Del cosmos al museo: un curioso arte con meteoritos de mil años de antigüedad

Guillermo Faivovich y Nicolás Goldberg llevan quince años investigando estas piedras y trabajando a partir de ellas una obra que reflexiona sobre nuestra relación con el medioambiente y el futuro

grhrh

Los meteoritos son tesoros, esculturas que nos regaló el cosmos. Cayeron en forma de lluvia hace cuatro mil años en Campo del Cielo, al norte del país. Algunas de esas piedras están incautadas en fiscalías, yacen escondidas en viviendas particulares e incluso salen a la venta en forma ilegal a través de Internet. Sin embargo, para dos artistas que trabajan en nuestro país, Guillermo Faivovich (Buenos Aires, 1977) y Nicolás Goldberg (París, 1978), representan mucho más que una simple roca caída del cielo. Por eso desde el 2006 desarrollan un proyecto de investigación, una Guía Campo del Cielo, que tiene por objetivo despertar en el espectador un espacio de reflexión sobre nuestra relación con el medio ambiente y sobre como nos vinculamos con el futuro.

“Encuentro con El Mataco”, en el Museo Histórico Provincial Dr. Julio Marc, en Rosario.
“Encuentro con El Mataco”, en el Museo Histórico Provincial Dr. Julio Marc, en Rosario.Gentileza Faivovich & Goldberg

Combinando los roles de científico, historiador, antropólogo y hasta burócrata, los artistas realizan muestras que ofrecen nuevas formas de ver y experimentar un evento cósmico ocurrido hace miles de años. Lo hacen a través de videos, instalaciones, fotografías, dibujos, pinturas y esculturas. Con una larga trayectoria a nivel nacional e internacional, hoy exhiben sus meteoritos en el Museo Histórico Provincial de Rosario Julio Marc y en la sede de las Naciones Unidas, en Viena. En Buenos Aires se pueden apreciar sus trabajos entre las 170 obras de la megamuestra Simbología, que se exhibe en varias salas del Centro Cultural Kirchner. LA NACION recorrió junto a Faivovich y Goldberg el sector destinado a su instalación para conocer su curiosa propuesta.

Guillermo Faivovich y Nicolas Goldberg participan con sus trabajos sobre meteoritos de la megamuestra "Simbiología" en el CCK
Guillermo Faivovich y Nicolas Goldberg participan con sus trabajos sobre meteoritos de la megamuestra «Simbiología» en el CCKAlejandro Guyot

Al hablar de artistas que realizan arte a partir de meteoritos es inevitable para algunos imaginar que los intervienen de diferentes formas, pintándolos, cincelándolos, pegándoles materiales. Pero al ingresar a la sala 704 del CCK, el panorama es completamente diferente. En un espacio de paredes peladas tan solo se observa una gran cantidad de estanterías de metal pintado de blanco donde se despliegan fotos de 400 aerolitos. “Son imágenes de la indexación de un decomiso que llevó a cabo la Fiscalía de Estado de Santiago del Estero, en 2015, luego de encontrar las piedras escondidas en un campo. Cuando nos enteramos de este procedimiento le dijimos al personal judicial que nos interesaba poder registrar a cada una, ya que estaban en lotes. Queríamos que tuvieran un código individual para protegerlas”, explica Faivovich.

El material provenía de Campo del Cielo, una extensa región en el límite entre las provincias del Chaco y Santiago del Estero, en la cual impactó una lluvia de meteoritos metálicos resultantes de la explosión en la atmósfera de un asteroide de alrededor de 840.000 kilos. El área que abarca es de unos 20.000 km². A partir de este fenómeno se regó la zona donde quedaron cuerpos sobre la superficie y se generaron cráteres y cráteres de penetración.

Acceso a la sala del Centro Cultural Kirchner donde actualmente exhiben su obra
Acceso a la sala del Centro Cultural Kirchner donde actualmente exhiben su obraAlejandro Guyot

¿Pero cómo definir el trabajo de esta dupla que se conoció durante un asado de amigos en el 2006 y que desde ese entonces nunca abandonó la pasión por investigar las consecuencias del fenómeno cósmico sobre la tierra? “Somos artistas de proyectos. No teníamos formación meteorítica, pero poseíamos la curiosidad que nos hizo investigar y aprender. Además, y en tanto artistas contemporáneos, manejamos una amplia gama de técnicas y también acudimos a especialistas”, asegura Goldberg. En el caso del trabajo en la Fiscalía de Santiago del Estero fueron asesorados por el Instituto Smithsoniano de Estados Unidos. “Nos consideramos un vehículo para amplificar problemáticas como las de los meteoritos. Lo judicial es opaco, no se sabe donde terminan las cosas pero con este proyecto abordamos una historia judicial. Cuando estuvimos acompañados por la escribana de gobierno durante el registro de las piedras ella daba cuenta de lo que sucedía. Se empieza a narrar y a poner nombre. Nosotros quedamos ahí dentro, en esos escritos del aparato judicial estatal”, dice Faivovich.

En la sala del CCK, y dentro de una cajonera para archivos, se acumulan cientos de expedientes en español e inglés con las actas de los materiales exhibidos a través de imágenes. Son copias certificadas donde figura el nombre y la descripción de cada uno. Tanto Chaco como Santiago del Estero tienen leyes que ordenan realizar un inventario de los aerolitos decomisados, pero esta es la única y primera experiencia de implementar ese articulo, aseguran. “Fue complejo llegar al Fiscal pero entendió nuestro proyecto y la trayectoria de estar trabajando en Campo del Cielo. Nos puso gente a disposición y así fue como hicimos el trabajo de indexación”, relatan. En la sala contigua un video filmado en forma casera muestra a la dupla junto a personal judicial inventariando pieza por pieza, en una muy ardua tarea. De fondo se escucha a un conjunto de folklore local.

En sus trabajos, observan un evento cósmico ocurrido hace miles de años a través de videos, instalaciones, fotografías, dibujos, pinturas y esculturas
En sus trabajos, observan un evento cósmico ocurrido hace miles de años a través de videos, instalaciones, fotografías, dibujos, pinturas y esculturasAlejandro Guyot

Su practica se nutre de elementos disímiles. “A través de nuestro camino fuimos aprendiendo como expresar las ideas que pensábamos. Hacemos ingeniería institucional, transformamos algo en un sustrato maleable. No tenemos filiación ni somos de Interpol”, aseguran aludiendo a la organización que a través de la Dirección de Patrimonio está encargada de investigar el delito de compra y venta de estas piedras.

Proyectos recientes de Faivovich y Goldberg tuvieron lugar también en arteba y en el Museo Nacional de Bellas Artes. Además expusieron en Alemania y en Italia, entro otras ciudades donde también fueron invitados a dar conferencias. Hasta el 22 de enero están en Naciones Unidas, en Viena, a través de una pintura que giró por diversos puntos del planeta desde 2011. El último lugar en el que el cuadro se exhibió fue en el Museo de Historia Natural de esa ciudad. La obra retrata al Mesón de Fierro, el más grande meteorito del mundo que fue visto por última vez en 1784, en lo que hoy se conoce como Campo del Cielo. “Es una invocación a su ausencia y al mismo tiempo a su vuelta al mundo a través de esta obra, un faro, estando en Naciones Unidas, dentro la máquina burocrática más grande de la humanidad”, señalan.

Una pintura que giró por diversos puntos del planeta desde 2011, “Mesón de Fierro”, está instalada ahora en la rotonda de Naciones Unidas, en Viena
Una pintura que giró por diversos puntos del planeta desde 2011, “Mesón de Fierro”, está instalada ahora en la rotonda de Naciones Unidas, en VienaGentileza Faivovich & Goldberg

A su vez, exponen desde 2019 y hasta marzo del 2022 en el Museo Histórico Provincial Dr. Julio Marc. El público observa ahí un gigantesco meteorito, conocido como El Mataco. En una vitrina se extiende un archivo de fotos de época que rodean una placa de bronce con la siguiente leyenda: “El meteorito El Mataco de mil kilos de peso -compañero del gran meteorito El Toba, de cinco mil kilos, existente en el Museo Nacional de Buenos Aires, ambos hallados en los Campos del Cielo del Dr. B. Vasallo en Gancedo y donados por éste”. Primero la gran piedra estuvo afuera del museo, pero luego hubo que entrarla por seguridad.


Fuente: Virginia Mejía, La Nación