De MasterChef Celebrity a Cocineros Argentinos: historia y claves de esos programas de comidas que nos gustan tanto

Unos son realities que castigan a los participantes y otros muestran en televisión paisajes y platos inalcanzables. Cómo empezó esta pasión.

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No era necesario que un reality de cocina como MasterChef Celebrity acapara el timeline en Twitter ni el rating nocturno (con 15.9 de promedio) para notar que los shows de cocina son uno de los segmentos con más crecimiento y un boom inesperado tanto afuera como acá. Aunque el modelo reality es siempre el más efectivos, sean shows de competencia estilo Hell’s Kitchen o como aquí el Gran Premio de la Cocina y el MasterChef local, que ahora tiene su versión con celebridades, los formatos intermedios que fusionan elementos de documental, viajes y un contenido más artístico también encuentran hoy su lugar en el gusto de las audiencias.

Puestos a buscar antecedentes en este formato, todos coinciden en un nombre: Anthony Bourdain. “Todo se lo debemos a Bourdain, se trata del mesías que vino a revelarnos lo que la cocina tenía para contar más allá de sí misma. El Antiguo Testamento de la relación entre cocina y televisión siempre fue un fenómeno local.

Así como en Argentina nadie conocía a Julia Child antes de la película con Meryl Streep, ningún brasileño tenía -o tiene- la más remota idea de quién fue Doña Petrona«, dice Tomás Linch, periodista y editor especializado en libros de gastronomía, que hoy también cuenta los cruces entre comida y música desde su columna radial en DAMM.

MasterChef. Un éxito de la televisión. Foto/ Telefe

MasterChef. Un éxito de la televisión. Foto/ Telefe

«No es casual que Anthony publicara su primer libro, el enorme best seller Confesiones de un chef en 1999 y que ese libro lo catapultara a la televisión en 2002, cuando el cable ya no era un servicio inalcanzable, la revolución de internet estaba en marcha y la globalización daba de comer a la mitad del mundo”, dispara Linch. 

¿Qué hacía Bourdain? “Anthony tenía una virtud súper desarrollada, la empatía: el público lo amaba porque viajaba y comía con él, a través de él. Sus decisiones, incluso las más inalcanzables, se volvían posibles, o él las revelaba como posibles».

Agotado este modelo. una década después de que su programa No Reservations viera la luz y en otro mundo basado en el streaming y la transformación de los chef en rockstars, nació Chef Table. Una de las más grandes revoluciones post-Bourdain. «Sin embargo -dice Linch- su relato no está basado en la empatía, sino en la épica: con imágenes cinematográficas y puestas en escena dignas de Hollywood –Mallman remando en un lago de la Patagonia mientras caen copos de nieve, Alex Atala cargando un pescado amazónico gigante en su espalda-, Chef Table muestra toda esa comida a la cual la mayoría de los mortales nunca vamos a acceder”.

El famosos cook s tour de Anthony Bourdain, el pionero.

El famosos cook s tour de Anthony Bourdain, el pionero.

Quizás la receta perfecta en muchos de estos shows se componga entonces de una dosis de empatía, de carisma y de humor, pero también, de la posibilidad de mostrar mundos lejanos a nuestra cotidianidad. Mundos que, ahora más que nunca (viajar, el lujo, cierto tipo de consumos) serán inaccesibles por un tiempo.

¿Mucho ruido y pocas nueces?

Ya hace un tiempo que se viene hablando de un cambio de paradigma a raíz de shows como Chef’s Table, que marcaron un quiebre en la producción estilística y editorial, o que se volvieron de culto como Ugly Delicious conducido por David Chang y los respectivos spinoffs (derivaciones o continuaciones) de estas series, ya sea en otros países o productos de sensibilidad similar (Chef’s Table Francia, Breakfast Lunch & DinnerCooked, Midnight Dinner, etc). Tal es el caso también de la reciente saga Street Food, una suerte de bitácora de la comida callejera y sus personajes en distintas ciudades del mundo, incluyendo a Buenos Aires.

Francis Mallman en Mendoza. / DLA

Francis Mallman en Mendoza. / DLA

Aunque cabe resaltar cierta polémica desatada en las redes sociales a raíz de esta última producción de Netflix, debido a la manera en que se mostró la ciudad, con un recorte para algunos demasiado “pochoclero” que simplificó ciertas cuestiones y acható la riqueza multicultural de Buenos Aires.

“El universalismo del ‘food porn’ esconde lo que también representa nuestra comida: economía, política, cultura y sociedad. Los medios gastronómicos tienden a enfocarse en la nostalgia pero eso no quita la función sociopolítica de la comida ni tampoco el rol de los medios de difundir información y moldear nuestras percepciones del entorno. Esto es problemático cuando quieren reflejar una sociedad a través de su comida utilizando narrativas hermosas pero simplificadas, como fue el caso del Street Food Buenos Aires, que vendió al mundo una visión hegemónica de Buenos Aires donde sólo existen hijos de gallegos y tanos y no la ciudad real, donde hubo inmigración de todo el mundo que continúa sucediendo y sigue nutriendo nuestra ciudad tanto en lo culinario como todo lo demás”, explica Kevin Vaughn, cocinero, escritor y creador de la revista bilingüe Matambre.

Definiciones. En El Gran Premio de la cocina.  Foto Telefe

Definiciones. En El Gran Premio de la cocina. Foto Telefe

No es el único que mira con reparos una oferta televisiva en donde la cocina, al final de cuentas, parece un dato accesorio al lado de las narrativas pintorescas o demasiado escenificadas, o en el caso de los realities, los conflictos, las peleas entre famosos o con el jurado. En este sentido shows como MasterChef o el Gran Premio de la Cocina, paradójicamente, son todo menos shows de cocina ya que el foco no está puesto en enseñar a cocinar exactamente sino en superar pruebas de velocidad o decisión bajo presión, y otras volteretas intrincadas en forma de desafíos que les dan a los participantes en cada capítulo.

Y si bien se podría esgrimir que estas cuestiones o aptitudes son clave en las cocinas -lo son-, es real que poco y nada se exhibe o relata de la cultura culinaria misma: los productos y su origen, la historia, las técnicas y recetas o el placer mero de cocinar. Con todo lo que hay para contar parece una picardía. También es cierto que nada de esto haría tanto rating como la última locura de Vicky Xipolitakis, las peleas de actrices en cámara o simplemente ver lo mal que lo pasan los concursantes ante el jurado malvado de turno.

«No soy super fan de la cocina televisada en los términos en los que se está haciendo. Hay cosas positivas, creo que una de las grandes pegadas es Cocineros Argentinos, pero toda esta cuestión de los realities y todo esto que está de moda… es raro porque la cocina ahí es una excusa, lo que importan ahí son los personajes. Lo que importa es vender historias personales porque es con eso que se engancha la gente», dice Carina Perticone autora de Cocina, cuisine y arte (Editorial Unicen 2020) y crítica de arte con un posgrado en Antropología de la alimentación.

Street Food Latinoamérica. Un programa sobre la comida en la calle. (Foto: @laschicasdela3

Street Food Latinoamérica. Un programa sobre la comida en la calle. (Foto: @laschicasdela3

«Mucha de la cocina televisada sirve como escenario para otras cosas, y no digo que esté mal que haya ese tipo de productos, pero también son vectores de difusión errónea, de simplificación«, sostiene Perticone. «Cuando una empieza a profundizar en estos consumos y en estas producciones -y sobre todo en el lugar que está ocupando la cocina televisada mientras que en la praxis con la comida suceden otras cosas que nada que ver- no siempre es un síntoma positivo”.

Pero entones, ¿por qué no podemos dejar de mirar algunos de estos shows? ¿Hay una razón para conectamos con la cocina ahora más que nunca? “El acto de cocinar en la casa con el tema de la pandemia cuarentena algún peso tomó, sobre todo teniendo en cuenta que hay gente que tenía mucho miedo del delivery, porque perdés una parte del control de los procesos por los que pasan esos alimentos, y además es una constante insoslayable la cuestión culinaria en las situaciones de encierro. En todas las culturas con inviernos prolongados y duros se cocina mucho”, sigue Perticone.

Una mirada diferente

Entre otros espacios por fuera del prime time local que habilitan miradas distintas sobre la cultura culinaria y nuestro patrimonio gastronómico, tocando temas como la creciente industrialización de los alimentos y la importancia de cocinar, la biodiversidad o el impacto ecológico de la agricultura, se encuentra la plataforma Contar, que tiene programas que incluyen entrevistas con destacados chefs argentinos, especiales patrios y programas sobre productores locales.

“La cocina es un contenido poderoso por su transversalidad y su empatía. Si abordamos la cocina desde una perspectiva cultural vamos a descubrir que es posible acceder a diversos universos de un modo muy orgánico. A través de la cocina es posible reconocernos, contar historias, mostrar paisajes, reflexionar, crear, concientizar al público, transformar hábitos, impactar socialmente. La cocina nos interpela, nos incluye o nos deja afuera, pero rara vez nos es indiferente“, reflexiona Silvina Vicente, curadora del espacio gastronómico Piso 9 en el CCK y directora de contenidos de gastronomía cultural para la plataforma.

Puertas adentro. Un programa de cocina de la plataforma Contar.. Foto Captura de pantalla

Puertas adentro. Un programa de cocina de la plataforma Contar.. Foto Captura de pantalla

No todo son peleas y morbo, y en los últimos años de la mano de una vuelta de la cocina a los hogares como fenómeno cultural de trasfondo, el hit televisivo que reconfiguró la cocina en vivo y demostró que era posible hacer un programa entretenido y además hablar de cosas interesantes, es Cocineros Argentinos. La propia conductora, Ximena Saenz, ha comentado en varias entrevistas como cada vez que aparecen productores de alimentos el rating sube, evidenciando un interés de la gente por saber de dónde vienen las cosas que come y cómo se hacen.

“De Cocineros algo que me impacta mucho, positivamente, fue que en ese programa ví hacer muchas de las recetas que deberían estar enseñando en las escuelas de cocina de argentina. Y no se enseñan, pero ahí estaban en TV. Fue maravilloso ver que hacían platos que se conocen solamente en las provincias donde se consumen y que acá no los ubica nadie, pero que los deberían estar enseñando”, comenta Perticone.

Julia Child, la Doña Petrona de Estados Unidos. Foto The Times-Picayune

Julia Child, la Doña Petrona de Estados Unidos. Foto The Times-Picayune

Entre estos dos extremos, la accesibilidad del reality al mostrar gente como uno (o famosos humanizados) y la puesta en escena perfecta de Chef’s Table, hay un tercer territorio simbólico en disputa y franco crecimiento: la cocina en las plataformas masivas como YouTube y las redes sociales. Algo que quizás daría para una nota entera.

“Creo que así como nos gustaba Bourdain porque viajábamos y comíamos con él, miramos Chef’s Table por la razón inversa, porque nos muestra lo que jamás probaremos», dice Perticone. «En el medio de estos dos extremos están los programas más didácticos, los realities, los documentales, los de cocina callejera, los que cocinan con cannabis y los que hablan de soberanía alimentaria. Lo interesante, tal vez, es que todos estos programas sumados no generan ni un 10% de lo que realmente mueve la aguja: YouTube. La cantidad de horas de contenido vinculado con la cocina reproducida en YouTube multiplica drásticamente a la televisión. ¿Por qué? Porque la cocina sigue siendo un fenómeno local, por más que le busquemos la vuelta”.

Fuente: Clarín