30 años de Los Simpson: pasión argentina, Perón y Malvinas

En 1989 se emitió en los EE.UU el capítulo debut. Viva reconstruye cómo la familia amarilla llegó aquí dos años después, y cómo los adoptamos en las calles y en las redes. Además, curiosidades “argentas” de la serie.

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¿Qué podemos decir de Los Simpson, ahora que se está por cumplir treinta años de su capítulo estreno? Que se mantiene como la serie más longeva de su clase. Que logró superar sus orígenes analógicos para transicionar hacia la realidad digital, convirtiéndose en el centro de múltiples referencias y memes en redes sociales. Que sigue vigente y activa, incluso cuando muchos dejaron de ver los nuevos episodios y prefieren ser espectadores en loop de capítulos que tienen varios años. Que es la primera y única serie de dibujitos animados realmente transgeneracional.

Todo eso es cierto pero, a la vez, insuficiente. Los Simpson son, también, una pasión argentina que se expresa de diferentes maneras, algunas realmente insólitas.

Uno de los mayores estudiosos del programa, y que llegó a ser consultado para el documental oficial sobre la serie en 2009, es argentino. Igual que el fabricante de Simpsons de juguete no oficiales que fue legitimado por el propio creador de la franquicia, Matt Groening. Además, la cuenta en español de Twitter mejor informada sobre la familia de Springfield es también de un argentino.

El bar de Moe de Ituzaingó. Debió cerrar por orden de Fox.

El bar de Moe de Ituzaingó. Debió cerrar por orden de Fox.

Aquí, la fiebre amarilla es tal que en 2008, los emprendedores Sergio Brikman y Lucas Puyau crearon una fábrica de cerveza bautizada Duff, igual a la que consume Homero Simpson. Fue un éxito, incluso apareció en el documental oficial The Simpsons 20th Anniversary Special – in 3D! On Ice! (2010), hasta que la multinacional Fox ordenó la inhibición de la marca.

Lo mismo sucedió en 2017 con el bar de Moe, réplica del que se encuentra en Springfield, que Damián Díaz y su padre construyeron en Ituzaingó (Buenos Aires) y tuvieron que cerrarlo por orden de la misma multinacional. La pregunta, entonces, es: ¿cómo llegamos a esto?

Mi familia es un dibujo

A finales de la década del ‘80, Matt Groening, un dibujante de Portland, había comenzado a volverse un nombre popular en el mundo gráfico alternativo gracias a su tira Life in Hell (Vida en el infierno), que mezclaba acidez con reflexiones cotidianas en un universo de conejos.

Una de esas tiras terminó en manos del productor televisivo Ken Estin, a quien que se le ocurrió llamarlo para que hiciera los separadores de un programa que estaba realizando, The Tracey Ullman Show.

Matt Groening con su esposa, la argentina Agustina Picasso.

Matt Groening con su esposa, la argentina Agustina Picasso.

Se trataba de un ciclo de humor con sketchs protagonizados por una actriz británica conocida por sus imitaciones y personajes. Para Groening, que pese al suceso de Life in Hell le costaba llegar a fin de mes, la propuesta era atractiva. Pero mientras esperaba a ser atendido en las oficinas del ejecutivo, tuvo miedo de que vender su único éxito fuera demasiado arriesgado y, por eso, bocetó rápidamente otra propuesta, con las aventuras de una familia disfuncional.

Sin tiempo para grandes inspiraciones, a la hora de bautizar a los personajes pensó en su propia familia: en su papá Homer, en su mamá Marge (Marjorie, en los documentos) y en sus hermanas, Lisa y Maggie. Así nacieron Los Simpson, que sólo comparten con los Groening sus nombres de pila. Muchas de las calles de Portland se convirtieron en apellidos de personajes, como la avenida Flanders o la calle Burns.

Los Groening vivían en una casa tan cerca del zoológico que, por las noches, el rugido de los leones despertaba a Matt. Desde pequeño supo que lo suyo era dibujar y nunca le interesaron otras cosas. De hecho, aún guarda un cuaderno en donde una maestra de la Escuela Ainsworth le hizo escribir 500 veces Debo mantenerme callado en clase, un rito que luego repetiría su hijo en la ficción, Bart.

La nueva creación del dibujante de Portland primero apareció en segmentos de un minuto en The Tracey Ullman Show, pero debutó con programa propio el 17 de diciembre de 1989, en horario central y con episodios de media hora.

Piel amarilla y pelo azul

Ni propios ni ajenos creían en el éxito del ciclo… ¿a quién se le ocurriría programar dibujos animados para un público adulto? Para colmo de males eran amarillos, una elección caprichosa que los hacía extraños y diferentes a todo lo conocido.

Gustavo Mames hizo una de las primeras tesis universitarias sobre Los Simpson.

Gustavo Mames hizo una de las primeras tesis universitarias sobre Los Simpson.

Se trató de una idea de la animadora Gyorgyi Peluce, quien estaba buscando un mayor contraste para sus diseños y jugó con el azul para el pelo de Marge y el amarillo para su piel.

En una entrevista en 2007, Peluce recordó que los primeros bocetos que había recibido eran demasiado sencillos y que el presupuesto original para el trabajo era muy modesto, en un momento en donde aún se pintaba a mano: “Siempre me gustó el color y sabía que se necesitaba una solución rápida, porque los bocetos eran demasiado crudos y tenían poco de dibujo animado. Se me ocurrió entonces en una combinación única, que no se pareciera en nada. Y lo cierto es que hoy cuando alguien en el mundo piensa en Los Simpson piensa en la piel amarilla y el pelo azul”.

El éxito fue moderado, pero mucho mayor al previsto. Tanto, que los ejecutivos de la cadena Fox decidieron una movida arriesgada: llevar el programa a la noche de los domingos, para que compitiera con la tradicional sitcom The Cosby Show. El contraste no podía ser mayor: la familia más irreverente y nueva de la pantalla chica contra el clan más popular de ese momento. A Los Simpson les llevó dos años ganar la pulseada, pero la ganaron y fue furor.

Los contenidos provocadores y contestatarios de Los Simpson hacían ruido en la pantalla de Fox, una de las cadenas más conservadoras de los Estados Unidos.

Para su creador nunca hubo conflicto, ya que desde joven se interesó por las ideas de Gary Panter, un colega que editó en 1979 el Rozz Tox Manifiesto, texto que rechaza la noción de artista como bohemio para abrazar un concepto post marxista en el que no hay que luchar contra el sistema capitalista para cambiarlo, sino hacerlo desde dentro, para llegar a un mercado más grande y desde allí seducir a las audiencias con causas que, de otro modo, jamás conocerían. En este sentido, Bart y Homero son quizá los rebeldes anti-sistema más populares del mundo.

De hecho, los escándalos producidos por Los Simpson en estos 30 años son innumerables, como cuando en septiembre de 1990, la entonces Primera Dama de los Estados Unidos, Barbara Bush, dijo que con su marido no miraban la serie porque era “la cosa más estúpida que habían visto en su vida”. La respuesta llegó más tarde con un episodio en el que el Bush y su mujer se mudan nada menos que enfrente de la casa de Homero.

El modelo de telefamilia prolijo, como el de Grande, Pa!, le dio paso a otro caótico, disfuncional, más real y cotidiano: el de Los Simpson.Gustavo Mames, publicista

La Simpsomanía argentina

Entre los primeros espectadores de Los Simpson hubo uno muy especial: el argentino Aníbal Vigil, por entonces director de Editorial Atlántida. Estaba de vacaciones en los Estados Unidos cuando vio algunos minutos del programa en una habitación de hotel. De inmediato le llamó la atención ,y al día siguiente, de regreso a Buenos Aires, arrancó de una revista una publicidad del programa y se la dio a Gustavo Yankelevich, quien era el gerente de programación de Telefe, del que Vigil era uno de los dueños.

Yankelevich quiso comprar el ciclo para dejar satisfecho a su jefe, pero llegó tarde: Fox se lo había ofrecido a Hugo Di Guglielmo, cabeza de El Trece. Sin embargo, el dibujo animado no gustó en la emisora del solcito y Yankelevich no sólo pudo comprarlo sino que lo hizo por un precio muy bajo.

Fue uno de sus grandes aciertos al frente Telefe: adquirió los episodios de media hora de Los Simpson por 200 dólares cada uno y desde entonces, 8 de febrero de 1991, no dejaron de pasarse por esa pantalla. Telefe, en TV abierta, y Fox, en cable, son los grandes responsables de que no haya día en donde no pueda verse al menos dos capítulos de la serie.

La serie tiene tantos rasgos argentinos que en vez de llamarse Los Simpson podría llamarse Los García y nadie se quejaría.
Matías Kalaka, toy maker

Fue así que los argentinos conocieron a Los Simpson y el contraste con lo que se veía en pantalla local en ese momento fue contundente. Gustavo Mames, director de la agencia de marketing Interactivity, se interesó tanto por el fenómeno que decidió terminar su carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires con una de las primeras tesis universitarias sobre el tema. Esta especialización lo llevó a ser entrevistado para el documental oficial que se estrenó hace una década.

“Me interesó cómo la serie cambió el paradigma de las telefamilias. Los Simpson era contemporáneo y compañero de canal de Grande, Pa!, por ejemplo, generando la primera grieta televisiva dentro la misma programación de Telefe. Hoy, la serie de Groening sigue vigente, pero Grande, Pa!, Blanco y Negro, Lazos Familiares o cualquiera de esas telefamilias tradicionales suenan, al menos, retro. Ni hablemos de sus antecesores, como Los Campanelli o The Brady Bunch. Escribí la tesis en 1996 y busqué analizar cómo el modelo familiar perfecto y prolijo le daba lugar a otro, disfuncional, caótico y, en definitiva, más real y cotidiano. Que en aquellos años eran incipientes, y hoy son más habituales”, le cuenta a Viva.

Luego de haberlos estudiado tanto, el apego por estos personajes amarillos sigue intacto: en las oficinas de su agencia hay una colección de al menos 500 muñecos de Los Simpsons que compró alrededor del mundo y cree que hay mucho por aprender más allá de los gags y los memes.

“Me gusta mucho el episodio del Homeromóvil, que cuenta cómo un ‘hombre común’ como Homero puede diseñar un auto. Y lo que hace es tan espantoso que termina fundiendo la empresa que lo convoca. Con la comunicación publicitaria pasa algo parecido: muchos creen que es fácil diseñar anuncios tomando ideas de distintos lugares, pero cuando vemos las piezas publicadas, nos encontramos con fieles reflejos delcoche-monstruo simpsoniano”, dice Mames.

El periodista Damián Silberstein era un niño en los ‘90 y, al igual que toda su generación, veía los episodios tanto en la televisión abierta como en el viejo sistema de cable VCC. Llegó a saber tanto de los personajes amarillos que fue a concursar en el ciclo de preguntas y respuestas Tiempo de siembra.

“Nunca me voy a olvidar de las preguntas por las que perdí: el nombre del diario que leían Los Simpson, el tipo y factor de sangre del Señor Burns y el nombre completo de Jeremías Springfield, el fundador de la ciudad. Me ganó el que respondía por otro cartoon, Los caballeros del zodíaco”, recuerda Silberstein.

Puesto a hablar de sus capítulos favoritos y dar recomendaciones, cita: “El de la boda de Lisa, en la sexta temporada, que transcurre en el futuro y te deja ver cómo sigue la vida de la familia y cómo es el Springfield del 2000. Y ahora que soy padre, no puedo dejar de emocionarme con el episodio en el que Homero recuerda cuando nació Maggie, o cuando se encuentra con su mamá perdida”.

Matías Kalaka crea juguetes Simpson no oficiales.

Matías Kalaka crea juguetes Simpson no oficiales.

Tan cerca de Matt

El artista argentino Matías Kalaka es un “toy maker”: crea juguetes inspirados en la cultura pop. Entre sus obras se destacan muchas reversiones de Bart, un personaje que encuentra “muy versátil para armar nuevas cosas sin que pierda identidad”.

En 2016, en una de las exposiciones más importantes del género en Los Angeles, recibió una visita inesperada. “Estaba en mi stand cuando se acerca alguien muy interesado en unos juguetes de Bart y Nelson. Me hizo preguntas muy específicas sobre el proceso de creación, sobre los materiales, y me encantó ese nivel de atención al detalle. Entonces yo le expliqué algunas cuestiones de diseño y me respondió que las conocía porque… ¡él había creado los personajes! Ahí se me puso la mente en blanco, lo volví a mirar y me cayó la ficha de que era el mismísimo Matt Groening, alguien que me resultó muy atento y humilde. Seguimos charlando, le regalé los juguetes y él me dibujó un Bart, que es algo que pocas veces hace. Pero mi verdadero premio fue al día siguiente, cuando cayeron dos amigos suyos a los que les había hablado de mi arte… ¡Creo que nunca tuve mejor elogio! ¡Matt Groening recomendó mi trabajo!”, recuerda con gloria.

Muñequitos de Matías Kalaka con la firma de Matt Groening.

Muñequitos de Matías Kalaka con la firma de Matt Groening.

El vínculo entre el arte de nuestro país y Los Simpson es más íntimo de lo que uno podría sospechar: Groening está en pareja con la artista argentina Agustina Picasso desde hace más de una década. Siempre lejos del ojo público, poco se sabe de la vida privada de la relación: la versión oficial es que se conocieron en una muestra del grupo al que pertenecía Picasso, Mondongo, en 2007, y que el flechazo fue mutuo e instantáneo tras encontrarse.

Según la prensa estadounidense, los dos se casaron en secreto, pero no hay evidencia fiable al respecto. Sí se sabe que ya son padres de cinco niños y que, si bien los viajes a Buenos Aires son frecuentes y ocultos, están instalados en los Estados Unidos.

Sabiduría en red

En las redes, los argentinos también demuestran su “Simpsonmanía”. Desde cuentas de Instagram como @simpsonfalopa (excepcional catálogo de dibujos de los personajes hechos en paredes porteñas) hasta otra de Twitter como @Data_Simpsons, que es popular en toda América Latina, y la mantiene en incógnito un tímido “Franco”, así a secas. Tiene 26 años, vive en Ensenada y estudia Comunicación Visual en la Facultad de Bellas Artes de La Plata. Comenzó la cuenta en enero de 2018 y hoy ya tiene casi 70 mil seguidores.

El primer capítulo de los Simpsons en la Argentina se emitió el 8 de febrero de 1991.

El primer capítulo de los Simpsons en la Argentina se emitió el 8 de febrero de 1991.

Ante la pregunta de qué referencias argentinas hubo en la serie, Franco responde: “Durante años todo lo que tuvimos fue el momento en que Homero agarra un globo terráqueo y lee U R Gay en vez de ‘Uruguay’ pegado a la Argentina, cuando Lisa sueña que es la Evita del musical de Broadway, o cuando deciden organizar los Juegos Olímpicos en Springfield y aparece una mujer vestida de gaucho como representante argentina”. El doblaje latino hizo un aporte patagónico: “Cuando se menciona a Bariloche en la temporada 13, en el guión original hablaba de Milwaukee”.

Pero existe una referencia que levantó polvareda y tiene que ver con las Islas Malvinas. En el especial de Halloween de 1991, Lisa sueña que logra la paz mundial y en el recinto de la ONU la representante argentina se abraza con su par inglés. En el guión original, él le pide disculpas “por lo de las Falklands”, pero en América Latina se reemplazó el diálogo por un neutro “Perdón por lo del tratado”, al que ella responde “Olvidalo, che”.

Dos años más tarde, en la quinta temporada, el payaso Krusty detiene su programación para anunciar la invasión argentina en las islas Malvinas. De nuevo, la versión latinoamericana cambia las palabras para evitar conflictos.

Franco aporta otro dato interesante: “En 2008, en la temporada 19, varios vecinos de Springfield se reúnen en la taberna de Moe para discutir cambios en la ciudad y Carl dice: ‘A mí me gustaría una dictadura como la de Juan Perón. Cuando tú desaparecías, te mantenías desaparecido’, a lo que Lenny responde: ‘Además, su esposa era Madonna’. En un comienzo, esa escena fue cortada de la versión que se ve tanto en Fox como en Telefe, pero eventualmente apareció la versión completa y hubo repudio por parte de agrupaciones peronistas, claro”.

Parte de la colección Simpson del publicista Gustavo Mames.

Parte de la colección Simpson del publicista Gustavo Mames.

¿Los Simpsons o Los García?

Ahora bien, ¿qué tiene la familia amarilla que es tan exitosa en nuestro país? “Los personajes muestran las miserias cotidianas que los argentinos vemos en hogares, trabajos, empresas, en el Estado y en todas las instituciones a las que pertenecemos y con las que interactuamos. De hecho, si nunca se aclara dónde queda exactamente Springfield, es porque podría estar en cualquier lado…. ¡incluso en el Gran Buenos Aires!”, lanza Mames.

Kalaka cree que hay un gusto local innegable: “Tienen tantos rasgos argentinos que en vez de Los Simpson se podrían llamar Los García y nadie se quejaría”. Franco se caracteriza por los detalles: “El Alcalde Diamante tranquilamente podría ser el intendente de una ciudad nuestra”.

Y si bien muchos están de acuerdo en que las nuevas temporadas (ya son 30) no tienen el brillo de sus primeros años, y que a veces los flamantes episodios son repetitivos e innecesarios, tal vez allí resida parte de su encanto: no hay nada más argentino que abrazar la nostalgia de los momentos de gloria para repetirlos una y otra vez. Y de eso se trata si uno sintoniza Telefe un sábado a la tardecita… 

Fuente: Clarín