Hallazgo de investigadores argentinos: nuestros patrones de sueño están sincronizados con los ciclos lunares

El estudio fue realizado en las comunidades de las etnias Toba y Qom de Ingeniero Juárez, Vaca Perdida e Isla García, en Formosa (foto), y en la ciudad de Seattle, Estados Unidos

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Ya está bien establecido que el Sol “pone en hora” los relojes biológicos que gobiernan múltiples procesos de nuestro organismo, pero un nuevo hallazgo de investigadores argentinos asombró a los propios autores de un trabajo que publica Science Advances. Tal como ocurre con la subida y la bajante de la marea cada día, nuestros patrones de sueño a lo largo del mes parecen estar afectados por la influencia de la Luna: los científicos descubrieron que en las noches que preceden a la Luna llena, el inicio del sueño se atrasa y las personas duermen menos (es decir, se levantan al otro día a la misma hora). En promedio, el retraso a la hora de dormir es de alrededor de 30 minutos, pero hubo sujetos que tenían diferencias de hasta una hora y media.

El estudio, realizado en las comunidades de las etnias Toba y Qom de Ingeniero Juárez, Vaca Perdida e Isla García, en Formosa, y en un entorno altamente urbanizado, como la ciudad de Seattle, Estados Unidos, viene a saldar una controversia que se prolongaba desde hace años: “Nadie había hecho un análisis longitudinal siguiendo a los mismos participantes a lo largo de todas las fases lunares, ni con lo que se considera el gold standard para los estudios de sueño en campo, la actimetría (la medición de la actividad a lo largo del día por medio de un dispositivo del tamaño de un reloj que se pone en la muñeca)”, destaca Horacio de la Iglesia, investigador argentino que trabaja en la Universidad de Washington, Estados Unidos, donde dirige el programa de Neurociencias para graduados.

El primer autor del paper es Leandro Casiraghi, también argentino, doctorado en la Universidad Nacional de Quilmes y actualmente finalizando su posdoctorado con el primero. Entre los coautores se cuentan la antropóloga médica Claudia Valeggia y su marido Eduardo Fernández-Duque, ambos también argentinos, pero de la Universidad de Yale.

Para explorar sus hipótesis, Casiraghi y De la Iglesia analizaron los registros de sueño y vigilia de uno o dos ciclos lunares (cada uno de 29 días) de un centenar de sujetos de los asentamientos Toba/Qom y más de 4000 datos de estudiantes de Seattle, que usaron los actímetros por períodos de dos semanas, pero en todas las fases posibles de la Luna. Los resultados que obtuvieron después de revisar una y otra vez los datos, fueron inesperados.L

“Para ser totalmente honestos, no fue lo que pensábamos que iba a pasar –dice Casiraghi–. La hipótesis del trabajo era que si encontrábamos este efecto, seguramente aparecería en las comunidades que no tienen acceso a la luz eléctrica. Pero pudimos ver que también se manifestaba en Ingeniero Juárez, que si bien no es una ciudad, es un asentamiento urbano con luz eléctrica todo el día, afuera y adentro, donde la gente tiene televisores… Ahí se nos desarmó la hipótesis original y tuvimos que repensarla. En ese momento fue cuando decidimos ir a los datos de los estudiantes”.

Lo que los científicos llaman “el valle de duración de sueño” (es decir, las noches en las que la gente se va a dormir más tarde) se produce entre tres y cinco días antes de la Luna llena. “Nuestra intuición nos decía que iba a ser un poquito antes y un poquito después, pero cuando Leandro empezó a mirar los datos no había forma de que el pico fuera durante el brillo máximo –cuenta De la Iglesia–. Nos preguntamos qué estaba pasando y lo que ocurre es muy interesante: en esas noches, la luz de Luna está disponible en la primera mitad de la noche. El satélite sale 50 minutos más tarde cada día y después de esa fase, si bien hay dos o tres lunas muy luminosas, salen muy tarde y ya no llegan a mantenerte despierto; a esa hora, la mayoría de la gente se fue a dormir y ya no la ven”.

Leandro Casiraghi, doctorado en la Universidad Nacional de Quilmes, en Formosa
Leandro Casiraghi, doctorado en la Universidad Nacional de Quilmes, en FormosaGermán Joosten

Con estas observaciones parece claro que el vaivén del sueño está sincronizado con las fases lunares, pero lo que todavía no alcanzan a dilucidar es cómo se ejerce ese efecto. Una hipótesis es que si bien la luz de luna no es suficiente para activar el sistema circadiano, sí lo es para mantenernos alertas y en actividad. Otra (la que Casiraghi quiere investigar de aquí en más) es que la atracción gravitacional de la Luna nos predispone a ser más sensibles a la luz. Durante las “lunas llenas” es el momento del mes en el que la atracción gravitacional es máxima durante la noche.

“Esto podría explicar que el efecto se verifique en lugares como Seattle, donde la contaminación lumínica es superior a la intensidad de la luz de Luna”, especula De la Iglesia.

Una tercera posibilidad es que se deba a una combinación de ambas.

Extremadamente original

Para el cronobiólogo Diego Golombek, que no participó en la investigación, “este es un trabajo extremadamente original, con resultados sólidos obtenidos sobre la base de metodologías objetivas. Además, pone en debate una cuestión polémica: la influencia de la Luna sobre nuestros ritmos circadianos, especialmente el de sueño y vigilia”.

“Yo no le canto a la Luna porque alumbra y nada más: le canto porque de ella depende también nuestro sueño –bromea Golombek, parodiando la canción folklórica–. Eso es lo que demuestra este nuevo estudio del grupo de Horacio de la Iglesia. Hacía rato que veníamos colaborando en el estudio de los ritmos biológicos en poblaciones nativas, algunas con y otras sin acceso a luz eléctrica. Así, encontramos –junto con los amigos y colegas de la Universidad Yale, Claudia Valeggia y Eduardo Fernández Duque– un notable efecto de la electricidad, que ‘robaba’ alrededor de una hora de sueño nocturno y eliminaba parte de la influencia estacional sobre el ciclo de sueño-vigilia. Pero el nuevo hallazgo, con nuestro ex-doctorando Leandro Casiraghi como primer autor, es aun más sorprendente: el dormir depende de las fases de la luna, tanto en estas poblaciones formoseñas como en estudiantes de la ciudad de Seattle. Sí: de alguna manera, aun en el confort de nuestros dormitorios oscuros, nuestro reloj del sueño sabe que allí afuera la noche es más brillante. ¿Será un resabio de nuestras antiguas noches al aire libre, o de la luz que entraba a las cuevas prehistóricas? ¿Afectará la luna el mecanismo de nuestro reloj biológico cerebral? Como en toda investigación relevante, aquí se abren más preguntas que respuestas. Habrá que preguntarle a la Luna”.C

El descubrimiento también tiene aspectos prácticos. “Hay mucha gente que tiene ‘insomnio de comienzo de sueño’ –explica De la Iglesia–. Tener esta información puede ser importante, porque muchas veces uno tiene un montón de prácticas para iniciar el sueño (meditar, no exponerse a luz brillante, no usar pantallas) y tal vez en las noches que preceden a la Luna llena deberían ser más estrictos, porque les será más difícil conciliarlo”.

Curiosamente, junto con este paper se publica otro sobre el efecto de la Luna en el ciclo menstrual de mujeres jóvenes. En especial cuando viven en zonas rurales, muestra una sincronización muy clara con las fases de la Luna; de modo que la menstruación puede ocurrir tanto durante la Luna nueva como durante la Luna llena. Lo que hicieron fue compilar registros tomados por mujeres durante hasta 15 o 20 años. “Hablando con las comunidades, siempre nos decían que en las noches de Luna llena había mucha actividad social, que iban a nadar al río, a pescar, para los mayores eran noches de mucha actividad sexual… –cuenta Casiraghi–. Una de las hipótesis que planteamos en el trabajo es que el hecho de que haya sincronización de la actividad sexual con el del ciclo femenino sugiere que en tiempos ancestrales estas dos cosas estaban conectadas”.

Y concluye De la Iglesia: “Todo esto pudimos hacerlo gracias a estas tres comunidades originarias que fueron increíblemente colaborativas, usaron los relojes durante meses y, gracias a que están todos alfabetizados, llevaron diarios de sueño muy detallados. Fueron los mejores participantes, y los registros son perfectos”.

Fuente: Nora Bär, La Nación