¿Cuánto falta para controlar la tecnología con la mente y qué peligros supone?

Existen experiencias y prototipos, pero todavía parece algo lejano (y riesgoso), según los expertos

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Desde hace décadas desarrollamos tecnologías para conectar al cerebro con máquinas. Los objetivos detrás de este desafío son diversos y van desde descifrar los pensamientos de las personas hasta permitir la inmortalidad, si consideramos la posibilidad de insertar nuestra cabeza en el cuerpo de un robot. Por el momento, hay avances importantes como el hecho de conectar el sistema nervioso a la computadora, algo que vemos en brazos mecánicos que se mueven gracias a los nervios de los muñones de los individuos amputados. El encefalograma también da cuenta de esto, porque es un estudio que detecta las ondas cerebrales en tiempo real para graficarlas en una pantalla o en papel.

Pero lo cierto es que todavía hay mucho por hacer para lograr hitos tales como tratar enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, o permitir al usuario interactuar con dispositivos tecnológicos mediante algo similar a la telepatía. Siguiendo este último ejemplo, de llegar a este nivel, las pantallas de los aparatos que usamos a diario serían muy pequeñas o inexistentes porque no tendríamos la necesidad de presionar botones ni de hablarles, puesto que la comunicación no se daría a través de la voz, sino mediante el pensamiento.

Varias empresas y laboratorios de neurotecnología están invirtiendo en investigación y desarrollo, aunque la más emblemática es Neuralink. Esta organización, propiedad del magnate Elon Musk, está trabajando en un proyecto para crear una interfaz cerebro-computadora mediante el uso de sensores capaces de leer nuestra mente que se implantarían «cosiendo» hilos microscópicos en nuestro cerebro.

Las metas son varias. Por un lado, fabricar un microchip diminuto que se implantaría detrás de la oreja para que se conecte al cerebro con esos hilos. Por el otro, que el individuo sea capaz de controlar una computadora con su cerebro. En este sentido, según el propio Musk el próximo año podrían empezar las pruebas en humanos. Junto con este desarrollo, también se espera que los usuarios puedan escribir solo con la mente, intercambiar pensamientos con otra persona sin hablar, e incluso cargar y descargar nuestros pensamientos en una PC.

¿Qué tan fácil es que el plan de este empresario excéntrico se materialice? «Implantar electrodos en la cabeza de una persona es impresionante e interesante desde el punto de vista científico, pero, en la práctica, la humanidad no necesita este tipo de avance», señala a la nacion Diego Gelman, profesor de Ingeniería Genética en las carreras de Biotecnología y Bioinformática de la UADE e investigador adjunto del Conicet, en el instituto de Biología y Medicina Experimental, donde también dirige el laboratorio de desarrollo del sistema nervioso. Para el experto todavía estamos lejos de que estos desarrollos estén entre nosotros, y «en la prensa se habla bastante sobre este tema porque Musk genera mucho interés para los medios y la audiencia».

De todos modos, Gelman cree que es posible que los objetivos de Neuralink se concreten algún día, aunque con otro sistema. En este sentido, el investigador señala que el planteo Musk es invasivo y arriesgado ya que los electrodos se inyectan en el cerebro, por lo que en los próximos podríamos a llegar a ver una prueba de concepto, pero no mucho más, ya que incluso será difícil encontrar a las personas que deseen que le coloquen electrodos en la cabeza para bajar sus pensamientos.

De pensamiento a documento

«Hasta ahora los avances se han dado en lo que sucede en la corteza cerebral que es la capa más superficial del cerebro, pero realmente nadie sabe todavía dónde se activa la memoria y dónde se guardan los pensamientos, ni dónde es que estos se originan, excepto que el hipocampo es algo así como el «centro de organización de las memorias». Es por esto que todavía es muy difícil que se logre el hito de que las personas podamos transmitir pensamientos a pares o a computadoras», opipna Verónica Báez, que es investigadora adjunta del Conicet, Jefa de trabajos prácticos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, y se dedica a investigar sobre los mecanismos moleculares asociados a la adquisición de recuerdos y a estudiar cómo se degenera el cerebro en los casos de los inicios de la diabetes. Según la investigadora, «pensar en convertir nuestros pensamientos en un documento de PC es minimizar al cerebro humano, porque una computadora es matemática pura, mientras que el cerebro es algo mucho más complejo, que incluye emociones e irracionalidades que son imposibles de predecir por un algoritmo».

Pero para saber cómo pensamos tampoco es necesaria tanta sofisticación, siempre y cuando el objetivo sea comercial.

Big data

En este sentido, dado que publicamos nuestras ideas en las redes sociales, hay empresas que sin siquiera leernos la mente ya saben qué opinamos, cuáles son nuestros gustos e intereses y qué podríamos hacer. Para eso, se analiza la información personal que volcamos en las redes de forma voluntaria o incluso sin darnos cuenta. «Si a esta situación, que ya existe, le agregamos la posibilidad de descargar los pensamientos en una computadora, deberíamos tener un debate ético sobre qué tan bueno podría ser esto para las personas -sostiene Gelman-. Hay riesgos éticos, de manejo de información personal, y también muchas personas que querrán aprovecharse de esta tecnología; la humanidad no está preparada para este hito de comunicarnos a través de telepatía o de poder descargar nuestros pensamientos en un archivo». Observa además que si estas ideas llegan a estar disponibles, no será en nuestra era.

Báez ve estos posibles avances desde la perspectiva inversa: «Si pudiéramos desentrañar cómo funcionan los pensamientos y las memorias, también podríamos hacer que las personas que han experimentado situaciones como violaciones, atentados y guerras olviden esos episodios para que puedan seguir sus vidas sin sufrir por los momentos que les ha tocado vivir».

Si bien la investigadora dice que no se imagina una sociedad telépata porque eso significaría ser invadido por miles de voces de todos los que nos rodean, también es optimista en el largo plazo, ya que hay investigadores en distintas partes del mundo que están detrás del objetivo de descubrir cómo se producen y almacenan las memorias, los olvidos y también los pensamientos. «Si pudiéramos conocer todo esto, podríamos ayudar a las personas que tienen dislexia, problemas de memoria y déficit de atención, por mencionar solo algunas condiciones», concluye.

Elon Musk es un multimillonario creativo y lleno de ideas revolucionarias. Muchas de ellas, como los coches autónomos y los cohetes reutilizables se están convirtiendo en realidad. Por este motivo, lo que hoy parece una locura bien podría ser realidad en el futuro.

Fuente: Débora Slotnisky, La Nación