores y máquinas agrícolas desde muy pequeños.

Sobre el final de la entrevista, Jacobo Braun pide permiso a su señora para ver si ella nos dejaba entrar a la vivienda. La esposa accedió y recorrimos la casa, con muebles de roble hechos por ellos que son excelentes carpinteros. Todo es orden y está impecable. Los ambientes son cómodos, espaciosos.

Luego llegó Margarita, hija de Jacobo Braun y esposa de Jacobo, en un típico carro llamado boogie, nos traía el menú del comedor que hay en el lugar.

El afecto de la despedida

Comimos varénikes, una pasta rellena muy rica y compartimos la mesa con Jacobo y su esposa Margarita. Al terminar, nos enseñaron su casa y nos contaron de sus proyectos, de tener su propio hogar.

Mi esposa, descendiente de alemanes del Volga, intentó comunicarse en dialecto con Margarita, pero no fue posible, tampoco en alemán ya que las mujeres no hablan el alto alemán. Por mi parte, no tenía posibilidad de dialogar con Margarita, ya que las mujeres no hablan con los hombres.

Al terminar el almuerzo nos acompañaron a comprar quesos, Jacobo insistía en pagarlos él, me costó mucho convencerlo para que no lo hiciera. Margarita se apegó mucho a mi esposa y quiso hacerle un regalo, primero le dijo que eligiera lo que quisiera. Mi esposa eligió un pequeño recipiente para yerba, no quería ponerla en gastos. Pero la joven esposa menonita, no quedó conforme y eligió un hermoso mate con su bombilla y se lo regaló.

Como ellos vienen a Buenos Aires a comprar telas y otros objetos, los invitamos para que nos visitaran. La despedida fue muy emotiva, tanto ellos como nosotros nos dijimos que queríamos ser amigos. De su parte recibimos bondad y ganas de que conociéramos su cultura y costumbres.

Prometimos volver, tal vez el afecto y la apertura pueden romper cualquier diferencia.

 

En las imágenes: Jacobo Braun con Edgardo Berón y Matrimonio menonita Jacobo y Margarita con Lucía Gareis y Felicitas Berón Gareis, flia de Edgardo Berón

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Edgardo Berón, escritor.