Aun año de la regulación del uso de celulares en las aulas porteñas, los nuevos resultados difundidos por la Ciudad muestran que la medida ya modificó la vida escolar cotidiana. Siete de cada diez alumnos de primaria y seis de cada diez de secundaria afirman que ahora prestan más atención, aprenden mejor y charlan más con sus compañeros en los recreos, de acuerdo con un relevamiento difundido hoy por la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa (Ueicee), dependiente del Ministerio de Educación local.
El informe incluyó las percepciones de estudiantes, docentes y directivos sobre el impacto de la normativa que limitó los teléfonos en las instituciones educativas. La medida había sido anunciada en agosto de 2024 por el jefe de gobierno, Jorge Macri, con el objetivo de enfrentar un problema que se había convertido en habitual: la falta de concentración de los alumnos en las aulas. Se estableció que en primaria los celulares debían permanecer guardados durante toda la jornada y, en secundaria, solo podían utilizarse con fines pedagógicos, en función de lo que decidiera cada institución.
“Hace un año tomamos la decisión de regular el uso de celulares en las aulas porque entendíamos que era clave recuperar la atención, la convivencia y los aprendizajes. Hoy los datos nos confirman que íbamos en el camino correcto: 7 de cada 10 chicos de primaria y 6 de cada 10 de secundaria están más concentrados y aprenden mejor”, señaló Macri a través de Instagram.
El relevamiento alcanzó a 2738 personas: 202 integrantes de equipos de conducción (82 de primaria y 120 de secundaria), 589 docentes (120 de primaria y 469 de secundaria) y 1947 estudiantes (585 de primaria y 1362 de secundaria). Participaron 100 escuelas de nivel primario (52 estatales y 48 privadas) y 99 de nivel secundario (43 estatales y 56 privadas).
En secundaria, el 61,3% de los alumnos afirmó prestar más atención en clase, el 65,6% reconoció conversar más con sus compañeros y el 59,3% sostuvo que obtiene mejores resultados escolares. En primaria, los porcentajes son más altos: el 70% dijo concentrarse más, el 68% destacó mayor interacción con pares y el 67% señaló mejoras en su rendimiento académico. En ambos niveles, más de la mitad coincidió en que la restricción no genera mayor aburrimiento en clase.
La ministra de Educación, Mercedes Miguel, interpretó los números en clave de convivencia escolar. “Los chicos no solo prestan más atención, también conversan más entre ellos, fortalecen vínculos y eso impacta directamente en cómo aprenden. Es la escuela recuperando su rol como espacio de encuentro y aprendizaje. Nuestro desafío ahora es seguir acompañando a las escuelas para consolidar este cambio y potenciar la innovación pedagógica”, afirmó, al presentar el informe.
El impacto también fue percibido por docentes y directivos. En secundaria, el 65,6% de los equipos de conducción y el 51% de los profesores destacaron un incremento en la interacción cara a cara entre los estudiantes. Además, el 65% de los directivos y el 52% de los docentes indicaron que disminuyeron las interrupciones en clase. En cuanto a los llamados de atención, el 60,7% de los equipos de conducción y el 45,6% de los docentes coincidieron en que se redujeron.
En primaria, casi el 70% de los directivos y el 62,5% de los maestros señalaron mayor interacción entre los alumnos, el 60% y el 55%, respectivamente, mencionaron menos interrupciones, y el 68,3% de los equipos de conducción junto con el 61% de los docentes indicaron que los llamados de atención bajaron de manera significativa .
La medida se inscribe en un proceso más amplio que se reflejó en visitas de LA NACION a distintas instituciones. En agosto de 2024, en la Escuela de Educación Media N°6 del distrito escolar 19, en Villa Soldati, explicaron que habían notado un deterioro en la atención vinculado al uso excesivo del celular. “Pasábamos más tiempo pidiendo que guarden los celulares que enseñando los contenidos”, señalaron. Por eso, avanzaban en un proyecto para prohibirlos en clase, lo que al principio generó resistencia entre los alumnos, pero con el tiempo se tradujo en una mejora del clima de aprendizaje.
En la Escuela Argentina Modelo, de Recoleta, recordaron entonces que la restricción existía antes de la resolución ministerial. Solo se permitía el uso de celulares para actividades pedagógicas autorizadas. “Cuando volvimos a las aulas en 2021, nos encontramos con alumnos hiperconectados. Reforzamos las normas para asegurar que el regreso a la presencialidad no se viera afectado por el uso desmedido de dispositivos”, contaron durante una recorrida de este medio. La institución implementó además talleres para padres y tutorías para alumnos con el fin de fomentar un uso responsable.
En el Colegio Tarbut, en Núñez, LA NACION observó que los estudiantes dejaban el teléfono en una caja al ingresar y lo retiraban al salir. Desde la rectoría se explicó que la autorregulación no había funcionado, lo que llevó a aplicar medidas más estrictas. “Construimos un consenso. Hablamos con los padres, con los estudiantes, y todos entendieron que se trataba de una medida necesaria para mejorar la convivencia y el aprendizaje. Creemos en la importancia de desconectar para conectar”, detallaron.
En las escuelas públicas también se adoptaron mecanismos concretos. En la Escuela N°17 del distrito escolar 10, por ejemplo, contaron que los alumnos dejaban los dispositivos en una caja en dirección y que habían implementado Consejos de Aula para trabajar sobre convivencia digital y prevenir problemáticas como el ciberacoso y las apuestas en línea.

Los relevamientos oficiales anteriores ya habían mostrado tendencias similares. En marzo de 2025, casi el 60% de los estudiantes de secundaria decía prestar más atención y el 47% reconocía conversar más con amigos. Entre los docentes, el 96% consideraba que los celulares dificultaban la atención y cuatro de cada diez admitían que interrumpían las clases con frecuencia para pedir a los alumnos que guardaran los dispositivos. En los colegios visitados, los directivos también advertían que los estudiantes más jóvenes aceptaban la restricción con mayor facilidad, mientras que en los últimos años del secundario la resistencia era mayor.
El debate se da en un contexto internacional. En noviembre de 2024, el neurólogo infantil Esteban Vaucheret Paz advertía sobre las consecuencias del uso intensivo de pantallas: afectación del lenguaje, alteraciones del sueño y disminución de la concentración. La Unesco recomendó prohibir celulares en las escuelas y países como Suecia aplicaron políticas de “apagón digital” para reducir el tiempo de pantalla y fomentar el uso de libros físicos en el aula.
Ayer, un estudio publicado en la revista científica PLOS One mostró que la infelicidad empieza ahora a edades muy tempranas y compara la nueva crisis de los 20 con la crisis de los 40. Los autores no preguntaron por los motivos, pero apuntan a las consecuencias de la pandemia, a la crisis de la vivienda y, sobre todo, al uso masivo de teléfonos inteligentes.
David G. Blanchflower, economista de la Universidad de Londres y autor principal del estudio, no cree que estos problemas de salud mental en los jóvenes se deban tanto al efecto de los celulares en sí, sino a la forma en la que desplazaron a las actividades beneficiosas. “Los niños ya no juegan, no hablan… Pasar mucho tiempo en internet aleja a las personas de actividades útiles”, detalló.
El cierre del informe porteño apunta a la continuidad del proceso. “Los resultados de este primer año de implementación ofrecen una base sólida para seguir acompañando a las escuelas en la aplicación de la medida, consolidando un cambio cultural que promueve la atención, la convivencia y mejores aprendizajes en las aulas”, concluye .
Fuente: Camila Súnico Ainchil, La Nación