Cómo viven los 25 elegidos que trabajan en el confín de la Antártida

Es la base Belgrano 2, la más austral que Argentina tiene en la Antártida. Una cronista compartió con ellos la larga travesía desde Buenos Aires en el rompehielos Irízar para llegar al sitio donde la noche dura cuatro meses y la sensación térmica alcanza a los -70°.

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Llegar a la base Antártica Belgrano 2 es un experiencia extrema. Se trata de navegar las gélidas aguas del Mar de Wedell y meterse en el corazón del polo sur. A bordo del Rompehielos Irízar, enormes masas de hielo, tormentas y mares embravecidos fueron parte de esta aventura que permitió conocer por primera vez cómo viven y trabajan los 25 argentinos que, año tras año, son cuidadosamente seleccionados para invernar en la base más austral que Argentina posee en el continente blanco.

La travesía comenzó en el puerto de Buenos Aires, en una madrugada calurosa de enero. En medio de la penumbra, bajo un claro de luna, zarpó el rompehielos de la dársena norte. Luego de 15 horas de navegar el Río de la Plata, el color marrón de sus sedimentos se tornó verde claro. Y entonces empezaron a revolotear las gaviotas. Delfines y toninas escoltaban al buque por proa, lo que auguraba para los marinos fuertes vientos.

La navegación cadenciosa en aguas tranquilas creó un efecto hipnótico y durante los días se avistaban cielos de todas las gamas de turquesas, emparentados por los azules fulgurantes de un mar que se perdía en un horizonte despejado a los 360 grados. 

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LOS PUNTOS RECORRIDOS

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Infografía: Clarín

De repente, una gran nubosidad posada sobre una elevación de tierra austral anunciaba la proximidad a la Isla de los Estados, contigua a Tierra del Fuego. Llegábamos al fin del continente y el Estrecho de Le Maire nos recibía también calmo, con una navegación soñada. Aunque estas condiciones pronto cambiarían.

“Prestar atención, poner el buque a son de mar”. El difusor de órdenes alertaba a todos en la nave que iniciábamos la navegación por el Pasaje de Drake. Todos debíamos sujetar los equipajes y prepararnos para soportar los movimientos roleantes del buque. El Drake es un mar irascible. Mil kilómetros separan Tierra del Fuego de la Península Antártica. “Escribiré el cruce mirando todo desde el ojo de buey de mi camarote”, me propuse.

Y me senté en la silla de mi escritorio, encadenada al piso. La potencia de un mar furibundo con fuertes vientos y malestar de fondo sacudía de una banda a la otra al buque. Aún con mis 60 kilos sobre la silla, el Drake me hamacó sin parar y sin piedad mientras intentaba inútilmente escribir algunas líneas. Decidida, gateé hasta el botiquín del baño en busca de un Dramamine. Tarde. Debí ingerir esa pastilla horas antes. 

En el puente de comando, sin embargo, los marinos exhibían flemáticos sus artes en la navegación. Ahora estaban todos atentos a avistar el primer témpano. El que lo hace recibe la felicitación del comandante, según dicta la tradición centenaria y antártica. Sobre la proa, a unos 8 kilómetros, apareció la primera figura blanca irregular e imponente ante cualquier ojo, incluso al de los más acostumbrados.

A partir de entonces la navegación se transformó en un arte muy delicado, solo apta para marinos entrenados en aguas congeladas. La atención que demanda navegar entre hielos marinos y desprendimientos de témpanos (terrestres) exige máxima concentración y atención para todos los movimientos que hace el buque. Un mínimo error o distracción harían colisionar el Irízar contra un iceberg como le ocurrió al Titanic..

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La bandera Argentina que flamea en la base Belgrano 2 en proximidades del Polo Sur. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

Ya habíamos penetrado las aguas de la Península Antártica y un cielo turquesa intenso reflejaba la extrema pureza del aire. Inhalar ese aire embriagaba y hasta colmaba de una extraña felicidad el espíritu y los pulmones. El Irízar continuaba su navegación hacia el Este, en dirección a la Isla Laurie. Allí está emplazada la Base Argentina Orcadas, el primer asentamiento humano en la Antártida que desde el 22 de febrero de 1904 se encuentra habitada en forma ininterrumpida por personal argentino. Este lunes 22 de febrero se cumplen 117 años de primacía en la Antártida.

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Casa principal de la base Belgrano 2 construida sobre el nunatak Bertrab. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

Solo unas horas de descarga de provisiones y materiales demandó la escala en Orcadas. A mis ojos, una de las bases más hermosas junto con la base San Martín que está en el extremo Oeste de la península.

Los meteorólogos y glaciólogos a bordo asesoran al comandante sobre las condiciones que se presentarán para poder atravesar las masas de hielo del Mar de Wedell para poder arribar a la base Belgrano 2, la más austral que posee Argentina. Todo está estudiado y planificado pero aquí la naturaleza impone con dureza sus reglas y nunca negocia sus tiempos. Una tormenta, que desprenderá grandes masas de hielo, nos acecha. Demoraremos 24 horas más el inicio de la navegación hacia Belgrano 2. Mejor, el pasaje de Orcadas repleta de fauna marina, es simplemente de otro planeta.

El Irízar es un experimentado conocedor de estas latitudes. Desde 1979 surca estas aguas inhóspitas, adversas a los intrusos. A medida que nos adentrábamos en el Mar de Wedell, la densidad y el espesor de los hielos se acrecentaban. Emergen del mar en todas sus formas y tamaños posibles. Un paisaje silencioso de témpanos y escombros de hielo, por momentos “lunar” si es que la extrañeza y la soledad de la superficie lunar se semeja a algo de esto.

Cuatro días demoramos para atravesar todo el mar de Weddell. Una navegación extravagante y distinta a todo lo experimentado alguna vez. Finalmente arribamos al canal costero. Éste es una estrecha franja de agua de mar que se abre entre los hielos permanentes de la barrera terrestre al pie del continente. Por ese estrecho canal navega el Irízar todos los años en el mes de enero, el único momento en que se encuentra navegable y libre de hielos. En invierno se congela por completo.

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Vista de la base Belgrano 2 desde un helicóptero Sea King. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

A lo lejos, se avista la base sobre la inmensidad de un desierto blanco. Pequeñas manchitas naranjas señalan a Belgrano 2. Es todo cuanto se ve. La proporción es comparable a la de un puñado de gotitas en el océano. Acá no hay fauna, no hay flora, ningún vestigio de vida es posible aquí. Todo, absolutamente todo, está congelado desde un tiempo inmemorial. 18 kilómetros por aire nos separan de la base. Estamos por embicar sobre el borde de la barrera de hielo. Ese hielo, por ser pie de glaciar, no puede fracturarse ni ser atravesado por ningún rompehielos porque está sobre el continente. El Irízar acelera con sus potentes motores y se monta sobre la barrera de hielo inquebrantable. La nave logra embicarse bien al primer intento. Ahora empieza la tarea logística de carga y descarga y el traslado de la nueva dotación de la base que reemplazará a los invernantes de Belgrano 2.

23 minutos de vuelo en helicóptero separan al Irízar de la base. Más de una veintena de hombres aguardan ansiosos la llegada de la nueva dotación que está arribando a bordo del primer “helo” (helicóptero en jerga local). No han visto otras personas durante un año. Han pasado más de 12 meses conviviendo y compartiendo sus vidas entre ellos. Sus experiencias y recuerdos los acompañarán el resto de sus vidas pero ahora, desean regresar. Atrás dejaron hijos, esposas, madres, padres, familia, amigos. Un año de innumerables sacrificios sin poder compartir la cotidianidad de la vida con sus familias y afectos, excepto a través de Internet.

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Ceremonia de relevo de dotación entrante y saliente en la Plaza de Armas de la base Sto Lescano. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

Tres bases con el mismo nombre

Tres bases con el nombre de Belgrano fueron establecidas en el extremo sudeste de la Antártida Argentina, en las proximidades del polo sur. En marzo de 1955 se fundó la base Belgrano I, pero décadas más tarde la gigantesca formación de un tempano tabular de 100 kilómetros de longitud comenzó a rodearla. Tuvo que ser evacuada y desactivada. Finalmente, en 1983 desapareció entre los hielos eternos.

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Descarga de tambores con provisiones para la base. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

En reemplazo de la Belgrano 1, en febrero de 1979 se estableció la base Belgrano 2 que actualmente se encuentra en funcionamiento. Un año después se construyó Belgrano 3, que funcionó desde 1980 hasta 1984 cuando tuvo que ser desactivada y evacuada debido a una fractura en la base de hielo sobre la cual estaba erigida. Igual que Belgrano 1, Belgrano 3 se perdió entre los hielos.

Actualmente Belgrano 2 es la más austral que posee Argentina y la tercera más al sur de las bases permanentes del planeta. Amundsen-Scott, base antártica americana, funciona en forma permanente desde 1956, y se encuentra a escasos 100 metros del polo sur.

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La segunda más meridional es la base Vostok (que significa Estación del Este). Es un sitio de investigación de la Federación Rusa en la cual se produjo la marca histórica de menor temperatura registrada en la tierra: 89,2 grados bajo cero el 21 de julio de 1983.​ En ella se llevan a cabo investigaciones sobre núcleos de hielo y magnetometría. Fue fundada en 1957.

Pero Belgrano 2 sigue siendo la base más austral del mundo emplazada sobre el afloramiento rocoso de un glaciar, llamado Nunatak. Sobre el Nunatak Bertrab, en el medio de una infinita masa de hielo terrestre, a unos 1.300 kilómetros del polo sur yace Belgrano 2. Hacia allí nos dirigimos ahora, a bordo de los helicópteros SEA KING embarcados en el rompehielos.

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Personal de la base en plena tarea de picado de hielo para obtener agua potable. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

Las vivencias en Belgrano 2

Solo un puñado de hombres cuidadosamente seleccionados (no hay infraestructura para albergar mujeres) acceden a invernar en esa base.

Se encuentra rodeada de glaciares sobre las rocas que afloran llamadas Nunatak. La habitan 25 personas del Ejercito, Fuerza Aérea, la Marina y tres científicos del Instituto Antártico Argentino que trabajan en el laboratorio.

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Interior Cueva de Hielo, a la derecha la cartelería indica los distintos pasillos y recintos que se encuentran en la cueva de 526 metros. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

Se necesitan un temple y una personalidad muy especiales para poder invernar en Belgrano 2. Quien sea elegido para esa tarea deberá experimentar hechos inéditos que en ningún otro lugar los va a vivir. Uno de ellos es la ausencia del sol y la presencia de la noche total durante los meses de invierno. En Belgrano 2 se viven cuatro meses de noche polar, cuatro meses de día y cuatro de penumbras. La reacción del cuerpo ante estas circunstancias va de la euforia y la hiperactividad permanente al estado de letargo y de pasividad extrema.

“Es notable el cambio del estado de ánimo. Cuando llegué en el verano a Belgrano me costó adaptarme unos tres días porque las 24 horas de día eran con sol a pleno”, relata Martín Sakamoto, un experimentado antártico. Cuenta que al llegar se empieza a trabajar y respeta los horarios pero queda acelerado y pierde la noción del tiempo. «Al tener todo el día luz solar uno se siente que le falta algo. Y lo que falta es la noche», agrega. Durante la noche polar ocurre todo lo contrario. El organismo sufre una desaceleración y es fundamental que se respeten las actividades programadas, la rutina, los horarios.

Belgrano 2 es la única base antártica argentina donde se sufre la falta de luz solar. Esta característica movilizó a científicos de la comisión aeroespacial europea a estudiar, durante su estadía en esta base, el comportamiento y la evolución de los signos vitales del cuerpo humano bajo estas condiciones extremas, ya que se asemeja mucho al aislamiento que experimentan los astronautas en su estadía en el espacio.

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Vista de dos salas del museo de la Cueva de Hielo con material histórico de la base. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

Los invernantes cuentan que es un lugar muy atípico. Es como estar en otro planeta. El silencio sepulcral es lo que más impacta al llegar a la base. “Es el silencio de la ausencia de la vida y el hombre. Un silencio único que no se compara con nada ni se parece a nada de lo conocido”, relata Ramón Argüello, el jefe de base este año. La única manifestación de vida ocurre a miles de kilómetros de la base. No hay fauna, no hay pingüinos, ni focas, ni ballenas, ni orcas, ni aves, ya que no hay comida. Tampoco hay ningún tipo de flora, no hay algas ni microalgas, nada verde, todo es blanco. Porque todo está congelado

Un acontecimiento curioso y raro de esta zona son las auroras polares. Durante los meses de noche polar se da este fenómeno natural. La sola observación de esas auroras cautiva y rompe con la monotonía y la rutina de las tareas de la base. El cielo exhibe distintos colores que van del rojo al verde. El efecto sucede por los gases y las partículas en suspensión en el espacio. Se pueden apreciar cuando no está nublado y a cualquier hora durante esa noche polar de 120 días y con temperaturas extremas de 50 grados bajo cero. El cielo se transforma en un estallido de color alucinante, relatan los antárticos.

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Interior de la Cueva de HIelo a 8 metros de profundidad y de 526 metros de largo. A la izquierda la capilla de nuestra Señora de las Nieves y a la derecha una sala de museo de la base Belgrano 2. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

La Antártida es una tierra ciclotímica donde las condiciones climatológicas cambian repentina y abruptamente. Las temperaturas en invierno en Belgrano 2 llegan hasta los 50 grados bajo cero, y el viento puede alcanzar los 200 kilómetros por hora. Cuando sopla, la sensación térmica puede llegar a los 70 grados bajo cero. Mientras que en verano alcanzan como máximo 5 grados, lo que genera un problema ya que puede producir derretimiento del hielo y provocar descongelamientos y grietas en todo el sector de la base.

Argüello cuenta que la rutina de la base comienza a las 7.30 de la mañana con un desayuno. Es el momento en el que se comparte un café o mate y algunas delicias que haya preparado el cocinero o simplemente tostadas con dulce y manteca mientras se programa la actividad del día. La distribución de tareas se entremezcla con alguna anécdota o la simple broma sobre el resultado del partido de futbol del día anterior.

Luego cada uno se encamina hacia su lugar de trabajo. Los científicos estarán abocados a sus estudios de alta atmósfera y en especial a la investigación de cómo evoluciona el agujero de la capa de ozono que se encuentra prácticamente sobre la Base Belgrano 2. Están en una posición privilegiada para este tipo de estudios porque pueden apreciar «de cerca» si aumenta o si disminuye este fenómeno.

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El helicóptero embarcado SEA KING se aproxima al rompehielos Irízar en maniobra de carga y descarga. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

El suboficial Iván Bejarano, encargado de la Estación Meteorológica Belgrano 2, cuenta que efectúan observaciones meteorológicas continuas las 24 horas los 365 días del año. Además brindan información precisa al servicio de Hidrografía Naval sobre el estado del mar y los glaciares alrededor de la base.

Pero la actividad primordial de la base es la obtención de agua. El capitán Juan Manuel Martín, segundo jefe de Belgrano 2, cuenta que allí no tiene agua en forma líquida. Y la deben generar a través del derretimiento de hielo. La tarea de picar hielo de una cantera a los pies de un glaciar es uno de los trabajos más duros y pesados que realizan. Significa utilizar el pico y la pala, sobre durísimos bloques de hielo que está en el suelo, cargar los 4 m3 de capacidad máxima que tienen los trineos, cinco o seis veces, y trasladarlos a la base. Luego tienen que colocar los bloques de hielo en los derretidores que están en la usina para poder derretirlo y de esa manera tener agua para uso doméstico (cocina, baños, etc.).

Ese trabajo como el de la clasificación de los residuos lo hace toda la dotación en distintas tandas. El jefe de base organiza diariamente tres grupos de ocho personas para desarrollar las tareas que se deben realizar. 

“Lo más lindo de invernar en Belgrano 2 es la sensación de soledad que se experimenta”, cuenta Noel Albiero, jefe de Base en 2002, embarcado en el Irízar. «Por dónde se mire no hay absolutamente nada, es la nada misma. Son todas montañas de hielo y mares congelados. Solo una personalidad muy especial y un espíritu aventurero motivan a invernar allí», agrega.

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Escudo oficial de la base Belgrano 2, la tercera más austral del planeta. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

En el folclore blanco se dice que los verdaderos antárticos son los que alguna vez invernaron en la base Belgrano 2. La más austral, las más lejana, la más aislada, la más extrema, la más dura e inolvidable. 25 hombres permanecerán allí durante un año. Como dicen ellos, “custodiando los confines de la patria”. Tan lejos de todo y tan cerca de nada.

La cueva de hielo

Algo superlativo y único de esta base es la existencia de una cueva íntegramente cavada en el hielo. Una extraña sensación de intriga, emoción y misterio invade a todos los que la visitamos por primera vez. La luz del sol ingresa en su interior pero a medida que uno se adentra es necesario recurrir a la energía eléctrica, provista por cables sujetos a lámparas que penden del techo y reflejan una luz blanco azulada. Se trata de un orificio en el hielo subterráneo y azul. Recorrer sus vericuetos es fascinante y mágico.

La cueva de hielo se originó muchos años atrás como consecuencia de la tarea de obtener hielo para dotar de agua a la base. En sus inicios era una cantera de hielo ubicada a 150 metros del módulo principal. Tras años de picar, excavar y extraer el hielo, comenzaron a formarse pasillos y cuevas que, en principio, se utilizaron como refugio de los fortísimos temporales que acechan en el lugar. El techo de la cueva alcanza los 4 metros de altura en su parte más alta, mientras que entre la superficie exterior y el techo hay entre 8 y 10 metros de hielo macizo.

Con los años, la longitud de esos pasillos y cuevas fueron en aumento y generaron nuevas ramificaciones. Hoy la cueva supera los 500 metros de extensión. Esto provocó que se desistiera de seguir con la extracción de hielo y comenzara a utilizarse como museo. Lleva el nombre General de División Hernán Pujato y cuenta la historia de las primeras dotaciones que ocuparon la base y de otras expediciones que pasaron por Belgrano 2.

Belgrano 2 es la única base que no tiene cámara frigorífica para albergar comida ya que al contar con una cueva de hielo con una temperatura de 15 grados bajo cero, también permite el depósito de los alimentos que se consumirán durante todo un año.

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El desierto blanco que rodea la base donde las temperaturas extremas impiden todo tipo de flora y fauna. Fotos: Juan Sebastián Lobos – Gaceta Marinera.

Pero la cueva tiene otra singularidad muy curiosa. Adentro se emplaza la capilla más austral del planeta: Nuestra Señora de la Nieves. Decorada con delicadas figuras religiosas y esmero antártico, los bancos son de hielo duro y todos los domingos a las seis de la tarde un invernante ofrece la eucaristía a la mayoría de la dotación. Por esa capilla peregrinó la Virgen Malvinera cuando, el año pasado, fue embarcada en el Irízar para iniciar una procesión por todas las bases antárticas del país.

Los elegidos para invernar

La base Belgrano 2 no es para todos. Ni es para cualquiera. Un estricto proceso de capacitación, adiestramiento y entrenamiento se le exige a los que invernar allí. La Escuela Antártica Conjunta dependiente del Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR), es la responsable de formar y seleccionar a los más aptos para esa tarea. A diferencia de otras bases como Marambio, Esperanza y Carlini, Belgrano 2 no posee comunicación aérea con el continente durante todo el año. Solo una emergencia o una tragedia ameritarían el envío de un avión, para que bajo condiciones extremas de vuelo, anevise en el glaciar próximo a la base.

Un equipo interdisciplinario del COCOANTAR, junto al psicólogo Tomás Polak, evalúan minuciosamente a cada aspirante a invernar en la Antártida. Para Belgrano 2, buscan aspirantes con buena estabilidad emocional, total ausencia de síntomas de depresión, neurosis que sean poco sintomáticas. Personalidades con satisfacción de apoyo social, asertividad y capacidad empática, ya que van a tener que ser un grupo muy unido atravesando un invierno muy crudo y de oscuridad. La ausencia de luz solar influye puesto que es un faltante anímico importante. Se buscan fuertes rasgos de compañerismo para que a partir del apoyo en grupo se fortalezcan y puedan sobrellevar las distintas presiones ambientales a las que estarán expuestos.

La dotación actual de la base Belgrano 2

Los militares y científicos de la campaña 2021

Quedan excluidas personalidades con antecedentes de transgresión a la ley, personas transitando procesos de duelo, separaciones, divorcios o con fuertes problemáticas familiares.

Soberanía antártica: una política de Estado

Argentina desplegó su presencia en la Antártida, estratégicamente de Este a Oeste y de Norte a Sur. Es el país con mayor número de bases permanentes, seis en total y siete bases temporarias, además de los más de 50 refugios.


Debido a la pandemia, este año las bases temporarias y refugios de verano no fueron puestos en funcionamiento. El Ministerio de Defensa, a cargo de Agustín Rossi, estableció como prioritario evitar el ingreso del covid 19 a la Antártida. Para ello se instrumentaron hisopados y estrictas cuarentenas sobre todo el personal desplegado a la Antártida, además de la rigurosa sanitización de las 1.100 toneladas de carga que transporta el Irízar a las distintas bases. Es decir, las cuatro bodegas del Irízar llenadas tres veces. Las mismas precauciones por el coronavirus se tomaron con el turismo de grandes cruceros. No se permite el ingreso de turistas a las bases argentinas.

Fuente: Clarín