Un día, todos los días – Por Norberto Tallón, especial para DiariodeCultura.

El comienzo es, otra vez, con el eficaz apoyo del diccionario. A través de él, la Real Academia Española puntualiza que “rito” es una ceremonia o costumbre, un acto solemne, repetitivo y pautado que se realiza con un fin específico. El “ritual” con que se desarrolla es un conjunto de gestos, palabras, acciones que se repiten en forma ordenada, en muchas ocasiones con un profundo valor simbólico.

    Entre tantísimos ritos y sus necesarios rituales, en esta ocasión, es el turno del café, iniciado como actividad documentada en el siglo XV con los monjes sufíes de Yemen, su utilidad era mantenerse despiertos durante sus oraciones y vigilia nocturna.

    Cuenta “la leyenda” que el pastor Kaldi descubrió los efectos energéticos de esos rojos frutos en sus cabras y abrió el camino a una tradición ceremonial en Etiopía. En Constantinopla, 1475, se produjo la apertura de la primera “cafetería” y su preparación “turca” mutó a un hecho cultural, en poco tiempo la bebida llegó a Europa y aparecieron los primeros sitios públicos en Venecia (Italia) por 1645 y Londres (Gran Bretaña) en el ’52.

    Prontamente convertido en un espacio de conversación, política e ideas. La revolución industrial del siglo XIX lo extendió a un consumo matutino generalizado para el necesario estado de alerta de las tareas.

    En la cultura de la ciudad porteña de Buenos Aires “tomar un café” tiene mucho más alcance que consumirlo, posee el ritual social de sentarse durante horas en un bar (hoy, a su vez, las nuevos locales de “especialidad”) para charlar, por qué no debatir, de política, deportes, tema generales y, básicamente, disfrutar el rato (más o menos extenso) de encuentro con amigos o, quizás, tener una cita.

    En la época de la colonia, la del Virreinato del Río de la Plata, los primeros lugares donde “encontrar” la infusión, a fines del siglo XVIII y hasta el despertar del XIX, fueron El Café de los Catalanes (2 de enero de 1799), Café de Marco (primeros años del 1800), Café de los Trucos (sí “trucos” no “turcos”) junto a la Plaza de la Victoria (Plaza de Mayo) por 1810. Algunos otros nombres: Café La Parroquia, Café Roma, Café de la Victoria, Café de Keen, Café Dos Amigos… cada uno con su propia historia, por allí, para otro momento.

    El Café Tortoni, el más antiguo de los que hoy funcionan, se fundó en 1858, en la esquina noroeste de Esmeralda y Rivadavia hasta el decenio del 80. Su propietario era Jean Touan, un inmigrante francés que lo nombró así en homenaje a un homónimo y famoso recinto parisino. En1879 un vasco francés, Celestino Curutchet, pariente político del dueño, se hizo cargo hasta su muerte.

    Con el siglo XX a la vista, el 26 de octubre de 1894, poco después del “estreno” de la avenida de Mayo, en su actual emplazamiento se inaugura el que sigue, inclaudicable, siendo el Café Tortoni.

    En estos tiempos mantiene viva su veta cultural, en el subsuelo se realizan espectáculos de Jazz y Tango, y en su entorno se encuentran la Academia Nacional del Tango, el Museo Mundial del Tango y el Museo del Mate, pero, hay más…

    El 7 de agosto de 2000 asumió como Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma el abogado, ex fiscal federal y político Aníbal Ibarra, sucediendo a Enrique Olivera.

    La Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables, dependiente del Ministerio de Cultura local, con integración mixta de representantes de los distintos sectores vinculados, propulsó que el día de apertura del actual Tortoni se convirtiera en el “Día de los Cafés de Buenos Aires”.

    Lo que ocurrió a través de la Ley 511 de la Legislatura, del  5 de octubre de 2000. Tiempo después se designaron, por historia y calidades particulares, a una cantidad abierta (pueden incluirse otros) de esos comercios como “Bares Notables”.

    Además de la lógica e inexorable distinción al Tortoni, la mención de algunos, como siempre, solo algunos. En el barrio de Montserrat: “El Federal”, “La Poesía”, por Balvanera, Almagro y Abasto: “El Banderín”, “Los Galgos”, “Las Violetas”, en Caballito “El Viejo Buzón” y “El Coleccionista”, “El Progreso” en Barracas.

    Si bien la celebración es para los ubicados en Buenos Aires, sería injusto queden olvidados los del país. Asimismo con ejemplo: como “El Cairo y “Wembley” en Rosario, “Sorocabana” y “Café de la Plaza” en Córdoba, los bares “Bernasconi” y “Candy” en San Miguel de Tucumán o “La Fonte D’Oro en Mar del Plata.

    Aún sin “explorar” las inmensas variantes de los “café-coctel” de diversas formas que introdujo, fundamental  y masivamente, una cadena extranjera que ni siquiera tiene un mozo o camarera que debiera ser insustituible, hay muchas, muchísimas, alternativas para degustar, la “imprescindible poción”.

    Un día, todos los días.

    Pero, sobre todo, este siguiente lunes…

    ¡Vamos!

    ¡El café!

    ¡Que no se enfríe!

    Un párrafo superior de esta Columna finaliza con la frase “Hay más…”

    A un clic de distancia, hay más… un video documental de 10 minutos, “Así es por dentro el Tortoni”, publicado hace un año en el sitio ViajanGo de YouTube. La posibilidad de entrar a él, ver los rincones históricos y emblemáticos, la arquitectura, descubrir uno que otro secreto y la razón que lo “instituyó” en un punto de encuentro de artistas y escritores desde su nacimiento hasta ahora mismo.

    Nada ya es suficiente. Cuídense mucho, muchísimo más, como no lo han hecho nunca antes, cada día amanece con más de lo que sea. Una vidriera tan irrespetuosa e incomprensible que, ni el genio de Discepolín, hubiera imaginado.

    Norberto Tallón