En casi todo el mundo desarrollado los sistemas jubilatorios están atravesando reformas. El envejecimiento de la población, la caída de la natalidad y la mayor expectativa de vida obligan a revisar periódicamente las reglas con las que funcionan los esquemas previsionales. En la última década, numerosos países aumentaron la edad de retiro, elevaron los aportes o modificaron el cálculo de las prestaciones. En la Argentina, el presidente Javier Milei tiene en carpeta modificaciones que van en esa línea.
Son muy pocos los países donde el ingreso de los jubilados cubre con comodidad el costo de vida. Entre ellos se cuentan Luxemburgo, donde el haber promedio se mueve entre 3500 y 4000 dólares mensuales; Noruega (entre 2800 y 3200 dólares); Dinamarca (entre 2600 y 3000 dólares); Países Bajos (entre 2500 y 3200 dólares), y Suiza (entre 2200 y 2800 dólares). Todos son lugares de muy alto costo de vida y elevada presión tributaria.
En los países nórdicos el sistema combina prestaciones públicas con ahorro obligatorio; en América del Norte, los montos dependen en gran medida del ahorro privado complementario. En Estados Unidos el haber promedio del sistema público oscila entre 1800 y 2200 dólares, mientras que en Canadá se ubica entre 1500 y 2000 dólares.
Una característica común de los países con mejores jubilaciones es que cuentan con sistemas mixtos. La experiencia internacional muestra que, para sostener jubilaciones cercanas a los 2500 o 3000 dólares mensuales, suele ser necesario combinar aportes elevados durante entre 35 y 45 años de trabajo, edades de retiro cercanas a los 65 o 67 años y un gasto previsional que, en muchos casos, se ubica entre el 7% y el 10% del PBI.
En Alemania, Países Bajos, Noruega y Estados Unidos la edad de retiro es de 67; en Suecia el retiro puede darse entre los 65 y los 67, según el esquema elegido. En Dinamarca es a los 67, aunque el sistema está diseñado para aumentarla gradualmente hasta llegar a los 70 en el futuro. Casi todos requieren entre 35 y 45 años de aportes para acceder a una jubilación completa.
Desde Suiza, Esteban Mezzano, quien trabaja en el sector privado y es también coordinador de Acento Global, una red de cordobeses en el exterior, califica al sistema previsional como “uno de los más exitosos del mundo, muy capitalizado y con haberes que alcanzan el 60% del ingreso que tenían durante la vida activa”. La edad de retiro es de 65 años: “Para la mujer es de 64, pero está cambiando para equipararse y se va flexibilizando para poder seguir trabajando de manera de mantener aportantes. Quienes se jubilen este año, además, van a cobrar un haber 13, que hasta ahora no existía”.
Precisa que está compuesto por tres pilares. La jubilación obligatoria se basa en el aporte de trabajador y empleador, que alcanza alrededor del 10% del sueldo. Al pasar a retiro, la persona recibe entre 1200 y 2400 dólares por esa vía. El segundo pilar también es obligatorio, lo pagan las dos partes de la relación laboral y consiste en una capitalización que se puede retirar de manera anticipada o dejar como renta vitalicia. “Es una proporción importante, que va generando dinero -puntualiza Mezzano-. Muchos dejan de trabajar a los 60 y van usando ese dinero hasta cobrar el resto a los 65. Hay que tener en cuenta que el sistema es igual para locales o expatriados y se sigue cobrando aun dejando el país; por eso muchos se mudan a países con menor costo de vida, donde esos ingresos, que son altos, rinden más”.
El tercer pilar es un ahorro voluntario, que se puede descontar de impuestos. Cuando se retira también tiene ventajas impositivas. “Funciona muy bien, no hay ningún tipo de conflictividad. Los tres segmentos hacen que los haberes sean muy buenos. Claro que, para que sea rentable, el extranjero debe acumular varios años de trabajo en el país”, añade Mezzano.
Cecilia Piccinini, administradora de empresas en Países Bajos, trabajó varios años en relación de dependencia y ya acumula varios también como autónoma. También allí el sistema se compone de tres pilares: la pensión pública básica (AOW), la laboral obligatoria y el ahorro privado individual. La edad de jubilación este año es de 67 años y 3 meses, aplicable tanto a hombres como a mujeres. Un elemento distintivo es que la edad aumenta gradualmente en función de la esperanza de vida, con previsiones de llegar a los 70 más adelante. “Parecía que este Gobierno lo iba a apresurar, pero por ahora quedó en la nada”, apunta.
Detalla que la AOW se obtiene viviendo o trabajando en el país y equivale al 2% por cada año desde los 17 hasta la edad de retiro. Por ejemplo, con 35 años acumulados esta pensión equivale al 70%, unos US$860. El monto se ajusta dos veces al año en función del salario mínimo. A eso se le suma la pensión laboral, que depende del salario y del fondo de pensión, pero que en promedio —estima Piccinini— representa entre 300 y 1200 dólares más por mes. Los aportes los hacen empleador y empleado y la gestión está a cargo de fondos privados.
“El objetivo es que esos dos pilares cubran entre el 70% y el 80% de un salario en actividad; el tercero es el ahorro voluntario individual -resume-. De manera gradual el sistema va hacia las cuentas individuales, lo que significa que el haber dependerá más del rendimiento de los mercados financieros y de los ahorros que cada uno haga”.
Impacto demográfico
En Estonia también el sistema cuenta con los mismos tres pilares. Felipe Mohando, abogado radicado desde hace años en el país, señala que los aportes a la seguridad social son del 33%: “De allí sale lo que va a salud y, básicamente, al primer pilar. La edad de retiro es a los 65 años y la pensión estatal se paga en función de los años de aporte. Quienes se jubilan antes pierden 0,4% por cada mes que les falta. La exigencia es de un mínimo de 15 años de aportes”. La pensión estatal promedio ronda los US$960 y se actualiza con una combinación de 20% en función de la inflación y 80% de la recaudación de la seguridad social.
Si al llegar a los 65 años no se reúnen los 15 años de aportes, el Estado paga la “pensión de vejez”, que es de unos US$500 (coincide con la línea de pobreza). “La persona puede elegir seguir trabajando hasta sumar los aportes necesarios”, aclara Mohando.
También para los estonios el régimen de capitalización es el más importante. Del salario bruto, el trabajador puede aportar 2%, 4% o 6% a la cuenta individual administrada por un fondo de pensión; a eso se agrega un 4% derivado de las cargas sociales. Dos veces al año se puede cambiar de fondo de pensión; si el retiro es antes de los 65 años, no se puede reingresar al sistema durante una década. Este esquema era obligatorio y dejó de serlo, aunque ahora se analiza una vuelta atrás.
La tercera pata, voluntaria, abre la posibilidad de ahorrar hasta el 15% de los ingresos brutos, con un tope de 6870 dólares al año (el monto se descuenta de la liquidación de Ganancias). Ese dinero no se puede retirar hasta los 55 años, salvo que se pague el impuesto correspondiente y una penalidad del 10%.
“La mayoría de los jubilados se retiró con el sistema estatal -puntualiza Mohando-. La capitalización es relativamente nueva, desde 2002, cuando se hizo la reforma más importante. Ese grupo cobra un monto parecido al salario mínimo y está apenas por encima del umbral de pobreza, que tiene como principal componente el costo de la energía”. Por la baja natalidad del país, quien tiene más hijos reduce la penalidad por jubilarse antes.
En Japón las reformas previsionales se repiten cada cinco años para equilibrar los números frente al envejecimiento poblacional; los cambios más importantes fueron en 2004 y en 2019/2020. La última fue aprobada hace casi un año. Mara Arguello, radicada desde hace 33 años y dueña del emprendimiento Raíces, subraya el problema demográfico que atraviesa el país por el envejecimiento de la población. “Las jubilaciones son bajas. Alguien que cobraba un salario de US$1600 pasa a una mínima de unos US$380, con lo que no se puede vivir. Es cada vez más frecuente ver gente de más de 70 años con trabajos part time -dice-. Japón es un país muy organizado, pero el tema previsional es complejo”.
La edad de retiro es de 65 años desde 2025. Arguello indica que el aumento fue gradual desde los 60. Quienes anticipan su jubilación son penalizados y quienes la retrasan (se puede postergar hasta los 75 años) reciben bonificaciones. Para cobrar el haber mínimo hay que haber aportado al menos una década y, para acceder al máximo, 40 años.
“La pensión nacional es para todos -dice la argentina-. Y hay otra adicional para trabajadores en empresas, cuyos aportes salen, obviamente, del salario. Hay muchos inmigrantes que llegaron hace décadas y hoy están en un limbo. Hay pocos convenios para reconocer años aportados en otros países; uno de ellos es con Brasil. Desde hace un tiempo los extranjeros deben afiliarse obligatoriamente para cobrar la pensión nacional”. En la última reforma se amplió la cobertura a trabajadores a tiempo parcial, buscando mejorar las pensiones de los empleados no regulares y ajustar el sistema frente a la baja natalidad.
Arguello insiste en la “grave situación” que viven los jubilados que cobran la mínima en Japón: “Están desde los que cometen un delito menor para que los detengan por unos días y tener comida y un lugar donde estar, hasta los que ocupan casas vacías. Parece una exageración cuando uno lo lee o lo ve en los noticieros, pero es así”.
Latinoamérica
En América Latina también hubo cambios. Chile amplió su pensión básica universal y creó subsidios especiales para mujeres, mientras que México avanzó con una pensión universal para mayores de 65 años e incorporó al sistema a trabajadores domésticos y de plataformas digitales.
El abogado especialista mexicano José Ignacio Lebrija Vargas advierte que los cambios laborales y previsionales instrumentados durante las últimas dos presidencias tienen relación con la estrecha vinculación comercial con Estados Unidos.
Por ejemplo, entre los cambios que impactan en el sistema previsional se duplicó el salario mínimo; se puso en marcha el Repse, un registro laboral de servicios especializados, y se regularizó la situación de los trabajadores de plataformas digitales, dándoles cobertura de seguridad social. También está en discusión que la jornada laboral pase de 48 a 40 horas semanales de manera escalonada.
El esquema jubilatorio cuenta con el haber derivado de los aportes laborales realizados y, desde 1997, con las cuentas individuales. “Conviven los dos sistemas; el más antiguo exigía 500 semanas de aportes y ahora son 895. La realidad es que hoy no existen las jubilaciones como tal; rigen las cuentas de ahorro. Un ‘guardadito’ le llamamos acá -dice Lebrija Vargas-. Y aclara que el concepto de ‘jubilación’ se eliminó de las leyes y se usa el de pensión por retiro”.
El gasto previsional también representa una porción significativa de la economía en los países desarrollados: en Noruega ronda el 9% del PBI. En Países Bajos se ubica cerca del 7%; en Dinamarca, alrededor del 8%; y en Suecia, entre el 7% y el 8%. En Alemania alcanza el 10% y Francia, con el 14%, presenta uno de los niveles más altos del mundo. En Estados Unidos ronda el 7% y en Canadá, alrededor del 6%.
Fuente: Gabriela Origlia, La Nación

